Dada la complejidad de este punto nos ha parecido propicio subdividirlo en una serie de acápites específicos.
Sobre los antecedentes: La reconstitución del vinculo con la gestión
Resulta claro que elevado consenso social cosechado por el oficialismo en la última contienda electoral tiene, entre otros factores, un importante componente económico que lo explica. En efecto, es la constatación que la Argentina actual y principalmente la situación de los sectores populares no tiene nada que ver con la situación vigente en el infierno del 2002 (y que como es lógico se presenta como una situación anterior a la actual gestión). Hemos señalado en reiteradas oportunidades que si bien esto es cierto, es decir que Argentina salió del infierno, el proceso vivido no permitió que se alcanzara los grados de organización social que nuestra sociedad tenía previa a la crisis de la Convertibilidad (1998) y que al mismo tiempo, tanto esa crisis, como la salida abrupta y salvaje de la devaluación del 2002 son, en gran medida, las que parieron las condiciones internas (regresión brutal de la distribución del ingreso, capacidad instalada e infraestructura disponible) que permitieron el crecimiento fácil sobre el que se montó la actual gestión. Sin embargo, lo que interesa señalar en esta parte es que efectivamente los sectores populares salieron del infierno del 2002, y que ello aconteció a partir del 2003 con la actual gestión comandando el aparato estatal. Ahora bien, la etapa abierta a partir del 2007 también tuvo un importante efecto de deterioro en el consenso social por parte de los sectores populares. En efecto, frente al crecimiento de los precios a partir del 2007, conjuntamente con el estancamiento en nivel de empleo como parte del proceso de desaceleración económica del 2008 y recesión del 2009, en las elecciones legislativas anteriores (2009) el oficialismo vivió una importante pérdida de legitimidad política (perdiendo nada menos que en la Provincia de Buenos Aires, distrito clave para la permanencia a futuro en el aparato estatal). Fue en este marco, que emergieron importantes “novedades de política económica y social”(aludidas en el punto de las medidas “progresistas” de la etapa) , en tanto se crearon mayores planes sociales (Argentina Trabaja) ; se decidió aplicar recién en ese momento parte de los recursos que se habían recuperado de la eliminación de las AFJPs para poner en marcha la Asignación “Universal” (el entrecomillado es para no perder de vista que la asignación no es universal en tanto quedan afuera 3,5 millones de pibes) , acompañados por una ofensiva contra uno de los exponentes más visibles del poder económico (pero no por ello el más importante) , como lo es la disputa con el Grupo Multimedios Clarín. A la recomposición material y simbólica con los sectores populares encaradas por las políticas de la gestión se agregaron los efectos positivos que se derivaron de la salida de la recesión del 2009 por medio del rápido crecimiento en el 2010 y 2011 que permitieron pasar de una destrucción de puestos de trabajo en el 2009 a un leve repunte del empleo en estos años (aunque manteniendo un virtual estancamiento respecto al 2007) , en el marco de aumentos nominales sobre los ingresos de los sectores populares (salarios de convenio, jubilaciones, asignaciones pero no planes sociales) que son vividos como mejoras en el poder adquisitivo de carácter temporal (pero mejoras al fin) hasta que tienden a licuarse paulatinamente por la persistencia en la tasa de inflación (que diluye la mejora) produciendo una expectativa social respecto al siguiente aumento nominal.
Sobre las amenazas: La crisis fiscal como espada de Damocles del ajuste
Ahora bien, la recomposición del vínculo con los sectores populares supuso para la actual gestión tensar al máximo las cuentas fiscales en un contexto donde el menor crecimiento y la recesión estrechaban los márgenes de acción en esta materia. Así desde el 2007 las cuentas fiscales muestran un déficit que se ha cubierto con recursos extrapresupuestarios (ANSES; Banco Central, fundamentalmente) pero que paulatinamente se muestran insuficientes para hacer frente a la totalidad de compromisos fiscales (remuneraciones, jubilaciones, planes sociales, subsidios a sectores económicos, pagos de deuda pública, etc). Así, en el 2011 a pesar de todos los recursos extrapresupuestarios, estos no alcanzan para cubrir la totalidad de los gastos, presentando las cuentas públicas un déficit financiero (situación similar a la del 2009 con la diferencia que el déficit del 2011 triplica el de aquel año). La situación para el 2012 lejos de mejorarse empeora, toda vez que de mantener las tendencias actuales, el 2012 sería el primer año donde además de déficit financiero tendríamos una situación de déficit primario (esto es la totalidad de los recursos, incluyendo los extra-presupuestarios, no alcanza para cubrir los gastos internos - es decir sin computar el pago de intereses de la deuda pública). Es en este marco de deterioro progresivo de otra pata de las “fortalezas del modelo” (esto es del superávit fiscal) que la “sintonía fina” parece asemejarse a un “ajuste sobre los sectores populares” de manera de equilibrar las cuentas fiscales. En efecto, las voces oficiales que hace tiempo vienen señalando la necesidad de bajar la nominalidad en la discusión salarial (tratando de imponer un aumento escalonado del 18% frente a los aumentos anteriores en porcentajes cercanos al 25%) , así como la eliminación de los subsidios en las tarifas de los servicios públicos (que amenaza con impactar en los ingresos populares) son señales que ponen en alerta y suspenso el consenso social de los sectores populares en esta coyuntura, en tanto implican que el reordenamiento de las cuentas fiscales se descarguen sobre los mismos.
Sobre los sopapos a la CGT y a los Docentes: ¿Todos los caminos conducen a ROMA? Sobre la variada suerte de la CTA Democrática y la CTA Intervenida
Es en este contexto que también hay que ubicar los “ruidos” que en la relación Gobierno – CGT parecen haberse instalado en esta coyuntura. Más allá de las cuestiones vinculadas con el liderazgo político y la hegemonía al interior del elenco gubernamental, lo cierto es que hay una base objetiva para que la chispazos entre los otroras socios tengan lugar. En efecto, el actual Secretario General de la CGT parece más un obstáculo antes que un promotor para transitar el déficit fiscal disciplinando dentro de los sectores populares al segmento de las asalariados privados formales.. Cierto es que la CGT representa una parte minoritaria de los sectores populares pero significativa, tanto por su capacidad de movilización, como por el aporte que puede brindar a la erosión de la legitimidad política de esta etapa. Tan cierto, como que lo hasta acá signó el comportamiento político de esa organización de trabajadores ha sido la reinvidicación gremial de sus afiliados por la vía de la discusión salarial de convenios. Es en este punto, donde las criticas (de menor envergadura que respecto de los empresarios) oficiales respecto a la figura del Secretario General de la CGT se asemejan también a un “dispositivo del sopapo” tendiente a disciplinar el comportamiento de ese colectivo de trabajadores. De igual modo, se puede entender la reciente denostación presidencial a los maestros en el marco de la discusión paritaria del sector (la famosa frase presidencial en el marco de la inauguración de las sesiones ordinarias del Parlamento Nacional, “…trabajan 4 horas y tienen 3 meses de vacaciones...”) y la posterior decisión de la gestión estatal de cerrar por decreto la paritaria sectorial (con un aumento del 20%). Sin embargo, no es el mismo consenso social que tiene la denostación pública sobre los empresarios que sobre los representantes de los trabajadores, máxime para un gobierno que se presenta como “favorable para los trabajadores” y que ha elogiado en reiteradas oportunidades a los dirigentes que hoy cuestiona (tanto el titular de la CGT como a los representantes de los docentes) con el objeto de construir “moderación” en las demandas de estas organizaciones.
Un dato no menor que ha resultado como efecto de la práctica política desplegada por la gestión estatal es el acercamiento entre la CGT (conducida por Hugo Moyano) y la CTA conducida por Pablo Micheli (como resultado del voto democrático de sus afiliados en las pasadas elecciones) , que si bien no lograron trascender de la mera enunciación de acuerdos en ejes básicos (discusión salarial, postura frente al impuesto a las ganancias, planes sociales, etc.) y no se efectuaron acciones en conjunto (donde la CGT no participó de la masiva Jornada de Lucha contra el Ajuste del 14 de marzo convocada por la CTA –conducción Micheli, La Corriente Clasista y Combativa y Barrios de Pie a pesar de que inicialmente trascendió que lo haría) ha puesto en pie de alerta a los otros representantes de la CGT que pretenden desplazar a la actual conducción de la misma como modo de evitar una mayor potencia en la organización de los reclamos populares. Por otro lado, otro efecto sobre las organizaciones populares es el desdibujamiento de la CTA –Intervenida (ya que es la de mandato vencido, prorrogada por el Ministerio de Trabajo y conducida por Hugo Yasky) , que a pesar de su simpatía pública con la gestión gubernamental ha tenido que terminar validando el paro docente nacional con que los maestros expresaran su rechazo a los dichos presidenciales y a la decisión de cerrar vía decreto la discusión paritaria del sector.
Sobre los fantasmas: Postergación y contención
Dado el efecto inverso en la valoración social que surge de la aplicación del “sopapo” sobre los trabajadores que sobre los empresarios, es que el disciplinamiento social que requiere la etapa para hacer frente a la crisis fiscal tiende a aparecer más como un fantasma (que se anuncia principalmente a partir de las medidas oficiales) que a una realidad concreta que impacta en la cotidianeidad de los sectores populares (por la postergación que aplican las propias medidas oficiales). Así, la quita de subsidios aún no ha impactado en ninguna tarifa de los sectores medios y populares, la discusión salarial en torno del 18% tiende a relajarse y ya se han homologado convenios con aumentos del 24% (aceiteros, aunque resta observar que sucederá en el caso de los docentes(3)) , el reciente aumento a los jubilados (del 17%) tiende a reproducir lo ocurrido en el 2011 antes que a plantear un aumento más estrecho; y por último el reciente anuncio de subir el mínimo no imponible tiende a dar aire a la discusión paritaria en curso (de manera que las bases representadas por la CGT, esto es los asalariados privados registrados, no pierdan en el pago del impuesto lo que ganan por el aumento). Se trata de una estrategia que tiende a sortear el ajuste que anuncia sobre los sectores populares para evitar la pérdida de legitimidad política que produciría un menor aumento en la nominalidad del proceso de recomposición de ingresos que caracteriza a esta etapa. Si bien esta estrategia logra suspender el ajuste tiene un doble efecto: a) por un lado, no remueve las condiciones del ajuste, solo logra sortearlo momentáneamente y este pende como una espada de Damocles sobre la situación de los sectores populares; y b) en tanto se busca evitar el ajuste tiende a contener las demandas populares en pos de satisfacer las necesidades aún presentes en nuestro pueblo, “naturalizando” (es decir, conformándose con) la situación social vigente.
X) Nuestra propuesta: Reforma impositiva, piso de ingresos y democracia sindical
Más allá de lo saludable que supone la postergación de medidas que tienden a ajustar el ingreso de los sectores populares, lo cierto es que en el marco del deterioro de las cuentas fiscales estas medidas intentan posponer lo máximo posible el ajuste que la ecuación fiscal demanda. Desde nuestra perspectiva, también es posible encarar una estrategia que suponga sortear las tendencias al ajuste sin que suponga una postergación que pende como una espada de Damocles sobre los sectores populares sino que de respuesta eficaz, asumiendo los desafíos planteados. No otro es este desafío que la siempre postergada Reforma Impositiva de Carácter Progresiva. Esta Reforma Fiscal de carácter estructural es la única que permite agregar recursos al aparato estatal que permita que en lugar de disciplinar (conteniendo) a los sectores populares, estos puedan mejorar significativamente sus condiciones de vida. Unas pocas líneas generales, dado el desarrollo realizado en otros materiales y el objeto de este material, permiten precisar a los que nos referimos:
Sobre la Reforma Impositiva:
- Restituir las contribuciones patronales para las grades firma al nivel de 1993.
- Aumentar la tasa de imposición de las ganancias de los estratos más altos, al tiempo que adecuar el mínimo no imponible a la canasta de consumo necesaria para los hogares.
- Aumentar la tasa de imposición sobre la remisión y distribución de utilidades, premiando la reinversión productiva.
- Eliminar las exenciones a la renta financiera, a la renta minera y a las ganancias patrimoniales de las firmas
- Eliminar los diversos regímenes de promoción a la inversión de los capitales más concentrados con férrea regulación pública para evitar el traslado a precios.
Sobre la Revisión de los Gastos
- Fijar el precio del barril del petróleo en base al costo de producción de manera de bajar drásticamente los subsidios a la energía y al transporte sin aumentar el valor de las tarifas de los usuarios.
- Revisar las condiciones de legalidad y legitimidad de la deuda pública de modo de bajar drásticamente los compromisos de pagos de intereses y capital del presupuesto nacional.
Sobre las Políticas de Ingresos:
- Universalización de la Asignación por Hijo y de la Jubilación Mínima a los excluidos de ambos sistemas.
- Seguro de Empleo y Formación para todos los Jefes de Hogar Desocupado que permita garantizar un ingreso familiar por encima de la canasta de pobreza.
- Adecuación del salario mínimo y del básico de convenio a la canasta necesaria de consumo.
Sobre la Democracia Sindial
- Libertad y Democracia Sindical para que los propios trabajadores decidan el tipo de organización que los representa.
Avanzar en esta dirección supone para la gestión de gobierno, por un lado un gran consenso social (que a nuestro juicio está en capacidad de convocar) , pero al mismo tiempo implica alterar desfavorablemente contra las condiciones de reproducción de la base dominante de su sustentación política: los sectores más acomodados de la sociedad. También atenta contra el vínculo directo que la gestión gubernamental tiene con cada gobernador e intendente (con independencia del signo político) en tanto la ausencia de reforma fiscal nacional es consustancial con la permanencia de estructuras fiscales regresivas al interior de cada una de las provincias y municipios del país. Es por esta razón, que a pesar de la estrechez que muestran las cuentas fiscales, hasta ahora no se ha escuchado por asomo plantear una Reforma Impositiva Integral, ni en la Nación, ni en la mayoría de las provincias, ni en los municipios. Son los límites políticos precisos que tiene la actual gestión para resolver adecuadamente lo que en el plano fiscal y de ingresos de los sectores populares le plantea esta etapa.
Nuestra propuesta se completa con otros dos aspectos relevantes del tipo de sociedad que tenemos y sobre los cuales pretendemos modificar, a saber:
Sobre la cuestión Productiva: como ya lo señaláramos (ver punto VIII) el desafío en esta materia pasa por retomar el control público sobre el proceso de inversión, garantizando la puesta en marcha de un proceso de Reindustrialización que priorice el impacto ocupacional, el balance de divisas y el desarrollo tecnológico promoviendo a las unidades de menor tamaño (pymes) , a las firmas estatales, la autogestión de trabajadores, a las cooperativas, etc. En la actual coyuntura, un modo práctico de empezar a transitar este camino es por la vía de la constitución con reservas de un Fondo para el Desarrollo, destinado a impulsar la reindustrialización, así como a reconstruir la red ferroviaria y de transporte marítimo, así como a la constitución de una petrolera estatal. Todas ellas medidas estratégicas para reorientar la composición y dinámica que presenta el actual esquema / modelo económica; y
Sobre la Representación Sindical: Se trata de garantizar la Libertad y Democracia Sindical para que los propios trabajadores decidan el tipo de organización que los representa, modificando la actual legislación interna que sobre la base del unicato sindical (fuente de verdaderos feudos de caciques que nada tienen que ver con la vida de los trabajadores que pretenden representar) tiende a obturar la participación plena de los trabajadores en la discusión de sus condiciones laborales.
Resulta claro que estos dos aspectos (reformulación productiva y democratización sindical) son también resistidos principalmente por la cúpula empresarial vigente, la que se erige (al igual que los gobernadores e intendentes en el plano fiscal) en un verdadero límite –que es necesario modificar- si se pretende transitar este camino. Cuestión a todas luces lejanas de las medidas hasta aquí expuestas por la actual gestión en esta etapa de “sintonía fina”.
XI) Una cuestión clave: El rol de la crisis mundial en la coyuntura argentina
Ahora bien, hemos querido dejar para el final una cuestión significativa: nos referimos al particular papel que cumple la crisis financiera internacional en la coyuntura económica de nuestro país. Es cierto que desde mediados del 2008 la coyuntura mundial es otro de los factores que se modificó respecto a la coyuntura que atravesó nuestro país en la etapa del crecimiento fácil. Sin embargo, los efectos sobre la coyuntura económica no han sido necesariamente una reversión en los signos que se venían evidenciando. En efecto, previo al estallido de la crisis mundial, el escenario internacional constituía un marco propicio para el crecimiento económico de la Argentina por cuanto definía un escenario de bajas tasas de interés internacional (que inhibía la posibilidad de reeditar la valorización financiera como eje fundamental del patrón de acumulación local) y elevados precios internacionales para las materias primas que argentina exporta (soja y sus derivados, petróleo y derivados y commoditties industriales). El estallido de la crisis financiera mundial ha supuesto, en primer término para la economía argentina, la emergencia de un escenario internacional sumamente volátil (por ende modificable). A lo largo de los más de 3 años que transita la crisis mundial se han visto importantes movimientos en los precios internacionales de los commoditties, pero en direcciones disímiles. En primer lugar, el efecto inicial fue el de aumentar el precio de la soja y el petróleo por cuanto la sobreliquidez mundial derivado de la primera etapa de la crisis se dirigió a especular con el valor de estos bienes, que son percibidos como activos que pueden valorizarse por parte de los poseedores de la liquidez mundial. Por ende, hasta bien avanzado el 2008 (agosto) los precios del petróleo y la soja alcanzaron su máximo histórico. Con posterioridad, el mantenimiento de la crisis derivó en una fuerte caída de los precios de los mismos en el 2009, y posteriormente en el 2010 y 2011 los precios de la soja y en menor medida del petróleo han nuevamente tenido un significativo aumento (si bien por debajo de los picos del 2008, en ambos casos por encima del 2007, recuperando la pérdida del 2009). El efecto distinto respecto a otras realidades (especialmente Europa) de la crisis internacional es que nuestro país ya procesó un Ajuste brutal en el 2002, y en el marco del crecimiento acelerado, este inhibió, en lugar de potenciar, la acumulación financiera de capitales (característico de la Europa reciente como lo fuera de la Argentina durante la Convertibilidad).
Sin embargo, tampoco todo es color de rosa, por dos cuestiones fundamentales: por un lado, la elevada incertidumbre y volatilidad le agregan una elevada dosis de vulnerabilidad a nuestra inserción internacional (en tanto estamos dominantemente atados a la evolución del movimiento de los precios de la soja y petróleo que suelen tener bruscas modificaciones) ; y por otro lado, porque esta inserción internacional genera un tipo de crecimiento desequilibrado no exento de conflicto. El caso más reciente es el de la megaminería, que en el marco de un auge de los precios de los metales (fruto de la especulación sobre el valor de los mismos) está alentando la expansión desmedida de la explotación minera en nuestro país con elevada dosis de contaminación, depredación y por ende conflicto social.
Ahora bien, todo esto viene a cuento de señalar que la crisis mundial no es la madre de los conflictos económicos que atraviesa la coyuntura argentina. Muy por el contrario, los conflictos económicos locales no solo son previos a la crisis mundial, sino que esta produce efectos de postergación de las tendencias recesivas que la coyuntura económica presenta. En efecto, es el sostenimiento e incluso el aumento de los precios de los productos que exportamos, los que permiten mantener el nivel de actividad (tal como ocurrió en el 2010 y 2011) , incrementar la balanza comercial y aportar crecientemente a la recaudación fiscal. Está claro que no son odas las que aquí plantemos de nuestra inserción internacional sino la simple constatación que la crisis mundial no ha descargado efectos negativos sobre la coyuntura económica que atravesamos, sino que por el contrario ha permitido darle aire al modelo económico vigente (a pesar de la debilidad de sus “fortalezas”) al precio de agregar tensión social a los efectos desequilibrantes que produce nuestra subordinada inserción internacional. No solo eso, sino que la crisis mundial ha tenido un importante rol en la reconstitución simbólica del vínculo entre los sectores populares y la gestión gubernamental. En efecto, al calor de la crisis que se observa en el mundo “desarrollado” donde la emergencia de los “indignados” ha puesto en cuestión el orden neoliberal presente (principalmente en el caso Europeo) se ha montado una eficaz estrategia comunicacional por parte del aparato mediático del gobierno para mostrar el paralelismo entre la crisis mundial y su impacto en Europa con la Argentina del 2001 de manera de sobre-ponderar la situación actual de los sectores populares. Esta operación de carácter simbólico también ha aportado lo suyo a la hora de valorar la situación argentina con lo que sucede en el mundo “desarrollado”. Por ende, lejos de agudizar las contradicciones internas, la crisis mundial ha cumplido el rol de postergar estas contradicciones (tanto en el campo económico como simbólico) dando oxigeno al actual ordenamiento económico como al elenco gubernamental que la gestiona.
Desde esta perspectiva, queda claro entonces, que ubicar los problemas en el afuera (la crisis mundial) como eje exclusivo de la interpretación de la coyuntura doméstica es un mecanismo poco eficaz para comprender los fenómenos que recorren la etapa que transitamos, es solidaria con la visión de no visibilizar los problemas internos y tiene poca capacidad de convocatoria para un proceso de movilización y activación política que estos tiempos nos demandan.
Ver también:
- Argentina. Sintonía fina, sopapos o cambio estructural: Los dilemas de la etapa (Parte I)
http://www.argenpress.info/2012/04/argentina-sintonia-fina-sopapos-o.html
Notas:
3) En el caso de los docentes nacionales los resultados de la paritaria tienden a producir la moderación buscada por el gobierno, ya que al aumento decretado a nivel nacional (del 20%) se corresponden aumentos inferiores en las provincias (caso Formosa donde se dio un 15%, que para colmo incorpora el blanqueo de sumas no remunerativas, las que descontadas reducen el aumento al 7,56%).
Equipo de Reflexión:
- Claudio Lozano
- Tomás Raffo
- Horacio Fernández
- Ana Rameri
- Agustina Haimovich
- Mora Straschnoy
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