lunes, 1 de abril de 2013

La piedra filosofal

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

No creo que para mantener una estrecha e íntima relación con la divinidad sean precisos doctores versados en ella, ni intermediarios. Es posible que sea ese el motivo por el que considero inverosímil que la Iglesia sea un instituto de origen divino, y que Cristo tuviese la intención de fundarlo. Iglesia es sólo una palabra...

A fin de cuentas, todo cuanto existe y nombramos es fabricación del lenguaje. Tras los primeros gruñidos, llegaron los ruidos articulados. Y de ellos las palabras aplicadas a objetos concretos. La idea llegó después del verbo, y más tarde ideas cada vez más complejas llamadas abstracciones con densos significados en cortos significantes. Del mismo modo que al homo sapiens le precedió el homo fabrr... O lo mismo que la economía de números simples derivó hacia la contable y luego a la de las finanzas. Lo mismo que la matemática terminó en la teoría de cuerdas...

La realidad que nos circunda es una realidad onírica, virtual e incompatible con verdades apabullantes y rotundas. A medida que avanzamos en el tiempo, cada comprobación desmiente a la anterior. Lo apodíctico, lo "necesariamente verdadero", no existe. Sólo sueños, espejismos y chispazos de algo que convenimos en llamar realidad material. El lenguaje, la retórica, la dialéctica y los conceptos abstractos admiten tantas combinaciones como los números o las notas musicales. La lógica formal que rige en Occidente fue otro paso del ser humano para facilitar y hacer inteligible la comunicación: en esta cultura grecolatina occidental, no en otras donde es un estorbo. Un instrumento valioso, éste de la Lógica, no lejos de la no menos valiosa hipocresía -el nivel bajo de la diplomacia-, que evitó la violencia física como único argumento para solventar el conflicto social. Así pues, de la combinación de las palabras, del lenguaje, no sale nada que no sea convención...

Así las cosas, la Iglesia católica, la más intolerante e influyente de las instituciones humanas, no es más que otro aparato parlante provisto de lenguaje común, de lenguaje oscurantista, de lógica formal y de hipocresía. También de otro artilugio que llama teología destinado a persuadir al orbe de la existencia de la divinidad necesitada de adulación y de zalemas. Como si la intuición de la divinidad necesitase de exégetas. Pero ni siquiera se muestra cautelosa como Sócrates cuando, al inquirirle uno de sus discípulos si aquello que había explicado como razón moral de la existencia del hombre era real, respondió que valía la pena pensar y vivir como si lo fuera. O como los antiguos griegos eran capaces de vivir con el mito, a sabiendas de que lo era...

En semejantes condiciones, en el siglo XXI, cuando de todos es sabido que a los ojos dorados de las estrellas tiene la misma importancia un maremoto engullendo a todo un país, que una paja quebrando la segunda articulación de la pata trasera de una hormiga, y tras profunda reflexión a lo largo de los tres cuarto de siglo de mi vida, yo me pregunto: ¿quién es Bergoglio? ¿pretende aún hacernos creer que es un representante de un dios, rodeado de pompa, de boato y de lujo mientras millones de la humanidad sucumben al olvido, al sufrimiento y a la miseria? Tome conciencia plena de sí y de la sinrazón, y abandone cuanto antes el timón de una nave que va a la deriva, con destino a ninguna parte. Tiene un bien cercano referente, que renunció a buen seguro porque entendió, aunque no lo haya hecho explícito, que si hemos de creer en una Iglesia ésa será exclusivamente la asamblea de creyentes...

Jaime Richart es antropólogo y jurista.

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