jueves, 2 de agosto de 2012

Argentina: Un mosaico de biodiversidad

CONICET

Investigadores argentinos explican la riqueza de climas y geografías del país, representados en el espacio Biodiversidad de la mega muestra de ciencia, arte y tecnología.

Con una superficie de casi 4 millones de kilómetros cuadrados, Argentina es el octavo país más grande del mundo. Se extiende de norte a sur a lo largo de 33 grados de latitud e incluye 18 regiones ecológicas o ecorregiones, cada una con sus características climáticas y geográficas particulares.

“Las ecorregiones son ambientes donde un determinado tipo de flora y fauna están asociados a una ubicación geográfica”, explica David Bilenca, investigador independiente del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, UBA-CONICET).

En algunos casos las ecorregiones están compartidas con países limítrofes, como la Selva de Yungas con Bolivia o la Estepa Patagónica con Chile, mientras que en otros son casi exclusivas de la Argentina, como el Espinal o el Monte de Llanuras y Mesetas en la zona centro-sur del país.

Cada una de estas ecorregiones presenta características que las vuelven únicas, donde el clima y la geografía favorecieron el desarrollo de ambientes específicos. “Por ejemplo, la región pampeana es muy rica en diversidad de gramíneas (pastos) y tiene algunas especies emblemáticas como el ñandú o el venado de las Pampas”, comenta Bilenca.

Al país ingresan, por sus zonas marginales, tres de los más importantes reservorios de biodiversidad de América del Sur. “El Bosque Atlántico, que desde Brasil llega a Misiones y parte de Corrientes; los Andes Tropicales, por el área de las Yungas del noroeste; y la Selva Valdiviana, desde el lado chileno de la Patagonia”, enumera Darién Prado, investigador adjunto del CONICET en el Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Desde el punto de vista de la flora, en Argentina existen aproximadamente 10 mil especies de plantas superiores. "Son las que determinan la fisonomía del paisaje, ya que se puede reconocer una estepa, selva o desierto a partir de las características de su vegetación”, comenta Ana Antón, investigadora principal del CONICET en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC).

Así, en Argentina en las ecorregiones de las Yungas y la Selva Paranaense hay selvas, mientras que la Pampa se caracteriza por sus pastizales, el Espinal por bosques bajos y en el Monte predominan los matorrales adaptadas a las condiciones de sequía de la región, según explica Antón.

Además de los ejemplares representativos de ciertas áreas, como el choique o ñandú petiso en la Estepa Patagónica, o los camélidos como las vicuñas en los Altos Andes, en cada ecorregión habitan especies únicas en el mundo.

Dos ejemplos son la mojarra desnuda de Valcheta o la rana del Challhuaco en la Estepa y Bosques Patagónicos, respectivamente. “Son especies endémicas con una distribución muy reducida y sólo es posible encontrarlas en pequeñas áreas de esas ecorregiones”, dice Sergio Lambertucci, investigador asistente del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-Comahue).

Un panorama diferente es el de los recursos marinos. De acuerdo con Inés Elías, investigadora adjunta de CONICET en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), “de las 27 mil especies de peces que hay en el mundo, en Argentina sólo hay mil: la mitad de agua dulce y la mitad de agua salada”, explica, aunque aclara que si bien el número de especies no es alto, algunas de sus poblaciones son muy abundantes.

De acuerdo con la especialista, esto está relacionado en parte con la edad del mar Argentino. “En términos de eras geológicas, este mar fue colonizado por peces recientemente, hace apenas 66 millones de años. Como es de aguas frías no todas las especies del mundo se adaptan, de ahí su relativamente baja diversidad”, comenta.

Sin embargo, el escenario es diferente en las aguas continentales. Aunque la superficie que ocupan es menor, albergan casi el mismo número de especies que el mar. “Para que surjan nuevas especies en necesario que los ambientes sean variados. El mar es un lugar muy homogéneo, mientras que en ríos o lagos aparecen nuevos nichos y con ellos nuevas especies”, asegura.

Existen diferentes iniciativas que apuntan a su conservación. Mientras que Lambertucci y su equipo colaboraron con el mapeo de los ambientes áridos de la Patagonia para su conservación, Prado es el curador de la colección del Herbario, Botánica y Ecología Vegetal de la UNR, que forma parte del Sistema Nacional de Datos Biológicos (SNDB) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

“Para mí la biodiversidad es belleza. Cuando se pierde, con ella desaparecen al mismo tiempo recursos insospechados, porque nuestros ecosistemas nativos prestan innumerables servicios” como alimentos, medicamentos o diversas materias primas, concluye Prado.

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