viernes, 5 de abril de 2013

El complejo y diverso mercado de drogas en Europa

Carmen Esquivel (PL)

Europa es uno de los continentes de mayor consumo de drogas del mundo y su control resulta cada vez más complejo por el surgimiento de otros actores en el mercado: las nuevas sustancias psicotrópicas y la diversificación de los canales de distribución.

Si a principios de la década pasada se registraban en Europa unas cinco variedades de productos sintéticos de reciente fabricación por año, en 2011 se detectaron 49, un promedio de casi uno por semana.

Estas llamadas drogas de diseño basadas en precursores no sometidos a fiscalización internacional, cuyas posibles consecuencias nocivas han sido poco investigadas, plantean nuevos problemas para la salud pública, señaló un informe de la ONU.

A ello se añade una difusión mucho más rápida que antes por el desarrollo de un mercado virtual a través de internet.

Según informes oficiales, el pasado año aumentó a 690 el número de páginas web que ofrecen estos sucedáneos.

"Internet ha reducido las restricciones impuestas por el tiempo y el espacio, pues ayuda a los nuevos patrones y tendencias en el consumo de estupefacientes a cruzar rápidamente las fronteras geográficas", señaló el Observatorio de las Drogas y las Toxicomanías.

Las nuevas drogas sintéticas son compuestos químicos hechos en laboratorios con la mezcla de varias sustancias y entre las más famosas se encuentran el éxtasis, el LSD y la ketamina.

Las primeras noticias sobre su producción y tráfico datan de la década de 1960 en Estados Unidos, donde se popularizó el LSD, también conocido como ácido, un producto que había sido sintetizado por primera vez en Basilea, Suiza.

Su consumo se extendió por Europa y aún en la actualidad en el Reino Unido el uso es significativamente mayor que en otras partes del mundo.

Pero en los últimos años, cada vez se notifican más sustancias de grupos químicos oscuros y muchos consumidores no saben realmente qué están tomando.

Los jóvenes son los principales consumidores de estos productos nocivos

y en 2012 aumentaron los ingresos en las salas de emergencia y las llamadas a centros de toxicología.

A pesar de la proliferación de las drogas de diseño, éstas no han logrado desplazar de los primeros lugares a los narcóticos tradicionales.

Datos ofrecidos por la Junta Internacional de Fiscalización de

Estupefacientes (JIFE) señalan que en este continente el producto de más demanda es el cannabis, consumido por 5,2 por ciento de la población adulta, si bien en los 27 países de la Unión Europea el índice se eleva a 6,7.

El cultivo ilícito de esta planta, conocida popularmente como marihuana, ha aumentado en esta región, sobre todo en los interiores de viviendas con fines de uso particular, aunque también se realiza con propósitos comerciales.

Al uso del cannabis le siguen la cocaína, las anfetaminas y los opiáceos, de acuerdo con la JIFE, órgano del sistema de Naciones Unidas encargado de velar por el cumplimiento de los acuerdos internacionales en materia antinarcóticos.

El mercado ilícito de drogas europeo es "multifacético" y "altamente desarrollado", denunció el analista Laurent Laniel.

Aunque una buena parte de los estupefacientes proviene de otras regiones, como Asia o América, es una realidad que muchos de estos productos no tienen que recorrer largos trayectos, porque se producen en Europa, como es el caso de las anfetaminas, metanfetaminas y cannabis.

Sólo entre 2009 y 2010 fueron destruidos 105 laboratorios dedicados a la elaboración de diversos narcóticos que se venden en forma de pastillas, cápsulas, polvos o líquidos.

A fin de enfrentar el creciente flagelo, la JIFE recomendó este año

a Europa, en primer lugar, examinar los controles internos a fin de determinar y subsanar toda deficiencia en la esfera del comercio y la distribución de precursores.

También recordó a los gobiernos la necesidad de abordar sistemáticamente el problema del creciente cultivo ilícito del cannabis.

Responsables de justicia de la UE, por su parte, abogan por actuar a escala regional y reforzar la legislación sobre el tráfico de drogas ilícitas y también acerca de las nuevas sustancias sicotrópicas, difíciles de rastrear porque no utilizan componentes ilegales, aunque su efecto es muy dañino.

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