miércoles, 5 de septiembre de 2012

Si los desaparecieron a los 16, ¿por qué no votar a los 16?

Marcelo Padilla (MDZOL)
Si hay gente que vota con ira y con odio a cualquier edad. Si hay gente que calma a sus hijos con placebos estupidizantes para que ingresen a la ciudadela del consumo, ¿por qué no permitir que los pibes se involucren de lleno en la ciudadanía real, lean y estudien política, y al fin voten?.

A María Claudia Falcone y a Francisco López Muntaner (desaparecidos con 16 años en La Noche de los Lápices)

La propuesta que impulsa el voto a los jóvenes de 16 años no hace más que confirmar que la historia está unida por un hilo conductor de conquistas sociales y políticas. ¿Qué importa el gobierno que la impulse? Nobleza obliga, ya el Partido Humanista hace 27 años lo proponía desde su fundación. Aunque no es casualidad que en todos los procesos históricos fueran los gobiernos más arrimados al pueblo quienes hayan posibilitado espacios de mayor participación de la sociedad.

En una época remota ni se votaba porque el voto lo decidían los patrones y los políticos de la oligarquía con sus punteros que juntaban libretas de conchabo y documentos. Luego se les impedía votar a los inmigrantes y a la mujer. Fue durante el Yrigoyenismo (los radicales no tendrían que perder la memoria) y bajo el peronismo, cuando inmigrantes y mujeres entraban en la historia con fuerza social y política.

¿Populismo? No, ampliación democrática de derechos civiles y sociales. ¿Demagogia? No, reclamos y conquistas de los excluidos que pujaron en los partos de la historia. En los últimos años hasta los presos tienen posibilidades de ejercer el voto. Porque tienen derechos aunque a muchos les gustaría incinerar las cárceles. Lo siento por ellos, la marea ha dejado sus huellas en la arena y el pueblo vuelve, siempre vuelve a manifestar sus inquietudes, estén encerrados o atrapados en libertad.

La democracia es un concepto abstracto si no se lo llena de protagonismo; si no es popular o no amplía espacios de participación la democracia será siempre burguesa, hecha a medida del establishment. La democracia se conquista y ejerce. Todos los días. Hay que patear puertas pa que te atiendan y te den bola.

La juventud es más que una palabra. Los pibes de 16 años sí piensan. Y además, es una franja etaria que por su construcción cultural y variable socio-biológica tiende a rebelarse de distintas maneras. También lo pueden hacer a través del voto y hacerse fuertes para dirimir el giro de un modelo de sociedad o proyecto político. La lucha ideológica está presente en todas las edades y en todas las instituciones. No es exclusiva del mundo adulto.

En la escuela los jóvenes estudian un tipo de discurso, o varios. Tienen que cumplir con los requisitos pero hay muchos que no conformes con los contenidos impartidos en colegios, investigan y se orientan hacia otros insumos. La historia tiene distintas escuelas de pensamiento y en el aparato escolar no ven la obra de Norberto Galasso o la de Abelardo Ramos, por nombrar a dos historiadores de fuste que ni en las universidades se los nombra. Tampoco se difunde a pensadores nacionales que analizaron críticamente la realidad de su tiempo, por caso: Arturo Jauretche, Scalabrilini Ortiz (los dos de origen radical integrantes de FORJA en las vísperas del peronismo)

Es un avance democrático y popular que los jóvenes de 16 años voten para elegir a sus representantes. Da gusto pensarlo como posibilidad. Más allá de los oportunistas que sólo ven demagogia, la juventud ya se ha subido hace rato al escenario de la historia y ha derribado a través de sus luchas a más de una momia sacralizada por la escolaridad conservadora y burguesa.

Es que los jóvenes no son el futuro -eso es un verso conserva que obtura toda posibilidad en el aquí y ahora- son el presente. El futuro no existe en términos reales y concretos, existe en perspectiva imaginaria. Se construye en todo caso. Y que voten los pibes es una de las mejores formas de proyectarlo.

Si todo preso es político (Redondos), todo aquel que goce de la "libertad" también lo es. En síntesis, si la educación que se imparte en las escuelas (textos, disciplinas, jerarquías, etc.) es un aparato ideológico atravesado por luchas ideológicas y por donde circula la ideología (Athusser), las acciones de los jóvenes también son políticas y legítimas (La Cámpora). Ni la cárcel ni las escuelas son espacios neutrales. Toda desinformación es política. Toda exclusión por franja etaria también lo es.

La juventud se manifiesta a través de nuevas tendencias de visibilidad. De la juventud objeto de estrategias de consumo y generación de identidades acordes al mercado, pasamos a una juventud sensibilizada con la política y lo socio-cultural. No es poco. El Estado nacional ha podido recuperar un rol que estuvo velado por las fantasías del individualismo neoliberal.

“El elefante es manada, el perro es jauría, el pez es cardumen, el pájaro es bandada, el hombre es masa, clase, pueblo. La identidad es colectiva. Uno solo no existe como especie. Uno solo no modifica su hastío. Cuando hay 2 hay pena (Marechal). Cuando hay 3 hay combate, resistencia. Si hay muchos más puede que cambie el norte y el horizonte”.

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