miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mitt Romney arremete contra Rusia que desconoce

Dmitri Kósirev (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

El candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, Mitt Romney, ha vuelto a formular con claridad su postura hacia Rusia.

Fue en el discurso pronunciado en la convención de su partido, donde se le proclamó candidato de manera oficial. No deberíamos dejarnos llevar por el tópico de que Romney no entiende nada de política exterior, sería mejor que intentáramos evaluar los hipotéticos resultados que podría tener para nuestro país su llegada al poder y la puesta en práctica aunque sea de algunos aspectos de su postura.

Romney sabe lo que está diciendo

En realidad, no deja de sorprender la insistencia con la cual el candidato por los republicanos incluye a Rusia en la lista de los “malos de la película”. Lo más sencillo sería, por supuesto, reírse de Mitt, al igual que lo hicieron los demócratas y algunos republicanos también, aludiendo que sus creencias han quedado anticuadas unos 30 años, como mínimo. Y apuntar de paso, que los actuales candidatos a la presidencia y la vicepresidencia de Estados Unidos no tienen ni idea de la geopolítica, y que sus experiencias en la arena internacional son, más bien, nulas.

Uno podría recordar al respecto que en las elecciones anteriores, en 2008, unos discursos muy parecidos se oyeron pronunciar de boca del candidato John McCain, de una avanzada edad, y de su pareja electoral, gobernadora de Alaska, Sarah Palin.

Sin embargo, en aquellos momentos la situación era muy distinta de la actual: los republicanos tenían muy claro que no ganarían las elecciones justo después de la presidencia de George Bush hijo, de modo que se podía hacer todo tipo de declaraciones. Sin embargo, las circunstancias actuales y la propia figura de Mitt Romney son un caso diferente.

Por supuesto, habría que leer el texto completo del discurso de Romney, para comprobar que el asunto de las relaciones internacionales va al final del todo y apenas ocupa un 1% del total.

No obstante, ello no hace sino confirmar el dato que se menciona con regularidad por los medios de comunicación estadounidenses: los asuntos de la geopolítica interesan a tan solo un 1% de la población. Hay una única excepción que es el tema de Irán, cuya imagen de villano absoluto se ha asentado de manera definitiva en la conciencia popular. En el discurso de Romney no figura ningún programa relacionado con la política exterior, simplemente se menciona de paso a dos “malos”: a Irán y a Rusia.

Por otra parte, el hecho de que Mitt Romney y sus electores no tengan el menor interés por los asuntos internacionales no significa que el Partido Republicano carezca de expertos en el campo. Los hay y buenos.

Si dicho criterio sobre Rusia se hubiera formulado solo en una ocasión, podría tratarse de un desliz: el pasado marzo el candidato Romney caracterizó a Rusia como “el enemigo geopolítico número uno”. Sin embargo, la misma idea se sigue expresando en un gran número de discursos, de modo que parece ser un juicio formado. El juicio de la posible Administración del presidente de Estados Unidos. Veamos los detalles.

Los republicanos sienten simpatía por China

Curiosamente, a menudo merece la pena fijarse más en los detalles que faltan que en los que se perciben a simple vista. Así, en sus discursos Mitt Romney siempre evita un tema determinado, las relaciones con China.

La única mención que hizo de la segunda potencia mundial en el reciente congreso del partido republicano fue la siguiente: “¿Acaso el país que todos queremos ver pediría prestado a China un billón de dólares? Nunca”.

Y no es de sorprender: los republicanos tradicionalmente tratan a China con sumo cuidado. Es posible que lo mejor que hizo George Bush hijo en la política exterior fuese no enzarzarse nunca en ningún conflicto con Pekín. Todo lo contrario, hubo una aproximación notable, al igual que con la India. Y en las dos potencias asiáticas hay mucha gente que sueña con el retorno de los republicanos al poder.

La Administración de Barack Obama, en cambio, está intentando ejercer una potente presión sobre China. Es también una especie de tradición en Estados Unidos; los demócratas siempre ven a Pekín con malos ojos.

Al calificar Romney en pasado marzo a Rusia de “enemigo geopolítico número uno”, hubo quien pensó que había sido una equivocación. “El número uno debería ser China que es más grande”, pensaron muchos. Pero no, no fue ninguna equivocación.

¿Quién es el republicano más respetado de Estados Unidos? Con toda probabilidad, es exsecretario de Estado Henry Kissinger. Tiene casi 90 años, pero sigue llevando una vida muy activa. Fue la persona que a finales de los años 70 del siglo pasado inició el proceso del establecimiento de relaciones entre Washington y Pekín y no importaba que en China no se hubiera acabado todavía la Revolución Cultural.

Consiguió cambiar en breves instantes todo el rumbo de la geopolítica: la URSS se vio en una situación extremadamente delicada. Le había supuesto un enorme esfuerzo económico rivalizar con dos potencias nucleares, Estados Unidos y China, situación que se volvió insostenible en cuanto estos dos países establecieran relaciones diplomáticas. De modo que aquella sabia maniobra de Kissinger tuvo consecuencias de largo alcance.

Todos tenemos nuestros puntos débiles

Efectivamente, podría ser un posible desarrollo de los acontecimientos: el equipo de Mitt Romney entablará amistad con China y estará pendiente de las reacciones de Moscú. Por otra parte, las experiencias muestran que las razones de la amistad entre China y Rusia son más bien geográficas: ni Pekín necesita en su frontera norte una Rusia en crisis, ni viceversa.

Unirse con Estados Unidos en contra de Moscú o de Pekín sería un proyecto disparatado. Sin embargo, la situación geopolítica cambiará.

Romney difícilmente buscará reconstruir los acontecimientos de los años setenta, pero los ideólogos del Partido Republicano podrían tomar en consideración que la actual situación interna tanto en Rusia como en China invitará a estos dos países a comportarse con modestia.

He aquí un artículo de la revista Foreign Policy que vuelve a enumerar los puntos débiles de China, siguiendo la creencia de que “el sistema ya no da más de sí y un solo empujón bastaría para derribarlo”. Eso está por verse, pero el autor formula una idea indudablemente buena: Estados Unidos siempre ha tendido a sobrevalorar la invulnerabilidad de sus rivales y la Unión Soviética. 1991, es un ejemplo de esta actitud.

Sin lugar a dudas, China tiene sus puntos débiles y aplaudirá la nueva línea política aplicada por los republicanos. Los puntos débiles de Rusia son más o menos parecidos. No son ni los problemas económicos ni las protestas de la oposición, cuya flaqueza es evidente, sino las crecientes discordias entre diferentes grupos sociales, a veces muy lejanos de la política.

Por otra parte, la misma tendencia se viene observando en Estados Unidos, sobre todo, en vísperas de las elecciones, en los países europeos y en Oriente Próximo…

La Administración de Romney adoptaría en una postura defensiva, en crear a sus “rivales a nivel global” unas circunstancias que los obligaran a tener cuidado con Washington. No carece de cierta lógica, pero tampoco necesariamente tendrá éxito.

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