miércoles, 22 de agosto de 2012

China endurece la lucha contra la corrupción

Dmitri Kósirev (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

En China acaba de ser condenada a la pena capital por un “asesinato con motivos comerciales” la esposa de uno de los políticos comunistas más distinguidos del país.

¿Habría tenido esta historia repercusión a nivel mundial de no tratarse de la muerte de un ciudadano británico? Podría ser, porque la actual política china le interesa a todo el mundo, en especial en vísperas del próximo cambio de la dirección del país.

¿Una ofensiva contra la izquierda?

La procesada es Bogu Kailai, esposa de Bo Xilai, exministro en el Gobierno chino, hasta hace poco miembro del Politburó y secretario del Comité del Partido en la ciudad más grande del país, Chongqing. Su carrera acabó de manera fulminante hace seis meses aproximadamente, al hacerse pública la historia del asesinato.

En próximo otoño, en China empieza una serie de congresos y reuniones en los que arrancará el proceso del cambio de los dirigentes del país. Se espera que el liderazgo de China lo asuma, en vez de Hu Jintao, Xi Jinping.

Pero en vísperas de congresos de tanta relevancia suelen ocurrir cosas y muchos aficionados a las teorías de la conspiración se dedican a reflexionar sobre los posibles líderes chinos, una conspiración contra Bo Xilai, su hipotético arresto y el número de sus partidarios.

Sus partidarios son numerosos, por ser Bo Xilai una especie de héroe popular por las fuerzas de la izquierda. No es que sea un marxista ortodoxo, porque ya escasean incluso en las universidades y departamentos de propaganda, donde se les solía colocar. Pero es sí un defensor ferviente de la justicia social.

El actual líder del país también se inclina por estas ideas, pero con más moderación. Al mismo tiempo, a Bo Xilai se le da muy bien hablar con las masas, sabe conectar con la gente de a pie. Podría perfectamente ser ascendido. Entonces, ¿qué ha ocurrido?

Parece que todo está más claro que el agua: el marido no ha de responsabilizarse de las acciones de su mujer. El crimen, sin embargo, tuvo lugar en Chongqing, el cuerpo de la víctima fue incinerado con urgencia y a sus familiares se les comunicó que había fallecido a consecuencia de la intoxicación con una bebida alcohólica. Y ello supone responsabilidad de Bo Xilai, incluso en caso de no ser cómplice del crimen: es su ciudad y sus subalternos. A los cuatro policías que ayudaron a esconder las huellas se les condenó a diferentes penas de prisión.

Los aficionados a las conspiraciones, curiosamente, encuentran indicios de la lucha por el poder en cualquier lado. Por ejemplo, Bogu Kailai defendía los intereses de su hijo, que tenía una disputa comercial con Neil Heywood y padecía depresiones, por lo que salía poco de casa. Por esta razón la sentencia será suspendida por dos años y todavía queda la posibilidad de que el castigo se conmute por uno más suave. Podría ser señal de que Bo Xilai todavía tiene influencias...

Otra China, otro juicio

Por supuesto, puede haber un gran número de opiniones acerca del dicho proceso judicial, por ejemplo, la reacción puramente británica al caso. Un ciudadano del Reino Unido falleció en circunstancias extrañas y a sus compatriotas les gustaría saber qué es lo que había ocurrido. Nadie insiste, por otra parte, en que Heywood fuera tan inocente como un niño.

Existen datos, de acuerdo con los cuales Neil Heywood, antes de reunirse con sus socios chinos, chantajeaba a Xilai con algunos documentos que comprometían al alto rango comunista. Entregó los papeles en cuestión a sus abogados porque, según parece, intuía graves problemas. No obstante, nada se sabe a ciencia cierta.

Otro tipo de reacciones serían las europeas: en Europa no gusta que el proceso, tan diferente de sus cánones, se haya celebrado a puerta cerrada y haya durado un día únicamente, siete horas. Al abogado personal no se le permitió acceso a la audiencia. Una justicia bastante especial.

La reacción parece bien lógica: los europeos suelen suponer que tienen todo lo mejor y lo asiático es algo oscuro, turbio y antidemocrático. Esta actitud a veces juega en contra de los propios europeos, porque les impide ver cambios que se están operando en el mundo y entender su significado.

Así, por ejemplo, el proceso contra Gu Kailai es comparado con uno contra la viuda de Mao Zedong, Jiang Qin, y sus prosélitos de izquierdas, celebrado en 1981. Este equipo era el símbolo de la Revolución Cultural y de toda la política ultrarradical llevada a cabo en el país a lo largo de una década y media. Por supuesto, aquel caso era pura demostración de la lucha por el poder. Pero también era otra China que tenía en el mundo menos peso y el proceso judicial era distinto.

En 1981, el significado de los acontecimientos era el siguiente: la política y la ideología de los dirigentes anteriores del país habían sido criminales y no volvería a ocurrir nada parecido. Era el mensaje que ansiaba recibir y finalmente recibió el pueblo chino, intimidado por las atrocidades de la Revolución Cultural.

En la actualidad, el mensaje es bien distinto: el poder en China no tolerará corruptos en sus filas y es el tema dominante de la conciencia social en la China de hoy.

La sociedad china ha cambiado, está mejor desarrollada y hay algunos representantes muy acaudalados (se rumoreaba que en el país hay 960.000 personas con un patrimonio equivalente a un millón de dólares). Incluso en las épocas de más pobreza la sociedad china se ha mostrado muy activa y de ella partía la mayoría de las iniciativas. Hoy en día es, además, un país con uno de los mayores números de usuarios de Internet, de modo que la extraña historia de un británico que hacía negocios con una familia tan importante no podría pasar desapercibida en una sociedad así.

A lo largo del último año, las dos generaciones de dirigentes chinos, la que se marcha y la que está por venir, luchan sin piedad contra la corrupción. El proceso de Bogu Kailai de esta manera es percibido por el pueblo chino como parte de esta lucha. Y los ajustes de cuentas por el poder también provocan interés, pero más moderado.

De manera paralela se celebra otro proceso judicial, el “ferroviario”, en el cual están involucrados casi todos los dirigentes del sector, incluido el exministro de Ferrocarriles Liu Zhinjun. Es un caso corrupción por unos 410 millones de dólares, en total 13.400 episodios ocurridos en los últimos 30 años. Los ferrocarriles representaban un motivo de orgullo nacional, hasta que el año pasado colisionaran dos trenes de alta velocidad, ocasionando 40 víctimas mortales. Estalló un gran escándalo. Y se empezó a compartir detalles del caso por Internet, el equipo técnico que falló, los responsables de sus adquisiciones y montaje, etc...

Hubo otros casos de corrupción del más alto nivel y seguramente los habrá más. Y en cuanto a un proceso rápido y a puerta cerrada, se puede indicar que actualmente en China se está llevando a cabo una reforma judicial y el juicio contra Bogu Kailai se celebró precisamente de acuerdo con las normativas más cercanas a las europeas: la investigación duró mucho tiempo, la sentencia se sopesó a lo largo de 13 días. De modo que las siete horas de interrogatorio de la procesada es solo una parte del proceso.

Este proceso no es simplemente abierto, sino manifiestamente abierto: en los medios de comunicación de Estados Unidos y Europa fue una noticia de impacto el detallado informe de la agencia Xinhua sobre las escuchas del pasado 8 de agosto. Se contó que en la sala habían estado presentes 140 personas, incluidos los periodistas, los familiares y los amigos de los procesados y los representantes de la Embajada del Reino Unido. Que las pruebas y las opiniones de los expertos fueron presentadas, que pronunciaron sus discursos los abogados. Los procesados Bogu Kailai y su asistente Zhang Xiaojun fueron sometidos a un interrogatorio.

Lo que queda por ver es si tendrá esta historia algún impacto en la imagen de los dirigentes chinos a los ojos de la opinión pública o no.

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