miércoles, 5 de septiembre de 2012

Economía argentina, coyuntura y largo plazo (Parte I)

Rolando Astarita (especial para ARGENPRESS.info)

En esta nota vuelvo sobre la desaceleración de la economía, con algunos datos nuevos, pero esencialmente analizo la cuestión en el marco del largo plazo y el tipo de crecimiento que hubo desde 2002. Dada su extensión, he dividido la nota en tres partes.

La desaceleración

Los últimos datos del Indec indican que estamos en presencia de una pronunciada desaceleración de la actividad económica. En el siguiente gráfico se puede ver la variación porcentual del estimador mensual de actividad con respecto a igual mes del año anterior, entre mayo de 2011 y abril de 2012.

Fuente: Indec 20/07/2012

En éste, las variaciones del estimador mensual industrial.

Fuente: Indec 27/07/2012

También la caída en la construcción:

Fuente: Indec 29/06/2012

Agreguemos que la tasa de desocupación aumentó del 6,7% en el último trimestre de 2011 al 7,1% en el primero de 2012, con un descenso de la población activa, del 46,1% al 45,5% entre esos períodos; esto significa menos cantidad de gente buscando trabajo. El Ministerio de Trabajo reconoció, en agosto, que se estancó la creación de empleo. En el primer trimestre de 2012 el PBI creció el 5,2% con respecto a igual período de 2011; en términos anualizados, el crecimiento fue del 3,6%, y debe tomarse en cuenta que hay un arrastre estadístico del 1,6%. de 2011. Todo indica que el crecimiento en el segundo semestre será más débil que en el primero. Las importaciones de bienes de capital disminuyeron, en junio de 2012, un 38% con respecto a igual mes del año anterior; puede estar reflejando una caída importante de la inversión. El consumo también se debilitó; las ventas minoristas en junio cayeron 6,8% con respecto a junio de 2111 (CAME); aunque luego repuntó, como consecuencia de los aumentos de las paritarias, y también porque la compra de bienes de consumo durables se ve como un refugio frente a la inflación. Con todo esto a la vista, si bien no hay elementos como para decir que se haya entrado en recesión (dos trimestres seguidos con crecimiento negativo), se puede afirmar que es fuerte el freno del crecimiento.

Explicaciones

El Gobierno y sus defensores explican que la desaceleración no se debe a debilidades del modelo, sino a la crisis internacional, ya que “el mundo se nos vino encima”. Pero el argumento es débil. Como señalan los críticos, la economía mundial está creciendo al 3,5% (según el FMI, junio 2012). En 2009 la economía mundial se contrajo el 2,2%, y la de los principales socios comerciales de Argentina un 0,4%; pero la economía argentina creció 0,9% (según el Indec). ¿Por qué debía caer en 2012, con la economía mundial creciendo al 3,5%?

Los partidarios del Gobierno responden que Argentina se ha visto muy afectada por el freno de las importaciones de automóviles por Brasil, y por la sequía, que no permite aprovechar el aumento de la soja. Hay elementos de verdad en esto. Según la Asociación de Fábricas de Automotores, debido a la caída de la demanda en Brasil, las exportaciones de vehículos disminuyeron un 28,4% en el primer semestre de 2012 con respecto al mismo período de 2011. La fabricación de vehículos automotores bajó 14,2% en el primer semestre de 2012 con respecto al primero de 2011; y un 30,9% en junio de 2012 en relación a junio de 2011. Dado el peso de la industria automotriz en la economía, el efecto recesivo es indudable. Por otra parte, durante la campaña 2011-2 hubo una disminución en la producción de unos 15 millones de toneladas entre maíz y soja, debido a la sequía. Además, buena parte de la cosecha se vendió a precios menores que los actuales. Esto explica que las exportaciones de productos primarios tuvieran, en el primer semestre, una caída por precios del 1%. En junio, y en términos anualizados, las exportaciones de productos primarios cayeron un 15%, tanto por precios como por cantidades. En definitiva, dicen los K-partidarios, los problemas son externos, crisis mundial en primer lugar, sequía en segundo término.

Los críticos retrucan señalando que otros rubros se han desacelerado, o están disminuyendo: la industria alimenticia y tabaco creció, a junio de 2012, el 2,8% con respecto a igual acumulado del año anterior; la textil disminuyó el 1,8%; papel y cartón, y edición e impresión aumentó 2,1%; refinación de petróleo bajó 1,6%; e industrias metálicas básicas descendió 1,7% (todos los datos son del Indec). La caída de la construcción tampoco puede explicarse por la crisis mundial; ni el aumento del déficit de la balanza energética. Pero los defensores del Gobierno explican que no hay problemas de fondo, y que a partir del segundo semestre las cosas irían mejor. En Brasil habría recuperación de la demanda en el segundo semestre. Y en 2013 se harán sentir los efectos del alto precio de la soja; el precio de la oleaginosa aumentó casi un 60% desde diciembre de 2011. Si las condiciones climáticas lo permiten, la cosecha alcanzaría los 55 millones de toneladas, y podría haber un ingreso extra de 5300 millones de dólares en 2013. El Gobierno podría recaudar entonces 8600 millones de dólares por derechos de exportación (Iaraf, “Informe económico” 170, julio 2012). O sea, el mundo ya no se nos caerá encima.

Si bien esto es real, existen de todas maneras muchos elementos para concluir que la economía se ha desacelerado de manera muy fuerte, y esto no se explica sólo, ni principalmente, por los factores externos.

Crecimiento y problemas crecientes

La discusión sobre la coyuntura hay que enmarcarla en la dinámica de la economía argentina desde 2002. Los defensores del gobierno señalan repetidamente que Argentina creció a “tasas chinas”, y éste es un elemento real. Desde el primer trimestre de 2002 hasta el primero de 2012, el PBI aumentó un 103% (tomamos como punto de partida 2002 porque cuando Kirchner asumió la presidencia la economía ya estaba creciendo a una tasa muy alta, un 7,7% en el segundo trimestre de 2003 contra igual período de 2002).

Con la recuperación bajó la desocupación, desde el pico del 21% durante la crisis, al 7% actual; también la pobreza, que había alcanzado casi al 60% de la población en 2002, disminuyó al 22% que calcula hoy la UCA. En estos 10 años hubo importantes excedentes comerciales, de manera que se pudo evitar la tradicional restricción que tenía la economía argentina por el lado de la balanza de pagos, al tiempo que se bajaba el nivel de endeudamiento. La deuda externa disminuyó del 165% del PBI, después del estallido de la convertibilidad, al 42% en la actualidad. Aunque influyen las variaciones del tipo de cambio (hasta diciembre de 2001 representaba el 55% del PBI), es un hecho que la deuda hoy representa una carga mucho menor que en los 80 y 90 para la economía. Asimismo, crecieron las reservas internacionales. Todos estos datos están mostrando que asistimos a una fase expansiva del ciclo económico relativamente prolongada. En otra nota, hemos planteado que este ciclo se corresponde con un proceso similar que ocurrió a nivel de América Latina en la última década (ver aquí). No se puede entender el apoyo que ha recibido el gobierno de los Kirchner (o el de Lula o Bachelet) si no se parte de reconocer esta situación. En última instancia, la tesis, tan repetida en 2001 y 2002, de que la crisis argentina era “sin salida”, tiene sus raíces en una incomprensión de la dinámica del modo de producción capitalista. Sin embargo, en los últimos años se encendieron luces amarillas en el “modelo”. Veamos:

a) desde hace tres años, por lo menos, el sector privado no está generando empleo neto. El desempleo juvenil alcanza al millón, y desde 2009 se multiplicó por cuatro el número de jóvenes que reciben subsidio por desempleo;

b) en los últimos años los niveles de pobreza se han mantenido en torno al 22% (UCA, CTA y otros estudios no oficiales). Esto significa que se ha mantenido muy alta la cantidad de pobres estructurales;

c) el balance fiscal, que en 2004 fue positivo por casi el 4% del PBI, en 2011 fue negativo por el 1%, y en 2012 sería también negativo. Los subsidios al transporte público y al consumo de gas y electricidad representan el 4% del PBI.

d) el tipo de cambio real se apreció. Según Cepal, el tipo de cambio multilateral estaría apreciado un 30% con respecto al promedio 2003-2012. Desde hace años, las importaciones crecen a una tasa mayor que las exportaciones, a pesar del alto precio de las materias primas. Entre 2004 y 2010, medidas en dólares, aumentaron en 229% y las exportaciones en 144%; entre 2010 y 2011 las importaciones aumentaron 30,8% y las exportaciones 23,7%. El tipo de cambio alto fue clave en el “modelo” K.

El problema que subyace a estas evoluciones reside en la acumulación, y se sintetiza en que desde inicios de 2008 hubo una fuerte salida de capitales, de unos 60.000 millones de dólares (21.000 millones en 2011). Esto explica por qué, a pesar del excedente comercial, las reservas internacionales han bajado en los últimos meses: casi un 14% entre junio de 2011 y agosto de 2012. Además, otra parte del excedente (por caso, de la renta de la tierra) se ha estado invirtiendo en construcción y propiedad inmobiliaria. Por lo tanto, una enorme masa de plusvalía no se reinvierte productivamente en el país. Pero la clave del desarrollo capitalista es la acumulación de capital, esto es, la reinversión de la plusvalía (el fruto de la explotación del trabajo) en medios de producción y fuerza de trabajo, para obtener más plusvalía. De aquí también que no se hayan superado los rasgos estructurales básicos de la dependencia.

¿Cuánto cambió la economía?

Mucha gente está convencida de que a partir de 2003 Argentina pasó de un modelo agrícola y financiero, a un modelo productivo sustentado en la industria. Las cifras de algunas ramas industriales parecen avalar esa creencia: Entre 2003 y 2011 la producción de heladeras creció 451%, la de lavarropas 239% y cocinas 248%. La industria textil aumentó su producción un 150%. La fabricación de productos manufacturados de marroquinería y cueros se incrementó 60% en dólares. La de juguetes un 140%. La producción de la industria farmacéutica creció un 153%, y un 191% sus exportaciones. La metalmecánica aumentó su producto el 180% y el empleo 109%. La producción de vehículos automotores, la estrella de la industria, se incrementó un 488%; y el empleo un 213%. La industrialización de la soja creció 54% desde 2003 a 2012; la capacidad instalada del polo aceitero aumentó 100% en el mismo período. (datos Ministerio de Industria). En biocombustibles hubo una inversión de unos 1000 millones de dólares en los últimos años. En términos generales, se puede decir que a partir de la devaluación del peso en 2001, los sectores productores de bienes transables industriales se han visto beneficiados por el aumento de sus exportaciones, y sobre todo, por la sustitución de importaciones. Éste es el elemento de verdad que tiene el discurso K sobre el “modelo industrialista”.

Es indudable, además, que este crecimiento constituye una fuente importante de legitimidad y de consenso para el Gobierno. Sin embargo, no implicó un cambio cualitativo de la estructura productiva global del país. Para verlo, tomamos como puntos de comparación 1998 (el año previo al inicio de la crisis) y 2011. En ese lapso, la participación de la industria en el PBI aumentó un punto porcentual: en 1998 era del 17,8%, en 2011 fue del 18,8%. No es un cambio significativo. En algunos círculos académicos “progre-izquierdistas” circula la idea de que los 90 fueron años de “acumulación financiera”, por oposición a los 2000. Sin embargo, la participación en el PBI del sector bancario y financiero fue un poco superior en 2011 con respecto a 1998. En 1998 la suma de la participación de la intermediación financiera y de los servicios de intermediación financiera era 5,1%, en tanto que en 2011 la participación agregada de los dos ítems fue del 6%. Ya hemos visto, por otra parte, que la participación de la manufactura no fue significativamente superior.

Sí aumentó la participación de los sectores productores de bienes y servicios en el PBI: en 1998 fue del 32,1%, y en 2011 del 37,9%. Es una suba importante, de casi 6 puntos porcentuales. Sin embargo, se debe principalmente al aumento de la participación de sectores productores de bienes con bajo valor agregado: minas y canteras incrementó su participación en el PBI del 1,4% al 3,1%; y agricultura, ganadería y sivicultura pasó del 5% al 9,5%. Agreguemos que la participación de la construcción se mantiene en poco más del 5%, en tanto disminuye la participación de electricidad, gas y agua del 1,9% al 1% (pero en este último ítem, a precios constantes de 1993, la participación se mantiene estable en torno al 2,3%).

El peso de actividades de bajo valor agregado también se refleja en la estructura de las exportaciones. En 2010 el 23,6% de las exportaciones estuvo compuesta por productos primarios, el 33,2% por manufacturas de origen agropecuario (MOA), el 34,1% por manufacturas de origen industrial (MOI) y el 9,6% fueron combustibles y energía. En 1998 eran, respectivamente, el 25%, 33,1%, 32,6% y 9,2%. O sea, hubo un aumento de la participación de las MOI, pero no se modificó sustancialmente el alto peso de productos primarios, y de las MOA de poco valor agregado.

Para verlo de otra manera, digamos que el complejo oleaginoso representó, en 2011, el 26,2% de las exportaciones totales (el sojero el 24,5%); y el cerealero el 11,2%. El 75% del valor exportado por el complejo agroindustrial (31 cadenas agroalimentarias) está compuesto por commodities. Esto explica por qué la economía argentina es tan dependiente de factores climáticos (las lluvias en Argentina y EEUU). Por otra parte, las exportaciones de vehículos automotores representan el 39% de las MOI (el complejo automotriz representó, en 2011, el 12,7% de las exportaciones totales). Además, están muy concentradas en el Mercosur, esto es, en Brasil. En 2011 las exportaciones de vehículos y chasis al Mercosur representaron el 76% del total. Es que la apreciación del real (a pesar de su depreciación reciente, todavía está apreciado con relación al dólar un 20%, aproximadamente) contribuyó a mantener competitiva a la industria automotriz argentina, a pesar de la apreciación del peso contra el dólar y el euro. De aquí la
“Brasil-dependencia” de las exportaciones argentinas de MOI. Esto también explica el peso de la industria automotriz en la economía argentina.

Es de destacar entonces que la industrialización (y la “argentinización”) de la economía, proclamada por el “Proyecto nacional y productivo”, se realiza a partir del imbricamiento de grandes empresas agrarias, mineras y automotrices (Grobo, Cresud, Molinos, Monsanto, Barrick Gold, Vale, Ford, John Deere, Fiat) con el mercado mundial. Por encima de los discursos, se impone la lógica de la internacionalización del capital. Queda claro, por lo tanto, lo que se está demandando cuando se levanta la consigna de “profundizar el modelo”.

Por otra parte, durante años el Gobierno negó que hubiera problemas en la producción de gas y petróleo. En 2012 tuvo que admitirlos. Según datos oficiales, entre 1998 y 2011 la producción de petróleo se redujo en 15,9 millones de metros cúbicos y entre 2004 y 2001 la producción de gas disminuyó en 6,6 miles de millones de metros cúbicos. Las reservas de petróleo cayeron 11% y las de gas 43% entre 2003 y 2010. Como resultado, en 2011 Argentina tuvo un saldo negativo en la balanza comercial de hidrocarburos de 3.029 millones de dólares. El déficit se agrava este año. En el primer semestre de 2012 se importaron combustibles y lubricantes por 4983 millones de dólares; es un aumento del 16% con respecto al primer semestre de 2011.

De la misma manera, las dificultades que están experimentando empresas eléctricas, y los cortes frecuentes de suministro, están evidenciando también problemas estructurales graves. Lo mismo podemos decir del transporte; por ejemplo, los ferrocarriles (ver nota). El déficit comercial de la industria y energético, las falencias del transporte, el peso que continúan teniendo los productos primarios o de poco valor agregado en el PBI y en las exportaciones, no pueden atribuirse a la crisis mundial. Tampoco la salida de capitales: en 2011 Argentina tuvo un movimiento neto de capitales de 17.600 millones de dólares, en tanto Brasil experimentó un ingreso neto de 282.900 millones (dato de Cepal). Los problemas tienen sus raíces en problemas vinculados con la acumulación del capital, que trataremos en la segunda parte.

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