jueves, 15 de noviembre de 2012

Para bailar tango se necesitan dos

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Que Cuba y Estados Unidos sean enemigos es una tragedia, que la enemistad dure 50 años un mal mayor y que jamás hablen para buscar caminos es aun peor.

El 19 de abril de 1959 Richard Nixon, vicepresidente de los Estados Unidos conversó durante unas dos horas con Fidel Castro, en noviembre de 1963, John F. Kennedy envío al periodista francés Jean Daniel con un mensaje para el líder de la Revolución Cubana, en tiempos de Ronald Reagan, el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez se encontró en México con el Secretario de Estado Alexander Haig y en junio de 1977, James Carter negoció la apertura de las sesiones de intereses (embajadas) de Estados Unidos en La Habana y Washington.

Esos y otros encuentros menores resumen todo lo ocurrido en materia de diálogo bilateral en medio siglo. Sin contactos no surgen oportunidades para la avenencia y en política, sin hablar nada se resuelve.

Otros presidentes del Partido Demócrata como Lyndon Johnson, Bill Clinton y James Carter podían alegar intereses electorales personales y partidistas que conllevan a compromisos con quienes controlaban el voto cubano en Miami, cosa de la cual el mandatario recién electo está completamente liberado.

Barack Obama, único presidente Demócrata en ganar dos veces La Florida en los últimos cincuenta años, el primero en obtener el cincuenta por ciento del voto cubano en Miami es desde 1959 el único presidente que no le debe nada a la otrora poderosa maquinaria de la derecha cubanoamericana, pudiera convertirse en el primero en dar pasos sustantivos hacía la normalización o, como mínimo, la disminución de las tensiones entre ambos países.

A su favor tiene el haber avanzado en esa dirección al desactivar las medidas criminalmente restrictivas de George W Bush que limitó a la mínima expresión los contactos familiares entre los cubanos residentes en los Estados Unidos y sus familiares en la Isla y llegó incluso a prometer un nuevo comienzo en materia de política hacia la nación antillana.

Aunque de signos aparentemente opuestos, el apoyo de los cubanoamericanos que ahora le dieron su voto a los que habría de sumar otros miles que esta vez no pudieron hacerlo por carecer de ciudadanía y la condena de la Comunidad Internacional que en la Asamblea general de la ONU, con abrumadora votación de 188 votos a favor, 3 en contra y 2 abstenciones acaba de condenar el bloqueo, son factores que obran a favor de los pasos al encuentro que pudiera dar el presidente.

Seguramente, como reiteradamente lo han planteado Fidel y Raúl Castro, Cuba correspondería positivamente a cualquier gesto en esa dirección y es probablemente que la diplomacia isleña pueda sumar iniciativas que abran caminos. En cualquier caso, resulta evidente que para comenzar y avanzar habrá que deponer reproches y considerar que este es el mejor momento para abrir la marcha.

Los protagonistas están y ambas partes han renovado su compromiso con el diálogo; falta la voluntad y la sintonía que pueden proporcionar las acciones concretas. Allá nos vemos.

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