LA ARENA
Esa ciudad bonaerense quizá siga siendo hoy el principal enclave que tienen los sectores pro-militares en la Argentina, y especialmente la Marina. No solamente por la presencia de la enorme base naval de Puerto Belgrano, sino por una sociedad que, en buena parte, con actos y omisiones, no ha repudiado con tanta firmeza los crímenes de la última dictadura militar. Por esa razón, quienes lucharon desde un primer momento en favor de la realización del juicio, y estuvieron directamente o indirectamente involucrados en él, admitieron que les era muy difícil creer que la justicia hubiese llegado allí.
Otra imagen con fuerte carga simbólica que dejó el proceso fueron los aplausos con que se recibieron cada una de las sentencias a prisión perpetua que leyó el tribunal en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur. En ese centro académico estudiaban en 1976 muchos de los alumnos que terminaron siendo víctimas fatales de esos coroneles, policías y penitenciarios que estuvieron sentados en el banquillo.
Ha pasado mucha agua bajo el puente en materia de derechos humanos. Desde el histórico juicio a las juntas militares, pasando por las leyes del perdón, los indultos y sus derogaciones. Cada una de esas decisiones fue tomada en momentos políticos diferentes, aunque el menemismo fue, sin dudas, el que menos hizo para investigar la represión ilegal que se desató en la década de los setenta.
Sin embargo, este camino de justicia que se está transitando -y que se inició con las condenas a los comandantes- no es el triunfo de un gobierno o de un sector de la sociedad. Es la victoria de un país que, al menos en esta cuestión, ha tratado de ser justo con los que no pudieron defenderse. En todo caso el mérito mayor recae en los organismos defensores de los derechos humanos como Madres, Abuelas, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos o el CELS. Sus integrantes desplegaron el mayor compromiso por la necesidad de enjuiciar a los genocidas desde los años mismos de la dictadura y arriesgando sus vidas -de hecho, no pocos mártires aportaron sus filas-, cuando tantas figuras públicas actuales no se atrevieron a seguirlos.
La causa del V Cuerpo, a diferencia de lo ocurrido en La Pampa, involucró a víctimas caídas en "enfrentamientos" fraguados, desapariciones forzadas, secuestros de bebés y detenciones ilegales ocurridas incluso fuera de esa jurisdicción. Dejó al descubierto una coordinación de las fuerzas de seguridad, dentro de un gran plan sistemático que contó con la complicidad de sectores empresariales, judiciales y eclesiásticos que boicotearon el proceso judicial.
Es difícil saber, como lo advirtieron algunos actores, si este fallo marcará un antes y después para Bahía Blanca. El miércoles era advertible que mientras un millar de militantes vivaban las condenas en dos actos diferentes, a una cuadra de allí, en la plaza principal, no pocos bahienses caminaban indiferentes a un acontecimiento de tanta trascendencia.
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