lunes, 6 de agosto de 2012

"Gordos", con aval de Trabajo, dividirán el Congreso de la CGT

Emilio Marín (LA ARENA)

El Congreso de la CGT está previsto para el 12 de julio, para renovar autoridades. Fue convocado por el Consejo Directivo y el CCC, pero los "Gordos" y el gobierno nacional lo van a fulminar de "antiestatutario".

El 24 de abril se reunió el Consejo Directivo de la CGT y decidió convocar al Comité Central Confederal, que le puso fecha al Congreso para el 12 de julio. Según Hugo Moyano tales decisiones fueron perfectamente estatutarias y contaron con el voto de 19 de los 35 miembros del CD.

Sus adversarios internos no se hicieron presentes en Azopardo 802. No fueron los "Gordos" como Oscar Lescano de Luz y Fuerza y Armando Cavalieri de Comercio, ni los "Independientes" como Gerardo Martínez de la UOCRA y José Luis Lingeri de Obras Sanitarias, ni los "No Alineados" como Andrés Rodríguez de UPCN y Ricardo Pignanelli de SMATA).

Tampoco pintaron por ese lugar los adversarios del Camionero que hace cuatro años se fueron dando un portazo para formar una pequeña CGT "Azul y Blanca". Su referente es el desprestigiado Luis Barrionuevo, de Gastronómicos.

Hasta ese momento las principales reivindicaciones de la clase trabajadora no estaban en debate en los tres segmentos donde se esparcían los nucleamientos. Todo se centraba en si Moyano iba a ser reelecto o si sus enemigos internos podían entronizar a Antonio Caló, de la UOM. O si, "tercera posición" típicamente justicialista, Barrionuevo podía arrastrar a algunos "Gordos" a su moción de un triunvirato donde él tuviera un asiento. Lescano y Cavalieri simpatizaban con esa idea de tres co-cosecretarios, pero el resto de los antimoyanistas mantenían la iniciativa de que Caló fuera el sucesor.

Discordia

Sobre este primer motivo de discordia, Moyano luce con mejores posibilidades porque, con todos sus límites políticos, le da el pinet para conducir la central. Su carta de presentación es que en estos años logró mejoras sustanciales en el sueldo y las condiciones de trabajo de sus afiliados, casi 200.000. Sus contrincantes no pueden exhibir logros iguales en sus respectivos sindicatos.

Cuando hubo despidos en Chubut y en supermercados EKI, cuando empresas de transporte tercerizaban servicios y pagaban sueldos inferiores al convenio, etc. los Moyano enfilaron con los camiones hacia esos lugares de conflicto para presionar por soluciones.

Por eso en su discurso de la Plaza de Mayo del 27 de junio, en un pasaje dijo que querían reemplazarlo por Lescano y soltó "Dios nos libre". No abundó en detalles porque no hacía falta. Muchos manifestantes recuerdan que Lescano y Carlos Alderete, autoridades de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza (Fatlyf) recibieron de Carlos Menem varias centrales eléctricas como si fueran una empresa, incluyendo el Yacimiento Carbonífero de Río Turbio. A cambio acordaron el despido de miles de sus propios afiliados. Otro tanto hicieron las cúpulas ferroviarias, bancarias, de obras sanitarias, etc.

¿De metal o chatarra?

La figura de Moyano puede ser tachada de que falta más cultura general, como se evidenció en pasajes del discurso mencionado, que defiende el modelo de sindicalismo burocrático y que tiene denuncias por negocios más propios de un empresario. La última referencia es a su posible asociación con Covelia, de recolección de basura en varios partidos del conurbano.

Todas esas limitaciones pueden ser ciertas. Sus más duros detractores agitan incluso el viejo pedido de la justicia suiza, rebotado supuestamente por faltarle detalles y entidad suficiente.

Pero cabe preguntarse si los enemigos del camionero son mejores que él. Ya se opinó lo contrario respecto a Lescano. Todo el sector de los "Gordos" huele a estiércol, a pesar de los caros perfumes que usan. Cavalieri es otro menemista de pura cepa, amigo de la embajada norteamericana y con denuncias de enriquecimiento ilícito que no necesitan llegar desde Suiza.

Gerardo Martínez, de la UOCRA, fue acusado por organismos de derechos humanos de haber actuado como Personal Civil de Inteligencia durante la dictadura en el II Cuerpo de Ejército. ¡Y fue el primer candidato de Cristina Fernández para destronar a Moyano!

Carlos West Ocampo, de Sanidad, fue junto a Martínez parte del directorio de la AFJP Claridad, donde ambos gremios tenían el 25 por ciento del paquete accionario. Una de las mejores decisiones de la presidenta fue rescatar los fondos previsionales de esos piratas de las AFJP y ponerlos bajo control de la Anses.

Dirigentes dóciles

José Luis Lingeri convalidó la privatización de Obras Sanitarias de la Nación, vilmente entregada por el menemismo al consorcio Lyonnaise-grupo Suez bajo el impúdico rótulo de "Aguas Argentinas". Su colega Andrés Rodríguez, de UPCN, fue co-responsable del achicamiento del Estado, donde se perdieron centenares de miles de puestos de trabajo. Fue como si estuviera aplicando el apotegma de José A. Martínez de Hoz: "Achicar el Estado es agrandar la Nación".

Pignanelli, del Smata, es una figura nueva en esa secretaría donde por más de 36 años reinó José Rodríguez hasta morir en 2009 envuelto en varias denuncias por enriquecimiento y contratos con empresas manejadas por sus familiares. Con nuevas autoridades, primero Mario Manrique y luego Pignanelli, el sindicato está acoplado a las políticas decididas por las diez terminales extranjeras asociadas en Adefa.

Esa docilidad ante la respectiva cámara patronal también caracteriza a los dirigentes metalúrgicos. Salvo corrientes internas como la de Francisco Gutiérrez, de Quilmes, Caló no se caracteriza por la dureza para pulsear con Acindar y Techint. La UOM fue cómplice de la privatización de SOMISA a favor del pulpo de los Rocca; tiene director dentro de Siderar y la provisión de catering en la empresa, por esa gauchada.

¿Y éstos son los sindicalistas que van a superar la marca de Moyano?

Negativo

Aunque los "Gordos" no sean una alternativa mejor a la de Camioneros, están en todo su derecho de presentar una lista opositora a Moyano. Hace a la democracia sindical esa competencia de proyectos y candidatos, inexistente en Azopardo 802 desde tiempos inmemoriales.

Ya se dijo que allí impera un modelo sindical burocrático. En el recordado debate televisivo del 9 de marzo de 1973 entre José Ignacio Rucci y Agustín Tosco, éste propuso consultar a las bases gremiales y Rucci replicó que la CGT tiene secretario general, CD y CCC, por lo que no necesitaba hacer tal consulta. Con matices, esta operatoria cegetista se perpetuó.

Si a ese límite por ahora insalvable se le suma que el gobierno nacional decide quiénes y cuántos son los dirigentes de la CGT, entonces el problema es mayor. Lo alertó esta semana Facundo Moyano, al decir que la central no se puede manejar como un ministerio.

La injerencia del Estado en la vida gremial fue vista como negativa por el movimiento obrero desde sus orígenes socialistas, anarquistas y comunistas. Con el peronismo, en cambio, hubo acople. Pero en estos días falta el diálogo y menudean las críticas entre las dos partes (Moyano y Cristina). Y en consecuencia, el ministerio de Trabajo dictó conciliación obligatoria contra del paro de Camioneros del 20 de junio, le impuso una multa de 4.000.000 de pesos, en tanto el ministro del Interior le formuló gravísima denuncia penal.

El gobierno quitó el 2/7 un favor estatal que tenía Camioneros desde tiempos de Néstor Kirchner y que le reportaba 100 millones de pesos anuales. La obra social moyanista hacía los exámenes psicofísicos para la licencia de conducir vehículos de carga, por decisión de Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). Ahora se la anuló, lo que no está ni bien ni mal porque el Estado tiene derecho a resolver en la materia. A lo sumo habrá que ver cómo funciona el nuevo sistema.

Intromisión estatal

Pero lo que está mal es aquella multa y denuncia penal, a lo que se sumará en cualquier momento una resolución de Carlos Tomada invalidando el Congreso del 12 de julio. Eso significará una intromisión lisa y llana del Estado en la interna gremial, condenando a unos y bendiciendo a otros. Si así fuera, quedará consagrada por un tiempo una quíntuple división: habrá tres CGT y dos CTA.

La tarea de los "Gordos" y otros defensores del gobierno será ímproba, porque deberán lidiar no sólo con el moyanismo que reunió 40.000 o 50.000 personas en Plaza de Mayo. Hay una mayor conflictividad laboral, por contratos que se caen en el Estado y medios aguinaldos que se fraccionan en cuatro, con frigoríficos y aceituneras que cierran en La Pampa y La Rioja, con terminales y textiles que suspenden personal, con Dragones que toman con violencia Cerro Dragón, etc.

Justamente ese es el quid de la cuestión: además de elegir a tal o cual secretario general, ¿qué política adoptará la CGT respecto al conflicto social? Se trata de una tendencia en ascenso. Los datos del Ministerio de Trabajo reportaron que "en 2011 hubo 962 conflictos con paro; 1.059.863 trabajadores que participaron en paros; 4.303.615 jornadas individuales no trabajadas". En lo que va de 2012 esta conflictividad ganó en intensidad.

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