jueves, 18 de abril de 2013

Estados Unidos: Casualidad o premeditación de acciones violentas

PL

El ataque con bombas en el maratón de Boston y el estallido de una planta de fertilizantes en West, Texas abren interrogantes sobre si fueron incidentes fortuitos o premeditados, y recuerdan otros hechos luctuosos marcados por la violencia.

El lunes último la tragedia conmocionó a Estados Unidos cuando dos bombas explotaron mientras concluía el emblemático Maratón de Boston, con un saldo de tres personas muertas y 183 heridas, 23 de ellas en condiciones críticas.

La situación se hizo más tensa tras ser interceptadas por las autoridades cartas con sustancias tóxicas remitidas al presidente Barack Obama y varias oficinas del Senado federal.

El Buró Federal de Investigaciones (FBI) incrementó el rango de sospechosos y las líneas de investigación permanecen muy amplias para encontrar pistas que ubiquen a los autores de esta tragedia en Boston, dijeron voceros.

Obama, aunque se abstuvo de decir que fuera un hecho vinculado al terrorismo, sembró la duda al expresar que "aún no tenemos las respuestas, no sabemos quién lo ha hecho ni por qué".

Especulaciones manejadas por la prensa local han señalado como posibles autores a grupos norteamericanos de extrema derecha similares a los relacionados con el atentado de 1995 en Oklahoma o la secta davidiana refugiada en Waco, Texas, en 1993.

A estos sucesos se unió la violenta explosión en la noche del miércoles de una fábrica de fertilizantes en West, en el estado de Texas, muy cerca de la ciudad de Waco, donde las autoridades reportaron entre cinco y 15 muertos, grandes daños materiales, lo cual aumentó la incertidumbre entre los estadounidenses.

Waco alcanzó notoriedad tras la muerte de 81 personas pertenecientes a la secta de los davidianos y que pusieron su destino en mano de su líder, David Koresh.

Coincidentemente, el 19 de abril de 1993, las autoridades decidieron poner fin al asedio del rancho de Monte Carmelo, iniciado el 28 de febrero, y tras atacar el lugar encontraron un cuadro macabro de 81 muertos, entre ellos 17 niños menores de 10 años.

Los actuales hechos de violencia también ocurren cerca del aniversario de la masacre el 16 de abril de 2007 en la Universidad Politécnica de Virginia, donde el estudiante surcoreano Cho Seung Hui mató a 32 personas.

Según testimonios posteriores a esta acción, en una grabación el homicida dejó plasmado que su acción era en homenaje a dos estudiantes, Eric Harris y Dylan Kiebold,

que el 20 de abril de 1999, masacraron a 12 alumnos y un profesor en el instituto de Columbine, en Colorado.

Otra acción que hace de abril un mes trágico para los estadounidenses fue ejecutada por Timoty McVeigh, vinculado a grupos paramilitares de extrema derecha, quien a dos años de la tragedia de Waco, explotó un camión de explosivos contra un edificio federal en la ciudad de Oklahoma, causando la muerte a 168 personas.

Pese a este rosario de violencia, el Senado de Estados Unidos rechazó este miércoles una propuesta de ley para aumentar la supervisión federal en la compra de armas, marcando una derrota para los que desean evitar masacres de niños como las de Connecticut en diciembre pasado.

Al final de la sesión una mujer civil se introdujo en el Capitolio y gritó que los senadores debían avergonzarse de no recordar la mayor matanza de niños menores de siete años en la historia moderna norteamericana, ocurrida el 14 de diciembre de 2012 en un colegio de Newtown, Connecticut.

El presidente Obama durante las últimas siete semanas solicitó el respaldo de la población para dictar nuevas leyes sobre el control de armas, presionado por la prensa y por una sucesión de tiroteos públicos en varios estados.

Cabe recordar que Cho, el autor de la masacre de Virginia Tech, tenía antecedentes de desórdenes mentales y también que, curiosamente, muchos senadores se oponen a aprobar mecanismos que tengan en cuenta estos problemas a la hora de que una persona adquiera armas de fuego.

Al observar abril en la historia de Estados Unidos, bien pudiera decirse que este mes se convirtió en una vitrina para exhibir en toda su magnitud la violencia imperante en el país.

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