jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Será prolongado el enfriamiento entre Rusia y Alemania?

Fiodor Lukiánov (RIA NOVOSTI)

La cumbre ruso-alemana se celebra en un momento caracterizado por el enfriamiento acentuado entre los dos países. Las relaciones entre Vladímir Putin y Angela Merkel nunca han sido cordiales, sin embargo el ambiente político se ha hecho todavía más tenso.

En el centro del conflicto se encuentra un político conservador de importancia, Andreas Schockenhoff, subjefe de la fracción de la Unión Demócrata Cristiana en el Bundestag y coordinador para las relaciones germano-rusas. En verano elaboró un informe crítico sobre la política rusa externa e interna, un texto que provocó una confusión dentro del ministerio de Asuntos Externos (MAE) de Alemania, que le solicitó a Schockenhoff que suavizara algo sus comentarios.

Schockenhoff, sin embargo, prosiguió con sus críticas, lo que provocó una respuesta dura del ministerio de Asuntos Externos de Rusia, que renunció a estar en contacto con el autor del informe y descartó sus competencias. Aunque muchos miembros del Gobierno alemán y hasta del partido de Schockenhoff están disconformes con su postura, ya que creen que en la plena crisis económica y financiera no es razonable estropear las relaciones con Rusia debido al escándalo en torno al grupo punk Pussy Riot y otras señales de autoritarismo, lógicamente ninguno de ellos "traicionará" a su coordinador para las relaciones germano-rusas, ya que sería visto como una debilidad ante el Kremlin.

Por eso insisten en que Andreas Schockenhoff siga realizando su trabajo, subrayando que decidir sobre las obligaciones de los funcionarios alemanes no está dentro de las competencias de Moscú.

Hace un año o un año y medio, la ponencia de Schockenhoff, y tanto menos una corregida por el MAE alemán, nunca habría provocado tanto ruido. Y una resolución crítica en relación a los derechos humanos, aprobada en vísperas de una cumbre en Bundestag, tampoco habría representado un asunto de importancia.

Rusia se habría limitado con una declaración de no objetividad. Sin embargo, ahora las autoridades rusas se muestran muy sensibles a este tipo de cosas y a la mínima deciden amenazar con romper relaciones. Y no se trata exclusivamente de Alemania. El menosprecio oficial hacia las recomendaciones de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el cierre de los programas estadounidenses de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y de Nunn-Lugar, todo ello son muestras de un rechazo de todo tipo de declaraciones relativas a los procesos políticos internos.

No se trata de una coincidencia, es el nuevo rumbo político de Rusia que va consecutivamente librándose de las instituciones y de las costumbres de los años noventa del siglo pasado. La idea general se reduce a que Rusia se ha convertido en un Estado fuerte y seguro de sí mismo, y la desigualdad en derechos del pasado, provocada por la debilidad del país, ya quedó atrás. No tolerará ya que los demás le indiquen los desperfectos de su estructura estatal.

Rusia está intentando establecer una versión más avanzada y moderna de las relaciones que hubo entre la URSS y Occidente en los periodos de distensión. Y el ejemplo de Alemania en este sentido es el más claro. El sector de negocio de importancia de la RFA empezó a interesarse por las posibilidades económicas de la URSS tres años antes del establecimiento de las relaciones diplomáticas.

El Comité Oriental para la Economía Alemana fue creado en 1952. El desarrollo de los contactos de negocio y de relaciones políticas de los años 70 también fue evidente, pero a nadie se le ocurría relacionarlo directamente con el régimen estatal y social de la URSS. Quedaba claro que la URSS tenía una estructura completamente distinta, no tenía sentido discutirlo (hasta después de la firma del Acta Final de Helsinki, aunque fue la primera vez que el tema de derecho apareció en la geopolítica europea).

El modelo que aspira a recuperar Putin consiste en que Occidente admita que Rusia es un país distinto, en lo que se refiere a la base ideológica y de valores, y que no se le ocurra discutirlo. Y, sin embargo, sí es un elemento inseparable de la economía global dispuesto a seguir con la integración. No es casual que paralelamente con el empeoramiento de las relaciones con las estructuras políticas, sobre todo con las que tienen como función la elaboración de unas normas de carácter humanitario (el Consejo de Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) se observe la profundización de integración en las estructuras económicas (primero en la Organización Mundial de Comercio, y en adelante en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Vladimir Putin está seguro de que los intereses económicos pesarán más que los ideológicos, como fue hace 60, 40 y 25 años. Por eso prefiere reunirse con la gente de negocios, que habla de cosas prácticas, y no con los políticos, que le cansan mucho. El presidente ruso cree que, como en la época soviética, una postura dura brindará sus frutos. Alemania y otros países de Europa Occidental se decidieron entonces por la ampliación de su cooperación, a pesar de aplastar la URSS la Primavera de Praga, y pese a la situación interna. Así que espera de Alemania una nueva Política Oriental, como la que abrió las puertas a principios de los años setenta del siglo pasado sin pretender transformar a la URSS.

La verdad es que dicha transformación, fatal, llegó más tarde por sí misma, debido a las cimentaciones podridas. Y el padre de la Política Oriental, Willi Brandt, fallecido hace 20 años, logró ver tanto la caída de la Unión Soviética como la reunificación de su propio país.

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