domingo, 29 de abril de 2012

Homenaje a Vietnam: Una historia que merece ser recordada

Leyde E. Rodríguez Hernández (especial para ARGENPRESS.info)

La victoria de las fuerzas de liberación en Saigón, el 30 de abril de 1975, se produjo en un momento histórico caracterizado por la incapacidad de los Estados Unidos de mantener su política agresiva de “guerra fría” y de imponer un orden mundial basado en la supremacía estratégica-militar norteamericana.

Con la derrota de los Estados Unidos en Vietnam, el nuevo giro de la situación política internacional significó un duro revés para la política exterior de “vietnamización”, genocidio y terrorismo de Estado de la administración Nixon, como parte de la estrategia global norteamericana de la “Contención del Comunismo”, dirigida a hacer retroceder el proceso revolucionario mundial que tomó auge después de 1945 con la expansión del socialismo en Europa, Asia y América Latina, en esta última región con la Revolución cubana y la expansión del movimiento de liberación en las áreas coloniales del llamado Tercer Mundo.

Sin duda, la batalla de Saigón se libró en una época revolucionaria en las relaciones internacionales. Su trascendencia militar y política puso en crisis el gran diseño estratégico y hegemónico norteamericano en el marco de la confrontación entre los polos de poder del Este y el Oeste, pues ya el escenario político mundial estaba influido por la culminación del proceso de descolonización con su triunfo en la década de los años sesenta, la entrada de los Movimientos de Liberación Nacional en una nueva fase de consolidación de la independencia de los nuevos Estados y la reestructuración de las relaciones internacionales sobre bases más justas por la acción internacionalista de la URSS y el sistema socialista europeo.

El imperialismo retrocedió en los años posteriores, mientras el movimiento de las masas revolucionarias avanzaba en todos los continentes del planeta. Los Estados Unidos culminó su guerra de agresión en Vietnam en una posición de derrota. El poder político norteamericano estaba sumergido en una honda crisis moral, económica y militar que lo condujo a aceptar el proceso de distensión internacional resultante de los triunfos de las fuerzas progresistas y revolucionarias profundamente estimulados por la victoria vietnamita y el cambio indudable en la correlación internacional de fuerzas que representó el logro por la URSS de la paridad estratégica-militar general con los Estados Unidos, proceso que se materializó en la segunda mitad de la década de los años sesenta y principio de los setenta del siglo XX.

Desde ese momento, la URSS, en términos militares, equilibró el poderío norteamericano y devino una efectiva potencia militar global por el alcance de su fuerza naval y aérea. La paridad estratégica y militar de la URSS, anuló, en el terreno militar, la aspiración norteamericana a la supremacía absoluta en las relaciones internacionales de la época. En fin, la derrota norteamericana en Saigón fue el reflejo de la nueva correlación de fuerzas en el escenario internacional basada en la bipolaridad soviético-norteamericana. La presencia de otra potencia mundial, como un hecho objetivo y estructural del sistema internacional, impuso la necesidad del diálogo y la cooperación.

Como resultado, en 1975, se celebró en Helsinki, Finlandia, uno de los símbolos de la distensión: la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa. El Acta de Helsinki constituyó el reconocimiento de las fronteras y el estrechamiento de la cooperación económica y política en el ámbito europeo. Las pretensiones norteamericanas de diseñar, sin obstáculos, un esquema de dominación global liderado por los Estados Unidos recibieron un rotundo fracaso. Dada la capacidad de exterminio del moderno armamento estratégico nuclear, los Estados Unidos estuvieron obligados a reconocer el poderío soviético y negoció con la URSS un acuerdo para el control y la limitación de sus respectivas armas nucleares estratégicas (SALT, por sus siglas en inglés).

En el contexto de la victoria del pueblo vietnamita, se observó una tendencia hacia la globalización y la “multipolarización” de las relaciones económicas y políticas internacionales debido al fortalecimiento de otros actores internacionales: la Europa integrada, Japón y la influencia regional que adquiría China. Sin embargo, desde posiciones conservadoras, la diplomacia norteamericana percibió la emergente multipolaridad como un sistema de balance de poderes inspirado en la diplomacia clásica europea de los siglos XVIII y XIX, con el objetivo de disminuir la confrontación con la URSS, la pujanza de las fuerzas progresistas y limitar la creciente rivalidad económica con sus “aliados”: Europa y Japón. Resultó evidente que los Estados Unidos habían perdido capacidad para actuar en todas partes, globalmente, y buscaba repartir con otros polos de poder capitalista la carga de la lucha contra el avance de la revolución mundial.

Desde el ángulo económico, se acentuaba la crisis del sistema capitalista con la quiebra del Sistema Monetario Internacional basado en el dólar, el desempleo creciente en los países capitalistas industrializados, el alza de los precios del petróleo y sus consecuencias para el conjunto de las economías desarrolladas. Todos estos hechos fueron los síntomas de una profunda crisis estructural del sistema capitalista, la mayor desde la crisis de los años 1929- 1933, que amenazó, en su conjunto, a la estabilidad interna del sistema capitalista. Como parte de todo ese proceso de carácter socioeconómico emergieron peligrosas amenazas globales: la pobreza, el hambre en vastas zonas del llamado Tercer Mundo, agotamiento de los recursos energéticos, el inicio de la proliferación nuclear y la posibilidad de una guerra con esas armas de exterminio en masas.

Las genocidas acciones y el descalabro militar, político y diplomático de los Estados Unidos movilizaron a la opinión pública Internacional. Antes y después de 1975, los Estados Unidos recibieron la repulsa universal por la agresión y ocupación de Vietnam del Sur. Al interior de los Estados Unidos, se quebró el consenso de la sociedad y un amplio e influyente movimiento pacifista de signo progresista integrado por políticos, científicos e intelectuales protestaron enérgicamente contra la guerra tecnológica y las nefastas secuelas que dejó para el pueblo vietnamita. Es la época también de un amplio movimiento de solidaridad internacional con las causas justas, de la fortaleza del Movimiento de Países No Alineados, en defensa de los verdaderos intereses de los pueblos subdesarrollados y la creación de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI).

La derrota de los Estados Unidos en Vietnam, en 1975, creó una dinámica global favorable para la expansión del socialismo y de los Movimientos de Liberación Nacional en todos los continentes. El panorama mundial al finalizar la década de los años setenta devino difícil para los Estados Unidos bajo el permanente “síndrome” de Vietnam en su política exterior, las estructuras gubernamentales y su sociedad. Pero, aun así, la elite del poder norteamericano nunca renunció a sus intereses hegemónicos y agudizó un nuevo período de tensiones internacionales conocido con el nombre de segunda “guerra fría”, por el objetivo de frenar el avance del socialismo y de las fuerzas revolucionarias en todo el planeta.

Sin embargo, en todo el período histórico posterior hasta la actualidad, los estrategas norteamericanos reconocieron que en Vietnam libraron una “guerra equivocada, en un lugar equivocado, en un momento equivocado y con un enemigo equivocado.”[1] Decir que las administraciones norteamericanas pusieron el éxito de una guerra en un sitio equivocado es decir poco: rara vez en la historia los logros de una potencia imperialista acabaron siendo diametralmente diferentes a los objetivos propuestos.

La victoria vietnamita expandió el ejemplo de sus raíces populares hacia todos los pueblos del planeta y abrió una coyuntura global favorable a la paz y la estabilidad internacional frente a la frustración hegemónica y militarista de los círculos de poder norteamericanos.

Nota:
1) Criterio de los Jefes del Estado Mayor Conjunto de los Estados U nidos citado por David Rees en “The age of containment”, Mac-millan, New York, 1968, p. 43. Véase también de John Lewis Gaddis, “Implementando la respuesta flexible: Vietnam como caso de prueba” en: “Estrategia de la Contención”, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1989, p. 261.

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Saigón 75: Un símbolo en la memoria universal

Hugo Rius Blein (PL)

Hay fechas que marcan hitos históricos y perduran para siempre en la memoria universal. Así ocurre con el 30 de abril de 1975, simbolizado en un tanque que derribaba las puertas del palacio gubernamental del antiguo Saigón, en el sur de Vietnam.

Era un mediodía cuando las aguerridas Fuerzas de Liberación del heroico pueblo vietnamita irrumpían en la guarida de un régimen en estampida, solo sostenido por el poderío militar de una potencia como Estados Unidos.

Y más que ponerle término a la ignominia de la subordinación que allí se cobijaba, aquel memorable episodio fue contundente escena final de una anunciada derrota política y militar infligida al prepotente imperio injerencista y agresor.

Nunca le fue tan humillante, precedida en las vísperas por las elocuentes imágenes de fugas precipitadas y desesperadas, de rebatiñas por treparse en helicópteros y huir a como diera lugar de la avalancha liberadora y revolucionaria en marcha.

Desde que en 1964 Estados Unidos sacó intencionado partido del llamado incidente del Golfo de Tonkin, una fraudulenta auto agresión para desatar la guerra en Vietnam, habían transcurrido algo más de dos décadas de muy alto costo humano y material.

Como pocas veces se tenga noticias pueblo alguno sufriría tanto castigo en vidas y recursos naturales, por el solo hecho de defender su derecho a la soberanía nacional, la independencia y la unidad e integridad territorial.

Todavía hoy, en un Vietnam más fuerte, como nunca se cansó de avizorar el gran Ho Chi Minh, aún bajo los bombas cayendo sobre Hanoi, se sigue reclamando por las víctimas, generación tras otra, del infernal "agente naranja", diseminado por la aviación estadounidense en poblaciones civiles, sembradíos y bosques.

Pero también esa ejemplar y pertinaz resistencia protagonizada por los vietnamitas suscitó admiración y solidaridad mundiales y contribuyó a despertar conciencias en los propios Estados Unidos, donde comenzó a romperse el mito de la invencibilidad de sus marines y tropas equipadas con lo último en tecnología bélica.

Ello constituyó una formidable lección, la de que "si, se puede", al igual que antes en la batalla cubana de Girón, en 1961 frente a mercenarios sostenidos por Washington. O en otro contexto, el abril de 2002 en Caracas, Venezuela, en el fondo, de la misma hechura.

La relampagueante entrada de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Vietnam a Saigón, resultó el colofón de una acertada estrategia, que atravesó por sucesivas etapas cruciales, desde que el 1971, los estadounidenses no pudieron controlar las fronteras entre Vietnam, Laos y Cambodia por la carretera 9.

En ese momento, con las zonas liberadas abarcando más del 50 por ciento de los escenarios de la guerra, la derrota ya se vislumbraba, y dos años después, en 1973 los patriotas obligaban a los agresores a sentarse en la mesa de negociaciones en Paris y suscribir un acuerdo de paz.

A partir de entonces, en medio de continuadas violaciones estadounidenses a lo pactado, otras batallas decisivas contra los baluartes militares de Phoc Long, Buon Me Thuot, Pleikú, Che Reo, Da Nang, Hha Trang Luang y otros fueron cimentando el camino al asalto culminante.

El Comité Central del entonces llamado Partido de los Trabajadores de Vietnam, decidió desatar el 10 de marzo de 1975 la gran ofensiva final y la operación Ho Chi Minh.

Durante los días 26, 27 y 28 de abril se había generalizado por toda la franja costera y en diversos puntos se desarrollaban combates encarnizados, cuerpo a cuerpo, casa por casa para romper el presuntuoso "cordón sanitario" alrededor de la capital del sur.

Por esos días, Le Van Phuong, un joven tanquista, ya veterano de las batallas de la carretera 9 y Da Nang, recibió la orden de marchar hacia Saigón y fue a quien le tocó derribar las puertas del palacio que albergó a todos los gobiernos que siguieron a pie juntillas las órdenes del mando estadounidense de ocupación.

Entrevistado por la radioemisora Voz de Vietnam, con motivo de este aniversario del acontecimiento, aún le emociona evocarlo, y al recordar también a su jefe de compañía, Bui Quang Than, izando en lo más alto de aquel recinto la bandera de la liberación.

La foto en la que aparece el tanquista, y que ha devenido símbolo mundial, fue tomada por Francoise Demulder, fallecida en 2009, una reportera francesa, a quien según sus propias palabras, la guerra en Vietnam le cambió el sentido de su oficio y de su vida.

Luego cubrió la guerra en el Líbano y la resistencia de los palestinos, entre otros conflictos que calificó de injustos.

Antes de morir regresó a Hanoi, en búsqueda de Phuong, a quien encontró en una humilde vivienda de una callejuela de Son Tay, modesto en su hazaña, y entregado como uno más a las tareas de la vida civil de un país reconstruido y en crecimiento.

Ambos se abrazaron y lloraron, porque también la liberación de la hoy Ciudad Ho Chi Minh, que terminó reunificando a Vietnam, hermana más allá de fronteras.

Saigón 75 representa por siempre un símbolo de resistencia y victoria de una causa justa en la memoria universal.

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