martes, 26 de junio de 2012

Entrevista a Marcelo Colussi: Medios alternativos comunitarios desde la noción de servicio público

Meriem Choukroun (especial para ARGENPRESS.info)

Una temática tan difícil como la lucha de clases, porque de eso se trata, con especificidades y necesidades que posibiliten aminorar el poder monopólico más un crecimiento en democracia real. Un proyecto contra-hegemónico, o sencillamente un espacio nuevo en la comunicación social. Medios alternativos como servicio público que encuentran su poder en el hecho de que la verdad repetida mil veces termina siendo una verdad, parafraseando al revés una consigna abominable que aún rige en el mundo.

Una extensa charla con el compañero Marcelo Colussi, psicólogo y filósofo argentino radicado hace varios años en Guatemala, que escribe regularmente en varios medios electrónicos, nos permitió un abordaje esencial como para saber, por ejemplo, que en la lógica de la guerra “cobran cada vez más protagonismo las modernas tecnologías de la información y la comunicación como expresión de un mundo digital que abren las tecnologías de punta a nivel global. Son entonces guerras, fundamentalmente mediático-psicológicas. Y el objetivo bélico es la población en su conjunto, que recibe mensajes sin saber que está siendo sometida a una campaña perpetua de “bombardeo”.

Pregunta: Se sabe que la lógica de los medios obedece a la lógica de la guerra. Hoy día parece que la principal guerra es la mediática.

Marcelo Colussi: Cuando cayeron el Muro de Berlín y el bloque soviético, ampulosamente se dijo que la historia había terminado y que entrábamos a un período de paz y prosperidad. Parece que ninguna de las dos cosas se alcanzó. La guerra, más que desaparecer, es un elemento importantísimo en la dinámica económica del mundo actual; la guerra está por doquier: en los campos de batalla –que hoy día ya no son sólo las trincheras donde se enfrentan soldados versus soldados–, está en la cotidianeidad de la vida, en la cultura dominante, que va haciendo de la cultura de la violencia y de la muerte algo cada vez más cotidiano, menos espantoso, algo común, naturalizado. La guerra está omnipresente en los medios masivos de comunicación. El paraíso del que alguna vez se nos habló, y que el fin de la Guerra Fría pudo hacer pensar que estaba cercano, no parece muy a la mano precisamente. En realidad, el único paraíso es el perdido. La guerra es una constante en el mundo globalizado contemporáneo. En un país como Estados Unidos, que sigue siendo la potencia que todavía marca el rumbo, la industria bélica y todo lo que tenga que ver con el campo de la guerra, ocupa alrededor de una cuarta parte de las iniciativas nacionales. Es decir: en buena medida vive de la guerra, que es decir: vive de la muerte (de los otros, por supuesto). La industria bélica es el negocio más redituable y monumental a escala planetaria; por segundo se gastan 30.000 dólares en ese ámbito. Sólo para graficarlo con un ejemplo quizá grotesco, pero evidente: hoy por hoy existen sobre la superficie del globo unos 15.000 misiles intercontinentales con ojivas nucleares múltiples. Cada uno de ellos representa unas 30 veces el poder destructivo que cayó en 1945 sobre Hiroshima o Nagasaki. De activarse todo ese poderío, el planeta colapsaría fragmentándose en miles de pedazos, provocándose una explosión tan fenomenal que haría que la onda expansiva concomitante llegue hasta la órbita de Plutón, en los confines de nuestro sistema solar. Sin dudas, una proeza técnica que ningún otro animal del planeta podría realizar. Proeza, sin embargo, que no puede impedir que la principal causa de muerte en el mundo siga siendo el hambre. ¿Podríamos llamarla “proeza” entonces? Nuestro mundo está basado en las guerras. ¿Proeza…. o patético?
Es decir: el oficio de la muerte, de las armas, de la guerra, sigue siendo lo que impone el ritmo a las relaciones entre los seres humanos, hoy igual que hace milenios. Dicho de otro modo: la fuerza bruta continúa presente, refinada, con prodigios técnicos espectaculares. Pero en definitiva: el que tiene el garrote más grande (hoy habrá que decir el misil nuclear más grande) gana. Es imposible deducir de eso que tenemos una constitución “natural” que nos arrastra a la violencia; pero dejando de lado esa discusión ahora, dado que nos llevaría por caminos muy alejados de la pregunta original (se pudo hablar, por ejemplo, de una “pulsión de muerte”), vemos que la guerra sigue estando presente de modo abrumador: alrededor de 40 frentes de batalla abiertos, todos en el llamado Tercer Mundo (en el Norte ya se arregló que no volverá a haber guerras. Se arregló entre los poderosos, claro está, entre los que deciden cuándo y dónde habrá guerras).
Las guerras ya no son de soldados contra soldados, cuerpo a cuerpo. Las tecnologías de vanguardia, siempre en manos de pocos grupos privilegiados, hacen de las guerras un campo en perpetuo movimiento y refinamiento, siempre en progreso, donde se dan los avances científico-técnicos más increíbles. Y en ese marco aparecen las nuevas guerras, las guerras comunicacionales. Desde 1989, con la publicación del libro "El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación", de William Lind y un grupo de colaboradores del Ejército y la Infantería de Marina de los Estados Unidos, el perfil de las nuevas guerras ya quedó “oficialmente” establecido: junto a diversas modalidades “pesadas” –los misiles nucleares siguen siendo la roca dura, y apenas un selecto grupo de países los dispone– las guerras llamadas de “cuarta generación” van cobrando cada vez más protagonismo. Dicho muy rápidamente, en estas nuevas hipótesis de conflicto que empiezan a aparecer en la post Guerra Fría, juegan un papel preponderante novedosas metodologías y tácticas de combate: las guerras de baja intensidad, la guerra asimétrica, las estrategias contra-insurgentes. Es decir, modos de llevar adelante los enfrentamientos, ya no entre ejércitos que se combaten entre sí sino tomando como principal blanco a la población civil desarmada no combatiente. En esa lógica cobran cada vez más protagonismo las modernas tecnologías de la información y la comunicación, que son expresión del nuevo mundo digital que van abriendo las tecnologías de punta que trae la globalización. Son guerras, entonces, fundamentalmente mediático-psicológicas. Ahí el objetivo bélico es la población en su conjunto, que pasivamente recibe mensajes sin saber que está siendo sometida a una campaña perpetua de “bombardeo”. Las bombas son destructivas, pero están dadas por las tecnologías comunicacionales actuales. ¿Por qué “pensamos” que un musulmán es un “terrorista fundamentalista sediento de sangre”? ¿De dónde sacamos esa idea? ¿Te preguntaste alguna vez cómo es un submarino por dentro? Hagamos la prueba: pongámonos en un grupo de civiles que nunca jamás en su vida subió a un submarino y preguntémonos cómo es este aparato por dentro. Todos, sin dudas, daremos respuestas más o menos similares: tiene comandos, lucecitas, es cerrado, tiene un periscopio… Si nunca estuvimos dentro de uno de ellos, ¿de dónde sacamos la imagen? (que, por supuesto, damos por cierta): ¡de los medios masivos de comunicación! En síntesis: esos medios, sin que nos percatemos de ello, nos moldean, deciden buena parte de nuestros pensamientos, actitudes, creencias, sentimientos. La encuesta Gallup señaló en un estudio hacia el año 2000 que el 85% de lo que un adulto “sabe” –en realidad: repite– en términos políticos, lo saca de los medios masivos de comunicación, fundamentalmente la televisión. Es así como se moldean las opiniones, los saberes masificados en el orden de las creencias sociopolíticas: el bombardeo constante a que están sometidas las “poblaciones civiles no combatientes” termina por crear patrones, matrices, frases hechas contra las que es muy difícil oponerse. Así se crearon los climas necesarios para lanzar las guerras preventivas en las nuevas geoestrategias militares de Washington. La hollywoodense caída de las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001 es un buen ejemplo de estas ofensivas mediático-psicológicas: es muy difícil, cuando no imposible, defenderse de estos ataques “mediáticos”. La totalidad de la población queda sometida a ese bombardeo, y la forma en que técnicamente están diseñadas las campañas las torna convincentes. Incluso atractivas, bonitas, subyugantes. En realidad el padre de todo esto no fue sino el ministro de propaganda nazi, allá por los años 30 del siglo pasado: Joseph Goebbels. Su máxima de “una mentira repetida mil veces termina por transformarse en una verdad” sigue siendo la esencia de esta nueva modalidad de guerra sin fusiles.
Respondiendo entonces puntualmente a tu pregunta: sí, efectivamente así es. Pareciera que la guerra que tiene el mayor impacto a nivel planetario es esta fenomenal manipulación mediática, que no es casual ni azarosa, sino que hace parte de estrategias fríamente calculadas: los “fundamentalistas islámicos” en el Medio Oriente, o los “narcotraficantes” en Latinoamérica, como los nuevos demonios que posibilitan la intervención de tropas salvadoras, no son sino engranajes de complejas maquinaciones que hacen parte de esa guerra mediática, de cuarta generación, guerra psicológica contra la que es muy difícil poner antídotos. Para ejemplo notorio: la hiper descomunal oferta de partidos de fútbol. ¿Alguien acaso puede quedar por fuera de esa fiebre futbolera que lo inunda todo, absolutamente todo, que no permite hablar de otra cosa, que tapona todas las faltas, los problemas y sinsabores de la vida haciéndonos partícipes obligados de un show planetario? ¿Qué antídoto oponer a esa marea mediática? La pregunta, no exenta de angustia para quienes tratamos de tomar distancia y denunciar estas manipulaciones desde otra propuesta informativa, es ¿qué hacer? ¿Cómo oponerse a estas fabulosas y bien equipadas fuerzas armadas? ¿Alcanzan en esta guerra los medios alternativos?

Pregunta: ¿Qué une a un periódico comunitario de una barriada pobre de Mumbay con un canal televisivo como Catia TVe, de Caracas, cuya consigna es "no mire televisión: ¡hágala!"?

Marcelo Colussi: Los une la convicción respecto a que se puede y se debe ofrecer otra cosa al público. Los une, más allá de las enormes diferencias que pueda haber en contextos, historias y situaciones concretas, un proyecto contra-hegemónico, la confianza en que “otro mundo es posible”. Si algo tienen en común todos estos medios llamados alternativos son dos cosas básicamente: por un lado, que no están concebidos ni se mueven desde una lógica mercadológica. Es decir: no los alienta el espíritu lucrativo como en cualquier empresa comercial. Tienen que sobrevivir, por supuesto, y para eso pueden apelar –y de hecho así lo hacen– a mecanismos de mercado, tal como la venta de publicidad por ejemplo. Pero en su quintaesencia no está la búsqueda de la ganancia económica como su principio rector, como su fin último. Cumplen, en todo caso, un cometido social. Representan, tal como lo decía el ya mítico Informe McBride de la UNESCO de los años 80 del pasado siglo, una forma de “darle voz a los que no tienen voz”. Por ello mismo, porque no son empresas comerciales puestas a funcionar y empujadas por la búsqueda del lucro, su objetivo final no es el mismo de todos los medios del sistema. Es decir: mantenerlo. Por el contrario, al ser alternativos, contra-hegemónicos, su fin es promover la crítica del sistema, cuestionarlo, intentar su transformación. Por tanto, su esencia misma no es ser conservadora.
Ese es el sentido de una comunicación alternativa dentro del sistema: decir otra cosa, llevar otro mensaje, mostrar la cara oculta de lo que dicen los medios funcionales al statu quo. Dado que la historia la escriben los que ganan, la cuentan según su proyecto hegemónico de dominación, los medios alternativos buscan contar la otra historia, la silenciada, la negada.

Pregunta: Ya en la década del 80 se consideró al lector/oyente/televidente como receptor pasivo frente a la concentración de los medios masivos de comunicación. ¿Cómo lo ves en la actualidad?

Marcelo Colussi: Retomando el Informe McBride que recién mencioné, que significó un parteaguas en la historia institucional de la UNESCO, sin dudas que la actual situación monopolizada de los grandes medios masivos de comunicación ya se veía con toda claridad por aquel entonces. En efecto, esa tendencia fue lo que motivó la realización misma del Informe, que intentó ser un freno para ese fenomenal proceso de concentración que ya se vivía hace 30 años atrás, y que siguió adelante con fuerza arrolladora. Por eso mismo, dado que ese documento significaba una voz crítica contra la concentración comercial de los medios, una denuncia de esa tendencia monopólica y, consecuentemente, el peligro que entrañaba para las grandes masas mundiales una visión única (recordemos aquello de “la historia la escriben los que ganan”), la aparición del Informe McBride buscó crear multiplicidad, abrir y romper la concentración. Su nombre ya lo deja ver: “Un mundo único: voces múltiples”. Fue por eso que el Informe provocó revuelo en la agencia de Naciones Unidas, a tal punto que Estados Unidos –y sus acólitos– se fueron dando un portazo, “ofendidos” porque, según su parecer, se atentaba contra la “libertad de expresión”, exasperados además porque la propuesta fortalecía al Movimiento de Países No-Alineados y, según la lectura de Washington, a la Unión Soviética en definitiva. Seamos claros: el Informe denunciaba la concentración monopólica y profundamente asimétrica de lo que ya se avizoraba como un fabuloso mecanismo de control político-cultural. Por supuesto que en nombre de la sacrosanta, y nunca definida, libertad de expresión se puede esconder la más rancia ideología de la libre empresa. Eso, nada más y nada menos, fue lo que hizo la Comisión McBride cuando investigó la situación de los medios masivos de comunicación y produjo sus conclusiones: se mostró con evidencia cómo se daba esa tendencia, convirtiendo a la población mundial en sujeto pasivo y masificado frente a poderes que ya consolidaban como monumentales.
Lamentablemente el proceso de concentración siguió adelante, y considerando lo que decía más arriba: que los grandes poderes globales han hecho de la comunicación masiva un arma de control planetario (¡guerra de cuarta generación!, no lo olvidemos), esa concentración llevó la comunicación a un punto de importancia toral para el mantenimiento del sistema. Podríamos decir incluso que ya la prensa (o, si se prefiere, los medios masivos, los mass media, como suele decírseles) desde hace tiempo no son ya el “cuarto poder”. Por el contrario, subieron de categoría, y hacen parte indisoluble y fundamental del entramado de poderes que rigen el mundo. Las grandes corporaciones de este fabuloso emporio de la “industria comunicacional” manejan cada vez más, con mayor fuerza y mayor profundidad, la cultura, la ideología, el pensamiento de la población planetaria. ¿Por qué, si no, sólo para tomar un ejemplo, ese bombardeo impresionante con partidos y más partidos y más campeonatos y más ligas y más partidos, dos o tres por día, de fútbol? Hace 30 años teníamos un partido por semana televisado; ahora tenemos varios cada día. No es casual, no es algo meramente circunstancial: los medios globales manejan a la población global, así de simple… ¡O de patético! Esos emporios concentran todo: los medios audiovisuales, la llamada industria del entretenimiento, la distribución mundial de los mensajes, los satélites geoestacionarios que sirven para el tráfico de esas imágenes, los estereotipos con que nos bombardean, crean las modas, deciden qué misil nuclear es “legítimo” y cuál es un “peligro para la humanidad” (los de Irán o los de Corea del Norte, por ejemplo). Por eso es tan importante, fundamental, primordial para pensar en una democracia real, tener otros medios, que digan otra cosa, que puedan abrir una ventana alternativa, que puedan dar otra opción ante esa guerra comunicacional a la que se nos tiene sometidos. La cuestión es ¿cómo plantear un mínimo pie de igualdad, o mejor dicho, cómo plantear cierta simetría cuando las diferencias son tan monumentales? Podemos tomar ahí el ejemplo que dabas en tu anterior pregunta: ¿cómo pueden trabajar, ya no digamos en un pie de igualdad, pero al menos llevando mensajes en forma relativamente proporcionada, ese periódico comunitario de un barrio pobre o ese canal local de una barriada de lugares del Tercer Mundo junto a, digamos, la CNN? La diferencia de poderíos es abismal: ¿de dónde sacan los recursos esos medios populares? ¿Cómo hacen para sobrevivir y “competir” con monstruos de dimensión planetaria?

Pregunta: ¿Cómo debieran resolverse los financiamientos a los medios de comunicación comunitarios y alternativos por parte de instituciones del Estado?

Marcelo Colussi: Pregunta complicada… Por supuesto que un Estado ecuánime, equilibrado para todos, debería apoyar fuertemente a estos medios comunitarios, alternativos, medios sin mayores o sin ningún recurso. Pero sucede que los Estados no son ecuánimes. Los Estados supuestamente regulan la vida del colectivo social sin favorecer a nadie en particular. Aunque sabemos que eso no es así. “El Estado es el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”, dijo un tal Uliánov allá por 1917 en la Rusia zarista (más conocido como Lenin). Y eso es así, inexorablemente. Cuando se toca lo medular del conflicto social, cuando llegamos al conflicto de base, ahí está el Estado defendiendo a la clase dominante. Hoy por hoy, ya lo dijimos abundantemente, los medios masivos de comunicación son una parte fundamental del entramado de los poderes dominantes, por tanto los Estados no se oponen a ellos. Por el contrario: ¡en buena medida están manejados por ellos! Manejados, en el sentido que el discurso mediático crea las matrices de opinión con que se prepara a la opinión pública para intervenir sobre esos Estados, destruyéndolos o privatizándolos, por ejemplo. Por tanto, y más aún en nuestros pobres países latinoamericanos donde los Estados descarnadamente sólo sirven a los intereses de los grupos dominantes, muy poco o nada pueden esperar los medios alternativos de las estructuras estatales. En todo caso, pueden esperar palos, represión. A duras penas mantienen esos espacios de contrapoder, contra-hegemónicos, por lo que se ve muy difícil que los Estados de cualquier país no-socialista apoyen abiertamente esas voces disidentes. Quizá en Cuba, en Venezuela, en Bolivia podemos ver algo así. En otros contextos, no. Si nos atenemos a la letra de las recomendaciones del Informe McBride, objetivo y con pretensiones de ecuánime justamente, los Estados deben apoyar financieramente a estas instancias alternativas. La realidad, por el contrario, es muy distinta. No hay que ser demasiado agudo para ver que todo lo que cuestione el estado general de cosas es mal tolerado, si acaso es tolerado. Y ahí viene la pregunta básica: ¿cómo hacen estos medios alternativos, surgidos de colectivos populares, que no se plantean como empresas lucrativas, cómo hacen para sobrevivir? Simplemente: como puedan. Y eso, obviamente, es un límite bastante infranqueable. ¿Habrá que decir que estos medios, como cualquier acto de militancia, están condenados a hacerse desde la marginalidad, desde la otra acera, desde la barricada? Quizá sí. No hay otra alternativa. Además, si algún Estado apoya, lo sabemos por experiencia, pone condiciones. Y esas condiciones son, nada más y nada menos, que comprar el silencio.

Pregunta: Dame una noticia en versión alternativa y en versión dominante.

Marcelo Colussi: Esta pregunta es más linda, permite más creatividad. Permitime empezar con una metáfora: una botella de un litro de capacidad que tiene medio litro de contenido, ¿está medio vacía o medio llena? Está… ¡las dos cosas! Es decir: la realidad no es algo único, dado de una vez e igual para todos: depende de quién la aprehende, desde el proyecto desde donde la aprehende. Por tanto, para un borracho estará medio vacía, y para un abstemio será medio llena. La realidad es eso: la lógica aristotélica creo que ya nos quedó pequeña; la lógica dialéctica dio un paso al frente en ese sentido. Las cosas pueden ser y no ser al mismo tiempo. Aunque aclaremos de entrada algo fundamental: “la” realidad oficial está concebida siempre desde el discurso hegemónico. Lo cual es decir con otros términos lo que habíamos adelantado antes: que la historia la escriben los que ganan. O si queremos expresarlo de otro modo: “la ideología dominante en un momento determinado es la ideología de la clase dominante”, según expresó un judío-alemán hoy bastante demonizado, bastante olvidado. Denunciar ese discurso dominante, abrirle un cuestionamiento crítico, desenmascararlo, esa es la esencia, en definitiva, de estos medios alternativos, no comerciales, antisistema, sea una página electrónica como Argenpress o Rebelión, de mucha difusión por cierto, o un diario comunitario, un radio comunal que transmite en algún idioma local, o un canal de televisión como éste que mencionaste hace un rato, de un barrio popular de Caracas: decir/denunciar lo que los medios del sistema no dicen. Todo, absolutamente todo puede conllevar las marcas de la ideología dominante, hegemónica, o de su versión alternativa, contra-hegemónica. La verdad se construye según el proyecto que la alienta: la botella puede ser medio vacía o medio llena según lo que queramos remarcar. De ese modo, entonces, pero sin caer en tontos y nihilistas relativismos, puede afirmarse que no hay “la” verdad. Por tanto, según lo que se quiera decir por un medio masivo, sin dudas creador de opinión pública, se podrá hablar de “la proeza heroica de los Aliados que derrotaron a los nazis asesinos”, o de “la barbaridad sin par del gobierno de Estados Unidos que arrojó armamento nuclear sobre población civil no combatiente”. Así, según se presente una realidad, una noticia para decirlo más específicamente, se merecerán los Juicios de Nürenberg… o la apología como “paladines de la justicia”. En esa lógica, entonces, los ejemplos se pueden prolongar infinitamente: “terroristas toman carretera” o “protesta popular en demanda de mejoras”, “reajuste en el precio de los combustibles” o “tarifazo sin anestesia”, etc., etc. Y si queremos, también: el “gol ayudado «con la mano de dios»” o el “gol ilegal que ratifica una cultura mafiosa de la que nadie se avergüenza”.

Pregunta: Hay un lenguaje instalado, ¿verdad? Palabras como “errores”, “daños colaterales”, “el azar”, “no quedó más remedio”, “todo irá mejor mañana”, “este es el camino”. Y junto a eso, ¿qué te sugiere lo de “redes sociales”, como Facebook, Twitter etc.?

Marcelo Colussi: Si decimos que los medios masivos de comunicación son parte fundamental de la estructura de poder, lo decimos porque sin la menor duda reproducen ideología, crean opinión pública favorable al sistema, son la argamasa misma del sistema. Como lo establecía la encuesta Gallup (nada sospechosa de izquierda, antisistémica o cosa que se le parezca): la mayor parte de lo que la población “sabe” (repite, mejor dicho) de temas sociopolíticos, lo condicionan/determinan esos medios. Y son justamente esas frases hechas, ese lenguaje instalado, como bien decís, lo que va creando, va moldeando las matrices de opinión. La familia, la iglesia, la escuela, son los centros donde se reproducen esas matrices ideológicas. Los medios masivos de comunicación tienen la virtud de hacer lo mismo pero con un poder de penetración mucho más alto. Nadie los controla (los Estados, que deberían regir esto si efectivamente trabajaran en nombre del bien común, no lo hacen), y además, tienen la ventaja de ser atractivos, fascinantes en muchos casos. ¿Quién puede resistirse a un mensaje audiovisual cautivante? Somos, en definitiva, no muy distintos de nuestros parientes en la escala zoológica, los insectos voladores: las imágenes, las lucecitas de colores nos atrapan. Cuando se establece ese “lenguaje instalado” es muy difícil cambiar el curso establecido. Los medios alternativos tienen ante sí ese desafío. Pero ya vemos lo terriblemente difícil que es.
Desde hace un tiempo, y tomando tu pregunta puntual, venimos hablando de “redes sociales”. La sensación que se transmite es que ahí sí, efectivamente, hay redes. Es decir, hay una interacción entre distintos individuos, y que todos juntos, cohesionados, organizados incluso, funcionan como colectivo. Si queremos extremar el análisis, podríamos decir que esto funciona como el espejismo del nacionalismo: todos los miembros de un colectivo cantamos el mismo himno nacional, nos cobijamos bajo un mismo pabellón, supuestamente tenemos los mismos proyectos, por tanto nos igualamos en una misma idea de nación. Pero, ¿realmente todos los habitantes de una nación tenemos el mismo proyecto? “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, cantaba don Atahualpa Yupanqui. El mecanismo en juego es una manipulación bastante hipnótica: todos gritamos el gol de la misma selección nacional, por tanto todos somos iguales. Así, a partir de ese espejismo, funciona esto de las llamadas “redes sociales”. En realidad, no son ningún elemento organizativo. Pueden ser un instrumento útil, sin dudas. Pueden ayudar muchísimo para pasar información, y los ejemplos de la “primavera árabe” recién vivida, con los casos de Túnez o Egipto, pueden mostrarlo: son una herramienta definitivamente importante. Pero no reemplazan la movilización real, de carne y hueso, la gente en la calle. La ilusión, sin dudas artificial y tendenciosamente creada, es que la comunicación individual que podemos tener en el silencio de la soledad, reemplazaría a la movilización popular. Creo que no es así. Lo cierto es que llegó el estandarte de “las redes sociales”, y con eso pareciera que todo el mundo ahora está conectado. Pero cuidado: las tecnologías son importantes ayudas, preciosos instrumentos, pero no reemplazan al ser humano concreto. ¿O habrá que pensar que la robótica y el sexo virtual terminarán con los humanos corpóreos? Facebook, Twitter y demás redes pueden ser útiles, pero no organizan nada. ¿O podemos llamar organización a una persona en solitario que se comunica y protesta desde su casa? Es discutible, muy discutible. Lo cierto es que, para redondear tu pregunta, esas frases hechas se imponen con una fuerza que es muy difícil contrarrestar. Pero ahí está el desafío: ¿cómo oponemos otro discurso a los poderes hegemónicos? ¿Cómo ofrecemos una propuesta alternativa a los poderes fácticos? ¿Cómo hacemos, en definitiva, para que esas alternativas puedan pasar del nivel de la crítica o la protesta a la construcción de algo nuevo? Y más aún: desde los medios de comunicación alternativa, ¿cómo podemos hacer todo eso sin recursos, y muchas veces con el solapado o no tan solapado ataque de los poderes estatales? Ése es el reto.

Pregunta: Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono, dijo con ocasión de la invasión a Irak: “Las páginas web y las nuevas redes son sistemas de armas”. ¿Qué te parece eso?

Marcelo Colussi: Fue muy claro, ¿no? Esto que mencionábamos hace un rato de la guerra de cuarta generación no es una fantasía: responde a proyectos geoestratégicos de dominación global, con perspectivas de largo plazo. La guerra de cuarta generación, la guerra mediático-psicológica, es un hecho. Estamos siendo atacados día a día por estas estrategias bélicas sin que lo sepamos. Y peor aún: esos ataques, esos bombardeos constantes… ¡hasta nos gustan! Hoy por hoy es atractivo, fascinante, seductor tener tu cuenta de Facebook o de Twitter. Pero como se ha dicho insistentemente, ¿dónde va a parar toda esa información? ¿Quién la utiliza, y para qué? Definitivamente las tecnologías digitales de vanguardia están en manos de los grandes poderes, y las usan para seguir manteniendo sus privilegios, por tanto, su dominación. ¿Te imaginás qué fabuloso el potencial que abre el internet y los teléfonos inteligentes? ¿Te imaginás todo lo que se podría hacer si eso estuviera dedicado a fines más creativos, más productivos, con un proyecto de justicia e igualdad para todos? Pero esa magia tecnológica en muy buena medida sirve para controlar. Hace unos años atrás el polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinsky, asesor presidencial de James Carter y uno de los ideólogos más perspicaces de la línea dura de la Casa Blanca, retomando las enseñanzas de Goebbels a las que nos referíamos hace un momento, sin ningún tapujo pudo decir que “las sociedades del futuro serán manejadas con técnicas de manipulación social por medio de elaboraciones muy sutiles donde personalidades magnéticas sabrán implementar esos instrumentos de control masivo para manejar las inteligencias y las pasiones de las grandes masas”. No cabe la menor duda que todas las tecnologías las usan, antes que nadie, los poderosos. Esta entrevista probablemente saldrá por alguna página web que llamamos alternativa. Sin dudas estará hiper monitoreada por los grandes poderes. ¿Y quién maneja el tráfico cibernético? ¿Quién dispone de los servidores y los satélites geoestacionarios que permiten el funcionamiento de estos medios alternativos? Insisto: la guerra comunicacional, la guerra cibernética, hace años que está librándose. Y nosotros, como campo popular, como antisistema, como discurso alternativo, no vamos ganando esa guerra. No quiere decir que no hay que pelearla. Esa es la historia de la humanidad en definitiva: pero tenemos que tener claro que en esta guerra que vivimos, los medios alternativos, los medios pobres con escasos recursos no tenemos más remedio que hacer como dice la Zamba a Burela: “¿Con qué armas, señor, lucharemos? ¡Con las que les quitaremos!, dicen que gritó”. La lucha de clases se expresa en infinidad de terrenos, y la lucha no terminó (¡la historia no terminó!). El campo comunicacional ¿por qué no habría de ser también un ámbito más de esa lucha?

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Paraguay

Juan Diego García (especial para ARGENPRESS.info)

Los componentes del drama paraguayo son más o menos los mismos de siempre en este continente: una oligarquía feroz y antidemocrática, unas instituciones políticas de pacotilla carentes de legitimidad y unas mayorías sociales hundidas en la pobreza y la desesperanza mientras las clases dominantes que detentan todos los poderes, se regodean en su riqueza y opulencia y defienden con uñas y dientes sus muchos privilegios.

Lugo ha cometido muchos errores, el principal de los cuales ha sido precisamente no darle forma eficaz a las fuerzas sociales que le permitieron derrotar a la oligarquía, heredera de la dictadura de Stroessner. El mandatario se debilitó pactando con una derecha insaciable que jamás se dio por satisfecha y que ha utilizado todos los medios para erosionar su gobierno y finalmente destituirlo mediante una pantomima grotesca.

Pero los factores externos tienen en esta ocasión una relevancia no menos importante. En primer lugar se ven afectadas las instituciones impulsoras del proceso de integración regional -UNASUR y MERCOSUR- que han reaccionado de manera contundente ante el golpe. Sancionar a Paraguay por el flagrante incumplimiento de los requisitos democráticos que suscribió en su día es un primer y necesario paso. Aislar al país (cierre de fronteras incluido) sería igualmente indispensable si se quiere poner coto de una vez por todas a la estrategia que busca desestabilizar los gobiernos que no son del agrado de las multinacionales, la oligarquía criolla y sobre todo de Washington.

El golpe de estado “constitucional” en Paraguay no es entonces un hecho aislado. Por el contrario, corresponde punto por punto a una estrategia continental que ya se aplicó en Venezuela (y fracasó, como se sabe) y luego en Ecuador y Bolivia, aunque según recientes acontecimientos en este último país parece que el guión se aplica de nuevo, esta vez mediante un motín policial aún fuera de control.

Ciertamente no se trata del golpe militar tradicional. En su lugar, la derecha criolla y sus aliados extranjeros (en primer lugar el gobierno de los Estados Unidos) desarrollan nuevos métodos, mucho más hábiles, mucho más sofisticados. Se tata de una combinación de diversas tácticas que le permiten a la derecha moverse cómodamente en la misma legalidad vigente, pero pudiendo forzarla a discreción y según lo exijan los acontecimientos.

Se prepara el golpe mediante sabotajes, obstrucción y amenazas que someten a las autoridades a presiones insoportables sin que falten los actos de terrorismo, en una secuencia calculada que conduce al golpe “duro” o “blando” según las circunstancias. Se afecta sobre todo la economía, cuyos resortes principales siguen en manos de la derecha a pesar de los triunfos populares en las urnas y casi siempre a pesar de las reformas de los gobiernos de progreso. Resulta paradójico que en el caso de Paraguay ni siquiera se pueda hablar de algún tipo de reforma o avance social destacable; la reacción violenta de la derecha se produce tan solo ante el anuncio de tibias medidas de democratización de la propiedad rural y contra la corrupción administrativa. Es pues un “golpe preventivo” más que una medida contra reformas reales que afecten a la oligarquía local o a sus aliados extranjeros (especialmente grandes empresas multinacionales).

Se utilizan los medios de comunicación en campañas de intoxicación masiva de la opinión pública, se movilizan iglesias y sectas (católica y protestantes), se ponen en marcha planes concretos de provocación para dar la excusa perfecta y “legitimar” ante los ojos de la población el proceder ilegal de los golpistas. Ni inquieta siquiera que la OEA condene el golpe; luego de la experiencia de Honduras y dada la conocida trayectoria de esta institución solo será cuestión de tiempo hasta que se reconozca a las nuevas autoridades y todo regrese a la normalidad.

Se escoge de momento a Paraguay porque es el eslabón más débil de la cadena de gobiernos incómodos para la derecha continental y porque allí la estrategia golpista tiene más posibilidades de consolidarse. Pero Paraguay es tan solo un combate más en la guerra contra los gobiernos populares en el continente. En particular los gobiernos de Brasil, Argentina y los componentes del ALBA, que han reaccionado drásticamente frente a los golpistas saben bien que detrás de la cavernaria y primitiva oligarquía paraguaya se mueven otros protagonistas de mucho mayor peso y que este golpe es una nueva confirmación tanto de la decisión cerrada de las clases dominantes locales por oponerse a cualquier avance democrático como de los centros imperialistas del capitalismo mundial -principalmente Estados Unidos- por recuperar el espacio perdido.

Si alguien llegó a soñar que los golpes de estado eran un asunto del pasado, impensable en nuestros días, tiene a Paraguay y a las tentativas de golpe contra otros gobiernos como referente para disipar a tiempo sus ensoñaciones. Si alguien llegó a creer que las oligarquías criollas iban a respetar las reglas de juego de su propio sistema (la llamada democracia representativa) está a tiempo para disipar ilusiones. Si alguien tuvo la peligrosa idea de imaginar que los Estados Unidos y sus aliados occidentales estaban dispuestos a abandonar su vocación de filibusteros modernos está a tiempo para abandonar consideraciones tan pías.

Duras pruebas le esperan a las mayorías sociales de Paraguay; solo una organizada resistencia popular podrá cambiar el rumbo de las cosas. Nada positivo se vislumbra para el continente; los gobiernos de progreso sabrán a esta hora que la larga mano de Washington y de sus peones locales permanece activa y solo una tenaz resistencia nacional podrá frustrar los planes imperialistas.

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Paraguay: El eslabón más débil

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

"Urgimos a los paraguayos a actuar pacíficamente, con calma y responsabilidad, en el espíritu de los principios democráticos paraguayos".

La cita que igual pudiera atribuirse a un extraterrestre pertenece a Darla Jordan, portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos quien no reparó en que la palabra democracia no puede ligarse con ningún gentilicio latinoamericano. No hay una democracia paraguaya como no la hay boliviana, venezolana ni ecuatoriana. Los déficits se asocian a la historia y explican los constantes apremios golpistas. De premiarse las carencias, nadie competiría con Paraguay.

Paraguay proclamó su independencia en 1811. Desde entonces han transcurrido 201 años. De ellos los tres primeros gobernantes: Francia y los López consumieron 52 y el penúltimo dictador Alfredo Stroessner 35, en total 87. Los restantes 114 se dividieron entre 44 mandatarios de los cuales 23 gobernaron un año o menos, seis lo hicieron por dos años y tres por igual cantidad. El resto estuvieron entre cuatro y cinco años o superaron el período. Fernando Lugo añade su nombre a los depuestos y a la condición de ex obispo suma prematuramente la de ex presidente.

En América Latina el espacio que debían ocupar las instituciones y las prácticas democráticas ha sido llenado por el desempeño torpe y egoísta de una oligarquía sostenida por la triada de las fuerzas sociales retrogradas: los terratenientes, los militares y el clero que fueron por siglos los tres grandes partidos políticos. A estos elementos se sumaron los sátrapas sobrevivientes de las guerras por la independencia que usurparon el lugar de los próceres y más tarde los burgueses que aunque nativos nunca fueron nacionales.

A todo ello se suma que el carácter tardío de las luchas emancipadoras desplegadas cuando ya en Europa se consolidaba el capitalismo liberal y los Estados Unidos asumían el control de la región cosa expresada en la Doctrina Monroe (1823), lo cual permitió el desembarco del capital extranjero que sobornó a la oligarquía nativa y protagonizó una segunda conquista.

Entre los elementos característicos de la situación y las tareas políticas de las vanguardias latinoamericanas, además de la reivindicación de la soberanía nacional y el rescate de los recursos naturales, problemas que ningún país desarrollado confronta, figura la debilidad o la ausencia de instituciones que actuando como elementos reguladores del sistema político sean capaces de contener los excesos en que la oligarquía sometida al capital extranjero está dispuesta a incurrir en la defensa de sus privilegios.

Mientras no se afirmen las instituciones y la legalidad, se consoliden las conquistas sociales y políticas y la inclusión social sea un hecho, los avances políticos serán precarios y estarán permanentemente amenazados. En Paraguay la democracia no es una ficción ahora, sino que lo ha sido siempre.

Lo diferente ahora es la reacción de los gobiernos sudamericanos que con matices están confrontando el golpe de estado que abortó la única esperanza de las masas paraguayas en doscientos años. No hace falta advertir que el imperio ha clavado una pica en Flandes y cerrará filas con los golpistas como hace poco lo hizo en Honduras.

El objetivo es dividir y debilitar el proceso latinoamericano en su conjunto. Una cadena es tan fuerte como lo es su eslabón más débil. La batalla por restablecer la democracia en Paraguay es vital para todo el Continente y recién comienza, será dura y habrá bajas.

Entre las interrogantes del actual proceso de cambio en América Latina y del cual hasta la víspera Paraguay y Fernando Lugo formaban parte es si el desarrollo de bases jurídicas y la promoción de genuinas instituciones democráticas es en América Latina una etapa vencida o “quemada” o una asignatura pendiente. Las respuestas indican el perfil, los ritmos, el alcance y otras peculiaridades de las luchas actuales. Allá nos vemos.

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Paro del miércoles 27 de junio: Moyano, los kirchneristas, la movilización obrera. ¿Y la inflación del supermercado?

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)

Moyano, convoca a un paro y movilización para el miércoles 27 de junio con los reclamos de subir el tope al mínimo no imponible y pago integral y universal de asignaciones familiares para los trabajadores. Ojo, esto lo hace después de haber firmado una paritaria del 19 % en cuotas para su propio gremio. ¿Y la inflación del supermercado?.

Para los escribas del kirchnerismo el paro del próximo miércoles es, en pocas palabras, la reacción de una fuerza de choque derechista que injustamente se alza contra la propuesta progresista y popular que encabeza Cristina Kirchner. Horacio Verbitsky, por ejemplo, ha revitalizado opiniones anacrónicas y contradictorias con lo que decía hace apenas semanas, pasando del arrepentimiento de no haber formalizado un frente con la Juventud sindical peronista en las épocas de Rucci, Miguel y Calabró (cuando la JSP era el brazo armado de la burocracia sindical en la eliminación de activistas y delegados combativos) a denunciar que detrás de este paro se encuentran desde la JSP hasta los herederos de la triple A.

El nivel de boludeces dichas, y las que se seguirán diciendo hasta el próximo miércoles 27, parece no encontrar limites. Ex economistas de izquierda, que hoy pululan al por mayor en el kirchnerismo, salieron a salvar y reivindicar el impuesto a los sueldos como una medida progresista. Los más osados, la billetera oficial da para la osadía, dijeron que quitarle parte del sueldo y el salario familiar a más de cuatro millones de trabajadores y el aguinaldo a otros tantos demuestra que el kirchnerismo paga sueldos tan altos que necesariamente deben ser recortados por ganancias. Esto no sería un saqueo, sino al contrario, una muestra de crecimiento en los ingresos de los trabajadores argentinos. Son los mismos que vieron en el “patón” Basile un peligro en contra de los gendarmes, de palo, escudo y armas automáticas y en Moyano un candidato al procesamiento judicial por extorsión y destitución.

Los kirchneristas de la fracción internacionalista, asocian al paro obrero con el golpe en Paraguay y lo inscriben dentro de una ofensiva derechista que se verifica en Honduras y en los autoacuartelamientos policiales de Bolivia. Los más timoratos demandan histéricamente la aplicación de la ley antiterrorista a todos los movilizados y si es necesario la militarización de puentes y lugares de trabajo para evitar la masividad de la medida.

Todos, en general, esperan que el miércoles llueva y que Moyano vuelva a sus viejas tradiciones de levantar medidas por mal tiempo.

El frenesí que ha despertado esta medida de paro y movilización callejera, obliga y demanda jurar fidelidad eterna al Gobierno Nacional progresista por parte de los gremios “gordos” (ahora, milagros del progresismo vernáculo, Lescano, Cavallieri, Martínez y Rodríguez de UPCN son el equivalente al clasismo de los ´70) que hasta ayer juraban esa misma fidelidad al ajustador Menem, o antes, al dictador Videla.

Pero es al gobernador de la provincia del Chaco; Jorge Capitanich, a quien debemos escuchar; porque fue él el que tuvo la virtud de poner blanco sobre negro y dejar en claro la incidencia que los impuestos al salario tienen sobre las finanzas públicas nacionales y provinciales. Dijo: es imposible derogar el impuesto a las ganancias de la cuarta categoría (impuesto al salario), porque al ser coparticipable este dinero va a las arcas provinciales y en caso contrario las provincias se verían desfinanciadas.

Es a esta pequeña declaración, del casi ignoto gobernador chaqueño, que en este punto oficiaba como vocero del Poder Ejecutivo, a lo que los trabajadores debemos echar un vistazo para entender de que se trata la medida del miércoles 27 de Abril, ya que es toda una revelación acerca de los principios rectores de la distribución “nacional y popular”, además de despejar el debate sobre lo que representa el mínimo imponible a los salarios.

La ecuación es simple, los trabajadores soportan compulsivamente descuentos mensuales en sus salarios y asignaciones familiares con los que las provincias pagan sueldos y enjuagan otros gastos corrientes. Concretamente, lo que Capitanich describe es una radiografía de este verdadero hallazgo distributivo del modelo nacional y popular kirchnerista: los trabajadores no solo dejan su vida en el trabajo para el beneficio de las ganancias capitalistas, sino que, sumado al saqueo de sus fondos de jubilaciones y pensiones, ahora en manos del Estado, terminan pagando con los descuentos salariales a los que se los somete, las crisis provinciales, la crisis energética, la del transporte, etc.

En pocas palabras esto significa que el gobierno nacional ha socializado la masa salarial y las jubilaciones, mientras se guarda muy bien de no tocar la renta financiera de sus socios capitalistas.

Para los que aun conserven dudas sobre esto, alcanza con consultar los balances de las grandes empresas del último decenio para enfrentarse a la peor de las decepciones nacionales y populares: son los bancos los que están posicionados como los grandes ganadores. Y no pagan impuestos.

El impuesto al salario se transforma de este modo en: reaccionario, regresivo y profundamente procapitalista. Si para algunos, esta caracterización apunta a decir poco más que un slogan izquierdista, es importante aclarar cada uno de estos términos. El impuesto es reaccionario, porque los ajustes a los salarios, a los derechos laborales y a las condiciones de vida de los trabajadores es una política destinada a dar marcha atrás la rueda de la historia, cancelando lo que se ha conseguido después de décadas de lucha entre las clases sociales. En Grecia y España, por ejemplo, algunos economistas consideran que la vuelta de tuerca de los ajustes emprendidos en contra de los trabajadores atrasa 80 años, llevándolos de vuelta a una situación de preguerra (1931). Los kirchneristas se jactan de que lo sucedido en Europa no pasa en nuestras pampas, pero, estamos cerca, sobre todo cuando se pretende un techo a los aumentos salariales anuales del 18 al 20 % contra una inflación que ronda el 25 a 30%. Ya nos detendremos en este punto, que la propia presidenta caracterizó como que “el mundo se nos vino encima”.

El impuesto al salario es regresivo, porque este impuesto, que castiga a los más pobres, sirve al objetivo de que se liberen otros fondos públicos para el pago de las deudas con los banqueros internacionales. Toda la política del “modelo K” sigue ensanchando cada vez más la brecha de ingresos para beneficio de los más ricos. Por eso también es procapitalista, dado que el principal objetivo de este impuesto es recaudar fondos de los trabajadores para que estos financien el gasto social; mientras el Estado actúa como un simple administrador de plata ajena. Esta administración no es gratuita, ya que la Afip cobra una jugosa renta con la cual adoba los sueldos de sus burócratas, financia fondos fiduciarios y desvía dinero al atesoramiento en dólares para el cumplimiento de pagos con los acreedores buitres poseedores de los distintos “bonos patrióticos” que deben ser honrados (gatillados) en 60 días. Nada más procapitalista que honrar las deudas con el imperialismo.

El kirchnerismo pudo haber estatizado los fondos de jubilaciones y pensiones a las AFJP pero fueron estas las que lo ganaron a su propia batalla cultural; el gobierno popular del 54,6% en la actualidad, como los banqueros en la década del ´90, se dedica a hacer negociados de todo tipo con la plata de la Anses, provocando en los hechos un brutal desfinanciamiento de las cajas previsionales, lo que pone en cuestión las jubilaciones presentes y futuras. Por esta razón, era verdaderamente repugnante ver a los burócratas kirchneristas, en el día de la bandera, hostigando a los trabajadores camioneros en paro, militarizando sus lugares de trabajo con fuerzas conjuntas de gendarmería y policías federales y provinciales, mientras se golpeaban el pecho para “defender el gas que le falta a nuestros viejos en Guaminí”. Ellos!! los mismos que le niegan el 82% a los trabajadores que se jubilan; ellos, que no les pagan los juicios que ya tiene sentencia firme, ordenados incluso por la propia Corte Suprema, apelando judicialmente cada sentencia, a la espera que la muerte de los jubilados beneficiarios mande a guardar los fondos adeudados. Estos burócratas sin vergüenza, se levantan frente a un paro obrero como la vanguardia defensora de los intereses “de los que menos tienen” registrando ante toda la sociedad que la hipocresía neo liberal, de los Randazo, Boudou, De Vido o el camporista Abal Medina, a la hora de atacar a los trabajadores en lucha por reclamos salariales, es demostrativa de su extracción filomenemista, igual que, a la hora de movilizar a la gendarmería y amenazar con el procesamiento de dirigentes sindicales, demuestran su herencia aliancista-duhaldista. No es poco, a 10 años de la masacre del puente Pueyrredón.

Masa salarial

Entre los trabajadores docentes es muy común escuchar a los burócratas sindicales, que no paran el miércoles (Yasky-Baradel), explayarse entusiastamente sobre el tema de que los aumentos miserables que reciben los maestros son significativos e históricos. En general, recurren a un lugar común: el aumento de la masa salarial.

La masa salarial, es el conjunto de dinero destinado a sueldos que se distribuye de manera arbitraria en cada paritaria. Como la masa no es elástica ni hay levadura que la haga crecer, toda la discusión paritaria entre la burocracia sindical y la patronal, pasa por ver como se disfrazan de aumentos sumas que no representan ni por asomo la escalada de precios.

El gobierno tiene varios recursos recaudatorios para volver a encontrarse con la masa salarial dispuesta por los aumentos. Esto no obvia que, igual intente ponerle un techo a los reclamos obreros. El impuesto al salario directo, es uno de esos recursos y el más codiciado porque elimina de la famosa masa salarial guita al contado que nunca llegará a los bolsillos de los trabajadores y que evitará el abultamiento del deficit público provincial, la tablita de las asignaciones familiares es otro. Como tanto el impuesto, como los montos de asignaciones familiares son una prerrogativa del gobierno, al no actualizarlos abarcan cada vez a un número mayor de trabajadores.

En muchos casos el impuesto al salario hace que de 13 sueldos anuales que deberían cobrar los trabajadores, uno enterito sea descontado por el “impuesto a las ganancias”, a esto se refiere Moyano cuando dice que Cristina liquidó el aguinaldo.

El kirchnerismo se defiende con aprietes represión y relatos, mientras tanto los trabajadores ingresan por millones en los que dejan un sueldo por año o el salario familiar en las arcas del Estado para que se siga con la políticas de beneficiar a los acreedores y capitalistas. “La no actualización del mínimo no imponible y de las escalas salariales sobre las que se calcula el impuesto les resta ingresos a 1,8 millón de trabajadores. Además, 2,3 millones perdieron en forma total o parcial la asignación familiar”. (Ismael Bermúdez)

Los recursos recaudatorios del gobierno no terminan ahí. En forma indirecta a cada aumento salarial hay que descontarle un 21% de IVA que en el caso de los trabajadores hace al aumento de la canasta básica fundamentalmente.

El oficialismo, explica que los aumentos salariales desde paritarias superaron a la inflación trucha del Indec, esto no es difícil, dado que para el Instituto de Moreno la inflación es desconocida. Pero esto es mentira también para los datos de los “opositores” o inflación paralela, que a falta de mediciones privadas ahora la realiza el Congreso. Porque una cosa es tomar la inflación como un crecimiento general de todos los precios (25 al 30 % anual) y otra muy diferente es tomar el costo de la canasta familiar 40% en algunos productos. ¿Es arbitrario medir de esta manera? Para el gobierno sí; para el asalariado no. El 60 o 70 % del salario obrero promedio (2500 a 3000 pesos) se gasta en alimentos, entonces naturalmente estos precios de alimentos tienen una mayor incidencia en la desvalorización salarial. La famosa “inflación del supermercado” ha desbancado los convenios salariales firmados en paritarias. Si a esto, le sumamos las actualizaciones tarifarias que el gobierno viene reservando para después de homologar todos los convenios, la caída salarial no encontrará un piso sólido.

Conciencia y oportunidad

No es tan fácil para los trabajadores comprender los alcances de una crisis de la cual no son responsables, no es fácil tampoco evitar caer en las provocaciones de la burguesía y en las maniobras de las burocracias.

La campaña que se vienen contra este paro y después… tanto desde las patronales como desde el oficialismo estarán marcadas por la amenaza a la catástrofe económica que los capitalistas crearon y por la acusación y represión a los trabajadores en lucha.

Ya aparecieron entre los burócratas, golpistas de otras épocas, las acusaciones a la movilización obrera de extorsiva y destituyente. El kirchnerismo en crisis, tiene como objetivo el disciplinamiento social y la explotación de los rasgos más conservadores del electorado, por eso ha abandonado titularse como abanderado del pueblo y los trabajadores para convertirse en representante de los consumidores y usuarios.

El paro del próximo miércoles tiene entonces la virtud. de colocar a los trabajadores en la calle reclamando derechos, lo cual siempre es un dolor de cabeza para la derecha. Tiene la virtud también de cuestionar contra todas las presiones y aprietes una política diseñada para el engaño.

Los trabajadores encontraran en la calle y en la lucha las herramientas propias para desembarazarse de la burocracia, como se van encontrado las herramientas para desembarazarse del nacionalismo hipócrita

El paro del próximo miércoles es un paso en dirección de frenar la política ajustadora del kirchnerismo, pero los trabajadores deben tomar conciencia de que el moyanismo no muestra ningún camino independiente para que esta lucha se consagre en victoria. Moyano, hoy desahuciado, fue socio de los Kirchner por una década.

Parar y marchar el próximo miércoles debe expresar el repudio al saqueo del salario junto a la necesidad del desarrollo de una política sindical independiente del moyanismo.

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Micheli: “Vamos a acompañar con paros y jornada de protesta”

ACTA

En la tarde del lunes, en la sede de la CTA (Lima 609 de la Ciudad de Buenos Aires) hubo una conferencia de prensa en la que el secretario general Pablo Micheli, acompañado por los Secretarios Generales de la CTA de todo el país y el presidente electo de la FUA dijo que la Central acompaña la medida convocada por la CGT con paro y jornadas de movilización pero que no irá a Plaza de Mayo.

Ante una nutrida presencia de medios nacionales, Pablo Micheli dijo que la decisión de la Central, debatida esta tarde en una reunión de la Conducción Nacional, es la de acompañar las reivindicaciones del sector de la CGT que encabeza Hugo Moyano como la eliminación del impuesto al salario, los topes de las asignaciones familiares, seguir luchando por el 82% móvil, el salario mínimo de 5 mil pesos y la derogación de la Ley Antiterrorista: “Como compartimos todo esto, vamos a acompañar con paro, jornada de protesta y movilización en todas las provincias, con excepción de la movilización a Plaza de Mayo a la que no fuimos invitados”.

El miércoles 27 de junio, la CTA acompaña además el paro y la movilización que hará la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) en todo el país y la Federación Judicial Argentina (FJA). “Lamentamos que no sea la unidad en la acción con la CGT pero no descartamos que lo podamos hacer en otra oportunidad”, dijo Pablo Micheli quien agregó que con quien “no iríamos ni a la esquina es con la Mesa de Enlace”.

En relación a la actitud del Gobierno, el Secretario General de la Central de Trabajadores de la Argentina dijo que el desestabilizador es en realidad este gobierno que ha fracturado a la CTA y a distintos sectores populares: “Esta actitud es peligrosa para la democracia. No son los paros los que le hacen el juego a la derecha sino esta actitud del gobierno”.

Pablo Micheli recordó también el décimo aniversario de los asesinatos de Maxi Kosteki y Darío Santillán y confirmo la presencia de la CTA en los actos que se realizan en la Estación Kosteki y Santillán (Ex Avellaneda) y en el Puente Pueyrredon.

La conferencia terminó con un agradecimiento a los trabajadores de prensa presentes y mostró a la CTA como un solo puño en lucha por las reivindicaciones históricas de los trabajadores y trabajadoras de la Argentina.

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Paro Nacional de ATE: Igual remuneración por igual tarea

ATE

El 27 de Junio se conmemora el Día del Trabajador Estatal, el secretario general del Consejo Directivo Nacional de ATE, Julio Fuentes, se refirió a la medida de fuerza y al reclamo que tendrá lugar en esa fecha. Hoy, se realizará en la sede del CDN una conferencia de prensa en la que se anunciarán públicamente la medida y las reivindicaciones por las que los trabajadores estarán luchando.

Julio Fuentes explicó: “El 27 de junio, el Día del Trabajador del Estado, ATE va a realizar un paro nacional, y vamos a marchar al Congreso de la Nación los trabajadores nacionales, provinciales y municipales de todo el país, con el objetivo de reclamar algunas cuestiones fundamentales. En primer lugar, que se nos reconozca ese día, 27 de junio, como el Día del Trabajador del Estado, ya que la Organización Internacional del Trabajo, el 27 de junio de 1979 sancionó los convenios internacionales que nos permiten organizarnos sindicalmente y que nos dan el derecho a tener convenios colectivos de trabajo”.

“Este 27 de junio nos encuentra a los trabajadores del Estado con varias cuestiones sin resolver, todavía. El principio constitucional de ‘a igual trabajo, igual remuneración’, en la Argentina no se cumple, entonces podés tener una función, como por ejemplo la de enfermera, y depende el distrito donde trabajes, si trabajás en una provincia, y depende en cuál, si trabajás en un municipio, o si trabajás en el Estado nacional, tu salario es totalmente distinto. O sea, hacés una misma tarea y percibís un salario totalmente distinto”, aseguró Fuentes, que continuó: “Otro de los temas que nos lleva a este paro nacional es el hecho de que el salario mínimo, vital y móvil que rige a todos los trabajadores de la República Argentina no incluye a los trabajadores que dependen de los estados provinciales y de las municipalidades de nuestro país. Eso hace que en muchos municipios, cientos de miles de trabajadores municipales estén percibiendo hoy salarios que rondan los mil pesos”.

Fuentes además detalló: “Entre esos, y otros reclamos que vamos a llevar, vamos a ir al Congreso de la Nación para entregar un petitorio y mantener entrevistas con los presidentes de los bloques y los miembros de las distintas comisiones, tanto del Senado, como de la Cámara de Diputados, donde presentamos estas peticiones porque son leyes que se necesitan para que, justamente, estos problemas se puedan comenzar a solucionar”.

“Así que, con ese espíritu, marchamos este 27 de junio, porque queremos mejores salarios, más negociación colectiva, porque no queremos más unilateralidades por parte del Gobierno Nacional, ni por parte de los gobiernos de las provincias y de las municipalidades, sino que queremos realmente tener el derecho a participar y que nuestros intereses laborales sean discutidos en comisiones de igual a igual entre el empleador y los gremios, y no como ocurre hoy, donde solamente, en el mejor de los casos, nos enteramos por los medios de comunicación sobre las modificaciones de nuestras condiciones laborales y de sueldo”, cerró el dirigente nacional de ATE.

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Las figuras de Kosteki y Santillán a 10 años de sus asesinatos. Pasado, presente y futuro

Joaquín Gómez, Fernando Stratta, Pablo Solana y Mariano Pacheco (REVISTA HERRAMIENTA - INDYMEDIA)

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Los hechos

Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron conocidos de golpe por millones de personas a partir de un hecho trágico que hoy recordamos con el nombre de “Masacre de Avellaneda”. Aquel 26 de junio de 2002, los denominados “sectores duros” del movimiento piquetero intentaron cortar el Puente Pueyrredón, en una jornada nacional de lucha coordinada por diversas organizaciones. Los canales de televisión mostraron, en vivo y en directo, cómo la policía bonaerense y la prefectura nacional reprimían disparando balas de goma, gases lacrimógenos y, como se sabría más tarde, balas de plomo mientras perseguían por una zona de más de veinte cuadras a los piqueteros que se replegaban e intentaban regresar a sus barrios. Sin embargo, los titulares de los diarios y los noticieros de TV hablaban de “enfrentamientos”.

El día siguiente, las fotografías mostraron al comisario Fanchiotti irrumpiendo en la Estación de Avellaneda. Allí estaba Darío Santillán, con un gesto de solidaridad extremo, intentando socorrer a Maximiliano Kosteki, herido de muerte por las balas de la represión mientras formaba parte de la línea de autodefensa. En las fotos se veía también a la patota policial maltratando bestialmente el cuerpo de Maxi y a Darío, ahora agonizante y bañando con su sangre el suelo que lo había visto de pié. La difusión de estas escenas generaron un profundo repudio social que tiró por la borda la versión oficial de que los piqueteros se habían matado entre ellos por una disputa interna. Esa versión había sido tejida por las altas esferas del gobierno, la policía y ciertos medios masivos de comunicación, con el grupo Clarín a la cabeza. Todo ello fue documentado en el libro Darío y Maxi, Dignidad piquetera. El gobierno de Duhalde y la planificación criminal de la masacre del 26 de junio de 2002 en Avellaneda, escrito y publicado en 2003 por quienes habíamos protagonizado aquellas luchas y reeditado en estos días por la editorial El colectivo, junto con una biografía de Darío Santillán ilustrada para niños.

Este freno al intento autoritario y represivo del régimen, en un contexto de conflictividad social creciente (a pocos meses de la rebelión popular de diciembre de 2001), provocó el retiro anticipado del gobierno de Duhalde. El entonces presidente rápidamente pasó a decir que había sido una “feroz cacería”, intentando sin suerte desligarse de las responsabilidades políticas que le cabían. De ahí en más, la solución de los conflictos sociales por vía de la represión violenta a la protesta social comenzó a ser contemplada con recelo por la mayoría de los gobernantes ante la evidente sensibilidad social antirrepresiva que se había afirmado, con fuerza inusitada, a partir de estos crímenes. El ciclo político por venir quedó marcado por este “dique de contención”, antirrepresivo y antiautoritario, que promovió cierto sentido común progresista en amplias capas de la población. Como contracara, todo intento de sobrepasar desde las luchas populares las fronteras de la democracia representativa y el capitalismo “en serio”, exigiendo en la calle el reconocimiento de las organizaciones populares, el respeto y la ampliación de los derechos económicos, sociales y culturales de las clases oprimidas, se topó a partir de entonces con un muro que delimitó con claridad qué se podía y qué no, y que intentó atar la legitimidad de cualquier protesta popular a la legalidad de un régimen político excluyente.

Una imagen que incita

La imagen de Darío socorriendo a Maxi es fuerte, impactante. Un presente que rompe el hilo implacable del curso de los hechos: Darío toma con su mano la mano moribunda del compañero al que, aunque no conoce, no quiere abandonar. Y levanta su otra mano a palma abierta intentando frenar la crueldad policial. Allí el tiempo se detiene. Aunque luego el caño de la itaka lo amenace directo a la cabeza y sus verdugos le ordenen retirarse, aunque se ponga de pié, gire, trastabille y dé dos pasos hasta caer fusilado por la espalda. Esa imagen inmortal, capturada por el parpadeo de la cámara de Sergio Kowalewski, fue pintada e interpretada por Florencia Vespignani, compañera y amiga de Darío, transformada en esténcil, mural, serigrafía y símbolo viviente del antagonismo entre la lucha por la emancipación y la vileza del sojuzgamiento. Este gesto, como queda retratado en la reciente biografía Darío Santillán: el militante que puso el cuerpo, de Ariel Hendler, Mariano Pacheco y Juan Rey, y en el documental Darío Santillán: la dignidad rebelde, de Miguel Mirra, expresa con absoluta coherencia toda la ética militante que supo impulsar la praxis cotidiana de Darío, de Maxi y de muchos otros jóvenes que se volcaron a la política popular a partir de la crisis de los ’90.

Una década después, más presentes que nunca, esos valores de solidaridad y compromiso, tal y como quedaron cristalizados en aquella imagen, son retomados por agrupaciones barriales, estudiantiles, culturales, bibliotecas, bachilleratos populares y cooperativas de trabajo autogestivo, que hoy llevan los nombres de Maxi o Darío. A través de ellos se establece la primera conexión con el río subterráneo de una historia insondable y poderosa: la historia de los que luchan, la historia de los que no aceptan la esclavitud en ninguna de sus formas. “Darío y Maxi no están solos”, puede leerse en una de las paredes de la Estación Avellaneda, hoy rebautizada Darío y Maxi. Y debajo de sus rostros dibujados, “El mejor homenaje: multiplicar su ejemplo, continuar su lucha”.

Una lucha que continúa

Durante los últimos 10 años mucha agua ha corrido bajo el puente. Y muchas movilizaciones siguieron realizándose, también, sobre el puente. El mismo simbólico Puente Pueyrredón. Los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) donde Darío y Maxi militaban han ido transformándose, en viva relación con los cambios que las distintas coyunturas fueron imponiendo. Así, el trabajo de base realizado en distintas barriadas populares ha confluido junto a otras experiencias de organización popular de trabajadores, estudiantes, colectivos de arte y de género, de comunicación y pensamiento crítico que se fueron construyendo, con esa misma perspectiva, esa misma apuesta, por la gestación de una nueva izquierda, popular y con vocación revolucionaria.

Por ello es necesario que, junto con la conmemoración y el reclamo por justicia, sea puesta de relieve la vital importancia y la vigencia de aquellas luchas. Desde sus inicios las luchas por trabajo, en un contexto de desocupación masiva y precarización de la vida, estuvieron ligadas a los anhelos de promover un cambio social profundo, que hiciera realidad otro tipo de sociedad, sin injusticias, sin opresores ni oprimidos. Esta convicción, la misma que impulsó a Darío en su gesto de plena humanidad, es la que motivó a las organizaciones de base asentadas en las barriadas a transformarse en el germen de una experiencia política de nuevo tipo que, con menor visibilidad que en aquellos años, ha logrado crecer y profundizar sus tareas en el territorio durante toda esta década.

Es el caso de muchos de los MTD que el 26 de junio de 2002 confluían en la Coordinadora Aníbal Verón. Desde 2004 esos movimientos, junto con estudiantes, trabajadores, artistas y comunicadores, dieron forma a una herramienta política y social, el Frente Popular Darío Santillán. Se trata de una organización que reivindica el trabajo de base y la democracia desde abajo para proyectar, junto a las organizaciones hermanas de nuestro país y Nuestra América, el Poder Popular a todos los planos de disputa. El objetivo sigue siendo cambiar desde la raíz este sistema: el capitalismo. Neoliberal antes, “en serio” ahora, pero fuente de injusticias siempre. Si este crecimiento es posible, es porque dentro de este mismo horizonte anticapitalista -que tomó nuevos bríos en las últimas décadas en distintos rincones de Latinoamérica, pero también de Europa tras la contundencia de la crisis reciente- fue creciendo en nuestro país un nuevo espacio político denominado como “nueva izquierda”, “izquierda autónoma” o “izquierda independiente”, según quien la mencione. Efectivamente, se trata de un espacio político todavía en construcción que tiene en la rebelión popular del 20 de diciembre de 2001 y en la figura de Darío Santillán, referencias ético-políticas insoslayables, coordenadas que desbordan las fronteras y tradiciones de tal o cual agrupamiento.

Memoria y política

Darío y Maxi se convirtieron en la expresión más genuina de una juventud dispuesta a dar pelea, a batallar por una sociedad más justa. Ambos son símbolos de lucha que el pueblo hizo propios después de sus asesinatos. La figura del mártir, la construcción del mito, inevitable -y necesaria- como alimento espiritual de cualquier proceso social o político, siempre conlleva un riesgo para quienes quedamos marcados a fuego por aquella huella indeleble. Obligados a una lucha por justicia todavía incompleta (por la impunidad de Eduardo Duhalde, Felipe Solá y los miembros de sus gabinetes de gobierno) y en permanente tensión para mantener lo conseguido (la perpetua al comisario Fanchiotti y el cabo Acosta, recientemente puesta en duda), la historia podía reservarnos el lugar de meros “custodios de la memoria”. Lejos de caer en la idealización del gesto y la añoranza del pasado, los MTD comprendieron que era la proyección política integral la que iba a superar aquel riesgo.

A diez años, las organizaciones herederas de aquellas luchas piqueteras expresan un desarrollo social y político que excede al de sus orígenes. Poseen un potencial inimaginable en aquel entonces y no claudicaron en ninguno de sus principios. Darío y Maxi expresan, justamente, esa búsqueda por escapar de los dogmas de una izquierda anquilosada en lógicas y métodos políticos que se demostraron inconducentes. Y también el rechazo completo al oportunismo conformista que restringe la política a las negociaciones y el posibilismo. De allí que este nuevo espacio político reafirma la convicción revolucionaria y la necesidad de un socialismo distinto al que se conoció durante el siglo XX. Un socialismo latinoamericanista, prefigurativo y desde abajo. Basta escuchar las grabaciones de las entrevistas realizadas a Darío Santillán para encontrar en sus palabras, correlato directo de su práctica piquetera, las semillas fundantes de este proceso de construcción de Poder Popular que hoy cuenta en nuestro país con la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina (COMPA) y con otras experiencias de articulación afines que, juntas, se proponen coordinaciones políticas más amplias como el “Espacio 20 de diciembre”.

Los sucesos trágicos y ejemplares de la masacre de Avellaneda, qué duda cabe, constituyen un acontecimiento político disruptivo de la historia argentina y han calado hondo en memoria de las luchas de nuestro pueblo.

Joaquín Gómez, Fernando Stratta, Pablo Solana y Mariano Pacheco son militantes del Frente Popular Darío Santillán.

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Maxi Kosteki, los colores urgentes de la nueva humanidad

Silvana Melo (APE)

“Soñábamos con ser grandes artistas”. Vanina y Maximiliano tenían 24 y 21 años y hablaban de la vida con lenguaje diverso. Ella escribía y él les ponía color a las cosas. Cuatro trazos y volaba una mariposa. Azul y verde y naranja y los pibes del comedor entendían que había otras alternativas al gris sostenido del desamparo. Tenían un proyecto juntos, de arte y de vida. Crecidos bajo la palabra de un cristo humano que prefería a los pobres y a los desarrapados, ellos lo buscaban entre los chicos que se apilaban alrededor de las ollas. Descarte de ese país de milenio naciente, reducido a la orgía y la obscenidad de unos pocos.

No los empujaba la militancia política. Andaban tras la búsqueda de un sueño de resurrección en las ruinas del país arrasado. “El me acompañaba. Me seguía en lo que yo hacía”. Vanina Kosteki habla con la presencia de Maxi en cada bandera, en cada amanecer, en cada regreso a casa, en cada cuenta exigida a la Justicia, cada día.

Los conoció en el tren que lo recibía en Glew y lo bajaba en la estación Lanús todas las tardes. Tenían su edad y sostenían un comedor en el MTD Aníbal Verón. Les ofreció sus manos para dibujar y enseñar a dibujar. Abrió la mochila ya casi adherida a su piel, angelado en el vuelo que se proponía. Y les mostró crayones, papeles y colores. El comedor lo recibió como un nido de pájaros. Y él puso sus alas sobre la mesa.

“EL 26 de junio fue su primera y única movilización”, recuerda Vanina. En Maxi había despertado ese militante “que todos llevamos adentro” y que en ella apareció con la fuerza del dolor y de la conciencia a la hora de salir a perseguir la justicia para que mire un poco para la esquina olvidada de los justos.

“Nosotros nos criamos en un ambiente religioso y nuestra militancia estaba enmarcada en esos ámbitos religiosos”. Todo los llevó, más temprano que tarde, a pararse del lado de los débiles. Aunque, en esos tiempos, “sin una formación política muy clara”.

Maxi y Darío Santillán nunca cruzaron palabra. Sólo habrá sentido, Maxi, el calor de la mano de Darío sobre su espalda cuando la sangre era río en la Estación Avellaneda. Sólo habrá alcanzado a sentir la presencia hincada que paraba las balas a su alrededor y levantaba la mano para frenar a la muerte. Sólo se sintieron en el momento atroz de lo definitivo, cuando las armas de la bonaerense vomitaban plomo y a la utopía, piernas arriba por la risa de los asesinos, se le iba la sangre en las alcantarillas de Pavón.

Los Kosteki y los Santillán empezaron a saberse después de que la tragedia les atravesó el alma. Después de que Maxi y Darío volvieron a parirlos. “Hemos hablado con Alberto –dice Vanina- de que hemos compartido los mismos lugares en los peores momentos”. Y recuerda cuando todos vivían en Don Orione y las infancias de Darío y Maxi se habrán cruzado en una plaza de juegos despintados pero sin compartir pan con miel y café con leche. La misma vida que marca rumbos comunes sin lógica aparente los impulsó al Puente Pueyrredón ese día fatal en el que seguían sin conocerse. Y los selló hermanos la pasión y la sangre. “En el 2003 mi mamá se operó en el mismo hospital donde Alberto (Santillán, padre de Darío) es enfermero. Nos cruzamos un día y estuvo con nosotros hasta que ella murió”.

Vanina no pudo volver a escribir desde la ausencia de Maxi. Aquel sueño de ser grandes artistas se partió en dos y ya dejó de tener sentido. Le faltarían a sus palabras los cuatro trazos y la mariposa en vuelo. Los colores que Maxi les puso a las cosas. El viento que le lleva la vida sopla desde entonces con dirección a la Justicia. “Maxi está conmigo en todos lados, cada cosa que hago la hago pensando en él. Pensando en el camino de lucha social que llevo y que sería el suyo. Es imposible otra cosa cuando los asesinos están en libertad o en camino de estarlo. Cuando el aparato político que determinó su muerte está vigente. Cuando Genoud, que era el ministro de Justicia y Seguridad hoy es miembro de la Corte Suprema, cuando el juez Lijo archivó la causa de las responsabilidades políticas y evitó que se siguiera investigando”

Vanina se enteró de la muerte de Maxi “por la tele”. La llamó a su madre y le preguntó si sabía dónde estaba su hermano. “Me dijo que había salido con la mochilita y habría ido al comedor. Entonces le tuve que decir que estaba muerto. Que lo habían asesinado”.

De aquella militancia ingenua y fresca en agrupaciones cristianas poco le quedó a Vanina Kosteki. Hoy su espacio de lucha está en el Polo Obrero, donde encuentra voces compañeras en su búsqueda de una vida nueva, de un mundo donde estén todos. “La Iglesia no es lo que nos pintaron y enseñaron de chicos. Se ocupa de algunas cosas a su manera. No va a salir a una marcha con nosotros los 26 de junio para condenar a los responsables políticos. Los va a defender”.

“Aquello que fuimos, monaguillos, integrantes del coro de la iglesia, quedó en un plano muy secundario. Los amigos de la iglesia desaparecieron en estos diez años y nos dejaron totalmente solos”.

Ahora sabe que no lo están. Ese símbolo desgarrador, ese parto de la esperanza que es la imagen de Darío hincado ante la agonía de Maxi, con la mano alzada frenando a la muerte y al plomo de los monstruos azules es la clave. “Así como Darío se quedó con Maxi ahora estamos todos juntos, emprendiendo un camino. No sólo por ellos dos sino por Mariano Ferreyra, por Fuentealba, por los catorce asesinados de estos diez años”.

Por ellos “no vamos a negociar nunca con nadie. No nos van a comprar. Ha sido y es un camino largo, duro y bastante pesado. Pero es el que Darío y Maxi habían emprendido: la construcción de un país que sea para todos”.

Un país que se alzará bloque a bloque con las manos de Darío. Con los colores urgentes de los pinceles de Maxi. Construido con esa nueva humanidad por la que la sangre de los dos sigue corriendo por las orillas desenfrenadas de Pavón.

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Tejerina... ¿libre?

Ana Montes de Oca (MDZOL)
Ayer estuvo en todos los diarios y noticieros. Volvió a ser noticia Romina Tejerina. Se habló de ella en todos los medios del país bajo la novedad de que había quedado libre.

¿Libre?

Romina salió de la cárcel en la que la metieron tres jueces que se creyeron con derecho a juzgar algo que jamás podrían entender y parte de una sociedad careta, metiche y moralista de cartón que también se cree con derecho a juzgar algo que jamás podrían entender.

Nosotros, los periodistas, obligados a dejar de lado nuestras creencias y sentimientos, tuvimos que contar una realidad fáctica, a saber:

Que Romina salió de la cárcel.

Que a los 19 años tuvo un bebé después de una violación que no pudo comprobar.

Que trató durante 7 meses de ocultar el embarazo.

Que sólo subió 5 kilos a fuerza de laxantes.

Que parió sola en el baño de su humilde casa.

Que cortó el cordón con un cuchillo y puso al bebé en una caja.

Que tapó la caja y con el mismo cuchillo con que había cortado el cordón, asestó 21 puñaladas a la caja.

Que la encontró una hermana (que era la única que sabía del embarazo y de la violación) y agarró mujer y bebé y caja y los llevó al hospital.

Que la bebé murió dos días después.

Que Romina fue presa dos días después.

Que la sentenciaron a 14 años de prisión por homicidio agravado por el vínculo.

Que el violador quedó sobreseído y libre luego de pasar 23 días preso porque según él ellos tenían una relación y ella ya no podía demostrar la violación.

Que ayer, Romina salió de la cárcel después de cumplir dos tercios de su condena y 29 años.

Lo que no dijimos los periodistas, lo que no pudimos transmitir por cuestiones legales y hasta para no caer en eso que se llama subjetividad y se considera un error es que Romina no es libre y nunca lo será.

Nunca será libre para volver a disfrutar de verse linda, porque siempre estará presa de los dichos de todos los ignorantes (incluidos policías y fiscales) que le recordaron una y otra vez que a ella le gustaba ir a fiestas y vestirse con faldas cortitas.

Nunca será libre para disfrutar de una panza y de un parto, porque aunque logre tomar la decisión siempre tendrá en su alma la cicatriz que le dejó aquel otro embarazo.

Nunca será libre de la culpa que le han hecho sentir desde la sociedad que la condenó hasta los jueces y también los periodistas que todo este tiempo la trataron de "la madre que mató a su hija" sin entender que no es madre una mujer que pare, ni es hija un ser que se engendró a través de la violencia. No es hija de esa mujer, podrá serlo del cielo, de dios o de quien quieran creer.

Nunca será libre de decidir "ahora voy a hacer esto con mi vida" porque la letra escarlata conque le tiñeron la frente, el cuerpo, el alma y la vida es indeleble como el prejuicio.

Nunca será libre de sentirse amada y segura en los brazos de un hombre, porque la "justicia" le dijo que ese hombre dijo que la quería y sin embargo, le hizo lo que le hizo y le dieron la razón a él y la metieron presa a ella.

Romina Tejerina nunca será libre de la ignorancia ajena. Esa que hace que todos crean que pueden opinar, analizar, juzgar y condenar lo que pasó por esa cabeza durante los interminables meses que pasaron desde que la violaron hasta que vio la cara de ese bebé y decidió meterlo en una caja, taparlo y acuchillarlo hasta que se callara.

Y tampoco será libre de esos recuerdos que, seguramente, aún no se callan y no se callarán nunca.

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Romina Tejerina: ¡Libre!

Zula (INDYMEDIA)

Luego de cumplir los dos tercios de su condena, en la mañana del domingo fue liberada Romina Tejerina. Salió acompañada de su hermana Mirta Tejerina, en el día de su cumpleaños, desde el penal de Alto Comedero, Jujuy.

Romina Tejerina fue condenada en 2005, a catorce años de prisión por haber matado a su beba que nació producto de una violación. Durante estos 9 años, 4 meses y 1 día las organizaciones de mujeres y feministas no dejaron de luchar por su libertad.

En el caso de Romina, no sólo se conjugó una justicia machista en una provincia conservadora que la señala como única responsable de lo que sucedió. La culpabilización que sufrió Romina es producto de la hipocresía y el ocultamiento de hechos de violencia sexual y física naturalizados socialmente, que se arraigan en prejuicios sostenidos tanto en creencias religiosas, como en valores misóginos y patriarcales que castigan todo intento, por parte de las mujeres, de decidir sobre su propio cuerpo.

Mientras tanto, muchas personas continúan juzgando y condenando a Romina. El hecho no ha suscitado en ellos/as, ni el más mínimo replanteo acerca de la violencia que padeció. Nadie reflexiono acerca de qué hubiera hecho en su lugar, bajo las mismas circunstancias. A la humillación de ser violentada por Pocho Vargas le siguió el silencio, la desesperación y el desasosiego de un embarazo a la fuerza y el ensañamiento de una justicia patriarcal que la señaló “por usar polleras cortas e ir a bailar”. Hoy Romina está en libertad, pero su violación continúa impune.

Carta de Mirta Tejerina

Hoy, 24 de junio de 2012, después de 9 años, cuatro meses y un día de injusto encarcelamiento, Romina recobró su libertad.

A las compañeras y compañeros de lucha, a cada uno/a de Uds que se hicieron eco del sufrimiento de Romina, transformando la causa por su libertad en un emblema de lucha del Movimiento de Mujeres contra la violencia y la impunidad de la que somos víctimas.

En nombre de la familia Tejerina, quiero expresar nuestro agradecimiento por todo el apoyo que nos dieron estos años: ROMINA NO ESTUVO SOLA.

Siempre estuvieron Uds, nosotros/as, todas/os comprendiéndola, conteniéndola y rodeándola de afecto.

Romina está feliz, su deseo más grande es terminar de estudiar. En esta nueva etapa que se inicia quiere tener la oportunidad de llevar una vida normal para poder cumplir con sus sueños truncados hace más de nueve años.

A cada una/o de Uds un abrazo; muchas, muchas gracias.

Mirta Tejerina.

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Argentina, Neuquén. Causa "la escuelita" II: "La verdad es que los secuestraron para matarlos"

RIO NEGRO ON LINE

El tribunal que lleva adelante el segundo juicio oral por delitos de lesa humanidad cometidos en la zona por la dictadura militar del 76 aceptó el pedido de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos Neuquén (APDH), de que se acuse a de homicidio a los militares retirados Mario Gómez Arena, Oscar Reinhold y Luis Farías Barrera de homicidio, por seis víctimas que están desaparecidas: José Méndez, Miguel Pincheira, Alejandro Cancio, Javier Seminario Ramos, José Pichulmán y Celestino Aigo.

Noemí Labrune, principal referente de la entidad, sostuvo que el planteo se fundó en cuestiones legales a partir de la incorporación al Código Penal de la figura de la desaparición forzada de personas que, en el plan criminal desplegado por la dictadura, tenía tres salidas: su liberación, su puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) o su desaparición física.

"En 2007 las querellas no estaban legitimadas para requerir por delitos cuando no lo hacía la fiscalía y la fiscalía de primera instancia consideró que no podía requerir por homicidio desconociendo el cómo, cuándo, dónde –de las desapariciones–, es decir enfocaba este delito desde la óptima de un delito penal común", dijo.

"En América Latina los estados inventaron una nueva forma de represión que era la desaparición forzada. El esfuerzo de los abogados de los organismos logró, allá por el 80, que Naciones Unidas tratara el tema y pocos años después se describió la desaparición forzada, en todos sus aspectos, como un crimen de lesa humanidad. El país firmó esa resolución pero no se introdujo en el Código hasta 2011", comentó Labrune.

Fue la llave para el requerimiento de imputación por homicidio. "Fue posible porque había evolucionado la jurisprudencia y la Corte determinó que las querellas también pueden requerir criminalmente cuando no lo hace la fiscalía. Ahora hay que volver atrás. La fiscalía dirá lo mismo que dijo antes, pese a todas las evidencias que se han puesto a la luz los últimos tiempos, o dirá otra cosa", señaló.

Noemí Labrune admitió que la fiscalía tiene la potestad de fijar su criterio, pero destacó que "nosotros seguiremos con este mismo planteo y estamos trabajando contra reloj porque aspiramos, y es totalmente posible, que sea investigado de una forma expeditiva, se formule el requerimiento de elevación a juicio y se debata en el juicio que se hará ni bien termine éste por el caso de Jorge Di Pasquale y Héctor Mendoza".

Respecto de quienes se oponen a que se acuse por homicidio indicó que "hay dos niveles para considerar. Uno meramente político, donde se paran los organismos políticos y seguramente una parte importante de la comunidad, que hace de esto un conflicto porque no está resuelto y reclama su derecho a saber el destino de los desaparecidos y hasta tanto no ocurra eso pretenden no cerrar el tema. Nosotros acordamos con esa posición política, tampoco queremos cerrar el tema, seguiremos reclamando por saber el destino de los desaparecidos y la devolución de los restos".

"Otro -dijo- es el jurídico y estos seis casos se cierran en este juicio. Si no hubiéramos hecho esta presentación los responsables serían condenados solo por privación ilegítima de la libertad, un delito no solo con pena mucho menor, sino mucho menos grave".

Comentó, para resaltar la interpretación, que aquel que priva de libertad a una persona no es responsable de su destino final como está enfocado el tema. "Y eso no es verdad, esto era un plan y los responsables de esa privación ilegítima son también los responsables del destino final de esa víctima. La verdad es que los secuestraron para después matarlos", indicó.

Labrune dijo que sin duda la verdad de los hechos es muy dura para los familiares de los desaparecidos. "Así como en los primeros años nosotros creíamos que podían aparecer con vida y el dolor era incertidumbre, inquietud, pero no era el dolor irreducible frente a la muerte, entendemos que dar este paso es muy duro para muchos, pero hasta que no se nombre la verdad con las palabras que tienen, no habremos contado toda la verdad y ese es un derecho de toda la comunidad y para las generaciones futuras", remarcó.

Agregó: "Tenemos que transmitir el mensaje completo: acá hubo asesinos, hubo homicidios en contra de esas víctimas que ya eran víctimas de desaparición forzada. Ésa es la verdad histórica".

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