viernes, 5 de abril de 2013

Muerte de peces en el Xolotlán, alerta climática para nicaragüenses

María Julia Mayoral (PL)

Descartadas contaminaciones tóxicas, la muerte de millares de peces en el lago Xolotlán de Managua podría considerarse una alerta sobre riesgos climáticos en Nicaragua, pues expertos adjudicaron el fenómeno a subidas de temperatura atmosférica.

En declaraciones a la emisora Tu Nueva Radio Ya, la ministra del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), Juana Argeñal, corroboró que al analizar las aguas no encontraron productos químicos para adjudicar el fenómeno a causas de esa naturaleza.

Según determinaron los expertos, el incidente estuvo asociado al incremento de las temperaturas y los procesos de evaporación, lo cual provocó un descenso en los niveles del lago y que miles de peces quedaran con poco recurso hídrico y murieran por falta de oxígeno, dijo la funcionaria.

Por avisos de la población, el 28 de marzo trascendió el suceso detectado en las comunidades de San Ramón y Santa Gertrudis, en el municipio de San Francisco Libre, y durante varios días especialistas del Marena y Salud evaluaron el caso.

Más allá de las circunstancias particulares de un crudo verano, el evento en el Xolotlán invita a recordar que la temperatura promedio anual de Nicaragua registró en los últimos 50 años un aumento hasta de tres grados Celsius, con afectaciones en los ciclos de lluvia, según datos oficiales.

A los efectos globales del cambio climático se unen los provocados por prácticas indebidas en actividades agrícolas y pecuarias, quemas asociadas a la caza de animales y a la toma ilegal de tierras.

Estas acciones perjudican los esfuerzos institucionales por aumentar la masa forestal, proteger cuencas hídricas y preservar la vasta biodiversidad del país.

Por estos días el Gobierno alertó sobre el incremento de los desmontes ilícitos y reportó daños en más de 10 mil 700 hectáreas por incendios forestales y agrícolas.

Distintas demarcaciones, incluidas áreas protegidas, sufren los efectos de la extensión de cultivos y crianzas ganaderas, en detrimento de bosques y fauna local, refirió la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo.

Quemas y zocolas son empleadas para enmascarar cambios en el uso del suelo y justificar la expansión de fronteras agrícolas a fin de introducir ganado y fomentar cultivos extensivos de maní y caña de azúcar, ejemplificó.

Junto la campaña educativa, el Ejecutivo corroboró que aumentará la vigilancia y las sanciones a infractores reincidentes, sobre todo en zonas de alto valor, entre ellas las reservas de la biosfera de Bosawás y Río Indio-Maíz.

Instituciones como el Ejército desempeñan un importante papel en el cuidado y fomento de los recursos; el jefe de esa entidad, general Julio César Avilés, informó la víspera que solo en 2012 sembraron más de 71 mil árboles y establecieron 10 viveros con alrededor de 132 mil plantas.

Mientras limpiaron áreas cercanas a fuentes de agua y extrajeron mediante buceo más de 76 toneladas de desechos en sitios como Xiloá, Tiscapa, Nejapa, Asososca y Apoyo.

Fomentar la cultura ambiental resulta un empeño arduo, pero las experiencias del movimiento de jóvenes ambientalistas Guardabarranco en todo el territorio nacional y las cosechadas por el Ejército atestiguan las potencialidades en Nicaragua.

Aunque de los incidentes desfavorables también pueden extraerse lecciones, ahí están a la vista dos noticias recientes: la muerte de miles de peces en un solo lago y más de 10 mil hectáreas de bosques y pastizales dañadas por los incendios en 2013.

La conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, celebrada en Catar a fines del año anterior, reconoció que Centroamérica figura entre las regiones más vulnerables.

El Índice de Riesgo Climático Global 2013 preparado por la organización no gubernamental alemana Germanwatch reveló que de los 10 países más afectados por eventos climáticos extremos (inundaciones, huracanes, tormentas) ocurridos de 1992 a 2011, Nicaragua ocupa el tercer lugar.

Cuatro países de Centroamérica y el Caribe figuran entre los más afectados mundialmente durante un período de 20 años, advirtió el estudio.

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