Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)
Así, nos preguntábamos ¿Cuál fue la razón que determinó el cambio de actitud del Gobierno radical encabezado por Arturo Humberto Illia?.
John William Cooke, a diferencia de gran parte de la dirigencia del Movimiento. consideraba que el Presidente era una persona honesta, que intentaba avanzar pero que tenía muchos obstáculos.
Por una parte estaban los sectores, claramente alineados con los Estados Unidos, de su gabinete, encabezados por el Ministro de Relaciones Exteriores Miguel Zavala Ortiz.
Estos habían adherido a la “doctrina de la Seguridad Nacional”, impulsada desde la Casa Blanca luego del triunfo de la Revolución Cubana y habían obstaculizado las denuncias sobre apremios ilegales a los compañeros del EGP llevados a cabo por efectivos de la Gendarmería entrenados en la Escuela de las Américas, ubicada en Panamá.
Por otro lado, la confrontación con la dirigencia sindical se había endurecido, luego del Plan de Lucha llevado a cabo por la CGT del que participaran millones de trabajadores.
A su vez no cesaban las presiones de la jefatura castrense, dirigidas a impedir que el peronismo participara, libremente, de las elecciones convocadas para el año próximo.
En ese contexto, y pese a que personalmente al inquilino de la Casa Rosada, no le parecía incorrecto que el General regresara al país, primó la postura contraria.
La otra pregunta que nos formulamos es ¿Por qué razón la dirigencia del movimiento obrero no movilizó a los trabajadores para garantizar el retorno?.
Supuestamente, un grupo de doscientos integrantes de los cuerpos directivos de los sindicatos, fuertemente armados, llegaron a Ezeiza para garantizar el ingreso del Líder.
No cabe duda de que esto no es movilizar.
La explicación es clara el “vandorismo”, que conducía la Central de Trabajadores y que conspiraba con algunos jefes militares, para iniciar un proceso de supuesta “Revolución Nacional”, veía con preocupación que la presencia de Perón alterara los planes golpistas, ya que lo pondría a este en el centro del escenario.
La tercera y última pregunta es ¿Cuál fue el papel de los Estados Unidos y de la dirigencia castrense en la acción de impedir el regreso?.
Respecto a Washington no cabe duda del rol que jugó, ya que la decisión del dictador brasilero, el General Castelo Branco, de impedir que el avión de Iberia. en el que se trasladaban el General y sus acompañantes siguiera su viaje a Buenos Aires, invocando un supuesto pedido del gobierno argentino, fue lo que abortó el regreso.
Para el diseño de las políticas que implementa la Casa Blanca, desde el momento en que la joven revolución en la Isla de la Libertad se declara socialista, la presencia del Jefe de un movimiento que aglutina a la gran mayoría de la clase obrera en el país, no era conveniente, ya que pese a sus posiciones, este no era confiable.
Como diría el Che, en una carta a su madre, “era una oveja gris”, que además había estado en negociaciones con la dirigencia revolucionaria cubana, en las que mediaran Alicia Eguren y John, que relatáramos en notas anteriores.
En lo que respecta a la cúpula militar la misma se preparaba para hacerse con el poder con un programa a largo plazo, en alianza con intelectuales nacionalistas o seudo progresistas y, con una fracción importante de la dirigencia sindical, por lo que la presencia de Perón era un obstáculo que le podía restar respaldos necesarios.
En ese marco quedaba claro que no había regreso pacífico posible. Alicia y John al mismo tiempo que ratificaban lo que le habían adelantado a Jerónimo Remorino -el ex Canciller- sobre el “operativo retorno”, comenzaron a preparar un largo y profundo documento que luego se titularía “Informe a las bases”.
En este se analizaba el rol de la burocracia y la lucha de clases que se daba en el interior del Movimiento, rescatando el contenido antisistema y antiimperialista de este, pese a la debilidad ideológica de su dirigencia.
Nosotros, por nuestro lado, comenzamos a preparar el primer Congreso de la Juventud Universitaria Peronista que llevaríamos a cabo en el hotel de la Asociación Obrera Textil ubicado en la localidad de La Falda, en la provincia de Córdoba.
El peso de la organización recayó en el grupo de esa provincia mediterránea que encabezaban Fausto Rodríguez y Horacio Laba.
Nuestra intención era definir las líneas de acción en el plano nacional para incentivar la presencia de nuestra novel formación en las universidades de todo el país, denunciar la conspiración en marcha para gestar un nuevo golpe y, al mismo tiempo, elaborar la política de alianzas, que tenía como eje los acuerdos con la “nueva izquierda” guevarista.
Con esas inquietudes y preocupaciones arribamos a la “Docta” a mediados de diciembre de aquél año, que llegaba a su fin.
Que pasó en aquél Congreso y como siguió nuestro caminar, será el tema de la próxima nota.
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