Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)
El otrora gobernador del estado de México se llevó entre los pies a quien hasta hace unos días llamaba “el señor presidente de la república”, sólo porque Felipe Calderón declaró, el lunes 9, que la compraventa de voluntades, “así sea una, 10, 100 o mil, es simplemente inaceptable y debe castigarse”.
Corto en los números quedó el primer panista del país, pero tocó una fibra tan sensible para los intereses políticos y económicos del Grupo Televisa que los intelectuales orgánicos del consorcio que dirige Emilio Azcárraga Jean, literalmente se le echaron encima a quien durante seis años defendieron en forma lacayuna, pues algunos directivos presumían en privado “Nosotros lo hicimos presidente”. La historia pareciera repetirse, ahora como drama o como tragedia.
La compra de votos es práctica ordinaria en el México de la longeva transición a la democracia (1978-2012), pero no privativa de un partido aunque abundantes testimonios indican que el Revolucionario destacó como ninguno. La experiencia con Eruviel Ávila como candidato a gobernador y Peña Nieto como titular del Ejecutivo mexiquense, resultó ejemplar porque votantes de bajos recursos económicos recibieron lo que más necesitaban y sin que ellos lo pidieran. Un trabajo de indagación tan meticuloso como perverso.
Por eso escupe al cielo el esposo de Angélica Rivera al decir que si alguno en el tricolor “recurrió a este tipo de prácticas para coaccionar el voto, soy el primero en condenarlas, porque no caben en el México democrático”. No cabe la hilarante condena cuando se presenta como “candidato triunfador”, es preciso comprometerse con penalizarlas. La resistencia es previsible porque toca al corazón de la partidocracia.
Un día más tarde, Peña Nieto presentó a Luis Videgaray Caso y a los exgobernadores de Hidalgo, Miguel Osorio Chong y Jesús Murillo Káram, como integrantes del equipo de su oficina. Osorio asumirá la coordinación de diálogo y acuerdo político, justamente tras que su jefe abonó a todo lo opuesto, agraviando a la mayoría absoluta de los electores que, no debe olvidarlo, no sufragaron por él.
Con este discurso esquizofrénico, Enrique Peña, propone pasar de la etapa de la participación ciudadana en la elección a otra en la que aporten a la construcción de una democracia de resultados. No podemos, dice, agotar el esfuerzo de los ciudadanos en las urnas. Y acaso tiene razón porque en ellas no se expresa la voluntad ciudadana.
Los tres nombramientos se produjeron un día antes de que Andrés Manuel López Obrador anunció que trabajará por la invalidez de la elección ante el Tribunal Electoral, donde el magistrado presidente reiteró, con una sonrisa que no pudo contener, que “las presiones no influyen” al TEPJF como lo demostró, personalmente, en 2006.
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