viernes, 7 de septiembre de 2012

Batlle y Lacalle se ofrecen para encabezar complot

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Todos los políticos extranjeros que han condenado el cambio de gobierno en Paraguay, “que no es más que la continuación de algo constitucional”, tales el Presidente Mujica, “a quien le va a costar mucho, pero mucho”, como el nada patriota canciller brasileño, han incurrido en el delito de injerencia en los asuntos internos de un país hermano, según los ex presidentes de Uruguay, Jorge Batlle y Luis Alberto Lacalle.

Precedidos en una semana por el titular del Directorio del Partido Nacional (o Blanco) Luis Heber, los dos mandatarios del pasado también hicieron una pasantía por la sede del Partido Colorado y por las redacciones de diarios y canales de televisión, ofreciendo sus buenos oficios para impulsar la creación de una fuerza regional solidaria con el gobierno de facto que se instaló hace diez semanas en Asunción.

Los tres visitantes, junto con las opiniones vertidas por el también ex Presidente Julio María Sanguinetti y el ex Canciller Sergio Abreu, conforman una especie de proyecto de política empresarial, una especie de Consultoría y Consejería, con pretensiones pedagógicas de la derecha uruguaya que, a nivel geográfico más amplio, se emparenta con las andanzas contra los gobiernos progresistas suramericanos que encabezan el colombiano Uribe y el español Aznar, de tristes recuerdos para esos pueblos.

“Que nos pongan un avión y vamos a Chile, a conversar con los amigos, incluso con Piñera y dar matraca en los medios de comunicación”, dijo un Lacalle disminuido, aunque siempre sobrador, jugando el papel de pedigüeño de recursos para iniciar una cruzada “democrática”, que sirva para informar y convencer “a quienes están equivocados respecto a la situación política en Paraguay”, tras la destitución de Fernando Lugo, “quien está un poco extraviado, como en otras cosas”, acotó Batlle.

“Yo igual me tomo un avión por mi cuenta, no tengo problemas, o llamo a Lagos (Ricardo, ex Presidente chileno) y le digo que me espere que voy para allá y empezamos a poner las cosas en su lugar, porque todos, en muchos países vecinos, no saben nada de Paraguay, a diferencia de nosotros que tenemos relaciones de muchos años con empresarios y hasta con familiares que residen aquí”, acotó Batlle, autosuficiente como siempre, nada digno del ideal batllista de su abuelo, Don José Batlle y Ordóñez.

La defensa de los valores democráticos y del orden que reina en Paraguay, sería el catecismo que ambos llevarían en su gira continental, más virtual que física, aunque todo depende de los recursos financieros que inviertan quienes se quieran sumar a tan noble iniciativa, que ya cuenta con el apoyo de la Unión Industrial y de los gremios de la producción, filiales paraguayas de las corporaciones transnacionales del agronegocio y de la megaminería, mayor parte de origen norteamericano.

“Con Enrique (Cardozo, ex Presidente de Brasil) tenemos que hablar porque su opinión es de suma importancia e influencia”, dado que ha llegado la hora de movernos en una acción conjunta que abarque gobiernos y organismos multilaterales, tales las Naciones Unidas, “excepto La Haya (Corte Internacional de Justicia), porque ahí vamos a rebotar”, explicó Batlle en tono de comandante en jefe de un pelotón de fusilamiento.

Con gestos muy elocuentes, sus manos extendidas sobre la mesa, y convertido en ducho estratega para explicar cómo hay que confeccionar “el programa de la visita del Presidente Franco a la ONU”, a fines de este mes, y ante un presentador admirativo de un canal privado, Batlle enumeró los detalles a tener en cuenta, “contratando profesionales capaces, periodistas y lobistas que sobran en Nueva York, para que enumeren con claridad lo que ocurre en este país, donde la tranquilidad es total”.

Varios elementos confirman que se está produciendo una decantación temprana entre los golpistas paraguayos, dado que las invitaciones a amigos del extranjero, en particular de uruguayos, no las hacen los liberales, sino el Partido Colorado el que, en opinión mayoritaria en el país, es el mayor beneficiado con el golpe parlamentario.

Casi sin excepción, todos los personajes extranjeros que llegan a Paraguay contratados por los partidos políticos y empresarios de la derecha, tienen el denominador común de sentirse pedagogos en un desierto de analfabetos, gozando de la aquiescencia de una audiencia selectiva, ausente el grueso de la población, y parten convencidos de que han dado una lección de sabiduría a un país muy necesitado de sus conocimientos.

Esa petulancia, que nunca exhiben los autoritarios conferencistas estadounidenses, aunque son los que realmente inciden en la marcha de este país, tiene destacados exponentes en las filas conservadoras de Uruguay, carentes del pudor y la dignidad que se desprenden de la noble herencia del General José Gervasio Artigas, exiliado durante 25 años en las tierras rojas de Curuguaty y fallecido en los alrededores de Asunción en 1850, tras rechazar varias veces la repatriación ofrecida por sus traidores, cuyos herederos continúan activos por aquí.

Su ideología trepadora y cavernaria, enemiga del bienestar de los pueblos, y el ignorar la opinión de las mayorías, característica de los sucesivos gobiernos del binomio colorado-blanco, generó tal repulsa entre el pueblo uruguayo que en las dos últimas elecciones le dio la victoria a la coalición progresista Frente Amplio y, por encima de la insatisfacción que produce en muchos sectores sus dos administraciones, hay coincidencia entre los analistas, incluso de derecha, que un tercer mandato estaría asegurado.

Batlle, Lacalle, Sanguinetti, Uribe y otros personajes rechazados por los pueblos por dirigir políticas contrarias a los intereses populares, han encontrado empleo entre los sectores de la derecha ideológica paraguaya, ignorando a los miles de jóvenes que están movilizados en todo el país contra el golpe parlamentario, y contra la persecución en la función pública, con más de dos mil expulsados de su trabajo en sólo diez semanas.

La repulsa es tal que provocó una queja editorial del matutino golpista ABC, contra “la juventud que no acompaña la cruzada patriótica y continúa indiferente ante los peligros que se ciernen sobre nuestro país” que, a juicio de esos traficantes de la opinión y del sentir de las mayorías, “viene con el rearmamentismo boliviano y la suspensión en el Mercosur”, mintiendo en el primer caso y obviando decir, en el segundo, que esa medida estará vigente hasta que Paraguay tenga un Presidente elegido por el pueblo en elecciones limpias y democráticas.

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