viernes, 19 de octubre de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte LV): Los debates

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

En la nota anterior relatábamos el impacto que había tenido en los pueblos del Tercer Mundo la Conferencia Tricontinental reunida en La Habana, en los primeros días de enero de 1966.

Los casi 500 delegados de Movimientos de Liberación y de países que se habían liberado del colonialismo adhirieron, efusivamente, al discurso de cierre de Fidel Castro que proclamó a la lucha armada revolucionaria como el camino para lograr la efectiva Liberación y la construcción de una sociedad socialista.

Por su lado el mensaje de nuestro compatriota Ernesto -Che- Guevara de que, como forma concreta de avanzar en la lucha contra la dependencia y de evitar el aislamiento de Cuba, se deberían abrir en nuestro Continente “uno, dos, tres o más Vietnam” profundizó el debate con los sectores reformistas de la izquierda.

Efectivamente algunos partidos comunistas latinoamericanos liderados por el de nuestro país cuya Secretaría General ocupaba Victorio Codovilla, adherían al planteo de la Unión Soviética de marchar hacia una “coexistencia pacífica” con el Imperio, considerando que el planteo “guevarista” era una “provocación”.

Argumentos similares había esgrimido el Partido Socialista Popular cubano -denominación que usaban los comunistas de ese país- para cuestionar a las organizaciones revolucionarias -el 26 de Julio y el Directorio Revolucionario- durante la guerra popular contra el dictador Fulgencio Batista.

Nuestro compañero John William Cooke, que había profundizado su amistad con el Che desde que llegara a la Isla en 1961, consideraba por su parte, que había que destacar “la voluntad de militancia que guía a los núcleos que en nuestro país buscan, como mejor pueden, formas y métodos para iniciar el proceso de enfrentamiento violento con las fuerzas de la dependencia y de la explotación”.

Estas diferencias se seguirían profundizando a lo largo de las décadas del 60 y del 70.

A este debate, que considerábamos central y era una verdadera divisoria de aguas, se sumó el que generó John al cuestionar en la Conferencia la postura de la mayoría de los movimientos árabes y palestinos que entendían que había que expulsar a los judíos de Palestina y destruir el Estado de Israel.

Alicia y el “Bebe” consideraban, por su lado, que si bien el estado sionista era el gendarme de los Estados Unidos en el Medio Oriente y había sido generado con esa misión, era una realidad que, por otra parte, contenía posturas contradictorias ya que existían sectores, al interior de este país, que cuestionaban el rol asignado por el Imperio.

Esta posición también nos distanciaba de algunos sectores de la izquierda que, ratificando su fidelidad a la URSS, suscribían las posturas más radicales de los movimientos árabes.

A su regreso de La Habana, nos reunimos en Buenos Aires con los compañeros que integraban la dirección de Acción Revolucionaria Peronista.

John hizo un largo informe consignando los debates que mencionamos.

Por su lado y, ya analizando la coyuntura nacional, Manuel Molinas el “Negro” nos hizo conocer el estado de la relación nuestra con la FOTIA -la federación de trabajadores del azúcar- que en ese momento protagonizaba, en Tucumán, un fuerte conflicto con los dueños de los ingenios.

En ese marco se habían profundizado los contactos con los compañeros de Palabra Obrera de esa provincia, liderados por Leandro Fote, recientemente electo diputado provincial.

Por mi parte informé que la FUA, había declarado el estado de alerta a raíz de que aumentaban los rumores sobre un inminente golpe militar, que desplazaría al gobierno radical.

Roberto Sinisgaglia intervino a continuación, relatando la información que había logrado reunir sobre los vínculos de la cúpula sindical “vandorista” con el General Juan Carlos Onganía, a la sazón Comandante en Jefe del Ejército y, la proyectada “Revolución Nacional”, que los tendría como principales actores.

El silencio del General, desde su exilio en Madrid, frente a esta situación contrastaba con la profundización de su enfrentamiento con Augusto Timoteo Vandor que había llevado adelante Maria Estela Martínez.

No cabía la menor duda de que el “Viejo” nada haría para impedir la asonada militar ya que se había distanciado del gobierno de Illía cuándo este había impedido su regreso, en diciembre de 1964.

Con esta sensación de que nos esperaban momentos difíciles volví a Paraná.

Unos meses antes había recibido en nuestra casa a un compañero salteño con el que compartiría sueños y utopías durante esa década y los 70. Armando Jaime, un “imprescindible” a decir de Bertold Brech.

Que pasó en aquella visita ¿Como se consolidó el pacto militar sindical? ¿Cuál fue la suerte de un honesto presidente radical? Serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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