viernes, 10 de agosto de 2012

España: Desde la rabia

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La rabia es una enfermedad de iracundia extrema. Pues bien, gran parte de este país está rabioso. O por mejor decir, está rabioso el país entero excepto los que se han lucrado, los que se han enriquecido injustamente y los que aún están al acecho de enriquecerse. Ajenos al comedimiento y a la prudencia, ignoran los muy necios que todo tiene un límite...

Estamos rabiosos todos, pero nadie pasa de las palabras a los hechos Todos los políticos, todos esos que vemos en las televisiones y escriben en los diarios, todos los que comparecen en la escena pública... ganan lo suficiente para vivir y carecen de la conciencia social necesaria que sólo se tiene cuando uno se ve privado de lo indispensable o se adquiere por una educación humanista o sencillamente por nervio cultural. Es tan grave el agravio comparativo entre los innumerables ladrones de alto copete y los necesitados que aumentan exponencialmente, y es tan oprobiosa la violencia institucional y la violencia moral de los poseedores y de los administradores de este país que a nadie debe extrañar que a ambas clase de violencia se oponga no más palabrerío sino hechos. Hechos de momento reducidos sólo a los gestos simbólicos de jornaleros desalojados de la finca Las Turquillas, por cierto propiedad del Estado y terreno absolutamente baldío, y a la sustracción de alimentos en dos supermercados.

Sea como fuere, en tiempos en que la tecnología hace posible calcularlo todo para que nadie debiera quedar fuera de la protección del Estado -al fin de la sociedad-, las cosas pintan muy mal para millones de ciudadanos. Pero este gobierno español se alza como el principal adalid de la ideología neoliberal anglosajona llevada a sus últimas consecuencias. Opta, como fórmula y pretexto, por salvar una moneda artificial antes que el bienestar para todos, antes por cubrirse sus espaldas que cuidar de la salud, de la educación, de la formación y de la vida digna de una enorme parte de la población a la que dijo iba a servir. Por eso está claro que está preparado, con la violencia que descargan siempre los Estados despóticos y no ciertamente democráticos, para hacer frente a las turbulencias que se avecinan.
Este gobierno si llegó a la Moncloa por vías normales, es de temer que actúe como Hitler también elegido en las urnas de Weimar. Se ha apoderado de la democracia, ya de por sí suficientemente falseada y organizada a favor de los patricios, y en los tres años de mandato que le queda una parte de este país puede convertirse en un campo de concentración de refugiados sin refugio… o en un campo de batalla. Les da igual, el fascismo imperante ha roto aguas. Los zánganos, desde sus poltronas, están bien organizados para proteger a sus reinas frente a las obreras que han construido la colmena.
En cualquier caso todos estos sinsentidos forman parte de la usual manera de entender los yanquis su democracia neoconservadora, imitada por cierto, en España en sus aspectos más denigratorios y odiosos. Y al igual que ellos intentan introducir su sistema en los países de culturas ajenas a la suya no por la persuasión sino a través de la barbarie de distintas intensidades, aquí ya tiene el gobierno español el lastrado de los ciudadanos y familias que ha excluido de la mera superviviencia. La incertidumbre que ha generado en centenares de miles de ciudadanos la espera hasta septiembre sobre su decisión a tomar acerca de los 400 euros, su único sustento, es ya de por sí un grave síntoma acerca de la crueldad y la calaña de este gobierno.
Jaime Richart es antropólogo y jurista.

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