LA ARENA
Apenas han pasado seis meses desde que comenzó la segunda presidencia de Cristina Fernández y no son pocas las advertencias a futuro que se han dado en este tiempo. Sobre todo cuando tiene como fondo una crisis económico-financiera mundial que golpea a las grandes potencias con una brutalidad inusitada y que ya parece asomarse a estas tierras.
Pero también, frente a una panorama complejo, el gobierno ha dado muestras de su iniciativa que ha sostenido su llamado proyecto a pesar de varias coyunturas difíciles que tuvo que pasar y de las que salió fortalecido cada vez que ha profundizado su rumbo. Esto ha provocado por fuera de la administración kirchnerista un vacío en el escenario político nacional en el que boya una oposición que ha perdido buena parte de la representación de la sociedad.
Esta situación ha llevado a que la disputa por el poder pase por la misma coalición kirchnerista, y que no se vislumbre un claro competidor en lo inmediato que le haga fuerza por fuera de esas filas.
En este marco, la verdadera oposición al gobierno se ha consolidado en los grandes medios de comunicación oligopólicos, que hacen su campaña para agitar cualquier reclamo hacia la presidenta y sus medidas. Son también quienes dictan la agenda política para que la dirigencia opositora la haga propia.
Nada parece indicar que en el futuro este escenario vaya a presentar cambios significativos, cuando todavía faltan tres años para comenzar a pensar en la sucesión de la Presidenta de la Nación. Especialmente porque esta cuestión es una incógnita que agita las aguas mucho más hacia el interior del kirchnerismo y de ese amplio abanico que hoy es, genéricamente, el peronismo.
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