miércoles, 11 de julio de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (XXXIX): Momentos difíciles

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Luego del episodio, que relaté en la nota anterior, empecé a tomar conciencia de la escalada de violencia que estaban desatando las organizaciones fascistas, como el grupo Tacuara y, los grupos de choque de la burocracia sindical.

Ese fin de semana lo pasé rodeado del afecto de Susana, mi hermana, mi madre, Luis y los compañeros de Palabra Obrera. El domingo almorzamos, nuevamente pastas, con, Sergio Domec y su compañera.

Me ayudaron a identificar a los agresores, uno de ellos de apellido Aranda. Por la tarde fui a la Terminal para tomar el colectivo que me trasladaría a Santa Fe.

Para evitar encuentros desagradables me acompañaron el “Indio”, Rubén Bonet y Luis Pujals.

En esos meses estaba viviendo en la casa “de los chaqueños”, gracias a la solidaridad de Juan Penchasky, ya convertido en el militante mas destacado de nuestra corriente en el movimiento estudiantil, y de Héctor Miró.

Como se había reducido la mensualidad notablemente porque el presupuesto familiar no alcanzaba para sostener a dos hijos estudiando afuera, decidí intentar terminar cuánto antes la carrera para recibirme y empezar a trabajar como abogado, al mismo tiempo que me convertí en distribuidor y vendedor, en la zona, de la revista, “Compañero”, que dirigía Mario Valota.

Esta había publicado, en octubre de 1963, la carta abierta al presidente Illia firmada, desde el monte en Salta, por el Comandante “Segundo”, Jorge Ricardo Masetti, que lideraba el Ejército Guerrillero del Pueblo.

El escenario se había complicado. Por un lado el gobierno radical había adoptado una serie de medidas que mejoraron sensiblemente la distribución del ingreso, incrementando la participación de los trabajadores.

Al mismo tiempo el levantamiento de la proscripción del peronismo y del Partido Comunista, y las declaraciones de funcionarios relevantes que aseguraban que no se opondrían al retorno del General Perón, generaban un clima democrático que el país no vivía desde hacía mucho tiempo.

Por su lado el movimiento sindical había lanzado un plan de lucha, en enero de ese año 1964, que culminaría con ocupaciones a centros fabriles y oficinas públicas, en junio.

Nosotros debatimos, al interior de nuestra corriente, la postura a asumir. Alicia Eguren y John William Cooke consideraban que el Presidente era una persona bien intencionada que, sin embargo, tenía en su gabinete a hombres absolutamente alineados con la política desplegada por Estados Unidos en la región, a los efectos de contrarrestar la influencia de la Revolución Cubana

Entendían, además, que pese a que el Secretario General de la CGT, José Alonso y Augusto Timoteo Vandor, líder del poderoso gremio de los metalúrgicos, mantenían estrechos vínculos con al sector de los “azules” en el Ejército, no podíamos, por nuestra identificación con el Movimiento Peronista, restarle apoyo al plan de lucha.

Por otra parte este levantaba reivindicaciones que el movimiento obrero venía reclamando desde 1955, como eran la de discutir los salarios en paritarias y otorgarles estabilidad laboral a las comisiones internas y a los delegados, en la empresas, para impedir las represalias de las patronales.

Con esta postura debatimos, en las asambleas de las diferentes facultades en nuestra Universidad Nacional del Litoral, como concretar el apoyo, reivindicando la unidad obrero-estudiantil.

Las agrupaciones mas alineadas con el reformismo tradicional decidieron no acompañar nuestra decisión de ocupar los centros de estudio: pero tampoco opondrían obstáculos, ni desautorizarían las mismas.

En este contexto quedó a cargo de nuestra organización, la Juventud Universitaria Peronista, y de compañeros de agrupaciones aliadas-“Avanzada” de Palabra Obrera, militantes del Movimiento de Liberación Nacional-corriente liderada en nuestra ciudad por José “Pico” Vazeilles e integrantes de la corriente universitaria del Partido Comunista, la tarea de asegurar las ocupaciones, sin que se dañaran los establecimientos.

En mi caso quedé como responsable de la toma de la sede del Rectorado.

El saldo fue sumamente positivo. 11.000 establecimientos fabriles fueron ocupados por los trabajadores en todo el país y mas de 4 millones de estos participaron en la ejecución de esta etapa del plan de lucha.

El gobierno receptó el reclamo y dispuso la convocatoria, en los próximos meses, de las comisiones paritarias en todas las actividades, al mismo tiempo que enviaba un proyecto de ley al Congreso Nacional para reestablecer la vigencia de la Ley de Asociaciones Profesionales que había sido derogada por el gobierno cívico militar de Guido.

A la semana siguiente, mas precisamente un sábado, me encontraba vendiendo en la peatonal de la ciudad la revista “Compañero”, cuando, cerca del mediodía, descendieron de un auto cuatro individuos encabezados por el mencionado Aranda, quiénes me apuntaron con sus armas al tiempo que me decían “sucio comunista te nos escapaste en Rosario, pero ahora te vamos a dar tu merecido”.

El lugar estaba lleno de gente, lo que parecía no amilanar a los “fachos”, cuándo se interpuso entre ellos y yo un diputado de la Democracia Cristiana el “Pichón” Nogueras, que ocasionalmente se encontraba en esa esquina, quien increpó a los agresores amenazando con llamar a la policía.

Su valiente actitud hizo que otras personas, que se desplazaban por el lugar, rodearan a los atacantes exigiéndoles que se retiraran y bajaran sus armas.

Al verse comprometidos y, en minoría, ascendieron al vehículo en el que se desplazaban y al tiempo que reiteraban sus amenazas a mi vida, coreaban la consigna, que identificaría en las próximas décadas a la derecha del Movimiento, “Ni yankys, ni marxistas, peronistas”.

Como no amedrentarnos y, al mismo tiempo, adoptar algunas medidas de autodefensa para seguir militando será el tema de la próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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