martes, 5 de marzo de 2013

En Cuba: Propuesta la hora del constitucionalismo

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El presidente Raúl Castro que no rehúye la crítica y promueve el debate social, también necesita ideas e iniciativas que, excepto en el gabinete económico, no parecen abundar. La estructura política, especialmente los aparatos ideológico y legislativo, así como las organizaciones sociales y de masas, tal vez por haber sido diseñados como correas de transmisión, parecen dominados por la rutina y la inacción y son deficientes para funcionar de abajo hacia arriba.

Según se sabe, para la continuidad y el perfeccionamiento del proyecto social iniciado con el triunfo de la Revolución, entre otras cosas, se requiere una reforma de la Constitución, de los mecanismos electorales y probablemente del sistema político en conjunto. La pregunta no es qué hacer, sino cómo y por quién.

Para comenzar tales tareas pudieran encararse no como un mal necesario, sino como una oportunidad que ningún otro país socialista tuvo para asumir la obsolescencia estructural sin ceder ni retroceder, sino avanzando y creando instituciones y modos de funcionamiento del Estado y las organizaciones políticas capaces de dar continuidad al proyecto y a la vez auspiciar su renovación.

Es la oportunidad para, en los ámbitos institucionales y jurídicos. “Cambiar todo lo que deba ser cambiado…” y para dotar a la Revolución cubana de herramientas eficaces para la renovación del socialismo. La generación histórica que llegó con una Revolución puede despedirse vertebrando un movimiento que la relance y le permita reencarnar en los nuevos actores sociales.

La trascendencia de esa tarea ofrece la oportunidad para generar un amplio movimiento y fomentar un clima de participación que satisfaga las aspiraciones de diversos actores sociales, especialmente de la juventud y los trabajadores, las mujeres y la intelectualidad, los científicos y los académicos, las instituciones religiosas y las entidades fraternales, que invitadas por el Estado socialista y sus organizaciones políticas, en un plazo razonable puedan entregar un texto consensuado a escala social que cohesione a la sociedad y sea respaldado por el país.

La reforma constitucional cuya necesidad ha sido reiterada por el presidente Raúl Castro y para la cual seguramente contará con el respaldo de los sectores más avanzados del pueblo, incluyendo la sociedad civil real, no puede ser asumida como una fatigosa tarea, sino como una gran oportunidad para renovar el proyecto revolucionario en su conjunto.

No se trata ahora de que la sociedad opine sobre lo que los círculos dirigentes elaboren sino de que estos escuchen lo que la sociedad tiene que decir y todas las fuerzas se junten en un proyecto genuinamente nacional. Allá nos vemos.

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