jueves, 2 de agosto de 2012

Las identidades culturales de Panamá

Olmedo Beluche (especial para ARGENPRESS.info)
Como parte de las múltiples reflexiones motivadas por la conmemoración del centenario de la república de Panamá se publicó el libro: “Cultura de la interoceanidad: Narrativas de identidad nacional de Panamá (1990-2002)” de la antropóloga panameña Ana Elena Porras. Su relectura en el marco del curso Panamá: historia y sociedad, del Doctorado en Humanidades de la Universidad de Panamá, motiva a saldar la promesa hecha hace un lustro de comentarlo.

Este libro estudia la cultura de Panamá respecto a su identidad nacional analizando las diversas narrativas (orales, escritas, historiográficas, gráficas, monumentales, etc.) que existen al respecto. Es el primer estudio que aborda una interpretación de la identidad panameña desde el método etnográfico, y combina magistral y amenamente, diversas metodologías y fuentes teóricas. “Cultura de la Interoceanidad” se ubica desde los criterios teóricos de la Antropología postmoderna, apelando al método etnográfico, por el cual usa la semiótica para interpretar las diversas identidades de “lo panameño”, de la manera como la perciben diversos grupos sociales, usando para ello entrevistas, observación participante y la hermenéutica de textos.
Advertimos a cualquier lector de hacerse juicios apresurados respecto a la antropología postmoderna. El postmodernismo ha sido frecuentemente criticado cuando extrema el relativismo. Pero conveniente señalar que todos los enfoques teóricos contienen un grado de verdad, y que los métodos dependen del objeto de estudio al que se enfoquen. La valoración de un ensayo no puede hacerse sino en relación con los conocimientos que aporta. En general, nos parece que el aporte de los enfoques postmodernistas en ciencias sociales está en haber puesto luz sobre áreas de la subjetividad colectiva que suelen pasar desapercibidas para las grandes teorías sistémicas o estructuralistas.
Es el caso de “Cultura de la Interoceanidad”, ya que nos muestra el cuadro variado y multicolor con el que los “panameños” nos identificamos como nación. Pero que, además, nos aclara Ana Elena Porras respecto de esta obra: “De hecho hay algo de estructuralismo y constructivismo también en mi tesis, cuando identifico las modalidades de cultura panameñas y su relación de poder y, finalmente, "construyo" analíticamente la cultura de la interoceanidad. Esta "construcción", como resultado de mi investigación de 10 años es mi mayor logro, me parece a mí. De otra manera, habría concluido que Panamá no tiene identidad nacional ni cultura....”.
Lo importante, metodológicamente hablando, es que la autora establece la categoría de Cultura como una entidad diferenciada con un determinado grado de autonomía de la categoría Sociedad, con la cual está relacionada pero no de manera subordinada, ni como apéndice. Entonces cultura implica un nivel específico de la realidad que requiere sus propios enfoques metodológicos.
Ana Elena Porras establece los siguientes conceptos claves en su estudio: Paradigma (conjunto de postulados asumidos como verdaderos por una comunidad); Identidad (construcciones compartidas por la comunidad sobre sí misma, “comunidad imaginada”); Cultura (sistema simbólico cuyos valores y significados son compartidos por una comunidad) como ente diferenciado, aunque en relación, de Sociedad (estructura); Narrativa (“La cultura es como un texto”, pensamiento que involucra la elaboración de lenguajes, temas, lógicas estéticas en torno a la identidad nacional); Metáforas (lemas y frases hechas que construyen modelos de la nación).
Las fuentes teóricas que inspiran a la autora son tan variadas como: S. Freud (La interpretación de los sueños); Ernest Gellner (Posmodernismo, razón y religión); Clifford Geertz (La interpretación de la cultura); Ruth Benedict (Patterns of culture); Benedict Anderson (Las comunidades imaginadas); E. Hobsbawn (La invención de las tradiciones); James Fernández (Antropología de la experiencia).
En el ámbito nacional, Ana Elena Porras reconoce como fuentes precedentes, aunque con enfoques diferentes, los ensayos: “Papel histórico de los grupos humanos de Panamá”, de Hernán Porras, que inauguró este tipo de estudios con un enfoque basado en la antropología cultural y la antropogeografía; y desde una perspectiva marxista, a Ricaurte Soler con su conocido ensayo “Formas ideológicas de la nación panameña”.
La tesis central del libro establece que Panamá ha construido una cultura “creativa, compleja, flexible y fluida”, a la que denomina “cultura de la interoceanidad”, pero que es producto de una integración de múltiples tendencias. Antropológicamente subdivide a Panamá en tres regiones, con identidades específicas que interactúan entre sí, pero de las cuales una es la hegemónica: la región interoceánica (hegemónica), el interior y las regiones marginales. Luego divide el estudio en tres capítulos principales: 1. Sobre los mitos de origen; 2. Las diversas “comunidades imaginadas sobre lo que es Panamá; 3. Las metáforas sobre el estado nacional panameño.
El capítulo primero, titulado “Mitos de origen”, aborda las narrativas sobre el origen colonial de Panamá, con las cuales se identifican las personas y/o identifican al país. Cada uno de esos mitos está construido sobre personalidades históricas, pero extraídas de sus biografías concretas para convertirse en auténticos mitos, cada uno de los cuales alude a una característica particular con la que se identifica a la nación: Urracá (símbolo de la resistencia anticolonial); Anayansi (símbolo de la integración pacífica y negociada con el extranjero); Balboa (símbolo principal con el que se identifica la nación, expresión de la vocación transitista del Istmo); Pedrarias (símbolo del coloniaje y la imposición extranjera); Bayano (símbolo de la rebeldía contra el estado); el pirata Morgan (símbolo de las agresiones militares sufridas por el país).
Diversos grupos sociales y políticos del Panamá de hoy, eligen como símbolo de sus luchas, programas políticos y proyectos de nación a alguno de esos mitos, que los simboliza. Como se ha señalado, el mito de Balboa es el que levanta la clase social (principalmente comerciantes) que controlan la zona de tránsito y que lo han erigido en símbolo nacional que representa la “vocación transitista”, es decir, el país volcado al comercio mundial. Pero sectores que confrontan ese modelo de sociedad, erigen a Urracá o a Bayano, como símbolos de la resistencia popular contra el país intervenido por los intereses extranjeros, y como portaestandartes de la lucha por el estado nacional soberano. En sentido contrario, por ejemplo, los pueblos originarios repudian principalmente a Balboa, a quien consideran la figura central de conquista y el genocidio, en el pasado, y en el presente el símbolo de una sociedad que les margina. En la misma lógica, los sectores políticos antiimperialistas repudian y muestran al pirata Morgan como símbolo de la agresión militar anglosajona, ahora expresada por el intervencionismo norteamericano.
El segundo capítulo se refiere a las “Narrativas sobre el origen republicano” del país. Es decir, las creencias respecto a cuándo se origina la nación panameña. Se subdivide en tres grandes interpretaciones, con sus subnarrativas: A. Independencia: 1. Para algunos Panamá tiene varios orígenes como nación, que se remontan a la época colonial (fundación de Santa María La Antigua por Balboa o de la ciudad de Panamá por Pedrarias); 2. Para otros Panamá surge como nación a partir de las proclamas de Independencia de 1821 y/o 1903, luego establece un debate entre cuál es la más importante (prevaleciendo la última, sin olvidar la primera), pero existe la tendencia a negar al Panamá colombiano del siglo XIX como fragua de la nacionalidad; 3. La República, es decir, con posterioridad a 1903, cuando se cree que es el momento que se forma la nacionalidad.
También hay debate respecto al nacimiento de la República en 1903, produciéndose cuatro interpretaciones sobre el hecho: a. “colonia americana” o supuesta “leyenda negra”, sobre intervención norteamericana en separación de Colombia, quienes la sustentan se identifican con el mito de Urracá; b. “los próceres vendieron al país” relacionada con la anterior, pero concentrada en crítica a los próceres e identifican este proceder con el mito de Pedrarias; c. “Indepencia heroica”, o “leyenda dorada”, el mito de los próceres como creadores del Estado nación, muy querida por nuestras clases dominantes, y que también se identifica con el mito de Balboa; d. “Bunau Varilla traidor de Panamá” se concentra en acción de este personaje, exculpa a próceres y equivale al mito de Morgan; e. “independencia producto de la diplomacia”, alude a conjunción de intereses panameños y norteamericanos, relacionada con la “versión ecléctica” sobre 1903 (categoría usada por Gasteazoro para explicar cierto enfoque historiográfico) y que tiene algo del mito de Anayansi; f. “República final de un largo proceso”, que también puede adscribirse a la versión ecléctica sobre 1903 y al mito de Anayansi.
Porras señala la existencia de diferencias en el imaginario respecto a si Panamá es o no una nación. En el subtítulo shakesperiano, “Ser o no ser”, encuentra dos interpretaciones: A. La Constructivista y positiva, “Panamá es una nación que ha pasado por tres proyectos nacionales: Colonia, Colombia y República”. B. La Destructivista y negativa, identifica nación con independencia y soberanía, y al no serlo, niega la existencia de la nación. A nuestro juicio cabría una tercera que, aceptando el hecho de no ser independientes y soberanos, constituimos una nación, que es un fragmento de otra mayor: la hispanoamericana.
En Panamá como comunidad imaginada de hoy, la autora encuentra que la identidad nacional se identifica en algunos criterios constructivos y otros que cataloga como autodestructivos (negaciones): Panamá autóctono (surge con la colonización); endocultural (se adquiere identidad con el conocimiento de la historia y la tradiciones); de Origen (se asocia identidad nacional al lugar de nacimiento); Nacionalismo (se es panameño cuando la conducta nacionalista así lo ratifica, por contraposición los gringófilos no son verdaderos panameños); Regionalismo (diferencia al interiorano del capitalino, y señala al primero como verdadero panameño); Dependencia (afirmación de la nacionalidad en las tradiciones contra la dependencia extranjera); Sincretismo (extranjeros por ascendencia pero que se identifican con la nacionalidad mediante su praxis); Doble nacionalidad (en quienes coexisten dos nacionalidades sin problema); Etnicidad (diversos grupos étnicos, originarios o recién llegados, que se identifican como panameños pero resaltan su particularismo étnico-cultural); Cosmopolita (identidad abierta a influencia de lo extranjero, al cambio y a la tolerancia); Asimilación (quienes adoptan la identidad panameña como segunda opción habiendo fracasado en otra); Desintegración nacional (contiene críticas a estereotipos que se identifican con lo nacional); Reintegración nacional (valorización positiva de la diversidad).
El capítulo tercero está dedicado a las “Metáforas del estado nacional”, que son “imágenes literarias, eslóganes políticos, grafitos, etc., que contienen narrativas de identidad nacional y que trascendieron a su origen político e histórico para permanecer en el imaginario colectivo. Ellas condensan cultura y pensamiento identitarios y frecuentemente se transforman en símbolos de la nacionalidad”. Algunas son nacionalistas y otras antinacionales, cada una tiene su correlato contrario o crítico, en realidad son cuatro principales “visiones” de Panamá (la colonia, la aldea, el emporio y el país total), subdivididas en diez metáforas:

1. República bananera, que alude al carácter de colonia y al intervencionismo del imperialismo yanqui, se identifica con el mito de Pedrarias y Morgan.

2. País Profundo, que enfatiza el aporte del Interior y las tradiciones, se identifica con el mito de Urracá.

3. Emporio comercial que enfatiza la vocación comercial y se asimila al mito de Balboa.

4. Pro Mundi Beneficio, que identifica al Estado nacional con la supuesta vocación deservir al mundo, aún a costa de compartir los beneficios de la ruta de tránsito, relacionada con el mito de Anayansi.

5. Puente del Mundo, es el complemento de metáfora del emporio comercial, y también se relaciona con el mito de Balboa.

6. Corazón del Universo, exageración del paradigma geográfico con visos chauvinistas (mito Balboa).

7. Panamá cosmopolita, sería el país abierto economía internacional, complementa el pro mundi beneficio (mito Balboa).

8. Crisol de razas que enfatiza diversidad racial y multietnicidad, relacionada con el mito de Anayansi, en el sentido de reivindicar la herencia prehispánica, pero con disposición a entenderse con la herencia colonial (europea y africana).

9. Panamá soberana “utopía nacionalista” que se opone al promundi beneficio, y tiene como mitos referenciales Urracá y Bayano).

10. Panamá 2000 que funde las metáforas de País Profundo y Panamá Soberana con las de Emporio Comercial, Puente del Mundo, etc., para hablar de que a partir de reversión canal tendremos transitismo con soberanía, funde los mitos de Urracá, Anayansi y Balboa.
En conclusión, la Cultura de la Interoceanidad, afirma la autora: “contiene todas y cada una de las modalidades culturales, de Panamá, integrándolas, aunque de manera desigual, subordinándolas. Las absorbe e incorpora en su propia narrativa, en un proceso más o menos dialéctico, buscando una síntesis o complementaridad con las narrativas que la adversan y desafían. En la medida en que lo hace, logra su hegemonía. De tal forma, que todos los panameños, independientemente de nuestra región de origen, clase social o etnicidad, tenemos un poco de cada cultura, en una combinación más o menos original y personal. Por esto es que todos somos un poco blancos, negros e indios. Y también chinos, indostanes, etc. etc.....Si bien que los valores de la cultura de la interoceanidad se imponen sobre los otros, por razones históricas conocidas, en ocasiones, este orden es desintegrado e invertido por circunstancias coyunturales”.
Como se puede apreciar, “Cultura de la Interoceanidad” es una fotografía multicolor, diversa, completamente original y amena de las identidades, imaginarios y mitos que constituyen “lo panameño”. Quienes se animen a leer este ensayo encontrarán como complemento, que no hemos abordado aquí, las interesantes entrevistas realizadas por la autora a conocidas personalidades del ámbito nacional y cómo cada una explica su manejo y adscripción a estos imaginarios.

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