jueves, 27 de septiembre de 2012

Sobre los cambios estructurales en América Latina

Álvaro Montero Mejía (especial para ARGENPRESS.info)

En días pasados, el político y economista Dr. Otton Solís Fallas, publicó en el periódico La Nación un artículo denominado: “Alba y neoliberalismo desvestidos por China”.

Voy a atreverme a disentir en algunos aspectos de lo que ha escrito don Otton. Por su juventud y sus conocimientos, está llamado a jugar un papel en la vida política nacional mucho más relevante que el desempeñado hasta hoy. Por lo que escribe y comenta, parece que no ha logrado desprenderse de viejos prejuicios y de esa visión construida por las fuerzas más conservadoras durante el período de la Guerra Fría.

Desgraciadamente, la etapa de la globalización neoliberal que se inicia precisamente con el derrumbamiento de la Unión Soviética y el viejo campo socialista, derrumbamiento que sin duda alguna representó el triunfo aplastante del capitalismo sobre el socialismo, hizo pensar a algunos, como el Dr. Fukuyama, que la historia se había terminado y que el sistema capitalista regiría por el resto de la historia.

Estos filósofos y algunos destacados economistas, no contaban con la indetenible dinámica de la historia; no contaban con la voluntad de los pueblos y por supuesto, no contaban con las contradicciones inherentes al sistema capitalista de producción y las crisis que se incubaban en su seno. La historia de nuestros días los ha puesto a pensar a muchos de ellos, incluido a Francis Fukuyama y han terminado por darles la razón a los que nunca aceptaron que los pueblos se rendirían, que jamás renunciarían a luchar ni aceptarían mansamente las brutales imposiciones de los imperios.

El propio pueblo de los Estados Unidos, ha dado muestras fehacientes de su voluntad de luchar y enfrentar la descomunal arremetida de los grupos financieros. Desgraciadamente aquí sabemos muy poco, porque casi toda la prensa se empeña en silenciar como millones de intelectuales, trabajadores, desposeídos y marginados en los Estados Unidos, han llenado las calles y las plazas, además de cientos de páginas, con sus justas protestas. Lo mismo ocurre hoy mismo en la rica Europa.

Lo que nadie podía predecir era cómo y de qué manera los pueblos encontrarían la manera de romper viejas ataduras y tomar en sus manos la edificación de sociedades mejores. Y es precisamente lo que ocurre en un buen número de países de América Latina. Ajeno a esta realidad, el Dr. Solís recurre a un procedimiento simplista y cortoplacista. Divide mecánicamente los pueblos en dos segmentos y luego saca conclusiones superficiales.

Como ocurre casi invariablemente en los exámenes de naturaleza económica, están implícitos en ellos factores políticos de primer orden. Como expresara un viejo filósofo revolucionario, “la política es la economía concentrada”. De modo que, por más que quiera dejar de lado los ropajes de político activo en la vida nacional, todo lo que diga Don Otton estará necesariamente vinculado a su carácter de principal dirigente del PAC, partido que fundara hace ya varios años, y del cual ha sido Candidato Presidencial en varias oportunidades.

Como tendremos oportunidad de ver, el excelente material que Don Otton nos presenta como tema de reflexión, se empeña a fondo en sacar, antes que nada, conclusiones políticas. Pero antes de comenzar a examinar de cerca esas reflexiones, resultan necesarias algunas precisiones.

La división que hace entre “países de orientación Alba: Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Argentina y Bolivia” y 5 países fieles al neoliberalismo (Colombia, Chile, México, El Salvador y Costa Rica)”, tendría que explicar de dónde la saca. Uno no puede inventarse divisiones que no existen, o que están incompletas, salvo si uno quiere de antemano obtener determinados resultados conceptuales o peor aún, si no se tiene claridad sobre lo que se dice.

Es primer lugar la república Argentina, no pertenece al ALBA. Agentina es el segundo país más grande de América Latina con más de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, posee el PIB per cápita más alto de América Latina y el tercero por su volumen global, con 726.000 millones de dólares, solo detrás de Brasil y México. De modo que el propósito de incluir a la Argentina como un “país de orientación Alba”, es algo incomprensible, además de abusivo. Por otra parte incluye a México como un país “fiel al neoliberalismo”¿Es que acaso ignora Otton Solís, los recientes acontecimientos electorales en México? ¿Es que simplemente se desentiende del formidable triunfo alcanzado por el pueblo mexicano que bajo la conducción de un hombre singular y valeroso, Andrés Manuel López Obrador, rechazó de manera contundente el neoliberalismo rampante que padece la nación de Juárez al que se agregan las mortíferas consecuencias, con los miles de muertos, de esa guerra de la droga estimulada y construida por su vecino del norte? ¿De qué fidelidad al neoliberalismo habla Otton Solís? ¿De la fidelidad de las mafias enseñoreadas, al igual que en Costa Rica, de un poder arrebatado al pueblo, de sus fraudes electorales o de la fidelidad del pueblo a los principios democráticos recientemente conculcados?

Para que quede claro de una vez, es necesario que Don Otton sepa algo sobre los países de la denominada “Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA”, fundada por los Presidentes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez, en diciembre 2004. Posteriormente se adhirieron Bolivia en el 2005, Nicaragua en el 2007 y Dominica en 2008. Ingresaron en 2009 Ecuador y dos pequeños Estados caribeños pertenecientes al CARICOM: San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda.

El ALBA es uno más entre varios órganos que promueven y estimula la integración regional. Es quizás, como ha expresado el Presidente Hugo Chávez “su núcleo más dinámico”. Quizás por esta valoración del presidente de Venezuela, don Otton Solís lo tome como ejemplo. Pero si queremos hablar con seriedad de lo que realmente ocurre en América del Sur, resulta indispensable mencionar al Mercosur, a Unasur y desde luego, al Banco del Sur, cuyas relaciones con China debería conocer Don Otton, si no como político, al menos como economista. Probablemente ha oído también hablar de Petrocaribe, otra iniciativa venezolana con filosofía integracionista y solidaria, a la que pertenecen la mayoría de los Estados del Caribe y varios de América Central. Con seguridad Don Otton sabe, como político y como docente, que ese organismo le otorga extraordinarias facilidades de pago a la factura petrolera de sus países miembros, salvándolos literalmente de la ruina cuando se han producido intempestivos incrementos en el precio de los hidrocarburos.

Sólo como información general, valdría la pena agregar datos adicionales sobre los cambios profundos ocurridos en la sociedad y la política de América del Sur. Estos cambios nos obligan de antemano, si deseamos realmente hacer una justa valoración del desempeño de nuestros pueblos y una justa valoración de sus intereses, a eludir divisiones mecánicas.

El problema de Otton es su pensamiento cortoplacista, quizás rígido. Es extraño que un hombre de su trascendencia en la vida política nacional, no valore los profundos cambios que se producen en esa región del mundo. Su visión de la realidad lo obliga a meterla en una plaza de toros, de donde solo se puede salir en carrera, donde no se puede maniobrar con destreza e inteligencia porque lo único que se puede hacer es capearse el toro.

Don Otton deja de lado el factor central de los cambios que se producen en esa zona del mundo a la que estamos históricamente unidos; se trata del nuevo y decisivo protagonismo de los pueblos y la aparición de hombres y mujeres que simbolizan esos cambios. Hablamos de un cambio cualitativo en la política como quehacer ciudadano y de los gobiernos como entidades sujetas a un compromiso ineludible; servirle a sus pueblos. Simpatías o antipatías aparte; la realidad de los pueblos debe pesar más que nuestras ocurrencias biliares. Sólo una firme voluntad por enmendar errores, vicios o actos de corrupción, puede superar a quienes han convertido el poder político en una maquinaria de demolición de valores.

Así ha ocurrido en Costa Rica. Excluyendo el venturoso cuatrienio de Rodrigo Carazo, desde las últimas y decisivas reformas emprendidas por José Figueres Ferrer, ha sido muy difícil avanzar. Quedan a salvo el proyecto original de CODESA de Daniel Oduber, el A y A de Don Mario Echandi y el Banco Popular de Don José Joaquín Trejos. El resto del tiempo ha sido un permanente retroceso, que alcanza su apogeo con el inicio del proyecto neoliberal durante el gobierno de Luis Alberto Monge. Todo comienza con los Programas De Ajuste Estructural, las Reformas Bancarias y la artificial aparición de la nueva oligarquía financiera.

Ser justos y honrados en nuestras reflexiones, permitirá, para emplear las propias palabras de don Otton Solís “un renovado consenso”… Continuaremos.

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