martes, 5 de marzo de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (LXXII): “No por callado eres silencio”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Con esas palabras se iniciaba un poema de homenaje al Che del poeta cubano Abraham Guillen escrito en aquella trágica primavera del año 1967, cuando los diarios del mundo anunciaban la caída en combate de nuestro compatriota, en tierra boliviana.

Sentíamos una gran congoja frente a este hecho, que implicaba una victoria del Imperio contra los luchadores por la libertad y el socialismo, simbolizados en este verdadero “hombre nuevo”.

Recordé aquellos días en 1962 cuándo tuve el privilegio de conocerlo; lo que he narrado en una nota de esta saga.

Tenía sólo 21 años y fui testigo de largas conversaciones, en su casa en la Habana, en la que participaban su compañera Aleyda March, Alicia Eguren, John William Cooke y la madre del Comandante -la querida y querible Celia-.

Los recuerdos aumentaban la tristeza, por lo que la llegada de unos apuntes “dolosamente garrapateados por John”, sobre el reflujo que siguió a la trágica muerte de Ernesto Guevara,que nos enviara Alicia, nos dieron algunas respuestas y nos fortalecieron para el debate con la izquierda reformista que intentaba utilizar este “triste y doloroso final” para estigmatizar a los que seguíamos creyendo que el único camino para lograr la liberación de los pueblos del Tercer Mundo, era el de la lucha armada.

Decidimos imprimir estos conceptos, al mismo tiempo que comenzamos a organizar un acto de homenaje al “guerrillero heroico”, que llevamos a cabo, clandestinamente, en el cementerio de Paraná, y en el que habló un joven dirigente del Sindicato de Empleados Públicos, Mario Ríos, militante del Comité Nacional de Recuperación Revolucionarias del Partido Comunista; la corriente que confrontaba con la conducción antiguevarista de dicha fuerza política.

Alicia redactó un carta al pueblo argentino, suscripta por el General Perón -que este no desmintió- homenajeando al Che y señalándolo como un gran ejemplo para todos los luchadores latinoamericanos.

Al mismo tiempo los campesinos bolivianos se acercaban a la Quebrada del Yuro, el lugar donde había caído nuestro compatriota, y le rendían homenaje, al que denominaron “el Cristo de la Quebrada”.

En el país se organizaron decenas de homenajes en las Universidades protagonizadas por los centros de estudiantes, cuya actividad estaba prohibida por la Dictadura Militar.

Los sindicatos combativos, que enfrentaban a la burocracia “participacionista”, encabezados por Agustín Tosco, Jorge Di Pasquale y Raymundo Ongaro, en varios comunicados, destacaron el ejemplo de nuestro connacional.

En el documento a que hacía referencia, que hicimos circular, John señalaba, con toda claridad,… “Buscando su destino americano el Che Guevara se encontró, en un recóndito paraje agreste, con la muerte de metralla que desde hacia mucho tiempo formaba parte de su cotidiana contingencia guerrillera.

Aunque las difíciles circunstancias en que se venía desenvolviendo el grupo de patriotas a su mando multiplicaban el coeficiente de esa probabilidad, el hecho nos produjo la impresión del absurdo y la gratuidad con que se reciben las muertes prematuras y cercanas”.

Y seguía diciendo “De pronto sentimos que se había devaluado el poder significativo de las palabras, que sólo pobres y desteñidamente lograban aludir a las dimensiones del holocausto, al grado de nuestra desolación.

En ese atroz vacío de octubre, nuestra rabia clamaba contra la injusticia de que el Comandante hubiera caído cuando aún no era su tiempo de morir”…

En estas líneas se sintetizaba, de alguna forma, lo que sentíamos.

Teníamos muchas preguntas, que no encontraban respuesta.

¿Porque razón, nosotros, que habíamos recibido entrenamiento en aquel año 1962 en Cuba, no habíamos articulado formas organizativas solidarias y efectivas con el destacamento de vanguardia que combatía en el país del Altiplano?.

¿Qué había sido de los grupos de apoyo a la guerrilla de Masetti que se habían organizado en varias ciudades del país?.

No nos cabía la menor duda de que si el “vasco” Angel Bengochea no hubiera muerto en la explosión de aquel departamento en la calle Posadas, dos años atrás el, con sus compañeros, habrían abierto un frente guerrillero en el Norte del país; para sumarse al contingente de revolucionarios que luchaban junto al Che.

Frente a nuestra desesperanza. Cooke señalaba “…Sin embargo, a través del mundo las voces revolucionarias coincidían en afirmar una sola verdad esencial que rescataba el sentido del luto colectivo, mas vívido y apremiante que nunca, vibraba en las conciencias la convocatoria del Che para los compromisos totales de la lucha liberadora...”

Y continuaba diciendo “…Lo expresaba el grito de guerra que simultáneamente afirmaba en todos los idiomas El Che Vive”.

De entonces a ahora los insurgentes del tercer mundo, los activistas del “poder negro”, los obreros rebeldes, los estudiantes europeos, demuestran que el desdeñoso desafiante de la muerte, sigue triunfando sobre ella cómo cálida presencia que inspira a los que luchan contra las estructuras de la opresión…”

Como fue nuestro duelo, y cuál fue el debate que cruzaría, en el final de esta década, a los que queríamos terminar con el sistema de explotación y de sujeción neocolonial, serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.