jueves, 21 de marzo de 2013

La letanía sin penitencia, Guatemala un país sin rumbo

Ileana Alamilla (CERIGUA)

Violencia desenfrenada, feminicidios, asesinatos a mansalva, pilotos muertos a tiros, niños mártires, viudas, asesinos al volante, con o sin armas, hospitales sin medicinas, pacientes impacientes, conductores que callan los bocinazos a balazos, personas que defienden el derecho de tener armas para disuadir la criminalidad, leyes que no se respetan y, por lo tanto, no se aplican, sistema de justicia anquilosado.

Maridos que insultan y violentan a sus esposas, parejas que las asesinan, delincuentes que violan niñas y adolescentes, robos a mano armada, atracos para arrebatar celulares, víctimas que no encuentran justicia, pobreza galopante, personas a punto de engrosar las estadísticas de pobres o pobres extremos, niños desnutridos, sin escuelas, sin acceso a la salud y derecho al futuro, personas sin hogar, madres desesperadas, juventud sin trabajo ni perspectiva de vida.

Crimen organizado enseñoreado, primavera con narcotráfico, corrupción a la orden del día, presos que mandan y disponen, supuestos delincuentes linchados, dirigentes que no gobiernan como ofrecieron, diputados(as) irresponsables y repudiados, sin que esto los inmute, partidos que viven pensando en tomar el poder para hacer negocios con el Estado, además de saquearlo, funcionarios que hacen como que cumplen.

Los buenos policías no tienen reconocimiento, son igualmente despreciados que los malos, las autoridades eficientes se confunden con los sinvergüenzas, quienes tienen buenas intenciones de servir en el Estado se enfrentan con la burocracia anquilosada, con trámites y legalismos absurdos, verdaderos pretextos para seguir disfrutando de privilegios y prebendas que no merecen. Los y las parlamentarios que ya no saben qué hacer para salir del entrampamiento legislativo y cumplir con su deber, reciben los insultos de los desvergonzados.

Proliferación de negocios espurios, cobro de comisiones para otorgar contratos, discursos políticos demagógicos, población abandonada, desesperada y desesperanzada.

La sumatoria de lo enlistado nos presenta un país sin rumbo, al borde del precipicio. Antes de dar un paso al frente, es necesario que nos preguntemos: ¿Les importa a los responsables de la conducción del Estado, en todos los ámbitos en donde tienen el poder de decidir y de incidir, esta interminable letanía de desgracias que se nos están multiplicando exponencialmente? La interrogante para todos los políticos y sus negocios eufemísticamente llamados partidos es: ¿queremos que continúe esta degeneración que nos va a enterrar como país?

Es difícil encontrar tanta adversidad en un solo territorio. No extraña, por tanto, el retroceso que estamos teniendo en los índices del desarrollo humano, con una clase política cuyo norte está apuntando siempre a la búsqueda del enriquecimiento, por la vía que sea; un empresariado tradicional que no está dispuesto a ceder un ápice en sus privilegios, aún a costa de perder el país; un capital emergente con poder en aumento, con capacidades de imponer su voluntad; y un capital vinculado al crimen organizado y narcotráfico que compra y corrompe.

El deshonroso lugar en indicadores sociales, solo por encima de Haití, responde a los altos niveles de desigualdad y a la concentración de la riqueza que ha privado históricamente en nuestro país. Mejoraron los ingresos per cápita pero concentrados en los mismos, la mayoría está instalada en la desgracia.

No son solo los diputados depurables, hay muchos más responsables de lo que nos pasa, que no son legisladores.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.