miércoles, 8 de agosto de 2012

Paraguay: Unidad con alfileres

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

La palabra partido le cae como anillo al dedo al Frente Guasu (FG), el conglomerado de unas veinte fuerzas políticas paraguayas, algunas con trayectoria importante en las luchas populares que, por moral, conformación, discursos e intenciones, debería constituir el núcleo duro de la oposición al gobierno golpista, instalado hace mes y medio.

Sin embargo, el espejo de la realidad muestra una penosa ausencia orgánica, aunque en un juego de imágenes aflora una ciudadanía autónoma, ofuscada y movilizada, en su mayor parte gente joven y sin adhesión partidaria, que ha salido a la calle para combatir a las autoridades putativas y continuar impulsando y profundizando el proceso de cambios políticos y sociales que duró cuatro años.

El FG nació por la imperiosa necesidad ciudadana de rectificar el curso del país y por la postura de algunos de sus veinte miembros, algunos de los cuales, desde años atrás, venían luchando por confluir en una fuerza unitaria que pudiera contrarrestar al Partido Colorado, o Asociación Nacional Republicana (ANR), que llevaba casi siete décadas de dominio absoluto sobre el país.

En febrero de 1989, obedeciendo un diseño de Estados Unidos, esa institución se permitió desplazar de la cabeza del Ejecutivo a su máximo líder, el todopoderoso General Alfredo Strossner, que llevaba 35 años encaramado, en un golpe gatopardista que sembró la ilusión, incluso en la izquierda, de que comenzaba una transición hacia un sistema democrático, sin percatarse de que sólo era un cambio de timonel del mismo barco.

La idea unificadora, no obstante, se fortaleció desde el 20 de abril del 2008, cuando la suma de votos de demócratas, progresistas, izquierdistas, liberales y hasta colorados, hartos de la corrupción de su partido, permitió el triunfo de Fernando Lugo al frente de la Alianza para el Cambio (APC), alimentando la convicción de que la unidad era tan posible como indispensable para comenzar a reconstruir el secuestrado país.

El gobierno que se conformó entonces no tuvo más remedio que respetar esa diversidad de fuerzas que, a poco andar, entró en la previsible colisión ideológica entre sus parcelitas de poder de decisión, destacando como desleal el mismo Vicepresidente Federico Franco que, aunque minoritario en el Partido Liberal, obró siempre aliado a algunos ministros y el Parlamento enemigo, para sabotear y desestabilizar a Lugo, con una constante amenaza de juicio político, que se incrementó insanamente cuando le detectaron un cáncer.

El ex Obispo, la figura nacional que aún mantiene el mayor capital político, comenzó su actuación impulsando algunas medidas sociales progresistas, en particular la gratuidad de la salud pública, el rescate de una parte del porcentaje que debe pagar Brasil a Paraguay por la energía que se lleva de la represa binacional de Itaipú, y la asistencia social a las familias más excluidas, cuya cobertura saltó de 10 a 100 mil hogares.

Esas medidas, que recibían el aplauso de la mayoría, resultaron inaceptables para la derecha rancia que hoy está en el gobierno, desmantelando todo lo anterior positivo, apoyada por el imperio y sus transnacionales agrotóxicas y de la megaminería.

No obstante, otra disconformidad, irresponsablemente desapercibida por el gobierno y los partidos de apoyo, se iba traduciendo en decepción y crecía en paralelo entre franjas urbanas y los sectores campesinos que venían luchando desde muchos años por la reforma agraria, pagando con la vida de 150 jóvenes, asesinados por la represión sólo en las dos últimos décadas y con decenas de militantes pudriéndose en las cárceles.

La estructura agropastorial de Paraguay, carente de un tejido industrial moderno y por lo tanto de proletariado, hace que, a diferencia de muchos países, el campesinado sea la principal fuerza de masas y fuera el mayor sostén inicial de la carrera política de Lugo, a quien, desde hace un año, habían comenzado a retirarle la confianza por faltar a su compromiso de combatir la abyecta realidad social del campo, con 250 mil familias sin tierra y con mucha hambre.

Incluso, ese abandono pudo producirse antes, pero fue retardado por solidaridad ante los graves problemas de salud que aquejaron al mandatario desde la mitad de su truncado ejercicio y que, justo es considerarlo, pudo constituir uno de los varios factores, entre ellos el personalismo, que explicarían el notable debilitamiento de su gestión, y sus desacertados pactos y conciliación con la derecha.

Primera y más visible consecuencia de ello es la pálida presencia campesina en los actos que se suceden de repudio a los golpistas, sumándose al análisis el fraccionamiento de las organizaciones, víctimas del caudillismo y de una engañosa y autoritaria compartimentación de sus dirigentes que, con su conducta, están restando protagonismo al mayor capital de movilización de masas por la justicia social en el país.

El 85 por ciento de la tierra está en manos del 2.5 del total de la población, y esa inequidad, la más infame del mundo en relación al número de habitantes, se agrava por el hecho de que cerca de 12 millones de has. fiscales están ocupadas ilegalmente desde hace más de un cuarto de siglo, por personeros colorados agraciados por Strossner, una criminal regalía que ahora, el gobierno de facto, reitera a favor de las transnacionales de la carne y los agrotóxicos, encabezados por la corporación estadounidense Monsanto.

En el embrión inaugural del FG, además de las organizaciones campesinas, las fuerzas de mayor representación de masas fueron los dos Partidos que más crecían entonces, pero atravesados hoy por fuertes disidencias internas, el Tekojoja y el P-MAS, que en su plena adolescencia portaban la esperanza de que su coincidencia en la reivindicación del socialismo, podría alumbrar la creación de una expresión política de avanzada como jamás conoció este país sudamericano, en sus 200 años de “independencia”.

Un tercer componente del FG estuvo constituido por grupos improvisados, adheridos a la voluntad de aprovechar la oportunidad de auparse a la conducción política, con la ilusión de formar parte de los sepultureros de la empresa tiránica colorada que durante todo ese tiempo había mantenido al Estado, con todas sus instituciones, como propiedad de las cúpulas empresariales y militares, y sus grupos familiares, vinculados a la Embajada USA.

Después del entusiasmo inicial, una cuarta tendencia del FG, comenzó a manifestar cautela, escepticismo y hasta desconfianza de que el gobierno de Lugo fuera garantía de democracia interna, alimentando la participación equitativa de la ciudadanía y que, en lo social y económico, fuera leal con el programa de seis puntos que conquistó el voto de la mayoría, prometiendo recuperar la soberanía nacional que gozó Paraguay en el primer medio siglo de Repúbica.

En legitimación de la memoria reciente, y consumado el quiebre institucional, es bueno recordar sin embargo, que el programa de gobierno fue aceptado a regañadientes y solo por interés electoral, por sectores del Partido Liberal, la mayor fuerza en votos de la APC, devenido cabeza visible, aunque no diseñador, de la destitución de Lugo.

A cuatro años del inicio de ese proceso, que comenzó el 15 de agosto del 2008, la incapacidad de la conducción del FG de desembocar en una fuerza unitaria, poniendo paréntesis al caudillismo reinante y al egoísmo e irresponsabilidad grupuscular, ha derivado en una decepción popular y un factor que, por su división interna, producto del autoritarismo cultural heredado, y por su propia indefinición ideológica, está facilitando la vida a los enemigos del pueblo, ese que prosigue aferrado a la esperanza de cambios.

El déficit de las cúpulas del frente queda aún más en evidencia ante la falta de una respuesta orgánica contundente al golpe parlamentario aunque esa incapacidad, en contrapartida, ha generado un despertar ciudadano muy positivo y el tema político, ayer cuco, hoy se analiza y debate en todo el país, con interesante participación de la juventud, esa franja etaria casi ignorada en las alusiones públicas del heterogéneo conglomerado.

En medio del dolor ciudadano por el corte del proceso, ese surgimiento alimenta más y mejores esperanzas que el propio Gobierno de Lugo que, socavado desde el primer día desde sus entrañas y por los otros dos poderes, el Judicial y el Legislativo, se fue arrinconando impotente ante el esquema económico y cultural, facilitando el crecimiento capitalista en las industrias de la agro-exportación, con predominio de la producción primaria para beneficio de las transnacionales, esas sepultureras de la soberanía e independencia de los pueblos, exentas en este país del pago de impuestos.

El ejercicio financiero del año pasado cerró con un triunfalista 15 % de crecimiento del PIB, celebrado con fanfarria por los voceros del Gobierno, absolutamente indiferentes al vacío del espejo de la realidad social, con un millón y medio entre los seis millones de paraguayos en la miseria, y tres cuartas partes de la población empleada en trabajos informales, sin ninguna seguridad social, y garajes convertidos en universidades privadas, mayoría propiedad de parlamentarios, juristas y referentes políticos.

Los errores, incapacidades y desvíos del gobierno derrocado, llenan los principales espacios de la prensa golpista concentrada en un oligopolio comunicacional carroñero, que ha desatado un ensañamiento demencial, impulsando una persecución ideológica de tipo estronista, que se traduce en despidos masivos de cientos de funcionarios públicos, algunos por estar contra el golpe, pero otros por las dudas nomás, al mejor estilo de las tiranías cívico-militares que hasta hace 20 años asolaban el subcontinente americano.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.