lunes, 19 de noviembre de 2012

Biografías autorizadas

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Pagar para ser biografiado, como antes hacía la realeza para ser llevado al oleo es una manía de ciertas castas que abonan peaje por transitar a la inmortalidad. El affaire del general David Petraeus ha movido mis recuerdos.

En cierta ocasión un sujeto moderadamente acomodado y algo prendado de sí mismo me habló para escribir un libro sobre su vida por lo cual yo recibiría ciertos honorarios; aunque modestos, honorarios al fin. Por complacerlo, por el ejercicio y por los honorarios me entregue a la causa.

Lo primero que hice fue releer las primeras biografías: Memorabilia de Jenofonte y Vidas Paralelas de Plutarco a las cuales le había pasado por arriba en la universidad, volver sobre la colección de Biografías Gandesa, la obra de Stefan Zweig y Emil Ludwig. No olvidé a Franz Mehring y a Gerald Walter.

Lo último que recuerdo fue la monumental e inconclusa biografía de Carlos Marx de Auguste Cornú de donde extraje la idea de cómo aquel, dedicar un capitulo a la época y aplicarla a la historia del cliente aunque para ello tuviera que incurrir en lo que Vargas Llosa llama “canibalismo cultural”. Un comienzo así me aproximaba al estilo del inicio de Cien Años de Soledad y un poco al de Cervantes en el Quijote. Por aquellos honorarios más esfuerzo no podía pedirse.

Elaboré un esquema típico: Infancia y Juventud, ancestros, la tierra donde se nace y la cultura que te alimenta, los años de formación y algunas otras cosas presentes en todas las biografías y libros de memorias que forman la parte que los lectores saltan porque a nadie les importa. Luego nos reunimos para acordar si debía escribir en tercera persona, hacer las veces de narrador omnisciente (lo sabe todo acerca del héroe) y firmar yo el libro o redactarlo en primera persona y presentarlo como una autobiografía.

La segunda idea se descartó porque tenía reparos en escribir bien sobre sí mismo y no pagaría para que yo hablara mal de él. Quedamos en un hibrido que mesclaría testimonios con elementos de ficción, notas de color y valoraciones del biógrafo. Llegado a esos acuerdos le pedí que ante de una grabadora contara su vida. Hizo su tarea en una tarde y a la semana yo tenía listos los primeros folios.

─Lee, me dijo.

El fallido intento de biografía por encargo comenzaba así

“Por haber nacido en Cuba, un país con un calendario plagado de efemérides gloriosas que aportaron poca gloria y de héroes inmortales curiosamente todos muertos, no conoció la dictadura de Gerardo Machado pero creció bajo la de Batista y era joven cuando Fidel Castro debutó en la vida política cubana. No participó en la lucha en la Sierra Maestra porque detestaba la violencia y como emigró al triunfo revolucionario no conoció al comunismo que odiaba y terminó ligado a un imperio que lo odiaba a él. La inconsecuencia lo hizo desdichado y convirtió la primera parte de su vida en una nulidad. La otra no podía ser contada porque aun no había sido vivida. Pero la imagine pletórica…”

─ ¡Para! ─me dijo─ ¡Acabaste conmigo! ¡Me vas a arruinar! ¡Dime cuánto de debo! ¡Y ni una letra más!

Como aquel personaje que quiso comprar una ración de gloria, el general Petraeus que terminó West Point cuando ya habían cesado las batallas de Vietnam y nunca sintió una bala silbarle en la oreja tiene quien le escriba pero poco que contar por lo cual hizo algo mejor: cogerse a la biógrafa…

* Conservo las notas del intento de biografía pero las protegeré como se protege a las fuentes.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.