miércoles, 8 de agosto de 2012

Las mentiras del poder: Racismo puro

Pablo Bilsky (REDACCION ROSARIO)

El candidato presidencial estadounidense Mitt Romney ofreció otra de sus habituales clases magistrales de racismo al afirmar que los problemas económicos de Palestina se deben a “la cultura” de este pueblo. La vieja estratagema de sacar de contexto los hechos sociales luce cada vez más gastada, pero las clases dominantes siguen recurriendo a esta forma de violencia simbólica.

Si se logra dominar el asco que este tipo de declaraciones falaces y racistas producen, es posible, incluso, extraer algunas preguntas y reflexiones a partir de las palabras del millonario, evasor, especialista en despedir a trabajadores y candidato presidencial estadounidense, Mitt Romney.

De visita en Israel, durante un desayuno en el lujoso Hotel Rey David de Jerusalén, ante un grupo de millonarios dispuestos a donarle millones de dólares para su campaña, el multimillonario afirmó que esa ciudad es la capital de Israel, cuando en realidad está en disputa con Palestina, y agregó que es “la cultura” lo que hace que los israelíes sean “más exitosos” que los palestinos. Acaso obnubilado por el verde fulgor de los millones de dólares que va a recibir de los donantes de Israel, Romney “olvidó” el inhumano bloqueo que viene sufriendo Palestina, la ocupación y los bombardeos israelíes que destruyeron su economía y sometieron a la población a una situación de emergencia humanitaria reiteradamente denunciada por la ONU.

Romney, ex gobernador de Massachusetts (2003-2007) es un multimillonario mormón. Confesó que sólo paga el 15 por ciento de impuestos sobre su cuantiosa, incalculable fortuna. Gran parte de su riqueza la hizo especulando en paraísos fiscales como las Islas Cayman. Según el sitio Mother Jones, es “un muchacho de Wall Street” de pura cepa. Su fortuna personal, estimada entre 190 y 250 millones de dólares, proviene de especulaciones en bancos de Wall Street. “Es un fiel cliente de Goldman Sachs”, agrega el sitio.

“Cuando se viene aquí y se ve que el PBI per cápita en Israel es de unos 21 mil dólares, y se compara eso con el PBI per cápita en las áreas manejadas por la Autoridad Palestina, que es más probablemente de 10 mil dólares per cápita, se nota una diferencia dramáticamente chocante en vitalidad económica”, dijo Romney, que no dijo que los territorios palestinos apenas cuentan con los servicios básicos y que sus ciudadanos viven encerrados entre muros y que deben pedir permiso a Israel para moverse. Muchos palestinos que necesitan trasladarse, por ejemplo para recibir asistencia médica, fuera de los límites impuestos por Israel mueren en la frontera, a las puertas del enorme muro, esperando. Otros pasan, previas humillantes requisas y malos tratos.

Decenas de miles de ciudadanos israelíes, judíos, religiosos, muchos de ellos ortodoxos, deploran esta situación y la denuncian en manifestaciones públicas. Pero Romney culpa a los propios palestinos de sus desdichas y diarias humillaciones. La historia queda abolida.

“Las políticas de encierro de Israel siguen interrumpiendo el trabajo y los flujos de mercancía, la capacidad industrial y el comercio básico, socavando la capacidad productiva de Cisjordania. Desde mediados del 2007, más de tres mil millones de dólares del presupuesto de la Autoridad Palestina bajo el presidente Mahmud Abbas y el primer ministro Salam Fayyad provienen de donaciones extranjeras directas”. Estas palabras no pertenecen a una agrupación pro palestina, ni a una organización de izquierda, ni tampoco a ninguno de los organismos de derechos humanos de Israel que denuncian tamaña injusticia. Son palabras de la CIA y forman parte del último informe de la agencia estadounidense sobre la situación económica de Cisjordania, el más extenso de los dos territorios palestinos, según citó Juan Gelman en la contratapa de la edición de Página 12 del domingo 5 de agosto.

La lección de racismo de Romney permite formular algunas preguntas sobre la manera en que las clases dominantes utilizan la mentira para construir su discurso y justificar la injusticia. Dentro del amplio menú de falacias y tergiversaciones de las elites económicas, hay una que es utilizada hasta el cansancio desde hace milenios: sacar de contexto los hechos históricos, como si no tuvieran relación con ninguna otra cosa, como si surgieran de la nada o, a lo sumo, de cuestiones “culturales”, “esenciales” y sin historia.

Cuando los medios hegemónicos informan, por ejemplo, acerca de la matanza del cine de Aurora, Colorado, se hace hincapié en la personalidad psicopática del asesino James Holmes. A lo sumo, como último horizonte de análisis, se hace referencia a la cultura armamentística de los Estados Unidos. Pero el papel que cumple el Imperio en el mundo, con sus matanzas “legalizadas” o “legitimadas” con excusas y mentiras en todos los continentes del planeta queda fuera del análisis. Las ejecuciones sumarias, el uso sistemático de la tortura, el bombardeo a poblaciones civiles, según el discurso de las clases dominantes, nada tienen que ver con esto.

Quince días después de la matanza de Colorado se produjo una nueva masacre, esta vez en un templo de la religión sij en Wisconsin. El autor de la matanza es un ex soldado de las fuerzas especiales que sirvió en el Ejército de Estados Unidos entre 1992 y 1998, según revelaron las autoridades. Se llama Wade Michael Page, tiene 40 años y durante su permanencia en las fuerzas armadas se especializó en “operaciones de guerra psicológica”. Tuvo como destino Afganistán y, según la cadena ABC, pertenecía a una agrupación de extrema derecha que reivindicaba la “supremacía blanca”.

Lo que los medios al servicio de las clases dominantes no dicen es que cuando Page desplegaba acciones similares en Afganistán era considerado un héroe, era ascendido y condecorado. Lo que se oculta es la continuidad, la relación entre estas matanzas de entre casa y las que el Imperio comete fronteras afuera.

De uno y otro lado de las fronteras, una vida humana tiene idéntico valor. La “cultura”, las “religiones”, las “nacionalidades”, en estos casos, son utilizadas como burdas engañifas para confundir, engañar y así encubrir a los asesinos.

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