lunes, 19 de noviembre de 2012

Grecia, un país intervenido con una economía en quiebra

Antonio Cuesta (PL)

La aprobación por parte de la Asamblea Nacional griega del nuevo paquete de medidas de austeridad no parece haber servido ni para aplacar la fuerte oposición popular ni para obtener el dinero esperado por parte de los prestamistas internacionales.

El ejecutivo heleno, presidido por Antonis Samarás, consideró que el aval parlamentario al plan de recortes y a las cuentas públicas para 2013 sería suficiente para que sus socios europeos procedieran a desbloquear la entrega del siguiente tramo del préstamo financiero valorado en 31 mil 500 millones de euros.

Sin embargo la reunión del Eurogrupo, celebrada el pasado lunes, únicamente sirvió para que Grecia obtuviera dos años más de plazo en su camino hacia el superávit presupuestario, pero no más dinero.

De modo que el nuevo programa de austeridad, que muchos analistas ya denominan el tercer memorando, abarcará hasta el 2016, pero a cambio de esta ampliación el gobierno griego deberá obtener cuatro mil millones de euros adicionales para los años 2015 y 2016.

El siguiente revés llegó este viernes al tener que hacer frente al vencimiento de cinco mil millones de euros de bonos griegos en poder del Banco Central Europeo (BCE), para lo que Atenas hubo de emitir deuda pública con vencimiento mensual para obtener de ese modo la liquidez necesaria.

Samarás ya advirtió hace semanas que el Estado iría a la bancarrota de no poder obtener el capital pendiente, pero su mensaje no hizo que la troika (Comisión Europea, BCE y Fondo Monetario Internacional) flexibilizara su posición.

Bien al contrario, en un documento de trabajo filtrado esta semana a la prensa, los acreedores ven con recelo el futuro del gobierno griego de coalición, lo que pondría en peligro el plan de austeridad y, al tiempo, consideran que aún faltan muchas reformas por hacer.

Pero si los pasos del ejecutivo griego no generan la suficiente confianza en la troika, tampoco el informe de esta transmite seguridad al basarse en datos invalidados por la evolución real de la economía o abiertamente ilusorios a tenor de la gravedad y profundidad de la recesión.

Una de estas variables fue dada a conocer por el organismo griego de estadísticas y se refería a la contracción en el 7,2 por ciento del producto interno bruto (PIB) durante el tercer trimestre de 2012, con respecto al mismo periodo del año anterior.

La cifra es la peor de los últimos siete años y sitúa la caída del PIB hasta el mes de septiembre en el 6,7 por ciento, ligeramente superior a la previsión gubernamental del 6,5 para el conjunto del año y bastante mayor que el seispor ciento manejado por la troika.

Algo similar ocurre con el desempleo, que ya alcanza al 25,4 por ciento de la población activa, mientras que el documento de trabajo estipula tres puntos menos para el 2012; o con el monto de la deuda, que llegó a primeros de noviembre al 190 por ciento del PIB, según los datos oficiales, pero que el informe valora en el 176,7.

Tampoco el plan de privatizaciones, con el que supuestamente paliar el déficit público en los próximos años, marcha en la forma prevista, pues los 19 mil millones de euros de ingreso fueron rebajados a 10 mil 400 en el texto de la troika y a nueve mil 485 en las cuentas del gobierno.

De ese modo, a partir de estimaciones erróneas, los acreedores son capaces de anunciar que la economía griega comenzará su mejoría en el segundo semestre del 2013, algo que muchos economistas consideran imposible, vista la situación actual de Grecia.

Así lo explicó el presidente del Centro de Estudios Políticos y Sociales, Alberto Montero, al asegurar que "con una deuda que se acerca al 200 por cien del PIB, y con el cálculo de que en el 2013 la economía caerá el cinco por ciento, lo único que cabe hacer es decretar la bancarrota y reestructurar la deuda".

"¿Cuánto superávit presupuestario y comercial tendrá que acumular Grecia y durante cuánto tiempo para poder reducir la deuda hasta el nivel que exige el Pacto de Estabilidad?", preguntó el economista.

Y aseguró que los presupuestos aprobados por el Parlamento griego "recortan donde ya apenas queda nada, con la única finalidad de mantener la doble ficción de que Grecia es un país soberano y que su economía no está en quiebra".

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