jueves, 15 de noviembre de 2012

Los bosques andinos del norte de la Patagonia han sufrido sequías extremas durante los últimos 50 años

AGENCIA CYTA - INSTITUTO LELOIR

Los cambios en los patrones de crecimiento, inducidos por variaciones climáticas de gran escala en el Hemisferio Sur que se relacionan con el agujero de ozono, son los más severos registrados en seis siglos.

Bosques nativos patagónicos, como los de ciprés de la cordillera, araucaria y coihue de Magallanes, han registrado en las últimas décadas los valores más bajos de crecimiento de los últimos 600 años, lo que los expertos relacionan con la marcada disminución de las precipitaciones que se verifica desde las últimas décadas del siglo XX.

“Está tendencia negativa ha sido documentada tanto del lado chileno como del argentino de los Andes”, indicó a la AGENCIA CYTA Ricardo Villalba, director del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), dependiente del CONICET. “En particular, las precipitaciones fueron muy escasas en 1962, 1968, 1978, 1988-89, 1996, 1998 y, más recientemente, en 2008 y 2010.”

Según Villalba, las variaciones en los anillos de los árboles que crecen en los Andes patagónicos brindan la posibilidad de colocar estos cambios climáticos recientes en el contexto de los últimos siglos o inclusive milenios. Las especies nativas que crecen en estos bosques, tales como el ciprés de la cordillera o la araucaria, son muy longevas y pueden alcanzar casi los 1.000 años. “La tendencia de disminución de crecimiento de estos bosques se registra a partir de mediados del siglo XX”, destacó Villalba.

El especialista explicó que la disminución de las precipitaciones está asociada a la persistencia de la llamada “oscilación antártica”, un fenómeno relacionado al agujero de ozono que modula la intensidad y posición de los vientos que circundan el continente antártico. Esto lo demostró un estudio realizado en conjunto entre IANIGLA en Argentina, el Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global en la Universidad Austral de Chile en Valdivia, y otros grupos de trabajo en Australia, Nueva Zelanda, Canadá e Inglaterra. Fue publicado en Nature Geoscience.

Para sorpresa de todos, los árboles de las montañas muy húmedas y frías de Nueva Zelanda y Tasmania, al sur de Australia, habían registrado también desarrollos inusuales durante las últimas décadas. Pero a diferencia de lo que se registraba en los Andes patagónicos, esos árboles habían crecido más que en ningún momento desde aproximadamente el año 1700. “Mientras los cambios en la circulación atmosférica relacionadas con la oscilación antártica indujeron la reducción de la precipitación en los Andes patagónicos, en Nueva Zelanda y Tasmania incrementaron la temperatura y favorecieron el crecimiento de los árboles de ambientes fríos”, dijo Villalba.

Como la oscilación antártica se relaciona con la reducción del ozono estratosférico sobre la Antártida, los científicos atribuyen a la actividad humana el desplazamiento de los vientos del oeste, y por lo tanto de las lluvias, a más altas latitudes en el Hemisferio Sur. La humanidad está cambiando el planeta más rápido de lo que se entiende cómo funciona, deslizó Villalba.

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