miércoles, 5 de septiembre de 2012

Como llegó se va Calderón

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Mil 200 metros de vallas metálicas, Palacio Nacional blindado, el Centro Histórico copado por cuerpos policiacos y militares, dueños de México como Carlos Slim y Emilio Azcárraga sometidos a revisión por un arco detector de metales, hicieron posible que Felipe Calderón rindiera su VI Informe con la protesta callejera bajo cerco, confinada a muchos metros de distancia para no interferir en los delicados oídos de los asistentes la mañana del día 3.

Ahora sí que como llegó se va dentro de 86 días. Arribó a San Lázaro el 1 de diciembre de 2006 por una puerta muy discreta (tras banderas), rodeado de los suyos y del Estado Mayor Presidencial que apostó francotiradores en el salón de plenos, dispuestos a todo para que se colocara la banda presidencial el producto del “Haiga sido como haiga sido”, como lo bautizó el propio Felipe del Sagrado Corazón de Jesús. Por fortuna los militares se quedaron con las ganas.

Sin que volviera a poner un pie en la sede del Congreso de la Unión, se marchará (¿a Austin, Texas?) el esposo de Margarita y padre de María, Luis Felipe y Juan Pablo a los que agradeció con voz quebrada por la emoción su comprensión y respaldo. Así lo hizo Vicente Fox al tomar posesión, entonces por qué no Calderón Hinojosa, quien hizo lo indecible para imponer a su hermana Luisa María como gobernadora de Michoacán.

No pudo comparecer ante las cámaras legislativas todo el sexenio, pero tiene a su disposición las del Grupo Televisa, a un altísimo costo para la modernización de las telecomunicaciones y hasta para su dignidad personal, pues en corto algunos directivos del consorcio presumen que ellos lo instalaron en Los Pinos.

En Palacio Nacional convertido en set del duopolio de la televisión, al que favoreció mucho más que la autodenominada pareja presidencial que hace seis años gobernaba México –Vicente y Martha ahora harto enriquecidos–, rindió Calderón el informe sobre su obra sellada por la seguridad pública como eje articulador de todas las políticas gubernamentales.

Defensa cerrada de su estrategia militarista subordinada a la necesidad de legitimarse en la Presidencia de la República, satisfacer intereses de la Casa Blanca y el Pentágono, y responder al reclamo ciudadano, es la nota demasiado repetida de las cuentas que ofrece.

La novedad es que el optimismo discursivo del general de cinco estrellas lo lleva a sostener que revirtió la tendencia de los crecientes espacios de poder en manos del crimen organizado y en demérito de las funciones del Estado. Hoy, dice, éste es más vigoroso que aquél.

Aceptando sin conceder en esta Utopía que el jueves 6 arriba al octavo aniversario y 1156 ediciones, no existen cifras oficiales que respalden esta deseada tendencia, más allá de los capos tras las rejas (o asesinados), incluido Mario Cárdenas Guillén, las confiscaciones de drogas, armas y recursos económicos que desde la Operación Cóndor de los años 70 son de muchos dígitos pero el problema sigue desbordado.

El dato duro de 2006 es que Fox cerró con 9 mil asesinatos relacionados con el narcotráfico. Felipe Calderón entregará las riendas con alrededor de 120 mil asesinatos (Le Monde), mientras los datos oficiales se congelaron en 50 mil. Por ello el diario parisino postula: “Esa auténtica hecatombe constituye, y de lejos, el conflicto más mortífero del planeta en los últimos años”.

Esta tragedia sin precedente obedece en buena media a la obcecación fundamentalista del presunto genocida que tiene una demanda interpuesta por miles mexicanos ante la Corte Penal Internacional; oscurece además resultados que en materia de salud, educación, infraestructura carretera, portuaria e hidráulica tampoco son para regatearse.

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