martes, 7 de febrero de 2012

México: Descontento policiaco

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Huichapan, Hidalgo, México. Ya en otras ocasiones he escrito acerca de la fracasada estrategia panista para el “combate” al “crimen organizado”, que hasta en pequeños poblados, como aquí en Huichapan, es muy evidente, pues ha habido secuestros, asaltos, robos… que dejan muy en entredicho la tal “estrategia” (ver en este mismo blog mi artículo “La fracasada lucha panista en contra del crimen organizado”). Evidentemente ello ha contribuido a, por un lado, una población más desconfiada, con un fuerte sentimiento de inseguridad, pero por otro lado, el hecho de que incluso los propios empleados gubernamentales protesten o se quejen del gobierno es muy mala señal, pues es muestra fehaciente del estado tan lamentable al que hemos llegado.

Esto lo señalo porque, entre otras cosas, es de sorprender que se haya dado hace unos días una protesta del personal policiaco y ministerial del estado de Guerrero, en la que policías, personal administrativo y agentes se quejaron de que la aprehensión de dos policías ministeriales, quienes supuestamente están relacionados con el asesinato de dos jóvenes estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, fue “injusta”. Se les acusa de haber disparado sus armas en contra de aquéllos. Quizá sean, en efecto, los asesinos, y si así fuera, entonces la protesta pareciera un acontecimiento absurdo, pues se entendería que la policía “protesta” de que por hacer “bien”, digamos, su trabajo, se les está juzgando. Y eso daría para pensar que seguían órdenes y que, ahora, resulta que por cumplirlas, se les castigará. Y eso es grave, si, en efecto, obedecieron órdenes, pues eso indicaría que se trató de un deliberado acto de represión y por eso se entendería que protesten. Sin embargo, puede ser que hayan actuado por su propia cuenta, que simplemente hayan razonado que con tal de cumplir “eficientemente” con su deber, disparar contra los estudiantes, con tal de romper la marcha y despejar la autopista, era la mejor manera de conducirse. Ese comportamiento recordaría a los militares nazis que estaban encargados de los campos de concentración y que parte de sus deberes era aniquilar eficientemente a los prisioneros en las cámaras de gas colectivas y no había en ello ningún comportamiento perverso o atroz, pues simplemente “cumplían con su deber” (curiosamente, sí eran amonestados y hasta castigados si, por ejemplo, abusaban sexualmente de una prisionera). De hecho cuando varios altos mandos nazis fueron juzgados al término de la guerra, justificaban sus atroces acciones diciendo que, simplemente, seguían órdenes.

Como decía antes, en el caso de los policías guerrerenses que son acusados de haber disparado a los estudiantes, pueden estar en la misma posición y por eso tanto sus compañeros, así como sus familiares hicieron la protesta que, incluso, también copió, irónicamente, las acciones de los estudiantes, al haber bloqueado la autopista del sol… y siendo ellos los policías, ¿¡quién los habría podido reprimir!?

Como quiera que sea, el hecho es que se trata de una protesta hecha por los cuerpos policiacos los que, se supone, son los menos inclinados a realizar tales acciones en contra del gobierno, a quien, por su condición especial de cuerpos represivos, son los que más debieran mostrar disciplina a su patrón.

Sin embargo, la protesta misma indica que tanto las equivocadas acciones del gobierno para “combatir al crimen organizado”, así como el que dichas acciones estén provocando un proceso de deslegitimación legal y descomposición social, llevan a sectores sociales, incluso como los cuerpos represivos, a sumarse a las protestas sociales – aunque en este caso sea cuestionable, pues se está “defendiendo” la brutalidad policiaca –, en vista de que el gobierno panista de Felipe Calderón sigue mostrando su incapacidad e ineptitud para “gobernar” y que, en todo caso, eso evidencia también que este país se ha convertido en un polvorín social, pero al mismo tiempo, en una mina de oro en donde los únicos grupos privilegiados son las élites gubernamentales, alineadas con las élites empresariales, quienes ven a México sólo como un medio para enriquecerse en poco tiempo o incrementar aún más sus ya abultados caudales.

Todo lo anterior lo comento porque da entrada a una muy peculiar conversación que sostuve con una mujer policía, destacada en un crucero de Huichapan y que sólo cuando se es presa de real resentimiento y enojo, puede salir así, tan espontáneamente el enfado que ella mostró. La llamaré Laura. Tiene 26 años y casi dos de trabajar como policía municipal. Como dije, se encarga de dirigir la circulación entre dos de las calles más importantes de este municipio. Sin embargo, una de las calles está cerrada a la circulación en el más importante de sus tramos, el que cruza con la avenida Miguel Hidalgo, la que recorre longitudinalmente al poblado. Debido al intenso sol que hasta en los invernales días está presente durante varias horas en esta zona semidesértica, Laura, de por sí morena, luce muy quemada de su cara, a pesar de que emplea la gorra reglamentaria, además de lentes obscuros. “Uso los lentes porque el sol está fuertísimo… antes, hasta me ardían los ojos por no usarlos, por eso mejor me los pongo”, dice, molesta. Su tarea consiste en detener por unos minutos la circulación de una de las avenidas para dar paso a los vehículos sobre ella y, luego, hacer lo mismo con la otra, sólo que, como señalé, una está cerrada. “¿Ya no la van a abrir o qué?”, le pregunto, en vista de que hace semanas que se cerró para “arreglarla” (en realidad, la calle estaba en buenas condiciones, así que me parece oneroso que se haya gastado, adivinar cuánto dinero, en los cuestionables “arreglos”). Encoge los hombros, “¡Pues quién sabe!... ya también otro señor me preguntó que cuándo la van a abrir y pues yo le dije que no sabía y que me dice ‘¡Ya ni la chingan, tanto tráfico que se hace!’… y yo que le digo que sí, pero que pues yo no sabía nada, que no era mi culpa”. En efecto, la calle es muy importante como salida del pueblo, es de las principales y tanto piedras, así como cintas plásticas amarradas en varillas ubicadas en las cuatro esquinas la mantienen cerrada desde hace ya varias semanas. “¿Y entonces, qué esperan para abrirla, si se ve que ya la terminaron?”, vuelvo a cuestionarle. Es cuando Laura, en tono de molestia, no contra mí, sino contra las autoridades, exclama “¡Pues han de estar esperando a que el chingado presidente municipal venga a inaugurarla, para que se pare el cuello el cabrón… como es un pinche panista, ha de decir que tiene que enseñar que está haciendo cosas!...” (Laura se refiere a Fernando Jiménez Uribe, quien en realidad es del Partido Verde, agrupación política de cuestionable trayectoria, y que “ganó” la presidencia municipal para el periodo 2012-2016, mediante igualmente cuestionables elecciones, que terminaron, por así decirlo, con el imperio priísta, que hasta entonces había gobernado. Pero eso es risible, pues es de todos sabida la íntima relación que Partido Verde y PRI mantienen. Me llama la atención que ni ella, siendo empleada del gobierno, sepa la afiliación política de su flamante presidente).

Realmente Laura está muy enojada, se nota en su tono y la forma tan sarcástica en que se refiere al “¡chingado presidente municipal!”. “Pero si la calle estaba bien, ¿no?”, prosigo, también cuestionando esas absurdas obras, para, como dice Laura, mostrarle a la gente que el gobierno “está trabajando”. “¡Sí, pero, ya ve, se quieren parar el cuello esos cabrones y de seguro están esperando que ese chingado presidente venga y diga ‘¡Ay, vean, esta es la chingada calle que arreglé, para que no digan que no hago nada, que nada más me hago güey!’… nada más se gastan el dinero a lo pendejo, vea… ¿para qué?”.

Me pongo a pensar cuántas obras en el país no son realmente necesarias, pero que se hacen para justificar que sí se están haciendo cosas, por parte de los gobiernos locales, estatales y, sobre todo, el federal. Y los recursos, tan escasos, se malgastan, se desperdician, en obras innecesarias, como la ostentosa, inútil escultura llamada “Estela de luz”, cuyo presupuesto original se infló a los $1300 millones de pesos, que bien habrían servido, según los expertos, para construir un moderno hospital de especialidades, entre otras cosas, además de que se requerirán casi ochocientos mil pesos anuales como pago por la energía eléctrica que se necesitará para que el dispendioso mamotreto pueda operar. Sí, absurda obra, como la “reparación” de la calle a la que aludo arriba. Sí, como las también portentosas, costosas obras que el ex gobernador de Coahuila, el señor Humberto Moreira, mandó hacer durante su administración, como haber construido innecesarias obras viales, comparables a las de la ciudad de México en magnitud, para un tráfico vehicular muchísimo menor. Sin embargo, escuelas y hospitales nuevos no se construyeron y sólo se remozaron algunos. Y así, podríamos seguir dando ejemplos, pero no se trata de eso el presente artículo.

Laura continúa manifestando su enfado. “Yo, por pura necesidad estoy aquí… tengo dos hijos y soy sola, por eso necesito el trabajo, pero es una chinga… fíjese, ¡tenemos que estar aquí, parados, doce horas, sin movernos, para que esos hijos de la chingada sean los que queden bien y que nosotros nos chínguemos!”.

¨No, pues sí es mucha friega”, le reconozco a Laura. “¿Y cuánto le pagan?”, le pregunto. Laura se sonríe, como si lo que va a decir no fuera cierto, a la vez que un tanto apenada. “¡Tres mil pesos a la quincena… una madre!”. Eso serían los seis mil pesos al mes, que alguna vez uno de los ineptos funcionarios calderonistas, Ernesto Cordero, dijera que bastaban para que una familia viviera, y que ahora, que quería ser presidente, niega vehementemente que lo haya declarado y que ya aclara que, en efecto, no alcanzan (se ha calculado que una familia al menos requeriría de un salario de unos doce mil pesos mensuales para irla pasando en lo necesario). Aunque si comparamos el salario de Laura con el de la gente que percibe salario mínimo, sesenta pesos diarios, mil ochocientos pesos mensuales (eso, si les pagan todos los días), que constituye el 60% de los trabajadores en México, pues ella está menos mal. Invariablemente eso me lleva a pensar que, en cuanto los cuerpos policiacos de este país, mal pagados la mayoría, tiene oportunidad de extorsionar a quien se deje, lo harán, ya que tampoco dichos cuerpos policiacos se distinguen, precisamente, porque tengan muy altos valores éticos y morales. No, al igual que lo experimentado por la mayoría de la población (y en todo el mundo, inclusive), adolecen de la creciente pérdida de los auténticos valores humanos, los que evitan, justamente, la acelerada descomposición social que se está dando en todos los niveles y grupos sociales. Y los cuerpos policiacos mexicanos han estado descompuestos desde hace mucho tiempo, con la diferencia de que ahora hasta su “lealtad” hacia su patrón, el gobierno, está desintegrándose (me refiero al hecho, como estoy analizando en el presente artículo, de que en plenas funciones ya no son tan “leales” muchos cuerpos policiacos. Porque otra cosa es que prefieran dejar las corporaciones muchos policías, dados los bajos salarios, para unirse al crimen organizado, con el cual sus ingresos mensuales se multiplicarán con creces y lograrán en poco tiempo obtener una sustancial mejoría económica. Véase nada más cuántos importantes operadores del narcotráfico, antes fueron policías o, incluso, soldados. En los momentos de escribir esto, una nota periodística señala que hay 1352 agentes, pertenecientes a la PGR, o sea, son federales, que están “bajo investigación”, sobre todo por negligencia o actos de corrupción. No se trata de simples policías, sino de, digamos, personal de élite y si eso hacen, podría considerarse también falta de lealtad hacia su patrón, que finalmente tiene que ver con descontento, pues no están a gusto esos “agentes”, ni con su salario, ni con lo que deben de hacer. Sí, el gobierno panista debe de preocuparse que se estén socavando sus cuerpos represivos, que son, en buena medida, los que lo han mantenido en el poder).

“¡Y, además, ahorita nos están corriendo, sí, nos dicen que nos van a recortar y no dan nada, en serio, a varios compañeros ya los corrieron y no les dieron nada, ni sus tres meses de sueldo… nada… a ver a mí si no me corren por andar diciendo esto, pero, eso sí, vea cómo tiran dinero esos cabrones… y por todo están sacándole dinero a la gente!”, declara Laura, quien por el tono cada vez más cáustico de su voz, evidencia que crece en su enojo. Con ese trato, despedirlos sin indemnización, ni nada, menos respeto le mostrarán al gobierno policías como Laura, y me atrevería a afirmar que son la mayoría los policías del país descontentos.

Sí, reflexiono, es grave lo que está haciendo el gobierno, con tal de hacerse de más recursos, sobre todo en este año, que es electoral, y que un buen porcentaje de dichos recursos se emplearán para sufragar las costosas campañas publicitarias (más que políticas), que emprenderán los candidatos de los distintos partidos, con tal seguir usurpando el poder. Sí, la consigna es sacar (robar) dinero de donde se pueda. Por ejemplo, pagué un servicio anual, el del agua, que ahora, arbitrariamente, carga dos importes adicionales que el año pasado no estaban contemplados. Uno es del “uso de drenaje”, por 144 pesos. El otro, por “saneamiento”, de $72 pesos. Esos “conceptos” no me los habían cargado anteriormente. Conclusión: hay que inventar nuevos cargos, con tal de sacar más dinero. Además, ¡administración nueva, cargos nuevos!

Le comento eso a Laura, y que pues como es año de elecciones, deben de sacar dinero de donde se pueda. “¡Pues sí… están robándole a la gente en todo… ya no saben esos cabrones cómo sacar dinero!”, sigue explotando Laura, mientras se da tiempo para sonar su silbato y dar paso a ansiosos automovilistas, quienes han esperado más de la cuenta debido al diálogo que hemos sostenido por unos minutos. “¡Como le digo, a ver cuándo el chingado presidente municipal viene a inaugurar la calle… si por mí fuera, ya hubiera quitado estas chingaderas para que pasara la gente!”, exclama Laura, refiriéndose a las piedras y las cintas plásticas que la bloquean.

Alarmante, pues, para el gobierno, que hasta sus cuerpos policiacos renieguen y cuestionen su autoridad, porque eso significa que se está socavando una parte vital que lo ayuda a “sostenerse”, que es la represión pura, la cual, en los últimos años, ha sido el principal factor que ha contribuido a tal sostenimiento.

“Yo ni debería decirle esto, señor”, me dice Laura, ya más tranquila, a lo mejor temerosa de que pudiera acusarla por lo que me acaba de decir.

“No, pues está bien – le digo, a manera de tranquilizarla – no hay que dejarse, hay que protestar”.

Laura sonríe, asintiendo, y continúa, entre silbatazos y movimientos de sus manos, dirigiendo el tránsito vehicular, con tal de que la “estabilidad y la paz social” de este convulsionado país sigan vigentes.

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Estados Unidos: ¿Latino? …entonces, deportado

Cristina Baccin (APE)

Ramón Eduardo Dorado Mendoza, de 19 años, conducía su “troca” (camioneta, en Spanglish) en la I-25, la autopista principal que atraviesa la ciudad de Albuquerque (New Mexico), un día de verano, feliz de estar cumpliendo con un sueño: estudiar en la universidad. Iba escuchando los Ozomatli en la radio con su hermana de 17 años.

Ramón y su hermana no podían imaginar que la música se terminaba poco antes de llegar a la Salida a la calle Coal y Lead. El cambio dramático de sus vidas venía de la mano del Jefe de Policía de Aviación, Marshall Katz quien -yendo para su casa-, decide parar a ambos jóvenes porque, según él, circulaban con exceso de velocidad.

Según un video grabado desde el cinturón del mismo Katz (Alibi, 16/12/2010), llega al lugar otro oficial de Aviación, Eldon Martínez, quien le pide al joven su carnet de conductor. En Estados Unidos, la licencia de conducir es el principal documento de identidad. A pesar de que el joven tenía la documentación solicitada, insisten con sus preguntas pidiendo más documentación y llaman a la Policía de Frontera (Border Patrol). Al poco tiempo, se agrega a la escena la policía de la ciudad que no tiene autoridad legal de inspeccionar el status migratorio de una persona (http://youtu.be/6K0cCpVD_to).

Ramón fue detenido y deportado a la frontera con Méjico al día siguiente acompañado por su padre, quien fuera al salvataje de su hijo pero cuya única salida fue salir del país con él. Ramón emigró de la ciudad de Chihuahua con sus padres cuando tenía 6 años. Fue devuelto a un país que casi no conoce, a un lugar donde sus familiares apenas lo reconocen, a una cultura cuyo lenguaje le cuesta interpretar. En Estados Unidos se crió, hizo sus amigos, fue a la escuela, entrenó y jugó al fútbol y perteneció a la parroquia San José donde lideraba grupos de adolescentes junto a su hermana y el resto de su familia. Le faltaban dos materias para obtener un diploma del Central New Mexico Community College, una de las principales universidades del estado.

Así se inició un calvario familiar que ya lleva un año y medio. Sus padres, activos miembros de la comunidad, remueven cielo y tierra para recuperar legalmente a su hijo. Con la idea de reintegrar la familia y, especialmente, lograr que su hijo pueda reingresar legalmente al país para seguir estudiando y desarrollarse en el lugar que creía su tierra.

El padre de Ramón siempre se rebuscó la vida para mantener a su familia en el área de mantenimiento y construcción, una de las industrias que más se alimentan de la población latina porque los patrones pueden exigir trabajo, sin condiciones, pagando un tercio o un cuarto del salario que le correspondería a un trabajador con documentos estadounidenses. Cada vez que habla de su hijo, su voz se quiebra repetidamente pero aún así, junto a su esposa, optaron por el camino de la lucha y esperan un cambio. Sostienen que la detención de su hijo fue por “cómo nos vemos, nos vemos hispanos y nos detienen sin ninguna justificación para, según ellos, verificar que no somos delincuentes”. Ello significa que la detención fue por “profile”, por la apariencia, una detención por identidad étnica (que, en Estados Unidos definen “raza”).

Las leyes migratorias de este país siguen haciendo estragos, principalmente en las familias latinas, dejando a padres sin hijos o hijos sin padres; los niños menores de edad con padres deportados quedan a merced del cuidado de familiares, vecinos o amigos. A fines del año pasado, el ICE (Inmigration Customs Enforcement), informó orgullosamente su récord histórico de casi 400.000 deportados, casi el doble del promedio anual de deportados durante la primera presidencia de George W. Bush (www. pewhispanic.org). El 97% de los deportados en el año 2010 son latinos (Informe Anual de Estadísticas sobre Inmigración). Entre los deportados, el Departamento de Migraciones sostiene que criminales, incluyendo entre ellos a aquellos que tuvieron una falta de tránsito.

La gobernadora del Estado de México, Susana Martínez es descendiente de mexicanos, pero su gestión así como su campaña demuestran un particular ahínco por demostrar que no le es fiel ni a su propia piel, combatiendo con fiereza a los inmigrantes como si le fuera en ello demostrar que puede ser más republicana que el propio ex presidente George Bush. Su bandera en contra de la inmigración alimenta una acentuada tensión en un estado que fuera parte del país de México y donde casi el 50% de su población es de descendencia mexicana o latina.

Parece inimaginable que la visión de los líderes actuales para resolver la situación migratoria de más de 11 millones de personas en el país sea detenerlos, encarcelarlos y deportarlos: magno procedimiento para una población de la dimensión equivalente a toda la ciudad de Río de Janeiro. Sin embargo, la historia estadounidense no depara sorpresas a la hora de ejecutar mega operaciones políticas en nombre del interés nacional. Cabe recordar que durante la Gran Depresión de 1929, medio millón de descendientes de mexicanos de las ciudades de Los Angeles, Chicago, Detroit y Denver –de los cuales casi la mitad eran ciudadanos estadounidenses-, fueron detenidos y deportados a México con la argumentación de que así habría más trabajo para otros estadounidenses. O también, cuando en 1954, con la operación Wetback (o “Espalda Mojada”), un millón de personas descendientes de mexicanos residentes en Texas fueron detenidos y transportados al interior de México por el INS (Immigration and Naturalization Services) con el objetivo de hacer una “limpieza” de inmigrantes.

En mayo del año pasado, el presidente Barak Obama declamaba en El Paso, una ciudad de Texas en la frontera con México, “nos definimos nosotros mismos como una nación de inmigrantes, una nación que le da la bienvenida a aquellos deseosos de abrazar los ideales y los preceptos de Estados Unidos” (www.whitehouse.gov/the-press-office, 10 de mayo 2011). Sin embargo, la retórica disfraza las estadísticas y los hechos como el caso de Ramón Dorado siguen demostrando que la caza de latinos continúa.

A pesar de que los sondeos de opinión política entre los latinos siguen favoreciendo a Obama en un 49% (www.pewhispanic.org), dicho favoritismo descendió en 10 puntos respecto al año anterior. La madre de Ramón, mexicana de origen, con su hijo deportado a Chihuahua y en plena lucha por sus derechos, aún le da otra oportunidad a Obama cuando le preguntamos sobre el actual presidente y sus promesas de reforma migratoria: “Yo pienso que él tiene deseos de ayudarnos. Nada más que ahorita, como el ambiente político está con mucho racismo, se le ha hecho difícil. Pero yo sé que él va a luchar por nosotros. Se le ve el deseo de ayudarnos”.

La historia de los países latinoamericanos inspiran más el camino que optaron tomar los padres de Ramón, el de ponerse de pie y luchar por el respeto a sus derechos, siguiendo la canción de Ozomatli que Ramón escuchaba en la “troca”: “Cuando un día despierto en la mañana, sé que tengo el poder para una día triunfar”.

Cristina Baccin Escribe desde ESTADOS UNIDOS - Periodista -. Ex Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, UNICEN (Argentina).

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¿Hay algo nuevo en la relación Estados Unidos-América Latina?

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

"El poder del país se basó ante todo en este hemisferio, a veces llamado Fortaleza América"
Documento Santa Fe IV: "Latinoamérica hoy". Estados Unidos, 2000.

Una historia de violencia

La región latinoamericana tiene características bastante peculiares en tanto bloque. Si bien hay diferencias, marcadas incluso, entre algunas zonas -el Cono Sur con Argentina, Chile y Uruguay es muy distinto a Centroamérica, por ejemplo; o sus países más industrializados, Brasil y México, difieren grandemente de las islas caribeñas-, en su composición hay más elementos estructurales en común que dispares.

Los rasgos comunes que unifican a toda la región son, al menos, dos: a) todos los países que la componen nacieron como Estado-nación modernos luego de tres siglos de dominación colonial europea (española fundamentalmente, o portuguesa); y b) todos se construyeron integrando a los pueblos originarios en forma forzosa a esos nuevos Estados por parte de las élites criollas. Estas características marcan a fuego la historia y la dinámica actual del área. En otros términos: la violencia estructural es una matriz para toda la región, que sin solución de continuidad se viene manteniendo hasta la actualidad desde hace cinco siglos.

En un sentido, toda la historia de Latinoamérica en su recorrido como unidad político-social y cultural, es una historia de monumental violencia, de profundas injusticias, de reacción y luchas populares. Siempre, desde las primeras épocas post colombinas cuando puede pasar a ser considerada una unidad en sí misma, el destino de Latinoamérica estuvo signado a una potencia externa: España (o Portugal) durante los primeros 300 años posteriores a la llegada del primer "hombre blanco"; Gran Bretaña luego, ya no como invasor militar sino a través de mecanismos de sujeción económica. Y desde mediados del siglo XIX, acrecentándose en forma exponencial en el XX, Estados Unidos de América.

Todo el siglo pasado fue, en realidad, una profundización de la doctrina del tristemente célebre presidente estadounidense James Monroe; es decir, con un país como Estados Unidos convertido en potencia, creciendo sin parar durante cien años, el subcontinente latinoamericano corrió la maldita suerte de pasar a ser su "patio trasero" sin que le quedaran muchas opciones.

En otros términos: desde el momento mismo del nacimiento de las aristocracias criollas, su proyecto de nación fue siempre muy débil. Estas aristocracias y "sus" países no nacieron -distintamente a las potencias europeas, o al propio Estados Unidos en tierra americana- al calor de un genuino proyecto de nación sostenible, con vida propia, con vocación expansionista; por el contrario, volcadas desde su génesis a la producción agroexportadora primaria para mercados externos (materias primas con muy poco o ningún valor agregado), su historia está marcada por la dependencia, incluso por el malinchismo. Oligarquías con complejo de inferioridad, buscando siempre por fuera de sus países los puntos de referencia, racistas y discriminadoras con respecto a los pueblos originarios -de los que, claro está, nunca dejaron de valerse para su acumulación como clase explotadora-, toda su historia como segmento social, y por tanto la de los países donde ejercieron su poder, va de la mano de las potencias externas, y desde la doctrina Monroe en adelante, de Estados Unidos.

Para Latinoamérica todo el siglo XX estuvo marcado por la referencia al imperio estadounidense. "Los Estados Unidos [...] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad", decía ya en el año 1829 Simón Bolívar; palabras premonitorias, sin dudas. Los nuevos Estados latinoamericanos, más allá del sueño integracionista del Libertador, nacieron divididos, con clases dirigentes entregadas visceralmente a las potencias extrajeras. La Gran Patria Latinoamericana, popular, con acento indígena y sin complejo de inferioridad ante la "civilización de los blancos", de momento al menos no ha pasado de ser una aspiración. Toda vez que se intentó algo en sentido contrario, fue brutalmente decapitado.

Las oligarquías nacionales fueron siempre portavoz del imperio del norte, su gerente, su socio menor. Se dio así una imbricada articulación entre Washington y aristocracias criollas, donde poder y ganancias fueron más o menos compartidos. Y para custodiar a ambos actores, ahí estuvieron las fuerzas armadas nacionales, muchas veces preparadas incluso en territorio estadounidense. Pero incluso, también estuvieron las tropas del norte. Europa, a regañadientes, debió replegarse de estas tierras, quedándose sólo con pequeñas posesiones en el Caribe que la despojaron de su papel de potencia dominante.

En términos generales esa fue la matriz que fijó la historia del subcontinente durante cien años. Pero no fue una historia pasiva, donde los dominadores impusieron sus condiciones sin resistencias; por el contrario, fue una historia de luchas feroces, de violencia extrema, de sufrimientos extremos. Historia que, por cierto, lejos está de haber terminado. Desde la suprema violencia inaugural que trajo la conquista europea (genocidio militar y cultural, con el agregado de la gripe como arma más mortífera que los arcabuces), la violencia ha sido una constante en las relaciones sociales. Con los tiempos cambiaron sus formas, pero se mantuvo invariable como rasgo distintivo.

De las primeras rebeliones indígenas a la actual propuesta del ALBA (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, como proyecto de integración no salvajemente capitalista), o el CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en tanto mecanismo de integración política sin la tutela de Washington), las fuerzas progresistas han jugado siempre un importante papel. Las izquierdas políticas, entendidas en sentido moderno (con un talante socialista podríamos decir, marxistas incluso), han estado siempre presentes en los movimientos del pasado siglo. De hecho, con diferencias en sus planteamientos pero con un mismo norte, en casi todas las sociedades latinoamericanas se dieron procesos populares de construcción de alternativas socialistas, o nacionalistas antiimperialistas, o reformistas al menos, pero siempre en búsqueda de mayores niveles de justicia. En algunas llegando a ocupar aparatos de Estado: en Guatemala con la "primavera democrática" entre 1944 y 1954 con su reforma agraria, en Chile en la década del 70 con Salvador Allende, Cuba con su heroica revolución, Nicaragua con los sandinistas en toda la década de los 80, la actual Venezuela y su Revolución Bolivariana, o Bolivia y Ecuador, con sus dinámicos movimientos indígenas que terminaron en propuestas políticas socializantes. Y en otras experiencias, peleando desde el llano: movimientos sindicales, reivindicaciones campesinas, insurgencias armadas.

Sin ánimo de hacer un pormenorizado estudio de esta historia, lo que vemos entrado ya el siglo XXI es que la izquierda no está en franco ascenso (de todas esas experiencias, sólo Cuba es una experiencia popular y revolucionaria que se mantiene, en tanto Venezuela, Bolivia y Ecuador intentan profundizar sus procesos políticos, con suertes distintas). Pero en modo alguno ha muerto la lucha por mayores niveles de justicia, tal como el omnímodo discurso neoliberal actual pretende presentar. Es más: luego de la furiosa y sangrienta represión de los proyectos progresistas de las décadas de los 70/80 del siglo pasado y de la instauración de antipopulares políticas fondomonetaristas en los 90, después del derrumbe del campo socialista y un período donde los movimientos por mayores cuotas de equidad parecían totalmente dormidos, en estos últimos años asistimos a un renacer de la reacción popular.

¿Estamos entonces realmente ante un resurgir de las izquierdas, de nuevos, viables y robustos proyectos de cambio social?

Las nuevas izquierdas

Suele hacerse la diferencia entre izquierdas políticas e izquierdas sociales. Hay, sin dudas, un cierto retraso de las primeras en relación a las segundas. Para decirlo de otro modo: los planteos políticos de fuerzas partidarias a veces han quedado cortos en relación a la dinámica que van adquiriendo los movimientos sociales. Muchas veces las reacciones, protestas, o simplemente la modalidad que, en forma espontánea, han tomado las mayorías, no se ven correspondidas por proyectos políticos articulados provenientes de las agrupaciones de izquierda. Con variaciones, con tiempos distintos, pero sin dudas como efecto generalizado apreciable en toda Latinoamérica, hay un desfase entre masas y vanguardias. Lo cierto es que desde hace algunos años (podríamos decir desde fines del siglo pasado) la reacción de distintos movimientos sociales ha abierto frentes contra el neoliberalismo rampante que se extiende sin límites por toda la región.

Vale destacar que esos movimientos, novedosos en muchos casos, no se corresponden totalmente con esquemas teóricos de dos o tres décadas atrás. Ahí está, por ejemplo, el despertar de los movimientos indígenas, o las reivindicaciones de las eternamente postergadas mujeres, que se constituyen en nuevos sujetos sociales de cambio, con tanto o más empuje que las reivindicaciones de clase. Lo cual lleva colateralmente (aspecto que no se abordará aquí) a la revisión crítica de los instrumentos tradicionales de la izquierda y su lectura de la realidad en términos exclusivos de lucha de clases. Sólo para dejarlo esbozado: no hay dudas que los conceptos fundamentales del marxismo, definitivamente válidos en su raíz (lucha de clases como motor de la historia, apropiación del plustrabajo de una clase por otra), necesitan una lectura circunstanciada para la coyuntura actual, globalizada, hiper informatizada, donde nuevos actores y eternas injusticias olvidadas (inequidad de género, diferencia Norte-Sur) plantean nuevos interrogantes.

Toda esta izquierda social ha tenido impactos diversos, con agendas igualmente diversas, o a veces sin agenda específica: frenar privatizaciones de empresas públicas, organización y movilización de campesinos sin tierra, o de habitantes de asentamientos urbanos precarios, derrocamiento de presidentes como fueron los casos de Argentina, Bolivia o Ecuador, oposición a políticas dañinas a los intereses populares. Y algo fundamental desde donde empezar a considerar los nuevos tiempos post Guerra Fría: la suma de todas estas movilizaciones impidió la entrada en vigencia del Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- tal como lo tenía previsto Washington para enero del 2005.

El abanico de protestas y movilizaciones es amplio, y a veces, por tan amplio, difícil de vertebrar. Los piqueteros en Argentina o los movimientos campesinos con una importante reivindicación étnica en Bolivia, Ecuador, Perú o Guatemala, el zapatismo en el Sur de México o la movilización de los Sin Tierra en Brasil, son formas de reacción a un sistema injusto que, aunque haya proclamado que "la historia terminó", sigue sin dar respuesta efectiva a las grandes masas postergadas. ¿Hay un hilo conductor, algún elemento común entre todas estas expresiones?

Hoy por hoy, diversas expresiones de la izquierda política, de posiciones moderadas que se podrían hacer caer en el difuso campo de la "centro-izquierda" (¿o del "capitalismo serio"?) -la que en estos momentos es posible: moderada y de saco y corbata- tienen en sus manos el aparato de Estado en varios países: Brasil, Uruguay, Argentina, Nicaragua, El Salvador. A todo esto habría que sumar otras expresiones, definitivamente mucho más intragables para Washington: Cuba en primer lugar, junto a procesos más moderados como Venezuela, Bolivia o Ecuador.

Las posibilidades de transformaciones profundas desde las estructuras estatales, tal como están las cosas (deudas externas abultadas, creciente presencia militar del imperio en la región), y dada la coyuntura con que arribaron a las administraciones gubernamentales (voto en elecciones de democracias representativas, que no es lo mismo que revoluciones políticas populares), esas expresiones de las izquierdas eleccionarias son limitadas. Más aún: son izquierdas que, en todo caso, pueden administrar con un rostro más humano situaciones de empobrecimiento y endeudamiento sin salida en el corto tiempo. Pero quizá no más que eso.

En modo alguno podría decirse que son "traidores", "vendidos al capitalismo", "tibios gatopardistas". Eso, más que análisis serio, es una consigna principista. La izquierda constitucional hace lo que puede, y seguramente no puede pedírsele más. Hoy, en los marcos de la post Guerra Fría, con el triunfo de la gran empresa y el unipolarismo vigente -más aún en la región latinoamericana, histórico "patio trasero" de la superpotencia hegemónica- es poco lo que tiene por delante: si deja de pagar la ominosa deuda externa, si piensa en plataformas de expropiaciones y poder popular y si se atreve a armar a sus pueblos, sus días están contados. Pero los actuales mandatarios "progresistas" ¿hablaron en algún momento de revolución socialista en sus campañas proselitistas? ¿Levantó alguno de ellos recientemente las mismas consignas que, tres décadas atrás, proponían los movimientos armados que, sin ningún complejo ni temor, hablaban de comunismo y de confiscaciones, y a la que directa o indirectamente ellos pertenecían o apoyaban? Sin ningún lugar a dudas que no. Por eso es demasiado superficial quedarse con la idea de "traidores".

La feroz represión que vivió toda la región entre las décadas de los 70 y los 80 en el pasado siglo tuvo un efecto fríamente buscado por el imperio -en combinación con los factores de poder locales-, y sin dudas conseguido: amansó al movimiento popular, quebró su resistencia, lo llenó de terror. Hoy, con los planes neoliberales que se padecen, aún se siguen pagando las consecuencias de esa estrategia de terror. Las guerras sucias que en mayor o menor grado vivieron todos los países latinoamericanos, con desapariciones de personas, centros clandestinos de detención y tortura, arrasamiento de aldeas rurales y un virtual etnocidio en Guatemala (180.000 indígenas mayas muertos, invisibilizados en la prensa internacional dado que ese país no es de los "importantes"), todo eso no pasó en vano: logró lo que buscaba, que era justamente desmovilizar. Si no, no hubiera sido posible implementar las políticas de ajuste estructural impuestas por los organismos financieros del gran capital internacional: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sobre esos miles de muertos, desaparecidos y torturados se domesticó la protesta; de ahí que, en estos últimos años, aparece esta izquierda bien presentada, de saco y corbata, que prescinde del incendiario discurso de años atrás y que ve en la labor política en el marco de las democracias representativas el campo -a veces el único campo- de posible trabajo político.

¿Un nuevo escenario o más de lo mismo?

Luego de los años de dictadura y de terror que barrieron Latinoamérica, el retorno de las raquíticas democracias que tiene lugar para la década de los 80 del siglo pasado puede ser sentido como un importante paso adelante. Aunque sean democracias de cartón, vigiladas, condicionadas absolutamente, sin la más mínima posibilidad de alterar la estructura real de poder de cada país, luego de la monstruosa tormenta vivida con las guerras civiles pueden ser consideradas como un momento de calma. Y muchas expresiones de la izquierda, por desconcierto, por agotamiento, por oportunismo o por considerarlas un paso táctico en una lucha que no se da por perdida, comenzaron a aprovechar esos resquicios de las democracias formales.

De todos modos debe quedar claro que los sistemas políticos que brindan esas democracias representativas constituyen un espacio más, uno de tantos, en una estrategia de construcción revolucionaria, pero no más que eso, y se debería ser muy precavido respecto a los resultados finales que las luchas en esos ámbitos pueden traer para una verdadera transformación estructural. Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista con su actual nuevo perfil de "presentables bien portados con saco y corbata", no han logrado grandes transformaciones reales en las estructuras de poder contra las que luchaban armas en mano tiempo atrás (veamos el caso de las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el movimiento M-19 en Colombia). ¿Fueron "traidores" sus dirigentes? Insistamos una vez más (aunque no lo acometamos en este trabajo) con la necesidad de revisar conceptos básicos del marxismo: ¿qué significa "revolucionar" una sociedad? ¿Por qué pareciera que es tan fácil, o al menos se repite tanto la "traición" de las dirigencias? ¿No habrá que replantear -con un hondo sentido crítico constructivo, obviamente- el tema del sujeto humano y el poder? ¿Cómo es posible que se reitere tanto esto de las "traiciones"? Lo cual lleva a pensar que se debe abordar el análisis con nuevos instrumentos conceptuales; la categoría de "traición", quizá, sigue estando cargada de la antinomia "bueno-malo", probablemente desechable. Los "imprescindibles" que llegan hasta el fin en realidad son pocos, más bien rara avis. ¿Se trata de buscar super hombres al modo del Che Guevara para garantizar las revoluciones? ¿Y qué pasa si no aparecen esos líderes casi mesiánicos? Dejamos indicado una vez más la necesidad de revisar algunos postulados básicos de la izquierda: para el caso, la relación de las vanguardias con las masas.

Lo que está claro es que en el escenario de esta post Guerra Fría luego del derrumbe del Muro de Berlín, con el papel hegemónico unipolar que ha ido cobrando Estados Unidos y su plan de profundización de poderío global, Latinoamérica es ratificada en su papel de reserva estratégica. Ante la desaceleración de su empuje económico (el imperio no está muriéndose, pero comienza a ver amenazado su lugar de intocable a partir de nuevos actores más pujantes como la República Popular China, en menor medida la Unión Europea, o las grandes nuevas economías emergentes), el área latinoamericana es una vez más un reaseguro para la potencia del Norte, apareciendo ahora como obligado mercado integrado donde generar negocios, proveedor de mano de obra barata y fuente de recursos naturales a buen precio (o robados), por supuesto bajo la absoluta supremacía y para conveniencia de Washington, y secundariamente de los pequeños socios locales, las tradiciones aristocracias criollas. De esa lógica se deriva la nueva estrategia de recolonización que se dio en años recientes con los Tratados de Libre Comercio.

En realidad la iniciativa de esta absoluta liberalización comercial representa un proyecto geopolítico de Washington que, aunque comience con la creación de una zona de "libre" comercio para todos los países del continente americano, busca en realidad el establecimiento de un orden legal e institucional de carácter supranacional que permitirá al mercado y las trasnacionales estadounidenses una total libertad de acción en todo el área, en cuenta Latinoamérica como su ya tradicional área de influencia donde nadie puede entrar ("América para los americanos" sentenciaba la doctrina Monroe. Del Norte, claro está). Los marines, por supuesto, son la garantía final.

Con la firma de estos acuerdos -para nada muy "libres" que se diga- los países que los suscriban deben "constitucionalizar" los arreglos surgidos de esas normativas, viendo así debilitada su capacidad de negociación y debiendo renunciar a su soberanía en la implementación de políticas de desarrollo. ¿Quién podría creer que pequeñas economías como Bolivia, Haití o incluso Colombia, por ejemplo, negocian de igual a igual con el gigante Estados Unidos? ¿De qué libertad se habla ahí?

Dicho en forma muy sintética el ALCA, aunque no se haya firmado como originalmente estaba planteado reemplazándose por acuerdos bilaterales o regionales (el RD CAFTA, por ejemplo) apunta a los siguientes temas básicos: 1) Servicios: todos los servicios públicos deben abrirse a la inversión privada, 2) Inversiones: los gobiernos se comprometen a otorgar garantías absolutas para la inversión extranjera, 3) Compras del sector público: las compras del Estado se abren a las transnacionales, 4) Acceso a mercados: los gobiernos se comprometen a reducir, llegando a eliminar, los aranceles de protección a la producción nacional, 5) Agricultura: libre importación y eliminación de subsidios a la producción agrícola, 6) Derechos de propiedad intelectual: privatización y monopolio del conocimiento y las tecnologías, 7) Subsidios: compromiso de los gobiernos a la eliminación progresiva de barreras proteccionistas en cualquier ámbito, 8) Política de competencia: desmantelamiento de los monopolios nacionales, 9) Solución de controversias: derecho de las transnacionales de enjuiciar a los países en tribunales internacionales privados. Según expresara con la más total naturalidad Colin Powell, ex Secretario de Estado de la administración Bush (hijo): "Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas americanas el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio."

Pero ahí está la fuerza de las izquierdas, políticas y sociales: unirse como bloque regional. Esa unión, que no es un proyecto de expropiaciones precisamente, no deja de resultar una piedra en el zapato para la geopolítica del imperio.

Uno de los primeros movimientos que se dio el ALBA fue, justamente, el proyecto Petrocaribe, que consiste en suministrar crudo venezolano a precios preferenciales y con facilidades financieras para la región centroamericana. Las luces de alarma se encendieron inmediatamente en Washington. Cuando, por ejemplo, en el 2009 el presidente hondureño Manuel Zelaya coqueteó con esa idea, inmediatamente fue reemplazado con un golpe de Estado (no cruento, sino de nuevo tipo, tal como hace unos años viene ensayando el gobierno estadounidense: los golpes "suaves", en su nueva terminología).

Si bien la propuesta original del ALCA a nivel continental no se implementó como algunos años atrás habían planificado los técnicos de Washington, eso no impidió que se pusieran en marcha otros mecanismos alternos de desunión y nueva postración de cada país: se firmaron por toda la región tratados comerciales bilaterales, al par que se daban todas las facilidades necesarias para la instalación de nuevos destacamentos militares norteamericanos. Nunca como hoy Latinoamérica estuvo penetrada de bases estadounidenses. ¿Puede acaso cada una de las débiles economías latinoamericanas, incluida la más grande del área, la brasileña, negociar en un pie de igualdad con el gigante del Norte? Sin dudas que no. ¿Pueden, o quieren, negociar con dignidad los gobiernos latinoamericanos y las oligarquías a quienes representan, como países autónomos, y rechazar las imposiciones de Washington? Sin dudas que no. ¿Pueden las actuales tibias izquierdas en el poder fijar nuevas perspectivas? Eso es, justamente, lo que abre un nuevo escenario.

A las imposiciones de "libre" comercio impulsadas por el gobierno de Estados Unidos se unen las iniciativas militares de la gran potencia y los nuevos demonios que circulan la región preparando el escenario para eventuales futuras intervenciones bélicas: la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional. A partir de estos nuevos fantasmas, las fuerzas armadas estadounidenses profundizan su presencia en el subcontinente. Ahí está el Plan Colombia y su intento de extirpar a los movimientos guerrilleros colombianos FARC y ELN -que controlan un tercio del territorio nacional-, y base de operaciones para una nada improbable intervención contra la Revolución Bolivariana en Venezuela (el Plan Balboa, ya listo y a la espera de ser efectivizado en algún momento). Ahí está la enorme base -con capacidad para 16.000 soldados- creada en Paraguay (para asegurar el acuífero guaraní, principal reserva de agua dulce del planeta, y el gas boliviano); ahí están el reguero de bases por toda el área, los ejercicios provocativos en aguas del Caribe (léase: demostración contra Cuba y Venezuela), las bases en la Patagonia argentina. Si el gigante del Norte está en decadencia, en la región latinoamericana su presencia no ha desaparecido; quizá por ese mismo declive el tradicional "patio trasero" sale más perjudicado que nunca, dado que es su retaguardia. En un futuro no muy lejano, el petróleo que a Washington se le podrá complicar en Medio Oriente sin dudas saldrá de América Latina. Y el agua dulce también, así como minerales estratégicos, o los biocombustibles.

¿Hacia una nueva relación Estados Unidos-Latinoamérica, o "más de lo mismo"?

Latinoamérica es la región del orbe con mayor inequidad; sus diferencias entre ricos y pobres son mayores que en ninguna otra parte. Con los planes de achicamiento de los Estados y las recetas neoliberales que la atravesaron estas últimas décadas, la exclusión social creció en forma agigantada: en los inicios de la década del 80 había 120 millones de pobres, pero esta cifra aumentó a más de 230 millones en los últimos 20 años, y de ellos más de 100 millones son población en situación de miseria absoluta. Así como creció la pobreza, igualmente creció la acumulación de riquezas en cada vez menos manos. El caso casi anecdótico del mexicano Carlos Slim (la persona más adinerada del mundo en la actualidad) es un elocuente símbolo de esa tendencia. La deuda externa de toda la región hipoteca eternamente el desarrollo de los países, y sólo algunos grandes grupos locales -en general unidos a capitales transnacionales- crecen; por el contrario, las grandes masas, urbanas y rurales, decrecen continuamente en su nivel de vida. Lo que no cesa es la transferencia de recursos hacia Estados Unidos, ya sea como pago por servicio de deuda externa o como remisión de utilidades a las casas matrices de las empresas que operan en la región.

Como contrapartida de este enriquecimiento de muy pocos, las masas trabajadoras han retrocedido en derechos mínimos: sus salarios son equivalentes a lo que recibían 30 años atrás al mismo tiempo que han perdido conquistas ganadas en décadas de lucha en el transcurso del siglo XX. Se han envilecido o perdido la estabilidad laboral, la negociación colectiva, los seguros sociales, el derecho a la sindicalización. En el campo se encuentran situaciones de tanta precariedad como a principios del siglo pasado y el éxodo ilegal hacia Estados Unidos como recurso último de salvación se agiganta día a día, pese a la crisis financiera que atraviesa el país del Norte. En ese marco de retroceso social han aparecido nuevos elementos, sin dudas ligados indirectamente a las políticas neoliberales: aumento de la narcoactividad y del crimen organizado, creciente delincuencia y clima de violencia urbana, explosión de niñez desprotegida que termina viviendo en la calle. No son infrecuentes los casos de esclavitud encubierta así como el turismo sexual, las adopciones ilegales de niños por familias del Norte, las pandillas juveniles armadas y violentas, el aumento escandaloso del trabajo infantil, todos ellos síntomas de un deterioro social y humano explosivo.

Ante todo este desolador panorama -en algún sentido nada distinto en Latinoamérica de lo que la caída del socialismo soviético permitió por parte del gran capital transnacional en todas las latitudes del mundo, incluido el Norte desarrollado-, y después de unos primeros años de repliegue del campo popular producto del terror dejado por las guerras sucias, vemos en los últimos años del pasado siglo y en los primeros del presente nuevas oleadas de luchas. Independientemente que las llamemos "socialistas" o no, son luchas con un claro signo popular, reivindicatorio, antiimperialista. He ahí el ejemplo más vivaz de la izquierda social que, como decíamos, no siempre se ve correspondida por las izquierdas políticas.

Aunque no hay en la actualidad una clara propuesta articulada de proyecto político transformador -como lo hubo décadas atrás, a partir del que se desatara la salvaje represión ya mencionada-, las luchas populares continúan. Es más: en estos últimos años se van viendo incrementadas. Ya son varios los presidentes -De la Rúa en Argentina, Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en Ecuador, Sánchez de Losada y Meza en Bolivia- removidos de sus cargos producto de esas movilizaciones al no dar respuestas a los acuciantes problemas sociales. Y vuelve a hablarse sin temor de antiimperialismo, de la política exterior y del gobierno de Estados Unidos como "enemigos". De todos modos, toda esa efervescencia, por sí sola no constituye un proyecto revolucionario en sí mismo. Pero es un germen, sin dudas. De ahí que para la estrategia hemisférica de Washington este alza en las protestas constituye siempre un foco de preocupación.

Las actuales administraciones políticas con talante izquierdizante a que asistimos en Latinoamérica (izquierdas no cuestionadoras de la estructura del sistema, repitamos), sin ser "traidoras" a la causa revolucionaria en sentido estricto (¿quién y desde dónde dice eso?), están en una situación ambigua. Llegaron al poder con el apoyo popular, pero su proyecto no es gobernar en función de un cambio profundo. Ninguno de estos presidentes ha hablado, por ejemplo, de suprimir la propiedad privada. De todos modos no son descarnados neoliberales sentados sobre las bayonetas de dictaduras militares: representan propuestas con una "tendencia social", con una "preocupación social" (digámoslo con ese neologismo), y por tanto tienen en el gran capital estadounidense, les guste o no, su gran enemigo. Pero su misma ambigüedad no les permite ir abiertamente contra él. De hecho, en una relación de marchas y contramarchas no exenta de tensiones, la misma administración republicana de la Casa Blanca ha alabado en más de un caso a estas izquierdas alineadas (y las seguirá alabando, siempre y cuando continúen pagando la deuda, no impidan seguir ganando cantidades siderales de dinero a las empresas estadounidenses y le abran sus puertas a las fuerzas armadas del Pentágono). Esas izquierdas, si no se quitan el "saco y la corbata", seguirán siendo bendecidas por el imperio.

Pero hay otras izquierdas que hacen gobierno desde otra perspectiva: Cuba, o recientemente Venezuela con su Revolución Bolivariana. Justamente por ello son el blanco de ataque del gran capital y de todas las administraciones estadounidenses. Jamás serán bendecidos; al contrario, están en la mira de los cañones imperiales. En el caso de Venezuela, principal reserva de petróleo del mundo, su situación podría llegar a resultar trágica incluso (¿un nuevo Irak?). El socialismo del siglo XXI y esas reservas son demasiada provocación para la élite de la gran potencia.

Lo que sí preocupa a Washington, ahora tanto como en todo el transcurso del siglo XX, es el movimiento popular, la organización de base. Las izquierdas que ocupan aparatos de gobiernos pueden ser más manejables; las masas, no tanto.

Por eso, como parte de una política que no ha cambiado en lo sustancial en los últimos cien años, la opción militar nunca ha desaparecido. Si bien es cierto que hoy por hoy en la estrategia hemisférica de Estados Unidos no son necesarias las dictaduras militares como lo fueron durante el auge de la Guerra Fría en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, en estos últimos años las frágiles democracias latinoamericanas han permanecido siempre vigiladas por la atenta mirada castrense. Pero no la de las fuerzas armadas vernáculas, sino directamente por militares del norte. Y cuando fueron necesarias intervenciones -el "golpe suave" de Honduras, por ejemplo, o los intentos de desestabilización que tuvieron Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador- permiten ver que la opción militar, disfrazada quizá, o con ropajes nuevos, nunca ha desaparecido.

Distintos documentos de la política exterior a largo plazo y planificación estratégica de Washington reafirman tanto su supuesto derecho a intervenir en la región (su eterno "patio trasero"), así como la apelación a la acción armada toda vez que lo estime necesario. Tanto el "Documento Santa Fe IV 'Latinoamérica hoy'" -clave filosófica de los actuales halcones republicanos que son quienes realmente fijan la política exterior- como el "Documento Estratégico para el año 2020 del Ejército de los Estados Unidos" o el Informe "Tendencias Globales 2015" del Consejo Nacional de Inteligencia, organismo técnico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), presentan las hipótesis de conflicto social desde una óptica de conflicto militar, completamente. La reducción de la pobreza y el combate contra la marginación recogidas en la ambiciosa (y quizá incumplible en los marcos del capitalismo) agenda de los "Objetivos y Metas del Milenio" de Naciones Unidas es algo que no entra en los planes geoestratégicos del imperio. Al que proteste, palo; no hay otra respuesta. Y los recursos naturales ubicados en Latinoamérica (petróleo, agua dulce, biodiversidad de sus selvas y minerales estratégicos) son considerados como propios. Por supuesto que a quien proteste: también palo. El Plan Colombia, las estrategias de Tres Fronteras, Alcántara, Misiones, Cabañas 2000, la Iniciativa Regional Andina o la cohorte de bases militares por toda la región, entre otras cosas, nos lo recuerdan.

El principal enemigo de Washington siguen siendo los movimientos populares, lo que podríamos llamar la izquierda social y no tanto las izquierdas políticas (hoy, al ocupar posiciones de gobierno, fieles pagadoras de la deuda externa y preocupadas, más que nada, por salir en televisión). Según el referido informe de la CIA: "Tales movimientos se incrementarán, facilitados por redes transnacionales de activistas de derechos indígenas, apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y ecologistas". El "papel amenazante a la estabilidad regional" (léase: amenaza a los intereses de la oligarquía estadounidense), según esta lógica, está dado por "organizaciones sociales, pueblos indígenas y organismos no gubernamentales de derechos humanos y ambientalistas"; a lo que, como parte de una bien articulada propuesta de manipulación informativa, se suman el "narcotráfico" y el "terrorismo internacional" (hasta las pandillas juveniles -las famosas "maras"- están ligadas a Al Qaeda, según esta orquestación). De hecho, aunque resulte risible, en algún momento el gobierno estadounidense habló de la presencia de escuelas coránicas de fundamentalistas musulmanes en la triple frontera argentino-brasileño-paraguaya, justamente donde está la enorme reserva de agua dulce apetecida por la estrategia imperial. ¿Es el principal problema de Latinoamérica la violencia delincuencial que se vive en casi todos los países, o eso es un efecto de la pobreza estructural? O más aún: ¿cuánto hay de manipulación mediática en todo el fenómeno?

Las actuales izquierdas que gobiernan algunos países latinoamericanos no son la principal fuente de preocupación del imperio; pero sí la idea de unión que entre ellas se podría dar. El fantasma de la integración latinoamericana sí inquieta.

Como bien lo dijo el premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel: "el único país que tiene un proyecto estratégico para América Latina, lamentablemente, es Estados Unidos, y no es, precisamente, el que necesita nuestro continente".

Las actuales propuestas de profundización del ALBA, y eventualmente su complemento, el CELAC, constituyen una interesante iniciativa en la dirección de la integración hemisférica con un sentido social. Las mismas pretenden fundamentarse en la creación de mecanismos para crear ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basa en la creación de Fondos Compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a las naciones débiles frente a las principales potencias; otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques subregionales, buscando identificar no solo espacios de interés comercial sino también fortalezas y debilidades para construir alianzas sociales y culturales. Como sintetizó el presidente Chávez el corazón de todo esto: "Es hora de repensar y reinventar los debilitados y agonizantes procesos de integración subregional y regional, cuya crisis es la más clara manifestación de la carencia de un proyecto político compartido. Afortunadamente, en América Latina y el Caribe sopla viento a favor para lanzar el ALBA como un nuevo esquema integrador que no se limita al mero hecho comercial sino que sobre nuestras bases históricas y culturales comunes, apunta su mirada hacia la integración política, social, cultural, científica, tecnológica y física".

"Hay una alianza izquierdista y populista en la mayor parte de América del Sur. Esta es una realidad que los políticos de Estados Unidos deben enfrentar, y nuestro mayor desafío es neutralizar el eje Cuba-Venezuela", escribió algunos años atrás Otto Reich, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, en el artículo titulado "Los dos terribles de América Latina", en la revista derechista estadounidense National Review. No era esa sólo la opinión en solitario de un funcionario de la administración Bush; por el contrario habla de la verdadera política de los halcones de la Casa Blanca hacia la considerada su natural zona de influencia. Y son ellos, su estrategia como clase, los que realmente fijan la dirección del imperio, más allá que la administración de turno sea republicana o demócrata.

Ahí están las claves de la relación del imperio con sus súbditos. Una nueva izquierda remozada, que dejó atrás las armas de la guerrilla, que no habla de confiscaciones y poder popular (porque no puede, porque se quebró, por ambas cosas, etc.) es tolerable. Incluso, como parte de las dinámicas del interjuego político, hasta deseable en la lógica de dominación; es una manera de demostrar que aquellos "sueños juveniles" del socialismo eran irrealizables, y ahora, sin barba y bien peinados, estos nuevos funcionarios ratifican "el fin de la historia". Lula, el ahora ex presidente de Brasil, lo dijo sin pelos en la lengua: "socialismo moderado, dejando atrás los sueños juveniles".

Pero cuando las relaciones se plantean de igual a igual, cuando la dignidad no se negocia, vuelven a sonar los tambores de guerra por parte de la gran potencia. Esa matriz no ha cambiado. La historia tampoco ha terminado, y de lo que se trata es de ver cómo esa izquierda social (movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, insurgentes que no se han resignado, lo que para Washington continúan siendo las "amenazas a la estabilidad regional", y lo que quede de clase obrera organizada, movimientos de mujeres, intelectuales progresistas) puede articularse en una propuesta de integración regional, de Patria Grande, como pretendió Bolívar. En un mundo de globalización, de grandes bloques y políticas a escala planetaria, la izquierda social, la izquierda desde abajo, popular, sólo unida puede enfrentarse con posibilidades de éxito al todavía poderoso imperio estadounidense.

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Hugo Chávez, la Agence France-Presse y el papel de los medios informativos

Salim Lamrani (LE MONDE DIPLOMATIQUE)

Introducción

La visita del Presidente iraní Mahmud Ahmadinejad a Venezuela, el 9 de enero de 2012, fue objeto de una cobertura mediática internacional. La Agence France-Presse (AFP) también cubrió el evento a través, entre otros medios, de su cadena de televisión AFPTV. No obstante AFPTV es culpable de un grave desmán por la publicación y manipulación de un video cortado del discurso del Presidente venezolano Hugo Chávez, que contraviene la ética periodística que obliga a la prensa a trasmitir una información veraz y no tergiversada a la opinión pública. Este caso lleva inevitablemente a cuestionar el papel de los medios informativos en nuestras sociedades.

La Agence France-Presse (AFP)

La AFP es la primera agencia mundial de información, ya que su historia se remonta a la creación en 1835 de la agencia Havas “pionera de las agencias de prensa internacional”. En 1944, un grupo de periodistas resistentes recuperó el control de la Oficina Francesa de Información -entonces bajo el control del régimen de Vichy durante la ocupación nazi- y la rebautizó como Agence France-Presse. (1)

La institución se autoproclama “agencia de prensa independiente” a pesar de que una parte sustancial de su presupuesto depende de las suscripciones de los servicios públicos, es decir del Estado. No obstante sus principios fundamentales, definidos en el estatuto de 1957, deben garantizar “la independencia de la agencia y la libertad de acción de sus periodistas”. Según el artículo 2, “la Agence France-Presse no puede bajo ninguna circunstancia tener en cuenta influencias o consideraciones que puedan comprometer la exactitud o la objetividad de la información; bajo ninguna circunstancia debe pasar bajo control, de hecho o de derecho, de un grupo ideológico, político o económico”. Así, la AFP reivindica su imparcialidad y objetividad. (2)

La AFP dispone de una red de 2.900 colaboradores de 80 nacionalidades, ubicados en 165 países, que informan en seis lenguas diferentes (francés, inglés, español, alemán, portugués y árabe) “de la marcha del planeta, las 24 horas del día, en video, texto, fotos, multimedia e infografía”. (3) La agencia difunde 5.000 cables diarios en todos los campos de la actualidad y dispone, además del texto, de un servicio fotográfico internacional (2.000 fotos diarias y 8 millones de fotos de archivos), de un canal de televisión AFPTV (500 videos mensuales) y de un servicio multimedia. (4)

La AFP reivindica una marca de fábrica que explica, según ella, su fama en el mundo entero: la credibilidad. Se ilustra mediante la siguiente máxima: “la fiabilidad es nuestro prioridad absoluta”. El organismo se compone de “periodistas profesionales experimentados” que “ejercen su profesión con el mayor rigor”, “clasifican, jerarquizan las noticias, verifican los hechos para ponerlos en perspectiva”. Según la entidad de prensa, proporciona “una información rápida, verificada y completa sobre los eventos que conforman la actualidad internacional”. (5)

La visita del Presidente Ahmadinejad a Venezuela

Durante la visita oficial del Presidente iraní Mahmud Ahmadinejad a Venezuela, AFPTV publicó un video de 58 segundos bajo el título “Ahmadinejad y Chávez ‘atacarán Washington’”, en el cual los periodistas L. Ramirez y L. de Suremain transcriben un extracto del discurso del Presidente Hugo Chávez en la puerta del Palacio Presidencial. Los dos presidentes se encuentran uno al lado del otro, rodeados de oficiales del ejército. La voz en off traduce entonces las palabras de Chávez y el extracto se lee como sigue: “Ahmadinejad y yo, desde la puerta del Palacio Presidencial, apuntaremos Washington con cañones y misiles. Porque vamos a atacar Washington”. (6)

Así, en el reportaje que realizó AFPTV, parece que el Presidente Chávez amenaza a Estados Unidos con un ataque militar. El mensaje parece bastante extraño y sorprende a la opinión pública. ¿Acaso se trata de una declaración de guerra a la potencia estadounidense, sabiendo que las relaciones entre las dos naciones son conflictivas desde hace más de una década? Resulta imposible saber más debido a la brevedad del extracto.

No obstante, un análisis del discurso completo de Chávez permite descubrir una realidad completamente diferente. En efecto, AFPTV cortó deliberadamente el discurso y seleccionó un extracto para hacer creer a la opinión pública que Chávez amenazaba explícitamente a Estados Unidos. En realidad, las palabras del presidente venezolano criticaban la estigmatización de Irán y Venezuela por parte de Estados Unidos y una gran parte de la prensa occidental. La declaración completa es totalmente distinta:

“Dicen los voceros del imperialismo, dicen los medios de comunicación del imperialismo, y lo repiten como loros sus lacayos en estos países, que Irán está en Venezuela, que Ahmadinejad está en Caracas, porque en este mismo instante, a las dos y media de la tarde, vamos Ahmadinejad y yo, casi desde los sótanos de [l palacio presidencial de] Miraflores, a afinar la puntería rumbo a Washington y que van a salir de aquí unos cañones muy grandes y unos misiles porque vamos a atacar a Washington. Casi es lo que están diciendo. O que estamos debajo de esta colina donde están los periodistas y las periodistas, supuestamente eso se va a abrir así y una gran bomba atómica saldrá. Casi eso es lo que están diciendo. Para reírnos pero para estar en alerta también. (7)

La voluntad de manipulación y engaño es manifiesta, sin contar los errores -¿voluntarios?- de traducción. Frente a las protestas que salieron en Internet, la AFP modificó el título inicial y lo sustituyó por “Chávez ironiza diciendo que va a atacar a Estados Unidos”. (8) La agencia también publicó el siguiente comentario en su cuenta de Facebook:

“La AFP publicó una versión corregida de un video sobre las declaraciones del presidente venezolano Hugo Chávez durante la reciente visita a Caracas de su homólogo iraní Mahmud Ahmadinejad. De las seis versiones de este video de AFP, la versión en francés comportaba un error por falta de contextualización de una declaración del señor Chávez. Una nueva versión de este video, contextualizada, se ha difundido”. (9)

Pero otra vez el título -único cambio en el nuevo video- miente. Porque el Presidente Chávez no ironiza sobre un eventual ataque a Estados Unidos, sino que critica las declaraciones de los medios de comunicación que pretenden que Venezuela e Irán están a punto de declarar la guerra a Washington. Así, la AFP transforma una crítica de la prensa occidental en un discurso belicista antiestadounidense.

Por otra parte, este ajuste no convenció a los internautas, escandalizados por el comportamiento de la agencia de prensa como ilustran algunos comentarios: “¡Es la AFP la que lanza misiles sobre la información y la opinión pública!”, “el video original es una prueba irrefutable de calumnia y manipulación del pueblo francés”, “agencia de propaganda”, “es de creer que todo el mundo quiere de verdad una guerra contra Irán y Venezuela”, es la nueva PRAVDA” (10), “lo que han hecho es sumamente grave. Están haciendo propaganda de guerra”, “¿Cómo se han atrevido los ‘periodistas’ de la AFP a tomar semejante riesgo, con esta grotesca mentira, en la era de Internet cuando todo se puede averiguar y comprobar?”. (11)

En realidad, el discurso del Presidente Chávez, que duró cerca de media hora y que AFP redujo a esos 58 segundos, era más bien un alegato por la paz mundial que una declaración de guerra a Estados Unidos, como lo ilustran estos extractos:

- Chávez: “El más grande anhelo de nuestros pueblos es la paz y nos acusan a nosotros de guerreros o de guerreristas. No somos guerreristas. Irán no ha invadido a nadie. La Revolución Islámica no ha invadido a nadie. La Revolución Bolivariana no ha invadido a nadie. No le hemos lanzado bombas a nadie. ¿Quién ha invadido países y pueblos enteros durante 100 años y más? ¿Quién ha lanzado miles y miles de bombas sobre pueblos indefensos, incluyendo bombas atómicas? ¿Quién ha propiciado golpes de Estado, masacres y genocidios? ¿Quién ha utilizado la guerra química, la guerra biológica, la guerra bacteriológica contra pueblos enteros? No somos nosotros. Nosotros somos parte de los pueblos que han sido agredidos. Y seguimos siendo agredidos. Y Nos pretenden presentar como agresores. Tal como dice Eduardo Galeano: “la historia del mundo al revés”.

Del mismo modo, el discurso del presidente iraní no era forzosamente hostil a Estados Unidos:

- Ahmadinejad: “Nosotros amamos a todos los pueblos, incluso al pueblo estadounidense que está bajo el dominio de los arrogantes y que está sufriendo. Estamos con todos los pueblos para que puedan lograr sus derechos fundamentales. Nuestra arma es la lógica. Nuestra arma es la cultura. Nuestra arma son los valores humanos. Nuestra arma es el esfuerzo y el trabajo para reivindicar los derechos de los sufridos y desheredados. Nuestras armas son el amor, el cariño y la amistad”. (12)

Conclusión

El caso de AFPTV es emblemático de los desmanes periodísticos cada vez más frecuentes. En efecto, numerosos medios de comunicación ya no desempeñan su papel de informadores y analistas, sino que se contentan con un papel de propagandistas al servicio de la ideología dominante y del orden establecido. La concentración de los medios en grandes grupos económicos y financieros atenta gravemente contra la imparcialidad e independencia de esta misma prensa que responde a una agenda política muy precisa, en detrimento de la difusión de una información fiable.

La Carta de Ética Profesional de los Periodistas “considera el espíritu crítico, la veracidad, la exactitud, la integridad, la equidad y la imparcialidad como los pilares de la acción periodística; considera la acusación sin pruebas, la intención de dañar, la alteración de documentos, la deformación de hechos, la desviación de imágenes, la mentira, la manipulación, la censura, la autocensura y la falta de comprobación de los hechos, como las desviaciones profesionales más graves”. (13)

En vez de respetar esta profesión de fe, la AFP es culpable de una drástica falta de profesionalidad, engaña a la opinión pública y se mofa de los principios fundamentales de la profesión periodística, en particular de su propio estatuto. En este caso preciso, la agencia se ha comportado como una oficina de propaganda destinada a desprestigiar al Presidente venezolano Hugo Chávez, ultrajando así la memoria de sus padres fundadores que, bajo el yugo nazi, eligieron luchar contra la desinformación, “difundir la verdad, de contrabando si fuera necesario” -parafraseando a Robespierre-, con el fin llevársela a los ciudadanos.

Salim Lamrani es Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Etat de siège. Les sanctions économiques des Etats-Unis contre Cuba, París, Ediciones Estrella, 2011, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade.

Notas:
1) Agence France-Presse, «Notre histoire». http://www.afp.com/afpcom/fr/content/afp/historique (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
2) Ibid.
3) Agence France-Presse, «Nos missions». http://www.afp.com/afpcom/fr/content/afp/nos-missions (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
4) Agence France-Presse, «Nos services ?». http://www.afp.com/afpcom/fr/content/afp/nos-services (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
5) Agence France-Presse, «Qui sommes-nous ?». http://www.afp.com/afpcom/fr/content/afp (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
6) Agence France-Presse TV, «Ahmadinejad et Chávez ‘attaqueront Washington’», 12 de enero de 2012. http://www.dailymotion.com/video/xnmnx0_ahmadinejad-et-chavez-attaqueront-washington_news (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
7) Vincent Lapierre, «l’AFP en flagrant délit de manipulation sur Chavez et Ahmadinejad», Agora Vox, 12 de enero de 2012. http://www.agoravox.tv/actualites/international/article/l-afp-en-flagrant-delit-de-33296 (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
8) AFPTV, «Chávez ironise en disant qu’il va attaquer les USA», 12 de enero de 2012. http://www.dailymotion.com/video/xnmo85_chavez-ironise-en-disant-qu-il-va-attaquer-les-usa_news (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
9) Agence France-Presse, https://www.facebook.com/notes/agence-france-presse/birmanie-le-pouvoir-signe-un-cessez-le-feu-avec-les-karens/350015721677140 (sitio consultado el 15 de enero de 2012).
10) Ibid.
11) AFPTV, «Chávez ironise en disant qu’il va attaquer les USA», op. cit.
12) Vincent Lapierre, op. cit.
13) Syndicat national des journalistes, «Charte d’éthique professionnelle des journalistes», mars 2011. http://www.snj.fr/spip.php?article1032 (sitio consultado el 13 de septiembre de 2011).

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¿Puebladas o deslegitimación político-democrática?

Roberto Fermín Bertossi (especial para ARGENPRESS.info)

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«Ningún miedo tengo de esos hombres
que tienen por costumbre dejar en el centro de sus ciudades
un espacio vacío al que acuden todos los días
para intentar
engañarse unos a otros bajo juramento».
Ciro, Rey de los persas,
despreciando la democracia ateniense
antes de ser derrotado por ellos.

La pueblada en Famatina se mueve. Este noble y cabal gesto ciudadano de asociarse con fines útiles para peticionar públicamente, revela clara y masivamente no solo el ejercicio de un derecho propio con especial alcurnia constitucional sino `el abismo´ que podría estar gestándose entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio.

Lo que fueron concentraciones ciudadanas espontáneas, se extiende ahora como práctica cotidiana de discusión, debate, precaución y reivindicación a los espacios públicos y/o medios de comunicación de pueblos y ciudades en Santa Cruz, San Juan, Salta, Catamarca, Jujuy, Mendoza y Neuquén.

Puntualmente, adhirieron al reclamo popular riojano, múltiples y diversas movilizaciones populares en seis provincias: Mendoza, Río Negro, Catamarca, Córdoba, Chubut y Buenos Aires.

En su caso, el comunicado de las Puebladas o Asambleas Riojanas remarca: “Instamos a las comunidades riojanas a organizarse para resistir e impedir la explotación y enajenación de nuestros recursos naturales comunes en resguardo de la soberanía provincial y nacional como de los intereses propios e intangibles de las futuras generaciones”.

Simultáneamente un comunicado municipal autónomo y oficial, proclamó: ”El pueblo de Famatina no quiere la actividad minera como una actividad para nuestra región. La gente apuesta al turismo o a la producción de nueces, duraznos, uvas, peras” (intendente Ismael Bardogaray).

En esas “puebladas” se ha visto cómo ciudadanos de todas las edades, clases y ocupaciones confluyen en una misma reivindicación: influir y prevalecer ante todos los aspectos e irracionalidades que podrían afectar sus vidas cotidianas rechazando aquellos `caciquismos´ que se inclinan y claudican ante intereses en tanto adversos y perversos para la vida humana de todos los argentinos, definitivamente.

Con estas puebladas no se abandona la plaza sino que desde el testimonio de intemperies compartidas, se gana un terreno mucho más amplio. Así, los espacios montañosos, rurales y barriales aparentemente distantes confluyen de una u otra forma en redes sociales y territoriales, redes que tienen como denominador común posibilitar el debate político y la participación de sus habitantes. Lo que en un principio dio lugar a una concentración que ayudaba a visualizar una primaria indignación naturalmente reactiva, ahora se transforma en puntos de acción interconectados y proactivos que trabajan en la realidad cotidiana por la conservación y la reivindicación ciudadana de sus recursos naturales que, por lo demás, es algo más sólido que el verdadero espíritu y propósito de la nueva ley de tierras argentinas.

Así, los protagonistas de las puebladas vienen esclareciendo sobre engaños e intereses espurios que contarían con la tolerancia y la complacencia del poder delegado; argumentando y contra argumentando (mucho más ahora cuando la estrategia oficial salio precipitadamente a “persuadir” pretendiendo subsidiariamente explicar lo inexplicable) informando, concientizando, dialogando y, de todo esto, van surgiendo consensos y posicionamientos que prudentemente no deberían ignorarse.

Finalmente entonces, la desconexión entre quienes toman ciertas decisiones mineras y los que las sufren se ha vuelto flagrantemente peligrosa e insostenible. La desdeñosa e inconstitucional política minera dominante no solo viene perdiendo legitimidad sino que encarnó la resistencia a partir de núcleos humanos de base representados en las puebladas. Su valiente difusión es positiva, pues de forma simultánea los ciudadanos antes des-conexos, inadvertidos e incomunicados, ahora se ven unidos y mancomunados por la fuerza de su presencia, de su palabra compartida e intercomunicada en una admirable estrategia y determinación de afines con el firme propósito patriótico, republicano y pacífico de hacer valer todo su poder originario, toda su propia soberanía, tan intangibles, tan intransferibles como innegociables.

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Naciones del ALBA a la par de Argentina en reclamo por Malvinas

Emilio Marín (LA ARENA)

Concluyó en Caracas la XI Cumbre del ALBA, con acuerdos políticos y económicos que profundizan la integración regional. Argentina no es miembro de ese espacio, pero fue invitada y recibió fuerte apoyo por las islas.

La Alternativa Bolivariana de Nuestra América fue fundada en diciembre de 2004 por Cuba y Venezuela. Desde entonces, por convicciones propias sobre la unidad e integración regional, y por el empujón que dio la crisis mundial, otros gobiernos dieron un paso hacia la sumatoria.

En agosto de 2008 Manuel Zelaya tomó esa valiente decisión integracionista y eso le costó en Honduras el golpe de Estado de junio de 2009. Roberto Micheletti, el golpista, y su sucesor Porfirio Lobo, sacaron a Tegucigalpa de ese lugar.

Los socios son Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Dominica, Antigua y Barbuda, y San Vicente y las Granadinas. Ahora volverán a ser más, porque la XI Cumbre de los días 4 y 5 de febrero pasado sumó a tres países caribeños. Santa Lucía y Surinam pasaron a la categoría de invitados especiales permanentes, y Haití a la de invitado especial.

En poco tiempo más esas tres representaciones caribeñas estarán como miembros plenos y habrá seis naciones del Caricom (Comunidad del Caribe), más de la mitad de las mismas.

En ese reclutamiento mucho ha tenido que ver Venezuela con su ayuda petrolera o con renta derivada de ese recurso que tiene en exceso.

Chávez no pudo conformar una petrolera de toda Sudamérica (por reticencias de Brasil y Argentina, comprometidos con las multinacionales del crudo). Concentró entonces su proyecto en una zona menor:

Petrocaribe, que ha sido una bendición para Cuba, Nicaragua y los socios caribeños viejos y nuevos. Santa Lucía y Surinam decidieron ingresar primero a la compañía regional de petróleo, y luego completarán los trámites del ALBA.

Otro tanto pasa con Haití, cuyo presidente Michel Martelly tiene gran interés en acceder a los beneficios de esa integración, teniendo en cuenta los dramas que padece el reputado país más pobre del continente (más empobrecido, que no es lo mismo).

Pero no sólo de petróleo vive el hombre. La cita comenzó por dos asuntos políticos, uno que la tocaba más de cerca y otro que se desenvuelve a miles de kilómetros del Palacio de Miraflores.

El tópico inicial fue Malvinas, donde hubo acuerdo en emitir una declaración solidaria con Argentina, comprensiva con su gobierno y muy crítica de Londres. Esta fue advertida por Chávez: si ataca, Argentina no estará sola. La mejor propuesta fue de Rafael Correa (Ecuador) de que el ALBA analizara sanciones conjuntas contra el Reino Unido si no devuelve las islas.

ALBA político

Vinculado con Malvinas, Evo Morales hizo otro aporte significativo: que el ALBA tuviera su propio Comité de Defensa, para adoctrinar a sus Fuerzas Armadas en que le deben obediencia a sus pueblos y no al imperio, en referencia a Yanquilandia.

La Comisión Política, integrada por los cancilleres, debatirá próximamente esa iniciativa del aymara, recibida con aprobación por los representantes. Chávez, entusiasmado, dijo que se debía elaborar una doctrina militar en común y hacer ejercicios militares propios del ALBA.

En el Comando Sur del Ejército norteamericano con asiento en Florida, en la IV Flota y en las bases estadounidenses en Colombia, esos proyectos de Caracas deben caído muy mal. En la base inglesa de Mount Pleasant, en Malvinas, ídem.

El canciller Héctor Timerman estuvo invitado en la cumbre, por el tema malvinero. Agradeció la solidaridad y reflexionó que Argentina no estaba sola sino que era Gran Bretaña la que no salía de su soledad.

Por razones obvias de cortesía y diplomacia, ninguno de los jefes de Estado presentes le preguntó a Timerman si el gobierno cristinista piensa pedir su incorporación al espacio regional más avanzado que existe. Los argentinos sí pueden sugerir eso, porque es el alineamiento de su patria lo que estaría en debate. El cronista lo vuelve a preguntar: ¿cuándo el gobierno nacional dejará de ser parte del G-20 liderado por los decadentes EE.UU. y Unión Europea y pasará a revistar en el ALBA, nutrido por los mejores gobiernos de Latinoamérica y el Caribe?

Quizás Cristina Fernández no se lo ha planteado. Sería bueno que lo haga, que al menos abra el debate.

El otro asunto internacional que concitó la atención en Miraflores fue Siria. Aleccionados por la acción invasora anterior de las grandes potencias contra Libia, que culminó con la ocupación y el asesinato de Muammar Khadafy, los socios del ALBA debatieron la realidad siria.

Consideraron que allí se libra una inicial guerra de carácter injerencista y desestabilizador, inspirada por Washington y sus socios europeos. Creen que los centenares de crímenes supuestamente cometidos por el gobierno del presidente Bashar Al Assad, en realidad son parte del montaje de esas potencias y son responsabilidad de fuerzas separatistas que éstas alientan.

La XI Cumbre hizo valientes denuncias contra la administración Obama y pidió por la paz en Siria, pronunciándose por un diálogo de las partes en pugna que respete la unidad y soberanía del país, y el mandato del presidente Al Assad. Para el Departamento de Estado, ese pronunciamiento pro Siria sería la prueba de Chávez y Cía coordinarían políticas con Rusia y China. Es que en simultáneo, el Consejo de Seguridad de la ONU no pudo aprobar una resolución contra Damasco debido al veto de Moscú y Beijing. Siria, agradecida...

Lo económico, prioritario

Los ochos socios y sus invitados especiales no se limitaron al debate regional y mundial. Dedicaron mucha atención a los asuntos económicos, donde uno de los más enfáticos fue el presidente de Cuba, Raúl Castro.

Este se dirigió a sus colegas y a Chávez, que presidía el debate, para opinar sobre lo prioritario de lograr buenos acuerdos económicos.

Autocrítica de por medio sobre cómo procedió a veces Cuba y él mismo en estos asuntos, reflexionó que las medidas debían ser muy bien meditadas, sin apresuramientos, porque los temas son complejos y hay muchos países involucrados.

En lo económico se acordó dar nuevo impulso a Petrocaribe, siempre con el respaldo en oro negro que significa la venezolana Faja del Orinoco, donde el anfitrión expresó que "hay petróleo para 200 años" para todos los socios. Su producción pasará este año de 3 a 3.5 millones de barriles diarios.

Y coherente con esos recursos y esa solidaridad, Venezuela dispuso aportar 300 millones de dólares a un fondo del ALBA, equivalente al 1 por ciento de sus reservas comprobadas de crudo.

El Consejo Económico Permanente fijó su sede en Caracas y su secretario será el ex ministro ecuatoriano Diego Borja, propuesto por Correa. Un cable de Prensa Latina precisó que "la Secretaría Económica la conformarán los Ministros de Economía y Finanzas de los países miembros de la ALBA con el objetivo de establecer políticas que fortalezcan la integración regional, productiva y comercial. Esta designación se considera también un reconocimiento al impulso que el Gobierno ecuatoriano ha venido realizando para consolidar una nueva estructura financiera regional y la utilización del Sistema Único de Compensación Regional (Sucre)".

El referente de Ecuador tuvo varias intervenciones destacadas a lo largo del cónclave. Ya se dijo que propuso que la región adoptara sanciones contra Inglaterra si se seguía negando a negociar con Argentina la soberanía de las islas. Acusando a Londres de incumplir resoluciones de la ONU, Correa se interrogó que si los violadores de esas normas hubieran sido países latinoamericanos, "¿cuántas sanciones no les habrían votado?".

El ecuatoriano tuvo otra propuesta interesante. En abril próximo se hará en Cartagena, Colombia, una nueva Cumbre de las Américas, que reúne a todos los países menos a Cuba. Su iniciativa fue que los ocho países preguntaran a Colombia, país organizador, si la isla socialista está invitada o no. Y en caso que haya una respuesta negativa, que el ALBA boicoteará la cita. Chávez quedó chocho y mucho más Raúl Castro, quien calificó de "justa" la idea del líder de Ecuador.

La mayor parte de la reunión fue transmitida en vivo y en directo por Telesur, en un método de transparencia que no abundan en otros debates de otras entidades internacionales. Raúl Castro expresó sus reservas porque si hubiera habido alguna diferencia entre los socios, que en este caso no ocurrió, los cables exagerarían ese hecho y hablarían de que fulano se fajó con mengano. Pero al mismo tiempo puso como positivo esa transmisión para que las poblaciones "nos oigan y nos conozcan".

Lamentablemente muchos hogares argentinos no pueden ver Telesur, por negativa de Clarín-Cablevisión y por los límites de la televisión pública.

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¿Quién paga las crisis del capitalismo?

Jorge Etchenique (especial para ARGENPRESS.info)

Con palabras de Hegel, el misterio de todo fenómeno se revela en su historia. Una de las formas de abordarla es de una manera aséptica y a-social, una línea continua, ascendente, sin conflictos. Otra posibilidad de develar las intrigas es acudir a un paradigma alternativo que le otorga identidad a los hechos en tanto momentos de procesos. Entonces, una de las maneras de desentrañar esos momentos puede ser encontrarle un sentido a uno de los fenómenos que caracterizan al sistema capitalista, sus crisis.

Podemos advertirque existen crisis coyunturales, debido a sucesos puntuales desencadenados por las mismas fuerzas del capitalismo, ya sea en expansión o en declinación, o bien crisis estructurales, determinadas por el agotamiento de algunos de sus modelos y el reemplazo por otro. Un común denominador de todas ellas es que fueron aprovechadas para el disciplinamiento social y concentrar la propiedad de todo. Funcional a ese objetivo fue descargar los efectos de las crisis sobre los sectores más débiles de la sociedad.

Otra de las similitudes es que fueron el eco de cataclismos mundiales, teniendo en cuenta que el traslado inicial de las crisis es desde los países centrales a su periferia para que luego los poderes locales continúen la faena. En Argentina, podemos observar un primer ensamble entre la burbuja financiera (¡ya las había!) que desató el “Pánico de 1890” y el cuasi colapso de la británica BaringBrother con el estallido de las clases medias, la Revolución del Parque. Y es éste -el de las crisis con la conflictividad social- un enlace que no siempre coincide pero que ha fertilizado grandes acontecimientos histórico-sociales.

Crisis y conflictividad social

Por ejemplo, buceando en nuestras historias nacionales, la crisis post primera guerra mundial que afectó la rentabilidad agraria en su ecuación precios/costos/tarifas, fue una variable interviniente en la “rebelión de los braceros” bonaerenses de 1919, la que se extendió al sur de Córdoba y de Santa Fe. También se puede acudir al mismo registro para analizar las demandas de la Federación Agraria Argentina y la gran huelga de la Liga Agraria de La Pampa en 1919. Los efectos también sobrevolaron la actividad industrial, por caso de la metalúrgica Vasena, en tanto hecho desencadenante de la Semana Trágica de ese mismo año en Buenos Aires. De la misma manera, es decir crisis e intentos de disminuir la carga obrera en el producto final, tuvo lugar en la Patagonia en 1920/1921. También allí, la caída de la demanda mundial de lana contrajo la economía patagónica y los grandes estancieros acudieron al mecanismo habitual de arrojar la crisis sobre el ya bajísimo standard de vida de los trabajadores. En este contexto relacional debemos también ubicar los trágicos hechos de Jacinto Arauz de 1921.

La gran crisis mundial de 1929/1930, esta vez sí estructural, tuvo una dimensión superior desde todos los ámbitos y sin embargo no provocó reacciones a la altura de esa hecatombe del capitalismo que devastó las condiciones de vida de los productores directos. En el suelo pampeano, las pérdidas de las cosechas y de la producción ganadera por la recesión agrícola y caída acentuada de precios por efecto de la Gran Depresión, anunciaron una grave conjunción a la que se sumó una prolongada sequía, en una década que además de infame fue nefasta para el hábitat regional. En estas condiciones, vía aumento de los arrendamientos y de los fletes, los grandes propietarios y las empresas ferroviarias, dos columnas del poder, descargaron el peso de la crisis en los sectores más desprotegidos del sistema productivo. Esos fueron los temas convocantes para que miles de colonos protagonizaran un incremento de la conflictividad social en las llanuras pampeanas e inicien una movilización que pareció revitalizar las Ligas Agrarias, pero ya sin los niveles organizativos y de intensidad que tuvieron en la última rebelión de colonos en 1919.

Auge y caída de un Bienestar

La superación del vallado liberal a la intervención del Estado en la vida, tuvo la impronta de un crecimiento keynesiano. La relativa paz social que tuvo el capitalismo tras la segunda guerra mundial y que incluyó, si bien con mayores contradicciones, a los países latinoamericanos, alcanzó sus límites entre los ‘60 y ‘70 en que el descenso de la tasa de ganancia empresaria intervino para generar no una crisis más sino de todo un modelo de acumulación: el “Estado de Bienestar”. Esta nueva debacle se produjo pese a que aún se mantenía la euforia desarrollista con su expectativa de desarrollo industrial, vía las inversiones de capitales extranjeros, a los que se llegó hasta subsidiar. Junto con el ingreso a la fase autoritaria del desarrollismo –dictadura de Onganía y otros generales- aparecieron en escena las premisas económicas y culturales del neoliberalismo como propuestas superadoras de la crisis, aunque faltarán algunos años para la puesta en práctica de todas sus baterías.

El freno al modelo desarrollista estuvo dado por la convergencia de esa crisis con la agudización de la conflictividad social. Como vimos, tal conexión no es mecánica sino que debe estar mediatizada por otros factores, en este caso la irrupción de nuevos aires mundiales de rebeldía y nuevas camadas obreras que reasumieron el rol de sujetos sociales autónomos y protagonizaron tanto el Cordobazo del 29 de mayo de 1969 como otras insurrecciones urbanas. La huelga de los salineros en La Pampa fue un reflejo a nivel local de toda esa movilización de energía insumisa.

Desde los ’70 en que la última crisis estructural desembocó en el Estado Neoliberal y dejó en el pasado el Estado de Bienestar, el término “crisis” pasó a integrar el conjunto de nuestras naturalizaciones y de ese modo ocultar su raíz socio-económica. Lo notable es que su consecuencia -el “ajuste”- pasó también a la órbita de lo “natural”. La crisis condujo a “problemas de gobernabilidad” para los teóricos conservadores, resueltos a partir de señalar a sus culpables: los roles que cumplía el Estado Interventor en tanto redistribuidor de recursos y regulador de la economía. Entonces, la desvalorización del Estado, la exaltación de la iniciativa privada y la desregulación pasaron a ser los pre-requisitos para la restauración de la tasa de ganancia empresaria, cuya caída, como vemos, fue un factor clave en todas las crisis del capitalismo.

Todas estas medidas, más las que definen y deciden el desempleo o su precarización como funcionales al modelo, encuentran su concreción en los ’70 cuando la crisis del capitalismo mundial arrastra nuevamente a nuestros países periféricos. Precisamente, los ajustes son la “adaptación”, término que encubre la dependencia, al nuevo orden mundial y uno de sus efectos en políticas sociales es la “focalización”, es decir focalizar la asistencia pública sólo en los sectores más vulnerables. Se trata de una de las medidas, junto con las privatizaciones, para cumplir con la premisa central: la drástica disminución del gasto público.

¿Crisis de modelo o de sistema?

Estos históricos momentos son vitales para incursionar en los avatares de la actualidad. Entrando en el cuarto año de la peor crisis capitalista desde los años ’30, la diferencia con las anteriores es que la crisis del neoliberalismo puede ser no sólo de un modelo sino de todo un sistema. El debate gira en torno a una pregunta: ¿Existe la posibilidad de que el “arrastre” de la nueva crisis mundial sea tratada con recetas diferentes a las ya conocidas del neoliberalismo?

No hay a la vista un modelo optativo al neoliberal dentro del capitalismo, teniendo en cuenta que la salida neokeynesiana que se ensayara es sólo a cuentagotas, paliativa y sin alterar la esencia del modelo. Hasta la imagen de un capitalismo “con rostro humano” se desvanece ante la permisiva depredación de recursos, su esencia. Entonces, esta crisis es el escenario donde el capital dirime la legitimidad (consenso sobre sus ideas centrales) de su dominación y por ello hay Foros (Davos) para que otro mundo sea imposible y hay Foros (Social Mundial) para enarbolar la idea inversa.

A partir de la ortodoxia de las recetas “noventistas” que llegan desde la crisis europea, indignados mediante, las luces de alerta se encienden ante la posibilidad de que el techo oficial a las demandas salariales y la quita de subsidios a los servicios apunten a un retorno a la disminución del gasto público como medida de “ajuste”, a políticas focalizadas en lo social y por ende a la consideración -otra vez- de la marginación como “inevitable”.

En el cono sur latinoamericano se nos impone encontrar nuestra propia perspectiva estratégica a partir de nuestra propia historia. Los sueños, las esperanzas, los sufrimientos, los sacrificios y toda la energía que nos transmite la historia de nuestros pueblos no pueden seguir siendo expropiados. Sin embargo, la necesidad de una sociedad edificada sobre otras bases no la convierte por sí en un mandato infalible. Lejos de nuestra intencionalidad presentar esta relación entre crisis, traslado de sus efectos a los más débiles y resistencia social como un proceso que conducirá, de manera inexorable, a un sistema social alternativo al capitalismo. ¿Es necesidad sinónimo de inevitabilidad? Parece, en cambio, que lo que está en juego es la “categoría de peligro”. El futuro oscila entre la liberación de todo sometimiento y el espectro de un sometimiento mayor. Como afirmara Milcíades Peña, con acentos benjaminianos, “…las más grandes posibilidades de crear un mejor destino humano van acompañadas por las más tremendas posibilidades de volver hacia atrás y anular todo futuro humano”. Nos cabe una cuota de responsabilidad en que ese fiel oscilando se incline hacia uno u otro lado.

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