lunes, 22 de abril de 2013

Los secretos del Centro ruso de Preparación de Cosmonautas

Dmitri Vinográdov (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

Se suele pensar que no hay profesión más romántica y aventurera que la de cosmonauta. Pero antes de alcanzar las estrellas hay que trabajar muy duro en la Tierra.

Los futuros cosmonautas rusos se entrenan en el Centro de Preparación de Cosmonautas (CPC) Gagarin ubicado en la llamada Ciudad de las Estrellas, un pequeño pueblo al noreste de Moscú de sólo 7.000 habitantes. El acceso al interior de la Ciudad de las Estrellas está restringido, para entrar hace falta una autorización especial.

42 personas forman hoy el grupo de cosmonautas que se están preparando para un viaje espacial. Ocho de ellos acaban de integrarse en el grupo en 2012. Otros once aspirantes a cosmonautas ya tienen categoría de piloto de pruebas aunque todavía no han viajado al espacio y están esperando su turno. Dos hombres se encuentran en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). El resto son cosmonautas consumados, algunos ya han hecho más de un viaje a la órbita pero tras regresar deben continuar los entrenamientos.

La mitad de los integrantes del grupo vive en la misma Ciudad de las Estrellas, otros se desplazan desde las localidades cercanas en trenes de cercanías, como cualquier ciudadano de a pie. Y como cualquier ciudadano les corresponde un salario por su trabajo según su categoría laboral. Sólo que se actualiza mediante un decreto presidencial. Dependiendo del cargo y del estatus, estos profesionales cobrarán entre 1.500 y 2.200 euros al mes, sin tener en cuenta las primas por antigüedad y cualificación.

Tres caminos

Existen tres caminos principales que conducen a las personas hasta el CPC. El primero es a través de la corporación rusa de ingeniería espacial 'Energía'. Después de trabajar allí durante varios años y llegar a conocer al dedillo las características técnicas de las naves espaciales, se puede presentar solicitud a la Comisión Estatal para la Preparación de Cosmonautas.

El segundo es la carrera de Ciencias Biológicas o Ciencias Físicas ya que estos especialistas son actualmente los más demandados para trabajar durante las misiones espaciales. Y, por fin, la tercera posibilidad de convertirse en un cosmonauta es ser un piloto militar. Los pilotos que tengan reportadas más de 350 horas de vuelo y 160 saltos en paracaídas pueden pedir el traslado a la división de cosmonautas.

Un expiloto de la Fuerza Aérea de Rusia, el coronel Anatoli Ivanishin, de 44 años, cuenta su historia: "En 1997 supe del nuevo grupo de cosmonautas que se formaba en la Ciudad de las Estrellas y decidí probar suerte". Pero en aquella ocasión la suerte no estuvo de su lado, aún estaba vigente la norma que restringía la altura de los candidatos, no podían ser muy altos. Más tarde, este requisito fue abolido por petición de los cosmonautas estadounidenses y Anatoli, con sus 182 centímetros de estatura, pudo entrar en el grupo en 2003. Tras varios años de entrenamientos, en noviembre de 2011 Ivanishin hizo su primer viaje a la ISS.

"El trabajo del cosmonauta es apasionante, además sigue siendo un oficio exclusivo", explica Anatoli Ivanishin. "La lista de hombres soviéticos y rusos que viajaron al espacio contiene 116 nombres. En más de medio siglo desde el primer viaje del hombre al espacio, en un país enorme sólo lo hicieron poco más de un centenar de personas".

En la época soviética un cosmonauta no podía ser mayor de 30. Pero en los últimos años la salud pública empeoró y se redujo el número de aspirantes, mientras la seguridad y comodidad de los vuelos aumentaron, por eso la restricción de edad fue suspendida. El cosmonauta Mijaíl Korniénko viajó a las estrellas por primera vez cuando ya tenía 50 años cumplidos.

Sin embargo, hay un requisito nuevo: un buen nivel de inglés para comunicarse con los cosmonautas en la ISS.

La selección para los cosmonautas

Si la Comisión aprueba la solicitud del candidato, éste se somete a exhaustivas pruebas y controles. Primero por parte de los órganos policiales: cualquier antecedente, incluida una multa de tráfico, o referencias negativas en el expediente, puede costarle al candidato la carrera de astronauta.

La siguiente etapa es el examen minucioso del estado de salud de los solicitantes. De ser diagnosticada alguna enfermedad, los médicos deciden si prescribir un tratamiento o descalificar al candidato.

El que haya superado las dos primeras etapas deberá examinarse de disciplinas básicas, como la lengua rusa, matemáticas o física, y luego de las especiales.

El futuro cosmonauta tiene que conocer todos los sistemas de la nave espacial, las etapas del vuelo, las características técnicas y muchas cosas más. Los materiales para prepararse a los exámenes son secretos, por eso no pueden ser fotocopiados ni siquiera copiados a mano. La única solución es aprenderlo todo de memoria.

Si la Comisión selecciona unas 350 solicitudes cada año que hay convocatoria, después de la primera comisión médica quedan en torno a 200, mientras la segunda sólo la pasan unos 50 candidatos.

Si todas las pruebas son superadas, los solicitantes pasan a formar parte de la división de cosmonautas y a prepararse para las misiones. Los entrenamientos duran un par de años pero en algunas ocasiones los pilotos ya preparados han tenido que esperar su turno durante 10 o 15 años.

Orlan y Sókol

El edificio más curioso y más notable de la Ciudad de las Estrellas es el hidrolaboratorio. Alberga una enorme piscina de 12 metros de profundidad con una plataforma en el medio donde está instalada una copia exacta de la ISS de la misma, o más exactamente uno de sus bloques funcionales.

Durante el entrenamiento los cosmonautas tendrán que moverse alrededor de este bloque sumergidos en el agua. ¿Por qué? Porque el agua sirve para crear unas condiciones semejantes a las de ingravidez, de manera que el hombre no siente el peso de su propio cuerpo. Unos buzos ayudan a los neófitos hasta que se acostumbran a esta sensación.

Hoy en el hidrolaboratorio se entrenan dos veteranos, Fiódor Yurchijin y Mjaíl Tiurin, que ya han viajado al espacio en varias ocasiones y se preparan para una nueva misión en 2015.

Los cosmonautas se entrenan con los trajes espaciales puestos. Existen dos modelos: 'Sókol', para el viaje en sí, y 'Orlán', para realizar actividades extravehiculares en el espacio, mientras en la estación espacial Ambos trajes son producidos en Rusia. "Su ventaja en comparación con el traje estadounidense es que el cosmonauta se lo puede poner sin ayuda. Sus defectos, en cambio, no los pienso revelar" dice uno de los empleados del CPC.

En el hidrolaboratorio los cosmonautas se entrenan con los trajes 'Orlán' puestos. Pero primero se ponen un traje especial termorregulador dotado de un sistema de conductos por los que circula agua fría. "Es curioso que el agua caliente no está prevista, cuando en el espacio más bien hace frío", bromea Mijaíl Tiurin. El secreto es simple: la temperatura habitual del cuerpo humano basta para calentarse.

Los cosmonautas se introducen en el traje, de unos 100 kilos de peso. Una grúa eleva al cosmonauta para sumergirle en la piscina: empieza el entrenamiento.

Golf en el espacio

Hoy, Tiurin y Yurchijin están ensayando una operación importante: retirar el equipo de comunicación por láser instalado en la superficie externa de la estación espacial. En su lugar los cosmonautas tienen que instalar una plataforma universal para otros dispositivos.

La dificultad consiste precisamente en eso: los cosmonautas deben de ocuparse de dos aparatos al mismo tiempo. En la piscina, igual que en el espacio, los equipos se van de las manos por un descuido. Por lo tanto, todos los equipos se fijan al traje de cosmonauta o a la estación con unos mosquetones especiales.

En el fondo de la piscina hay unas escotillas para observar a los cosmonautas durante el entrenamiento que dura varias horas. ¿Es agotador? pregunto a Mijaíl Tiurin. "Sí, pero porque hay que pensar mucho, igual que en un partido de ajedrez", contesta riendo.

En cada entrenamiento el cosmonauta pierde unos cuatro kilos de peso por eso no se hacen más de un par de veces a la semana.

¿Da miedo el primer paso de la caminata espacial? indago. "Claro que sí, sólo un tonto no tendría miedo", confiesa Tiurin. Hizo ya cinco paseos espaciales, en uno de ellos, en 2006, jugó al golf en el espacio golpeó una pelota de golf especialmente manufacturada durante su caminata fuera de la ISS, enviándola hacia el espacio.

Una pistola, por si acaso

Tras cumplir todas las tareas en la órbita, toca regresar a la Tierra. El cosmonauta realiza el viaje de vuelta con el traje 'Sókol', menos sofisticado y más ligero. Este es el momento más peligroso de una misión espacial tripulada. En 1967, el cosmonauta soviético Vladimir Komarov fue el primer humano en fallecer en una misión espacial, la Soyuz 1: los paracaídas de la nave fallaron y la cápsula se estrelló, muriendo el piloto.

En teoría el lugar de aterrizaje de la nave está minuciosamente calculado. Pero puede haber sorpresas, como la que le ocurrió a la nave estadounidense Liberty Bell 7 pilotada por Gus Grissom que amerizó en el Pacífico. Por eso los futuros cosmonautas ensayan aterrizajes en el desierto, en zonas montañosas o en el polo. El equipaje individual de cada uno cuenta con una reserva de alimentos, herramientas para hacer fuego, accesorios para pescar y una pistola especial que puede ser usada para hacer señales y para defenderse.

Las situaciones más corrientes se ensayan en otro edificio del CPC que alberga diferentes simuladores de nave espacial. Aquí los alumnos aprenden a manejar el aparato durante el viaje hasta la estación orbital y de vuelta a la Tierra, realizar el acoplamiento y otras operaciones necesarias en una misión espacial.

Un sueño hecho realidad

El cosmonauta Anatoli Ivanishin va a subir a un simulador de vuelo espacial. Antes de entrar se quita los zapatos de calle y se pone otros limpios, según recomienda una placa con inscripciones en la puerta.

Ivanishin ensaya el regreso de la ISS a la Tierra, los sistemas pueden trabajar de manera automática y el piloto se encarga únicamente de controlar su funcionamiento. Pero en el caso de necesidad el cosmonauta tiene la posibilidad de pasar al régimen manual, por ejemplo en el momento de prepararse para el aterrizaje, cuando el hombre tiene la posibilidad de corregir el punto del mismo y aterrizar en un lugar más cómodo que, digamos, el desierto de Sahara.

Anatoli pasa casi dos horas en una postura bastante incómoda. Pero no es nada en comparación con las 48 horas que dura el viaje real hasta la estación orbital, por eso los entrenamientos se repiten hasta tres veces por semana.

Mientras Ivanishin 'regresa' a la Tierra hago la última pregunta a Fiódor Yurchijin: “Muchos niños en la Unión Soviética soñaban con viajar a las estrellas. Usted realizó este sueño. ¿Ha merecido la pena?” “Sin duda, esto merece la pena. Fue una elección consciente y mi vida no ha sido sino el camino para conseguirlo”, responde el cosmonauta convencido.

Foto: Cosmonauta Anatoli Ivanishin. / Autor: Dmitri Vinográdov - RIA NOVOSTI.

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