miércoles, 22 de agosto de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (XLV): El retorno frustrado

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Como hemos venido narrando este año 1964 fue el escenario de numerosos acontecimientos que forman parte de la historia de esa década y que generarían los grandes movimientos sociales que caracterizan a la misma.

Sin duda de que el levantamiento de la proscripción de nuestro Movimiento y el clima democrático reestablecido por el gobierno radical, más allá de sus contradicciones -torturas y represión a los compañeros del EGP, ratificación de la postura de aislamiento continental de Cuba y reconocimiento al régimen títere de Vietnam del Sur- generaron las condiciones para que se planteara como posible el regreso del General Perón al país.

Alicia y John eran escépticos respecto a la posibilidad de que este retorno pacífico se pudiera concretar.

Entendían que formaba parte de la necesidad que tenía la burocracia gremial y política de nuestro Movimiento de legitimar esta conducción -el cuadrunvirato- conformado por Alberto Iturbe, Delia Parodi, Andrés Framini y Augusto Timoteo Vandor.

El gobierno, por su lado, a través de diferentes voceros, señalaba, públicamente, que no opondría obstáculos a este regreso, si bien algunos de sus miembros mas conspicuos -el Canciller Miguel Zavala Ortiz y el Ministro del Interior Juan S. Palmero-, en conversaciones privadas, habían manifestado su oposición, ya que entendían que quebraría “la paz interior”.

La cúpula militar, que preparaba un nuevo asalto al gobierno esta vez con un plan a largo plazo y un “discurso nacionalista”, veía como negativo este retorno, ya que alteraba sus planes.

Perón, por su parte, le hizo saber a Alicia, a John y a los representantes del gobierno, que conocía, a través de diferentes fuentes, estos aprestos castrenses y consideraba que su presencia en el país podía detener los mismos.

El General desconfiaba de los contactos de algunos dirigentes gremiales con militares golpistas.

Estos pretendían, sin formularlo, construir un “peronismo sin Perón”, reservándole a este la “conducción estratégica”, al mismo tiempo que auspiciaban la supuesta “Revolución Nacional” que vendría de la mano del sector de los “azules”-una corriente interna del Ejército que había derrotado a los “colorados” que eran claramente antiperonistas- y que lideraba el General Juan Carlos Onganía.

En ese contexto, decidimos que nuestra corriente tendría una actitud activa frente al posible retorno, diferenciándonos de la burocracia, y denunciando sus vinculaciones con el “partido militar”.

Un hecho marcó y profundizó estas diferencias.

En los primeros días de octubre llegó a la Argentina el presidente de Francia General Charles de Gaulle.

Por expresas instrucciones del cuadrunvirato se convocó a todos los peronistas a recibirlo con la consigna “Perón - De Gaulle -Tercera Posición”.

Nosotros discrepábamos con este planteo, ya que considerábamos que el presidente francés había silenciado la brutal represión a los combatientes argelinos llevada a cabo por oficiales de esa nacionalidad y el asesinato de decenas de emigrantes de ese país africano, en la propia capital de la nación gala.

Por supuesto que no ignorábamos que su decisión de reconocer la independencia de esta nación del Magreb, firmando los acuerdos de Evian, lo había confrontado con la derecha militar encarnada en el General Masu, lo que, sin embargo no lo relevaba de la responsabilidad de llevar adelante una guerra colonial en la que habían muerto mas de un millón de argelinos.

Luego de este recibimiento, se comenzaron a preparar los actos conmemorativos del 17 de octubre; los primeros a llevarse a cabo, supuestamente en libertad, luego de las grandes movilizaciones del “primer peronismo”.

Nosotros nos diferenciamos de la dirección formal del Movimiento en Santa Fe y organizamos diferentes actividades, reivindicando aquella jornada histórica de 1945, al mismo tiempo que reconocíamos, lo que había significado para los trabajadores de todo el mundo, la Revolución de Octubre en 1917 en Rusia.

Reclamábamos la solidaridad con Cuba, Vietnam y con todos los pueblos del Tercer Mundo que luchaban contra el colonialismo.

Charlas en nuestra Facultad, y en el Sindicato de la Madera, y una concentración en la Plaza España, al mismo tiempo que difundíamos folletos en los que relacionábamos todos los hechos relevantes de octubre, constituyeron algunas de las acciones llevadas a cabo por la JUP.

En Buenos Aires el acto central se llevó a cabo en la Plaza Miserere, y en el mismo Andrés Framini, uno de los oradores, anunció el inminente retorno del General.

Al producirse la desconcentración la Policía Federal lanzó gases lacrimógenos y atacó, con la caballería, a los manifestantes que ocupaban gran parte de la plaza. Se produjeron numerosos heridos y detenidos.

La cúpula policial invocó, en su descargo, que había recibido órdenes del Ministro del Interior.

En esos días, y en el medio de esta agitada vida militante, decidimos casarnos Alba Sager y el autor de esta nota.

En la ceremonia, que se llevó a cabo en el Registro Civil, participaron centenares de compañeros estudiantes y militantes de nuestra corriente que, al mismo tiempo que nos saludaban con consignas alusivas, entonaban, para sorpresa de los funcionarios, la marcha peronista.

Dos semanas después, en la madrugada del 2 de diciembre, el General, eludiendo a la Guardia Civil franquista -abandonó su residencia en Madrid en el baúl del auto de Jorge Antonio- embarcó, en el aeropuerto madrileño de Barajas, en un avión de Iberia, con rumbo a Buenos Aires.

La aeronave fue detenida en el aeropuerto brasileño de Galeao, por autoridades de ese país que les hicieron saber, a Perón y a sus acompañantes, que serían deportados hacia España; por expreso pedido de las autoridades argentinas.

John, que seguía el operativo desde la capital argentina, fue muy claro “Estados Unidos no puede permitir este regreso”.

El General exigió hablar con el presidente de facto de Brasil, el General Castelo Branco, invocando su condición de ex presidente.

Su pedido fue desoído y las protestas fueron inútiles, al día siguiente y luego de permanecer 12 horas en condición de “detenido”, fue embarcado, junto a los que lo acompañaban, de regreso a Madrid.

Todo parecía como la “crónica de un final anunciado”.

Varias son las preguntas que nos formulábamos. ¿Cuál fue el motivo que determinó que el Presidente Illia cambiara de posición?

¿Por qué razón la dirigencia gremial, que había llevado a cabo un plan de lucha exitoso, no movilizó a los trabajadores para garantizar el regreso?

¿Que rol, tuvieron en esta decisión, de impedir el retorno, la Casa Blanca y la cúpula militar?

Las respuestas a estos interrogantes serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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