martes, 28 de agosto de 2012

El logro de la unidad frente amenaza de Reino Unido

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
Que Gran Bretaña se haya retractado oficialmente de sus pretensiones de violar la embajada ecuatoriana en Londres para arrestar por la fuerza a Julián Assange, fundador del portal digital WikiLeaks, y refugiado en esa sede diplomática, habla con mucho de la fuerza de la unidad latinoamericana.

En efecto, el gobierno británico, que asediaba el edificio oficial ecuatoriano y se negaba a todo entendimiento en cuanto a la solicitud de asilo en Quito de Assange, debió dar marcha atrás a sus propósitos luego de repetidas acusaciones en su contra por irrespeto a los tratados internacionales sobre la inmunidad de las embajadas extranjeras.

Hay que destacar que una América Latina políticamente renovada ha tenido mucho que ver en esa victoria de la razón y de la justicia.

Desde el propio inicio del litigio, y frente a la prepotencia de Londres -secundada por varios de sus socios globales, entre ellos los Estados Unidos-, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, surgida en La Habana en 2004 por iniciativa de Venezuela y Cuba, levantó su voz en defensa de los intereses legítimos de Ecuador y advirtió de las graves consecuencias que podría traer un ataque de la policía británica a la sede diplomática de Quito.

Por su parte, la Unión de Naciones del Sur, UNASUR, y poco después la propia Organización de Estados Americanos, OEA, a pesar del voto negativo norteamericano en esta última, aprobaron sendos comunicados de respaldo al gobierno ecuatoriano y de demanda de respeto a la integridad de las embajadas extranjeras a tono con las disposiciones globales en ese terreno.

De manera que frente a los intentos de viejas y nuevas potencias imperiales de reanimar los tiempos en que su voluntad primaba por encima de otros criterios, América Latina volvía a dar una nueva y especial muestra de cohesión, consenso y espíritu solidario, consecuencia directa de los cambios políticos progresistas que marcan su más cercano devenir.

Sin dudas, para los halcones imperiales debe haber sido significativo y de cierta manera nostálgico el no haber contado esta vez con gobiernos del área tan serviles como la dictadura de Augusto Pinochet, en Chile.

Vale recordar que durante la guerra de las Malvinas de 1982, el dictador chileno fue, junto a la Casa Blanca, un útil aliado de las fuerzas militares británicas llegadas al Atlántico Sur para desalojar a las tropas argentinas desembarcas en ese archipiélago arrebatado por la fuerza a Buenos Aires en el siglo diecinueve.

Para congoja de Londres y sus socios de tropelías, ahora no hubo cipayos regionales, sino una voz única que puede sentirse orgullosa de su alcance y peso internacionales.

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