Elena Supónina (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)
Los nombres del virtual elegido y los otros candidatos ya se conocen y cada candidatura es analizada de una manera muy minuciosa.
Las autoridades sirias han de expresar su disposición de cooperar con el sucesor de Annan, y Damasco siempre ha demostrado gran desconfianza hacia los organismos internacionales, considerándolos estructuras proestadounidenses. En las actuales condiciones esta desconfianza no hace sino crecer, aunque Siria ya ha dado luz verde a uno de los nombres.
Si Siria se niega a aceptar una determinada candidatura, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lo deberá tomar en consideración, dado que el declarado objetivo de la comunidad internacional no es derrocar al régimen del presidente Bashar Al Asad, sino reconciliar a las partes contrincantes. Para ello es necesario mantener el diálogo tanto con la oposición como con las autoridades sirias.
Algunos prefieren renunciar al cargo
La semana pasada desde la sede de la ONU en Nueva York hubo filtraciones de datos sobre los nombres que figuran en la lista de candidatos: fueron sometidas a la consideración del secretario general las candidaturas de reputados diplomáticos de diferentes países.
Todos ellos cuentan con amplias experiencias en puestos directivos de sus países y en diferentes organismos internacionales. Dos de ellos, Javier Solana y Miguel Ángel Moratinos, son españoles. Se rumorea también que en la lista figuraba un representante de Malasia, pero el nombre exacto no se sabe.
Se mencionó también entre los candidatos al finlandés Martti Ahtisaari, expresidente de Finlandia y Premio Nobel de la Paz, quien no tardó en renunciar al cargo, manifestando: “Que asuma otro este puesto”. La opción que se da por segura es la del diplomático argelino y funcionario de nivel internacional, Lakhdar Brahimi.
Entre todos los pretendientes parece ser la figura de mayor peso y experiencia en Oriente Próximo, una persona que obra de manera sopesada y cautelosa. En contra de Javier Solana juega el hecho de haber ocupado el puesto de secretario general de la OTAN, una organización claramente enemiga según el modo de ver de los sirios.
El único defecto de Brahimi es su edad, 78 años, que a pesar de una buena forma física del diplomático podría representar un impedimento para un trabajo activo. Sin embargo, sus experiencias encontrarían indudable aplicación en la solución de un problema tan complicado como la situación en Siria. En los momentos más delicados de los conflictos en Afganistán e Irak, Lakhdar Brahimi trabajó como enviado especial del secretario general de la ONU en estos países. Un portavoz del gobierno sirio ha apoyado su nombramiento, lo cual despeja el camino frente a otros candidatos.
Así, trabajó en Irak durante la ocupación estadounidense, mientras continuaban las acciones bélicas y corrió serio peligro. Merecería la pena recordar al respecto que un alto cargo de la ONU, el brasileño Sérgio de Mello, fue asesinado en Bagdad en 2003 al explotar cerca del hotel donde se alojaba la representación de la ONU un camión conducido por un terrorista suicida.
Mucho dependerá de Rusia y de Estados Unidos
En cualquier caso, Ban Ki-moon ha de tomar una decisión en los próximos días y no solo porque el mandato de Kofi Annan expire el 31 de agosto. La segunda razón es el informe sobre la misión de 300 observadores internacionales en Siria que ha de presentar el secretario general de la ONU en el Consejo de Seguridad de la Organización a mediados de agosto. Sería correcto que dé a conocer también el nombre del futuro enviado de la ONU en Siria.
Ban Ki-moon, junto con el sucesor de Kofi Annan, ha de mantener consultas con las principales potencias del mundo y tomar la decisión sobre el futuro de la misión de observadores. Moscú insiste en la prórroga de su mandato, que expira en la segunda quincena de agosto. Estados Unidos, en cambio, opina que cuando un país se ve en plena guerra civil no hay ninguna necesidad de que permanezcan allí los observadores, dado que en caso de Siria han de controlar el cumplimiento de las condiciones de armisticio anunciado el pasado 12 de abril.
Además, el nuevo enviado de la ONU para Siria se enfrentará a los mismos problemas a los que no pudo dar solución Kofi Annan. En su mensaje final, publicado recientemente en el diario británico The Financial Times, Annan indica que “por una parte, Rusia, China y la India han de cumplir lo acordado y persuadir a las autoridades sirias de que emprendan rumbo al traspaso de poder, porque el Gobierno actual ha perdido su legitimidad”. En opinión de Annan, la dimisión del presidente Bashar Asad es la condición clave de la solución del conflicto.
Sin embargo, conseguirlo sería insuficiente, explica el hasta ahora enviado para Siria a su todavía desconocido sucesor: “Por otra parte, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Arabia Saudí y Qatar han de ejercer presión en los representantes de la oposición para que participen en el proceso político”, lo que “supone el mantenimiento del diálogo con las instituciones gubernamentales”. “La oposición ha de reconocer que el futuro de Siria no depende de una única persona, del presidente Asad”, concluye.
La opinión de Kofi Annan merecería ser tomada en consideración. Y habrá otro problema al que tendrá que dar solución el nuevo enviado para Siria: los refugiados sirios, que están invadiendo los países vecinos. Muchos de ellos sólo pueden contar con la ayuda de la ONU, dado que en el país el conflicto se llevó ya la vida de 16.000 personas.
Según la ONU, están oficialmente registrados 150.000 refugiados sirios, 53.000 de ellos permanecen en el territorio de Turquía, más de 45.000 en Jordania, otros 37.000 en Líbano y cerca de 14.000 están en Irak.
Si no se pone fin a la guerra civil, el número de refugiados no parará de crecer. De modo que el principal objetivo del nuevo enviado para Siria será detener el derramamiento de la sangre.
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