viernes, 28 de septiembre de 2012

Justicia divina y candidaturas

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Un libro, escrito por la esposa de Arnoldo Wiens, un conocido empresario de medios de comunicación, ambos devotos evangélicos y él lanzado a la política activa en el último año, en las filas del Partido Colorado, ha degenerado en un culebrón periodístico que reactualiza la descomposición moral del mundo político y de los sectores altos de la sociedad paraguaya.

La obra, editada tres años atrás, fue relanzada hace un par de semanas por inconfesados móviles, logrando provocar fuertes enfrentamientos entre correligionarios y hombres de negocios, en torno a la referencia de la autora, Verónica Wiens, al tráfico de bebés y otros delitos que se habrían cometido en la suntuosa mansión de una encumbrada familia.

El enfrentamiento recién estalló ahora, estimulado por la guerrita sucia que se libra entre todos los cabecillas del más poderoso partido político paraguayo, buscando entre codazos y zancadillas, asegurarse la postulación a Presidente de la República para las elecciones del 21 de abril 2013.

El libro “La familia detrás de las cámaras”, cuya venta está prohibida desde el pasado jueves 20, tiene un capítulo titulado “La persecución”, en el que se describe entretelones de una familia paraguaya muy adinerada, que llegó a niveles muy altos en la política, y debió exiliarse después del asesinato de un Vicepresidente de la República.

La autora escribió que “sabíamos que Dios es justo, pero nunca nos percatamos de cuán justo es hasta que, años más tarde, después de haber perdido su alto rango político, a esa familia le asesinaron a una de sus hijas (…) y con Arnoldo lloramos y entendimos que Dios es justo”.

Aparte de los intereses políticos en juego, que en parte explicarían el escándalo desatado, aún resulta muy difícil encontrar la razón principal del exabrupto de la autora, y la virulenta y dolida reacción inmediata de la gente que se siente aludida por el escrito, en particular la señora Mirtha Gusinsky de Cubas.

El relato coincide con precisión con hechos de gran resonancia nacional, ocurridos a partir de fines de la década del 90, el rápido y sorpresivo ascenso político de Raúl Cubas Grau, un empresario muy acaudalado que llegó a Presidente de la República en 1998, de la mano del General Lino César Oviedo, el magnicidio en marzo de 1999 de Luis María Argaña, en ese momento el hombre más fuerte del Partido Colorado y su último caudillo, cerrándose el círculo con la muerte de Cecilia Cubas Gusinsky, víctima de un crapuloso asesinato, posterior a la huida del militar y de la expulsión del país del fugaz mandatario.

La joven había sido raptada en 2004, una fuerte suma de dinero habría sido reclamada a sus padres, y meses después fue encontrada en un pozo, confirmándose su fallecimiento semanas antes, crimen que la población recibió con estupor, alimentado hasta el morbo por los medios comerciales de prensa, que comenzaron acusando al unísono al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), una entelequia guerrillera, aprovechando para vincularlo con las FARC y con Hugo Chávez, hasta llegar a mencionar al narcotráfico en la muerte. Lo cierto es que la nebulosa persiste en cuanto a los autores y el móvil.

La autora y su esposo están imputados, debieron presentarse esta semana ante la fiscalía pero no lo hicieron para aclarar la redacción de ese texto que superó los márgenes, si es que existan, de una alusión literaria, para constituirse en un señalamiento demasiado directo, que arrancó las iras de la señora Gusinsky, quien olvidó que el 29 de julio del 2010, también había declarado a una radioemisora asuncena, que la justicia divina existe.

Lo hizo con referencia a la muerte del joven Severiano Martínez, abatido por la policía como presunto militante guerrillero, aunque no exista guerrilla en Paraguay fuera de los grandes medios de la incomunicación y de las declaraciones de algunos parlamentarios, ministros y fiscales, buscando justificar su inoperancia y sus actos represivos frente a la mínima expresión de rebeldía social provocada por la miseria y las desigualdades.

Ayer nomás, un inmenso despliegue policial-militar, desalojó por la fuerza a más de 200 familias campesinas de un terreno que había ocupado, cuyos míseros ranchitos y humildes enseres fueron quemados por los uniformados en un infame procedimiento, en el mismo momento que en Nueva York, en la Asamblea General de la ONU, el Presidente de facto Federico Franco hablaba de su desvelo por la justicia social, la reforma agraria y el bienestar de todos los paraguayos. Imperdonable burla ante tamaña tragedia.

Wiens, con buenas dotes de comunicador, en los últimos años se construyó una imagen de persona criteriosa y moderada, respetuosa, con aire de profesional independiente al emitir juicios sobre diferentes temas nacionales, en su doble papel de presentador y productor de reportajes por todo el país, que difundía por un canal privado que sería de su propiedad o de su Iglesia, logrando una considerable valoración ciudadana en medio del descrédito en aumento del grueso de la gente de prensa, en particular la televisiva.

Diferente efecto ha tenido, sin embargo, su ingreso en la política en filas coloradas, toda una sorpresa para el grueso de la población que, de inmediato observó una contradicción entre el perfil de esa persona aparentemente honesta y un partido conocido por su inmensa corrupción, que durante siete décadas abusó gobernando el país como si fuera una muy rentable hacienda familiar, cuyas ganancias se reparten, aún hoy, entre pocos.

Mal asesorado o víctima de la vanidad alimentada por su éxito profesional, y con el mismo efecto sorpresa con el que había incursionado en política partidaria como candidato independiente intransigente, semanas después Wiens anunció que, en bien de la patria, abandonaba su candidatura y se sumaba a la de Horacio Cartes, desde donde pugnaría por un puesto en el Senado, enfrentando, de esa manera al otro precandidato partidario Zacarías Irún, un mandamás de la triple frontera, muy cercano a la señora Gusinsky.

Cartes, quien sería favorito por el coloradismo, de nuevo ha sido sindicado esta semana por fuentes estadounidenses como delincuente, cabeza de redes de narcotráfico y de lavado de dinero, perfil que poco beneficia al ex conductor televisivo y Director del holding de prensa Obedira, obra evangélica de difusión, que tiene una emisora con ese mismo nombre y el Canal 2, Red Guaraní.

El tema del libro y sus coletazos está sirviendo para distraer la atención de los graves problemas políticos que sacuden el país, acicateados por las desprolijidades del golpista Franco, lanzado en una descontrolada caza de brujas que comenzó con la cesantía de unos tres mil funcionarios públicos en menos de tres meses, y que en los últimos días afecta también a correligionarios suyos, fraccionando aún más al Partido Liberal, a sólo medio año de las elecciones nacionales.

Más de una docena de periodistas de los distintos órganos de la prensa servil, viajaron a Nueva York junto con el mandatario usurpador, con la misión de esforzarse para romper el aislamiento internacional de Paraguay, que comenzó con la destitución del Presidente democrático Fernando Lugo y la suspensión del país del MERCOSUR de la UNASUR, lo cual provocó que a tres meses del golpe, apenas una media docena de gobiernos lo reconoce.

En medio de esa orfandad, el escandalete Wiens-Gusinsky (Raúl Cubas no aparece casi en escena) ayuda a los golpistas pues es seguido con atención por la población, dado que se vincula con el comercio de bebés y el tráfico de órganos, según se desprende del relato que se apoya en el testimonio de una señora que cumplía tareas domésticas en la mansión de la familia acusada.

Verónica y Arnoldo Wiens sostienen que esa doméstica se presentó un día en la radio y les pidió ayuda porque había descubierto algo horroroso y como mujer creyente no podía mantenerse en silencio, después de encontrarse accidentalmente al interior de una sala, cuyo acceso tenía prohibido, con “incubadoras, una sala de operación (quirúrgica) con instalación moderna y un fichero con más de mil nombres de mujeres, proveedoras de bebés para la adopción y el tráfico de órganos”.

El ama de llaves confesó, según la autora del libro, que “recién ahí entendí el por qué de la visita constante de médicos, abogados y anestesistas, y por qué venían tantas chicas del interior” (campaña). Esa versión nunca tomó forma de denuncia formal y había quedado como una leyenda, alimentada por las sospechas, hasta que apareció el libro.

Hoy día, “la mansión Cubas”, castillo edificado con pretensiones monárquicas, visitado por mandatarios y otros personajes encumbrados, con inmensos salones en sus varios pisos, y enormes escalinatas y varias estatuas de mármol que adornaban el lujoso jardín, habría sido vendida a otra acaudalada familia, y en su frente ya no se exhibe los últimos modelos de Mercedes Benz, BMW, Alfa Romeo y 4x4 todoterreno, que los vecinos acostumbraban admirar.

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