martes, 30 de octubre de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (LVI): Las contradicciones del gobierno radical

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

En aquellos años de la década del 60, que estamos describiendo en nuestras notas, se había acuñado un dicho popular que decía que en "el verano la política se toma vacaciones".

A lo que nosotros agregábamos "La Revolución también".

Nada de eso ocurría en aquel enero del 66. Al impacto que habían tenido, en las filas de los revolucionarios, los acuerdos alcanzados en la Conferencia realizada en la Habana, denominada "La Tricontinental", se sumaban los rumores de un inminente golpe militar y las constantes reuniones de la cúpula castrense con el sindicalismo burocrático liderado por el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.

Por su lado la oposición al debilitado gobierno radical encabezado por Arturo Humberto Illia, había bloqueado en el Congreso el proyecto de presupuesto enviado por el Ejecutivo para el año 1966, durante ocho meses, obligando a este a declarar ratificado el del año anterior, con las consiguientes limitaciones que eso supone.

El escenario se complicaba aún más con el conflicto que se desarrollaba en el Norte que tenía como protagonista a la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera -la combativa FOTIA- dirigida por Atilio Santillán que reclamaba, a la patronal, el pago de la zafra azucarera de ese año.

Si bien nosotros nos diferenciábamos de la dirigencia del Movimiento en lo que hace a la caracterización del gobierno y a sus contradicciones, decidimos solidarizarnos con los trabajadores del azúcar.

Para llevar el apoyo viajaríamos al "jardín de la republica", Manuel Molinas y el que escribe esta nota.

El "Negro" Molinas era Secretario General del Sindicato de Barraqueros de Avellaneda, con una gran formación marxista, acompañaba a Alicia Eguren y a John William Cooke desde los años de la Resistencia -1955-1958-.

Por ello era el indicado para entrevistarse con el Secretariado de la Federación.

Por mi parte en el Congreso de la FUA, había tomado contacto con una agrupación que dirigía Armando Caro Figueroa (h), que se reivindicaba peronista y adhería, como nosotros, al pensamiento "guevarista", por lo que sondearía el respaldo del movimiento estudiantil a los trabajadores azucareros.

Al llegar a Tucumán nos encontramos con un clima tenso, ya que se preparaban nuevas movilizaciones, habiendo sido reprimidas las anteriores, y al mismo tiempo, se anunciaba que el gobierno apelaría al famoso plan "Conintes" que le permitía movilizar militarmente a los trabajadores en conflicto.

Este instrumento represivo había sido utilizado en el primer peronismo para "militarizar" a los trabajadores ferroviarios en huelga en 1951 y durante las huelgas en el Lisandro de la Torre, y de los trabajadores del riel en el gobierno de Frondizi.

Suponíamos que esta decisión la había impulsado el ala dura del gobierno que encabezaba Miguel Zavala Ortiz, el Canciller que había respaldado la invasión de los Estados Unidos a la Republica Dominicana en 1965.

En la sede de la Federación nos recibieron con mucho afecto, ya que varios de los integrantes del Secretariado y el propio Santillán coincidían con la visión "cookista" del peronismo y, al mismo tiempo adherían a las resoluciones adoptadas en la Tricontinental.

A su vez, al participar en varias asambleas de los diferentes centros de estudiantes, advertí que la consigna "obreros y estudiantes. Unidos y Adelante", era compartida por la mayoría del movimiento estudiantil de la Universidad de Tucumán.

Antes de regresar a Buenos Aires mantuvimos una larga reunión con los compañeros de Palabra Obrera, y acordamos mecanismos para" nacionalizar" la solidaridad con los trabajadores de esta Provincia.

A las pocas semanas el presidente tomó una decisión, que lo aislaba aún más, que fue la de movilizar militarmente a los obreros enfrentados con la patronal azucarera, para lo cuál tuvo que recurrir al Ejército, cuyo Comandante en Jefe -Juan Carlos Onganía-, era público que se preparaba para dar el zarpazo y hacerse con el gobierno.

La CGT, encabezada por el Secretario del Gremio del Vestido José Alonso anunció un paro general, impulsado por el ala "vandorista", que proclamaba que "para estar con Perón había que estar contra Perón", ya que este, desde Madrid, había declarado públicamente su oposición a la asonada militar.

Con estas características se vivían estos primeros meses de aquel año, en el que se profundizaba el enfrentamiento entre el sindicalismo combativo y los "participacionistas" y las diferencias en el seno de estos, que produciría la trágica confrontación en la pizzería Real. Tema que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del Diario "El Mundo" y de las revistas "Nuevo Hombre" y "Diciembre 20".

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