martes, 22 de enero de 2013

Acerca de las relaciones de género

Ester Kandel (especial para ARGENPRESS.info)

De acuerdo con esta visión, las mujeres y los hombres son definidos uno en relación con el otro y no se puede comprender a ninguno estudiándolo separadamente. Joan Scott.

El término “género” se ha difundido pero en muchas ocasiones es usado como sinónimo de “mujer”, diluyéndose el sentido por el cual fue introducido en nuestro léxico.

El objetivo es focalizarnos en el sentido relacional de esta categoría pues suele ser muy útil para esclarecer, analizar y descifrar situaciones de nuestra vida cotidiana.

En el ámbito laboral cuando se hace referencia a la jornada de trabajo, es frecuente que las mujeres aludan a la “otra jornada”, la tarea doméstica y de crianza de hijos/as, sin remuneración. Los varones lo hacen en menor medida.

La doble jornada de trabajo es la marca de la sociedad patriarcal por un lado y la deficiente organización del sistema público para la atención de la primera infancia.

Ésta última, en general es asumida por las mujeres. La sociedad patriarcal instituyó relaciones sociales con roles específicos para uno y otro sexo y aunque en el transcurso del siglo XX se produjeron muchos cambios, esta sociedad desigual sostiene y reproduce inserciones laborales diferentes entre mujeres y varones, persistiendo la doble opresión a las mujeres.

La relación entre familia y trabajo fue objeto de estudio, considerando “el lugar de un reparto obligado”. Marie-Agnés Barrère-Maurisson (1999) en la División familiar del trabajo señala:

Su funcionamiento induce necesariamente la distribución del trabajo entre los cónyuges, para asegurar la supervivencia de la unidad familiar. El mantenimiento de la célula familiar está en efecto constituido por tareas domésticas y exige, por otra parte, recursos que provengan del ejercicio profesional

Esta visión implica considerar a la “familia” la que permite la regulación del “trabajo” (entendido como un conjunto), lo que confirma la relación indisoluble trabajo-familia.

Esta relación está íntimamente ligada a las políticas relativas al trabajo y la familia (empleo, legales, fiscales, atención a la primera infancia y la vejez).

En el año 1981 la OIT emitió la Recomendación Nº 165 sobre la igualdad de oportunidades y de trato entre trabajadores y trabajadoras: trabajadores con responsabilidades familiares. Uno de los fundamentos destaca que “para lograr la plena igualdad entre el hombre y la mujer es necesario modificar el papel tradicional tanto del hombre como de la mujer y en la familia. El nudo de esta Recomendación es el desarrollo de Políticas Nacionales que promuevan y apliquen medidas para prevenir la discriminación directa o indirecta basada en el estado matrimonial o las responsabilidades familiares. Puntualmente se indica políticas de formación y empleo, servicios y medios de asistencia a la infancia y de ayuda familiar y de seguridad social y ayuda en el desempleo.

El “segundo turno” da cuenta que la redistribución de las responsabilidades financieras en el seno de la familia no se ha visto acompañada de una redistribución equivalente de las responsabilidades de trabajo en el hogar. Este documento también hace referencia a la resistencia de los gobiernos a ratificar estas recomendaciones.

Una responsabilidad social: La reproducción del modelo

La reposición de la fuerza de trabajo estuvo presente desde el inicio del sistema capitalista. En esa época la mayoría de la fuerza laboral era masculina y las mujeres, cumpliendo con el rol que se les había asignado, considerado como un don natural, realizaban la tarea doméstica. Cuando las mujeres se incorporación al trabajo industrial y comercial la realizó cumpliendo la doble jornada laboral.

A pesar de los innumerables cambios culturales y tecnológicos, las mujeres continúan siendo, mayoritariamente depositarias de las tareas domésticas y las de cuidado (1). Con acierto en la investigación publicada por ELA (2012) se señala:

También hay un componente ideológico y moral. Existen formas de cuidado que son valoradas en determinados momentos por la sociedad y que representan “modelos” de buenas prácticas de cuidado. Estos modelos están determinados histórica y socialmente: cambian a lo largo del tiempo y en distintas sociedades. Asimismo, son reforzados a través de un conjunto de instituciones y normas sociales. Por ejemplo las recomendaciones de médicos pediatras en relación con el cuidado de los hijos o el momento que se considera adecuado que un niño o niña ingresen al sistema educativo.

La práctica social de este rol llevó a la especialización sobre las tareas de cuidado, tal es así que se puede observar que en el ámbito laboral, las que trabajan en oficios y profesiones que implican el cuidado del otro son: empleadas domésticas, maestras, enfermeras, niñeras, etc.

Otro fenómeno que se observó en el período 1980-1990, es el nuevo status de la mujer y su incorporación al trabajo, a la par que se producía la creciente incorporación de contingentes femeninos al mundo obrero.

La demanda social más general relacionada con su nuevo status adquiere una proyección organizativa diferente (comida, cuidado de niños y ancianos, cuidado de la casa, atenciones personales, etc.).

Se produjo una gran expansión de los sectores ocupacionales que tienen que ver con este tipo de tareas. Según las proyecciones del Bureau of Labor Statistics de los Estados Unidos: de las veintisiete ocupaciones con una demanda más fuerte desde 1986 hasta el año 2000, un 36% de los puestos de trabajo son actividades que pueden ser catalogadas como ocupaciones de sustitución del rol doméstico de la mujer.

En la publicación Los usos del tiempo en la Ciudad de Rosario (2000) donde se estudió la participación del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados de los varones y las mujeres respecto al trabajo en el mercado, concluyen que en todos los casos el promedio de participación es de 27% para los varones y de 50% para las mujeres. (2)

En la Ciudad de Buenos Aires también se realizó un relevamiento (3) de datos que demostraron:

... en una semana típica cuando los/as niños/as están en el hogar, las madres son las principales responsables de cuidar: el 76% de los casos se encargan del cuidado y en el 50% de los casos lo hacen, declarativamente, de manera exclusiva.

La responsabilidad social de cuidar debe ser compartida por varones y mujeres es una reflexión racional compartida cada vez más por muchas personas pero la ausencia del Estado en esta cuestión permite la reproducción del modelo instituido.

El ejemplo desarrollado permite acercarnos a la complejidad del tema y sólo se puede comprender estudiándolo en su conjunto, introduciendo la categoría de relaciones de género.

La categoría: género - Un poco de historia

Según Joan Scott (4) en el artículo El género: una categoría útil para el análisis histórico, dice que las palabras como las ideas y las cosas tienen una historia, después de revisar distintas definiciones (5) desde el siglo XIX, señala que en el uso más reciente, de la palabra “género” entre las feministas estadounidenses “forma parte de un esfuerzo por reivindicar un territorio definitorio específico, de insistir en la insuficiencia de los cuerpos teóricos existentes para explicar la persistente desigualdad entre mujeres y hombres”.

Esta mirada implicaba distinguir:

- el carácter fundamentalmente social de las distinciones basadas en el sexo, como son los roles.

- el rechazo del determinismo biológico implícito en el uso de términos como los de “sexo” o “diferencia sexual”.

- enfatizar también el aspecto relacional de las definiciones normativas (6) de la feminidad.

- introducir una noción relacional en nuestro vocabulario analítico, porque los estudios sobre la mujer, la focalizaban demasiado y separadamente de otros aspectos.

- de acuerdo con esta visión, las mujeres y los hombres son definidos uno en relación con el otro y no se puede comprender a ninguno estudiándolo separadamente.

El término “género” tiene dos usos, uno descriptivo y otro que introduce una noción relacional, analítico.

Uso descriptivo se expresa en un concepto asociado con el estudio de las cosas relacionadas con la mujer, donde “género y “mujer” son sinónimos.

El término ‘género’, encaja mejor en la terminología científica de las ciencias sociales y se separa por lo tanto de la (supuestamente estridente) política del feminismo. En este uso, el término ‘género’ no necesariamente conlleva una afirmación acerca de la desigualdad o del poder (…)

Uso analítico: surgió en polémica con la historia tradicional, Scott, dice que “la forma en que la historia incluirá y relatará la experiencia femenina se halla en el alcance que pueda tener el género como categoría analítica. (…) Agrega:

Un interés en la clase, la raza y el género expresa en primer lugar, el compromiso intelectual de construir una historia que incluya las historias de los oprimidos y en segundo lugar, la comprensión intelectual de que las desigualdades del poder se organizan al menos sobre la base de estos tres ejes.

Las preocupaciones por el género como una categoría analítica surgen a fines del siglo XX. Es en la década de 1980, que “las feministas contemporáneas buscan un lugar de legitimidad y por insistir en el carácter inadecuado de los actuales cuerpos de teoría para explicar desigualdades entre los hombres y las mujeres.”

Estudiar las relaciones de género implica tener siempre presente la noción de proceso. Scott nos sugiere que debemos preguntar más como pasan las cosas para saber por qué pasan, es buscar una explicación significativa.

Consideramos que las trabajadoras/es debemos analizar la perspectiva de género, como parte de otras relaciones de poder. Nosotras/os vivimos en una sociedad divida en clases, con intereses contrapuestos y en ese sentido, las trabajadoras/es tenemos que analizar la relación clase- género y la doble opresión de las mujeres y resignificar la historia, la cultura, etc.

Notas:
1) “Cuidar” implica la atención y satisfacción de aquellas necesidades físicas, biológicas, afectivas y emocionales que tienen las personas necesitan de cuidados, aquellas que son dependientes, ya sea por encontrarse en los ex-tremos de la vida (niñez, ancianidad) o por otras razones (enfermedades, discapacidad) requieren de una mayor cantidad de cuidados y/o de cuidados especiales.
2) La investigación diferencia los tipos de hogar: unipersonal, nuclear, monoparental y extenso.
3) Op.cit.
4) Publicado en De mujer a género - Teoría, interpretación y práctica feminista en las ciencias sociales, Centro Editor de América Latina, 1993. y en Marisa Navarro- Catherine K Stimpson (comp..) Sexualidad, género y roles sexuales, F.C.E. Buenos Aires, 1999.
5) Diccionario de la Langue Française (1876): “No se puede decir de qué género es, si es macho o hembra; se dice de un hombre introvertido, del que no se conocen los sentimientos. Y Gladstone hizo esta distinción en 1878: “Atenas no tiene nada de sexual, sólo el género, nada de mujer, sólo la forma”.
6) Los conceptos normativos que manifiestan las interpretaciones de los significados de los símbolos, en un intento de limitar y contener sus posibilidades metafóricas. Esos conceptos se expresan en doctrinas religiosas, educacionales, científicas, legales y políticas, que afirman categóricamente y sin lugar a dudas el significado de varón y mujer, masculinas y femeninas. De hecho, esas declaraciones normativas dependen del rechazo o represión de posibilidades alternativas (…) La historia subsiguiente se escribe como si esas posiciones normativas fueran producto de consenso social y no de conflictos.

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