viernes, 5 de abril de 2013

Oviedo habría sido asesinado

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Lino César Oviedo, ex General Paraguayo y candidato a la presidencia de la República para las elecciones de este domingo 21, muerto semanas atrás al derrumbarse su helicóptero, habría sido asesinado, según su hija, la diputada Fabiola Oviedo, quien afirma que su autoría tiene nombre y apellido, con un gran país detrás, detalles que “aún no puedo revelar por respeto a la investigación en curso”.

Esa postura, “que comparte toda nuestra familia”, corrió como hipótesis entre el grueso de la ciudadanía de inmediato al fallecimiento del controvertido hombre público, aunque sin el peso de la clara alusión que pronunció su hija, sin nombrarlo, a Horacio Cartes, candidato del Partido Colorado y favorito en los sondeos, al que podría sumarse el nombre de su sostén externo, Estados Unidos, en la presunción mencionada de participación de una potencia extranjera.

Oviedo fue un agresivo militante muy mediatizado, impulsor de ideas hitlerianas, de familia humilde pero en posesión de una de las grandes fortunas del país, cuyo origen sigue siendo un misterio, al igual que el grueso de los multimillonarios paraguayos, cuya acumulación tiene relación con el tráfico ilegal de drogas, armas y el contrabando masivo de todo tipo de mercaderías, por agua, tierra y aire, en aplicación de un proyecto de dominación del país, vigente hasta ahora.

Su muerte siempre despertó la sospecha popular de que fue un atentado, producto de su desobediencia a seguir el libreto de Estados Unidos para que su protegido Cartes sea el próximo mandamás de Paraguay, y con ello aumentar su fuerte presencia en el país, entregando al Ejército el control de la ciudadanía que ahora está en manos de la policía y, junto con ello, la instalación de una base militar en suelo chaqueño, próximo a la frontera con Bolivia, Argentina y Brasil, y al riquísimo y muy codiciado territorio amazónico.

Cartes, que está recibiendo el apoyo público de connotados padrinos de la mafia, como el fronterizo Fadh Jamil, es un confeso admirador del siniestro General Alfredo Strossner que, junto al Partido Colorado y al binomio Ejército-empresaurios, sometió al pueblo entre 1954 y 1989, cuando fue expulsado del poder por sus amigos más cercanos, entre ellos Oviedo, por decisión de Washington que, tras utilizarlo para cuanta satrapía pudo durante 35 años, como la Operación Cóndor y la masacre de miles de campesinos y militantes de izquierda, entendió que ya no le servía más y lo mandó a la cuneta.

La declaración de Fabiola Oviedo, amparada en sus fueros parlamentarios, se produjo en el mismo momento que la viuda del General, Raquel Marín, al frente del Partido UNACE, abrazada con el candidato liberal Efraín Alegre, y en medio de cabecillas de ambas organizaciones, anunciaba que habían llegado a un acuerdo para sumar su electorado, en contra de Cartes. El fin justificaría los medios, aunque ambos estén revestidos de inmoralidad y de miserabilidad humana.

Cartes, y en este caso coincidiendo con todo el resto de las fuerzas políticas, respondió de inmediato en que ese pacto es producto de los 12 millones de dólares, que el gobierno golpista (que Cartes ayudó a instalarse hace nueve meses), acaba de pagar por una tierra en la que fungía de propietario el padre del Presidente del Senado, Jorge Oviedo Mato, escribano y socio de Oviedo, y uno de los miembros más ultraderechistas del UNACE, quien aparece como el próximo Ministro del Interior, en el caso que esa alianza gane las elecciones y prosiga y profundice la política cavernaria del usurpador Federico Franco.

La Comisión de Verdad y Justicia, luego de cuatro años de estudios, dictaminó que en este país, sin Catastro Nacional, hay entre ocho a doce millones de hectáreas ocupadas en forma ilegal, con títulos apócrifos y fotocopias multiplicadas que circulan como documentos auténticos, que en los últimos 60 años han ido pasando de abuelos a nietos y a numerosas manos, muchas extranjeras, bajo la cínica etiqueta gubernamental de reforma agraria, entregando al 2.5 por ciento de los residentes, el 86 por ciento de la tierra más fértil, en una realidad de desigualdad social, de las más atroces del mundo.

La ciudadanía está convocada para elegir a las nuevas autoridades nacionales, Presidente, Senadores y Diputados, un día antes de cumplirse diez meses de uno de los capítulos más bochornosos de la historia moderna paraguaya, el Golpe de Estado (parlamentario) que el 22 de junio terminó con el primer gobierno elegido democráticamente en las últimas siete décadas.

En ese zarpazo contra la estabilidad que, desde hacía cuatro años reinaba en el país, sus autores violaron claros preceptos constitucionales, incurrieron en traición a acuerdos políticos paridos con mucho esfuerzo e innombrables concesiones de los sectores más progresistas al Partido Liberal, y terminaron con el Gobierno presidido por el exObispo Fernando Lugo, en representación de una alianza multipartidista y social.

Hasta ahí, bueno, casi ninguna novedad excepcional, pues en el mundo constantemente caen gobiernos, en general los de mejores intenciones y más ingenuos o capituladores, pero la diferencia esencial que se ha producido en Paraguay en estos nueve meses es que los golpistas cortaron arteramente y con grosero fanatismo antipueblo, un proceso de cambios políticos y sociales como la inmensa mayoría de paraguayos no gozaban en más de un siglo. Sin dudas que las fallas de sus conductores alimentaron la angurria enemiga.

El golpe lo encabezó el despechado Vicepresidente Federico Franco, enfermo de envidia y hambriento de poder y riquezas, en representación de todo un amplio abanico de temerosos capitalistas nacionales y extranjeros, ante el fuerte despertar de la conciencia ciudadana, que conformaron los aparatos de mando de liberales y colorados, las cúpulas empresariales oligárquicas y sin patria, los núcleos que viven del contrabando y del narcotráfico y las corporaciones transnacionales de las plantaciones y extractivistas que destrozan la naturaleza, babeantes todos para cumplir el diseño imperial, que insiste en su estrategia de recolonización de Suramérica.

Claro, consuelo de tontos, Paraguay no es una excepción, pues la conducción de esa pandilla enemiga del bienestar de los pueblos, es la misma que se manifiesta contra todos los gobiernos progresistas de Latinoamérica y el Caribe, con la diferencia de que algunos suplentes de hace una década ahora son titulares, abrazados todos en la santa misión de masacrar al unísono a miles de millones de pobres de estos lares pero también de África, Asia y últimamente de la orgullosa Europa, en una demencial tozudez por mantener vigente este sistema productivo y social injusto, de estructura desquiciada.

Los dos candidatos con más posibilidades de ganar, Cartes y el renegado Alegre, coinciden en muchas cosas, como enarbolar un Proyecto de más Miseria, y de estar inmersos en la corrupción, a juzgar por sus propios reproches, y en su alienación ideológica de privatistas trasnochados, con la incultura de los caudillejos seccionaleros, sin ninguna sensibilidad social ni interés por la prosperidad del país.

Padecen de autismo frente a la profunda desigualdad y exclusión social, las angustias que provoca la miseria de una quinta parte de los paraguayos, y de la pobreza de otro tanto, unos 300 mil campesinos convertidos en parias, extrema explotación laboral con sólo el 30 por ciento de trabajadores formales, muchos de los cuales cumplen jornadas de hasta 16 horas diarias en empleos domésticos y en los supermercados, con el 65 por ciento de la Población Económica Actica (PEA) sin ninguna previsión, ni seguro médico ni jubilación, ni siquiera ante los accidentes de trabajo en empresas reacias a mirar como seres humanos a sus operarios.

Entre 150 países estudiados por Transparencia Internacional, Paraguay es el segundo más corrupto de Suramérica, donde la administración de justicia no existe y la delincuencia es la profesión predominante para ejercer el poder del Estado, haciendo del saqueo sistemático del erario público la principal herramienta política de la mafia de mandamases, en una demencial carrera por el enriquecimiento individual y de las cúpulas partidarias.

En medio de tanta sombra y patraña, insurgen voces y actos, cuya trascendencia aún es difícil de avalar y cuantificar, pero algo que está claro en el panorama político de Paraguay es que el verticalismo ha muerto y, aunque el autoritarismo cultural aún es fuerte, muchas expresiones que se registra entre los jóvenes, alientan la idea de que se estaría abriendo fosas para enterrar la vieja masa pasiva y acrítica, indispensable para que se desarrolle una respuesta ciudadana como escudo a los planes represivos del continuismo golpista.

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