miércoles, 27 de febrero de 2013

Desorden y dominación

Leonardo Sai (especial para ARGENPRESS.info)
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De lo que trata la lucha de clases primeramente y en última instancia puede resumirse, en las vísperas del socialismo, en una sola palabra: Tecnología. Mientras la sociedad sea una sociedad de clases, la clase social que gobierna las potencias innovativas humanas a escala social tiene y tendrá la manija de la transformación política y el diseño de nuevas formas de vida.
Notas sobre la economía política de la historia
Pablo Levin

¿Significa que la teoría crítica de la sociedad abdica y deja el campo libre a una sociología empírica, libre de toda guía teórica, excepto la metodológica, que sucumbe a las falacias de una concreción mal situada, realizando así un servicio ideológico al tiempo que proclama la eliminación de los juicios de valor? ¿O los conceptos dialécticos muestran una vez más su valor, comprendiendo su propia situación como la de la sociedad que analizan? Puede sugerirse una respuesta si se considera la teoría crítica precisamente en el punto de su mayor debilidad: su incapacidad para demostrar la existencia de tendencias liberadoras dentro de la sociedad establecida.
El hombre unidimensional
Herbert Marcuse

Cuando la presidenta hace referencia a un “anarco-capitalismo financiero” no está hablando de la anarquía mercantil, esencial al modo de producción capitalista. Sospechamos que hace referencia a la textura de las instituciones como totalidad mundial y turbulencia. Ni la bolsa de Nueva York se afirma inmune, autónoma, en la interdependencia del sistema mundial: está en camino a ser controlada por Intercontinental Exchange, su rival. Las acciones se derrumban, el líquido busca activos reales como la tierra y el cemento. Las burbujas de derivados e inmobiliarias no pararán de explotar. Totalidad que ya no se presenta como “administración” o “totalidad represiva” sino como totalidad permisiva. Nadie, ni el Banco de Basilea, sabe rigurosamente el monto total de derivados que existen en el globo. Ya no hace falta una ciencia operacional que metódicamente controle lo social: el consumidor participa tanto de la noticia como del espacio publicitario. Envía sus ideas, opiniones, filma la emergencia. Un banco bueno, un banco tóxico y que las pérdidas la paguen los contribuyentes. Ningún saber técnico, pura estafa. Otro documental de Michael Moore. Las ciencias de la manipulación y el departamento de relaciones humanas fueron relevados por la informática y las ciencias de la información que, bajo el tendido de redes sociales, (re) producen el auto-control y la auto-censura: lo que hay que decir para quedar bien; lo que hay expresar emocionalmente para ser considerado “de los nuestros”; los gustos que se deben hacer públicos... Todo el espacio íntimo se redefinió como gestión de la subjetividad y la subjetividad como una grilla bien dispuesta para los “recursos humanos”. Por supuesto, no sin ofrecer entretenimiento para la depre, crédito virtual para el vicio, relaciones sociales para la fobia, sexualidad para las ansias, concreción del lenguaje para no hacerse mucho drama... Renovadas posibilidades para la descarga de obsesión e histeria; una democracia de la “agenda propia”.

La estética del control de la sociedad tecnológica no es un mundo donde directores, managers y selectores coachers —supuestos traidores que escarban la “ideología” con cognitivismo, tests de la lluvia, casita y árbol; batería de preguntas que confirmen la mansedumbre— destruyen el pensamiento dialéctico con conductismo norteamericano. No pasa por un saber “científico” que ejercerían unos contra otros. El humanismo concluyó. No hay más dioses ni sabios. El paper reemplazó archivo y lectura. Nadie lee porque se desconoce lo que el leer es en verdad. Es algo mucho más participativo y abierto, más y menos personal. Más personal porque el actor se asume como tal y “manipula” toda una serie de herramientas, cuidados y terapéuticas de la apariencia que van desde el uso esnobista del psicoanálisis porteño, pasando por las neurolinguisticas, hasta las terapias alternativas, orientalismo y auto-managment. Menos personal porque se ha desdibujado el espacio de confrontación mediante tercerización, video-vigilancia, registro informático de los movimientos y la atención. La estética de la sociedad del control no es un panóptico sino un juego constante de duplicidades en dinámicas de poder que actualizan las antiguas cortes aristocráticas. Es un mundo, esencialmente, cortesano. Sinóptico. Un mundo donde no hay que mostrarse ni demasiado adulador ni demasiado obvio: el objetivo, como en los reality shows, es ganar el favor del Uno (amo) de modos sutiles. El controlador es el controlado, el controlado es el controlador: el juego funciona, circula, nadie quiere dejar de ejercer su cuota-participación; la oportunidad hace de sinceridad toda. Asistimos a la suavidad absoluta respecto de la maquinación: allí donde el dominio tecnológico no ejerce un control efectivo sobre un determinado campo social, acecha la permanente inseguridad y el peligro oblicuo. ¿Fetichismo?

La seducción del capitalismo sobre la inmensidad trabajadora del globo se encuentra en la súper-producción de bienes, en su derrame, en el abaratamiento permanente de las tecnologías: es una percepción material y constituye un índice real de la capacidad reproductiva y la mejora de las condiciones de vida. La miseria del capitalismo no es absoluta sino relativa: el trabajador del XXI tendrá su auto con paneles solares mientras el capitalista comprará su isla privada rematada por el estado. El límite del capital no yace ni en el trabajo a gran escala ni en la automatización sino en la creencia maciza de la cultura que los trabajadores son incapaces de planificar al capital. Ningún Lenin. La diferenciación de la clase es la diferenciación de la historia. No hay una lucha esencial sino combates pluri-contextuales. Los trabajadores deben revolucionar la producción con ensayos respecto de la propia capacidad de hacerse con el comando innovador del proceso social. Siglos le llevó a la burguesía y todo puño de hierro que decida con anticipación demostrará estar guiado por odio, destrucción, voluntad de poderío, irresponsabilidad absoluta respecto del pueblo. Luxemburgo expone las lacras teóricas del legado bolchevique. Las experiencias sin teoría, sin estrategia, prácticamente absorbidas por el estado, aún demuestran el saber arreglárselas de los trabajadores cuando la contradicción alcanza la destrucción del oro (trabajo). En la sociedad tecnológica, el capital hace rato superó los límites del cuerpo y su promesa actual es la modificación biológica de la especie. Volverse más inteligente, juventud eterna, robótica de sí: clientes de lo maligno en el parque humano posmo. El capital tecnológico supera, concretamente, la finitud humana: no promete nada, crea. El problema es que nosotros no estaremos allí. Dust to dust. La cosa se ha vuelta por demás impredecible. ¿Seguridad?

Las cámaras de Global View (La Plata, Tigre, Lanús, Mar del Plata, Lomas de Zamora, Rosario) se difunden por C5N y todos nos sentimos mejor. La empresa aprovecha los subsidios del gobierno a las municipalidades y provee, con sus técnicos e instalaciones, de la tecnología y dispositivos necesarios para el combate de la inseguridad. Ahora “las nuevas tecnologías” pueden controlar el vandalismo, la droga, la acumulación de basura, la alteración del orden público. ¡Cómo no se nos ocurrió antes! ¡All in One! Lástima que el vigilante sea un humano, demasiado humano, y que el 15% del tiempo de visualización se dedique a culos y tetas (abundante café, crucigramas, somnolencia) De todos modos, no somos Marcuse y lejos estamos de posicionarnos en contra del sistema de cámaras de forma categórica, absoluta. Subrayamos su carácter limitado, su lugar como medio y no como fin: la necesidad de profundizar la planificación de la reconstrucción social en urbes divididas entre excluidos e incluidos. Debe profundizarse la legislación sobre el uso de la imagen captada en una multiplicidad de espacios (públicos y privados) y la obligación de que las corporaciones informen acerca de su uso, quienes son los titulares de las mismas, el derecho a rectificar, corregir información dañosa. Habeas data como piso para lo que vendrá. Derecho a la imagen y control ciudadano. Mientras tanto, proliferan noticias que identifican las empresas de seguridad que venden estos servicios de video-vigilancia como grupos mediáticos que difunden sus “logros” por canales de noticias. Sucede que la cuestión no pasa por la inteligencia y astucia de los Vila-Manzano, Szpolski, Montoto para capturar la inversión del estado sino por un proceso objetivo de subsunción del derecho penal a las empresas de tecnología . No pasa solo en la Argentina y la trama no se trabaja con denuncias histéricas contra empresarios sino con legislación adecuada, tribunales y sensibilidad para un pánico social cuyo montaje no son “los medios” sino el límite intervensionista del estado. El “modelo productivo” ya no genera empleo —entre el tercer trimestre de 2011 y el tercero de 2012 el sector privado creó solo 9000 puestos de trabajo, un crecimiento del 0.1% i.a. El mercado no puede absorber ni reducir la pobreza / indigencia estructural. Ni en Argentina, ni en Brasil. No alcanza. La planificación del estado debe ser directa para desarmar el guetto con control de importaciones, empresas estatales mano de obra intensivas, asegurando mercado interno y ganancias. No faltará la acusación de desempleo encubierto, industrialización forzada, estalinismo, autoritarismo, mercantilismo, clientelismo y el índice delictivo volverá a caer contra la sección policiales que jamás se detendrá. Tampoco nos engañemos. El secreto del éxito de la tecnología de la video-vigilancia sobre la planificación del rescate de la miseria no es la comodidad de sus ventajas: yace en sus desventajas. El amor del público al policía virtual que lo cuida en todas partes es narcisismo. Es a nosotros mismos a quienes nos vemos reflejados en la ciénaga: es al otro, al excluido, a quien se controla. Queremos el mimo del Gran Hermano mientras consumimos con tranquilidad. Una ciudad cerrada, atrincherada. La derecha se monta sobre este poderoso simplismo y discriminación con fuerza, firmeza, potencia, megalomanía y ridiculez. Sin embargo, constituyen los únicos que representan, en forma inculta y trastornada, la presión real de la villa. Las clases medias están atrapadas en esta dicotomía. Y ante cualquier avance del estado sobre los territorios no falta quienes vociferan: ¡a ellos le dan todo y a nosotros nos suben el ABL! Si el pibe chorro no existiera, habríamos tenido que inventarlo. Junto al enfrentamiento del trauma convive la pulsión que hacia él quiere retornar: “con los milicos estas cosas no pasaban”. Las voces que claman por reconciliación con el pasado son este mismo deseo de retorno. Dicen que tienen “miedo de vivir en un país dividido”. Votan el futuro de Antonia. Pero el futuro de Antonia es el país de la banalidad judicial. Un país donde la escritura forense se funde con el amarillismo y la hiper-inflación punitiva. Un “modelo de país” donde el relato policial se impone sobre el proceso judicial; donde agentes encubiertos y con reserva de identidad desvían hipótesis; donde abundan los chantajes, apremios a testigos e imputados para que delaten situaciones e impliquen a personas; donde existe una permanente superposición de la mediática en paralelo a la investigación; donde se sospecha del entorno familiar de las víctimas o directamente de la propia víctima; se convalida desde la justicia los actos policiales; donde se delega la búsqueda o paradero en la mismo fuerza sospechada de la desaparición; donde se caratulan causas como averiguación de paradero y no como desaparición forzada de persona: el futuro de Antonia es la proliferación de expedientes Luciano Arruga. La carga deudora del kircherismo es solvencia de la derecha pop. No por ideología, sino por amor. Volvamos.

Si especulamos, desde lo que la historiografía llama “edad moderna” hasta la fecha, la idea que estructura el concepto de dominación es la idea de orden; un orden con pretensión de legitimidad. Legítimo quiere decir: series de creencias que hacen aceptable, deseable, tolerable, soportable el ser dominado. Hay interés o adhesión fingida de individuos o grupos enteros, es decir, se produce la obediencia formal que es la probabilidad de la dominación material: el cálculo para expandirse. La pretensión es la identidad del proyecto de poder: “somos la vanguardia de los trabajadores” “somos la República” “somos los herederos de la juventud maravillosa”. Esa dominación, particularmente estudiada por la sociología política, fue comprendida bajo la égida del concepto de “estado” (cuadro administrativo) y la crítica de la economía política la sintetizó como un aprori histórico que se imponía, objetivamente, a espaldas de los hombres y del control político de las instituciones como forma social, esto es, el dinero en tanto valor mercantil y realización del capital: riqueza abstracta. Regresando a la sociología política —que es siempre una sociología del derecho— subrayamos que la relación entre “orden” y “dominación” alcanza su unidad en el estado de excepción.

Es cierto que el estado de excepción es empírica, técnica, productivamente, una relación de poder disciplinario y una fuente saber positivo sobre el hombre: la diferencia debe ser normalizada. Marca el límite de lo aceptable. Según su dictat, despliega las fuerzas del Leviathan para reconstruir el monopolio de la violencia del pastor: la coacción debe fundamentarse racionalmente. La imaginación política considera esa relación como imagen de soberanía: la espada, el vértice, el sagrado origen mítico de la Nación. De hecho, la soberanía, como representación total del mundo del XXI, se monta, exaspera y prolonga el dominio políticamente apolítico del derecho internacional del XX. Espejea el mercado mundial de la sociedad mundial y su comunicación: la pirámide se escapa del ámbito nacional y se re-organiza, supra-nacional, incluyendo el teatro de actores nacionales, internacionales, trasnacionales, globales. Cambia la escala, el grado, el alcance, la diferencia cualitativa: el triángulo es el mismo y no lo es. Dicho de modo esquemático: durante la modernidad, la apariencia es la de un orden legítimo mientras el desorden yace como su verdad (des) oculta (crisis, excepción soberana, reserva de valor, fuerzas armadas) Hoy se invierten los términos. La apariencia es el desorden (multitud, turbulencias financieras, crisis de representación política, narcotráfico, medio ambiente, reserva de valor) mientras que el orden se oculta y comprobamos su poder monopólico en la superficie de los precios: el orden de la potenciación tecnológica se dispersa y enmaraña con las posibilidades siempre renovadas de una libertad interpretada como valor de uso.

Cuando existía el orden, y la anomia era excepcional, no se necesitaba del uso. Uno se refería al Orden para saber lo que significaban las palabras. Y después, cuando las palabras funcionan, se recurría al amo del discurso, de la verdad, una relación de autoridad que puntualizaba, disciplinaba, exigía, elegía lo que ellas significaban. Pero cuando el Orden se derrite, se liquida como representación de la totalidad, cuando la estructura es reemplazada por las expectativas y la contingencia, cuando se cree menos que más en el amo de la verdad, cuando él dice esto y yo digo otra cosa, solo quedan los valores de uso. Uso y nada más que uso. El uso se impone porque no hay más saber, donde la voluntad de sistema muere y cada cual con su “verdad relativa”, con su pequeña secta, su séquito de amos más o menos fallados... En el desorden, no hay técnica que valga. Hay que saber arreglárselas. No es solo “neo-liberalismo” sino un horizonte de mayor liberación de la máquina deseante. El mundo de la sociedad disciplinaria era pletórico de técnicas, saberes, know how. El mundo de la sociedad tecnológica, de la sociedad de control, es más imprevisible, salvaje. La cosa no está domesticada, no es sumisa ni dócil sino indómita. La disciplina es una racionalidad de alcance universal mientras el control es, esencialmente, singular. En un caso existe una anticipación, un saber previo, no hay grandes sorpresas. En el otro, se aprehende el cuidado y la prudencia porque se desconoce la dinámica y siempre se debe esperar lo peor. La disciplina puede apresar, conceptualmente, su objeto. No sucede lo mismo con el control: la posibilidad de su poder es ajeno a toda captura conceptual; el control es un saber en tanto “desenvolverse con algo”. Pero este algo que se controla, este algo del cual hay un uso, un “servirse de”, no puede ser apresado en un código: se sustrae y traspasa. La disciplina es paranoide, el control: esquizo. Y el individuo, soberano de sí, no quiere que lo toquen los juguetes. Se lo “empodera” (empowerment).

¡Qué nadie se atreva al atraso civilizatorio del dirigismo económico! No acceder a facebook o a la novedad tecnológica equivale a dictadura y modo de producción asiático. Legislar sobre el uso y abuso de Internet equivale a ser policía y agente de inteligencia de la CIA. No descontrolarse, socialmente, se ajusta a los términos del puritanismo fanático, la ausencia de juventud, perfil de imbécil. Si no hay descontrol, no hay vida. Hace rato que la dominación ya no se practica sobre la organización institucional del excedente sino asegurándolo mediante estrategias que desborden y suspendan la legalidad. Metáfora de la “doctrina del shock” en Noemí Klein. Cuando el caos está lo suficientemente cocido, el desorden al dente: el estado deberá sacar de donde sea flujos enormes de dinero para re-definir urbanidades, adecuarlas a los pisos e innovaciones tecnológicas que determinan, extrínsecamente, los diagramas de infraestructuras nacionales; cubrir desastres dudosamente “naturales”; hacerse de armas en cuya venta se realiza la obsolescencia programada o negociar la periferia con paz, es decir, pactar un escudo anti-misiles; comprar materiales imprescindibles para aceitar y atraer inversiones; endeudarse para re-encaminar las necesidades energéticas y exploratorias... Todo lo cual re-lanza el convite de la subsunción del espacio nacional del valor. La conciencia regional y latinoamericana de desarrollo asociado es el modo más económico de financiar el movimiento particular del estado emergente. El entrelazamiento regional hace posible hoy la política económica nacional; no al revés. Así y todo, tanto en Honduras como en Paraguay, Venezuela y nuestra nación, “el mal no viene de afuera”.

El desorden no se opone al orden de forma exterior sino que encubre el estado de excepción como posibilidad permanente: la apariencia puede ahora jactarse de incorporar todas las diferencias multi-culturales (aspecto progresivo de la posmodernidad liberal) mientras alimenta el dominio abstracto, normativo, supra-nacional que, cada tanto, reclama la desorganización de los espacios nacionales para ajustarse al dictat de las turbulencias financieras y el vértigo de la innovación tecnológica. La “voluntad destituyente”, como reacción frente al apetito de poder, forma lo subjetivo, en la causa eficiente, por objetivo. Fácilmente, se le endosa paranoia. Es que lo poco que puede la clase dominante doméstica y su bostera sociedad rural frente a este proceso equivale a un enorme proceso de hundimiento, ruina y desastre. En los noventas fueron transparentes las alianzas con las privatizadas y el stand by del FMI (comunidad de negocios) cayendo en bloque a la decisión internacional, vendieron y rajaron, hasta que Techint-Lavagna-Duhalde cerraron el traspase, 19 y 20 de diciembre y devaluación asimétrica mediante. No hubo pueblada ni sujeto popular sino implosión ortodoxa y macro-economía. El desorden es la sustracción objetiva de la decisión desde el interior de los espacios nacionales. Hace compatible la aceleración técnica mundial y las instituciones que se desarrollaron en etapas de industrialización ya subsumidas por la potenciación tecnológica sin paredes. Los estados nacionales responden a estas fuerzas organizando bloques regionales que esgrimen como “conquistas soberanas” la aceptación de propuestas que convalidan la sustracción: “si todos cedemos, nadie cede y tenemos contrato social”. Se remeda la ficción jurídica de la modernidad, a escala planetaria, mientras la inversión en tecnología armamentística consiente la exportación de guerras, el privilegio del innovador (posesión de una arma de mayor destrucción que la que circula en el mercado negro) y el peso para desplomar con el puño toda diplomacia y diálogo entre las naciones. Tal es la actualización de ese trasto viejo conocido como “contrato social”. En los momentos en donde lo que debería aparecer es la decisión del estado respecto de lo que se llamaba “sociedad civil” aparece un tipo de poder que amenaza desbordar y efectivamente limita su jurisdicción: sea Argentina con los fondos privados (buitres); Grecia, aterrorizada de salir del euro; sacrificio de la pertenencia en España; Merkel en su disputa con los euro-bonos; Obama y su lucha para reformar el sistema de salud y el desarme masivo de su población... La diferenciación tecnológica permanente del capital desordena, flexibiliza, penetra, sanciona normas que tienden a la unificación internacional del derecho mientras la particularidad de los problemas denuncia, por estéril, la burocracia de su escritura. Entonces, la legitimidad se desplaza de la representación y sus estructuras a la legalidad de los estallidos (“no estamos en contra del sistema: el sistema está en contra nuestra”) y a la contención de la acción directa mediante el aparato de inteligencia y los acuerdos militares de control a escala: el sistema gobierna a distancia de la representación política. Se “deja hacer” a la acción directa porque las creencias del desorden, en tanto acicate de la dominación, toman a la crisis política permanente como materia y a la acción directa como demanda de seguridad. El círculo es explosivo; se envicia, regenera.

La mayoría amorfa de la globalización constituye la válvula (impaciencia) con la cual se regula el desorden como dominación de las necesidades del individuo, relativamente, desvinculadas de su ámbito nacional: la “libertad sin raíces” produce su opuesto idéntico, esto es, la regresión civilizatoria hacia la derecha nacionalista como ajuste en los términos de la competencia respecto del capitalismo asiático estrechamente aliado a las empresas de tecnología e innovación general de los Estados Unidos.

Dicho de otro modo: “la multitud” no es el sujeto llamado a constituirse contra “el imperio” sino la forma legítima de la dominación política del capital tecnológico.

Referencias:
1) El capital tecnológico; Pablo Levin; 1997; Catálogos.
2) El hombre unidimensional: Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada; Herbert Marcuse; Planeta-Agostini.
3) Imperio; Antonio Negri y Michael Hard; 2000; Paidos.
4) Cambios y continuidades de la justicia frente a la violencia institucional; Julián Axat y Guido L.Croxatto. Blog Niño Rizoma.
5) El Otro que no existe y sus comités de ética. Seminario en colaboración con Éric Laurent; Jacques Alain Miller; 2005; Paidós.
6) Riding Global Financial Waves: The Economic Impact of Global Financial Shocks on Emerging Market Economies; Gustavo Adler y Camilo E. Tovar; Julio 2012; Web FMI.

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