viernes, 26 de abril de 2013

Reforma migratoria, otra vez un rehén político en Estados Unidos

Luis Beatón (PL)

La reforma migratoria en Estados Unidos fue rehén durante mucho tiempo de intereses políticos y años tras año resultó usada en carreras presidenciales para atraer el importante voto de los latinos.

Luego de la derrota en los comicios presidenciales de 2012, el Comité Nacional Republicano anunció públicamente su apoyo a una reforma integral de las leyes migratorias, lógicamente con el interés de atraer el voto de la más grande minoría del país (más de 50 millones de personas).

En esos comicios, el 71 por ciento de los hispanos se movieron hacia el lado de los demócratas pese al incumplimiento de la promesa del presidente Barack Obama de reformar la ley migratoria en su primer mandato, algo que anunció haría en su segundo gobierno y colocó como una de las prioridades.

A esos anuncios siguió la creación de un panel bipartidista, cuatro demócratas y cuatro republicanos, que durante semanas elaboraron un plan para arreglar lo que la mayoría califica como un sistema defectuoso y quebrado.

El proyecto ahora pasa por el Comité Judicial del Senado y despierta pasiones entre detractores y quienes lo apoyan, en especial en aspectos como el otorgamiento de la residencia y la ciudadanía, y la seguridad de la frontera.

Pero hay algo que preocupa a los críticos republicanos y tal vez anime a muchos demócratas a trabajar por lograr el cambio: el impacto en la vida política de un voto que entraría a jugar en el escenario político estadounidense en los próximos años.

Según el diario digital Politico, la propuesta de inmigración en debate en el Congreso transformará el panorama de la nación por una generación o más, al entrar en juego cerca 11 millones de nuevos votantes hispanos en el plazo de una década y más.

Si las tendencias actuales se mantienen, se producirá una bonanza electoral para los demócratas y paralizará las perspectivas republicanas en muchos estados que ahora ganan fácilmente y los esfuerzos de esa agrupación para atraer ese voto.

Aparte de los debates sobre si se concede una amnistía o se refuerzan los controles en la frontera, los partidos también analizan si la propuesta en curso ofrece una vía a la ciudadanía, por ende el derecho al voto, para millones de residentes sin papeles.

El análisis de Politico sostiene que si estas personas hubieran votado en 2012 de la misma forma que la hicieron sus compatriotas residentes en Estados Unidos de forma legal, el triunfo del presidente

Barack Obama hubiera sido amplio sobre su rival republicano Mitt Romney.

Durante meses el actual mandatario luchó a brazo partido en estados claves como Florida, Colorado y Nevada para obtener una estrecha victoria e incluso en Arizona pudo ganar si hubiera tenido de su lado el voto de los inmigrantes.

Con el posible voto de los que entrarían en la lisa, apunta Politico, el candidato republicano Mitt Romney habría perdido el voto popular nacional con una diferencia de siete puntos porcentuales, 53 por ciento a 46 por ciento, en lugar del margen de cuatro puntos que lo separó de Obama.

Teniendo en cuenta las actuales propuestas y considerando el resultado de 2012, para el 2028 millones de inmigrantes podrán votar para favorecer a un candidato demócrata, de ahí que muchos analistas ven una espada de Damocles pesando sobre los republicanos por el hecho que ciudadanía implica derecho al voto.

Sin embargo, algunos sectores republicanos menos conservadores apoyan la reforma porque eso les permitiría un acercamiento a un voto que durante años les fue esquivo y que en las próximas décadas aumentará su importancia hasta el punto de poder inclinar la balanza por cualquiera de los candidatos.

El republicano George W. Bush obtuvo el 44 por ciento del voto de los latinos cuando ganó la presidencia, mientras el ahora perdedor Mitt Romney solo logró el 27 por ciento, un margen que pudiera revertirse y favorecer al bando rojo en su afán de recuperar la Casa Blanca.

Según estudios del grupo Latino Decisions, si los republicanos hubieran apoyado el proceso de reforma migratoria como lo hacen ahora, muchos miembros de la comunidad latina hubieran votado por ellos, lo que al parecer es tomado en cuenta por algunos sectores de esa agrupación para favorecer el cambio aunque con medidas más severas.

Encuestas señalan que de los electores latinos registrados actualmente que votaron por Obama en 2012, casi la mitad, 43 por ciento, se moverían al bando republicano si ese partido asume un "papel de liderazgo" en la aprobación de la reforma de inmigración.

La situación es ahora motivo de análisis en ambos partidos estadounidenses que sopesan los pro y los contras para apoyar el cambio, y aunque parece evidente una ventaja para los demócratas, es real que los rejuegos políticos mantienen el tema migratorio como un rehén de sus intereses políticos.

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