lunes, 1 de abril de 2013

Se multiplican las incógnitas en Paraguay

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Un empresario, de esos que en Paraguay ganan la plata fácil como miembros o emparentados con el poder político, licenciados de contrabandistas o traficantes de todo tipo de mercaderías, desde los estupefacientes hasta las armas, y también personas, para no perder tiempo y redondear los negocios, días atrás importó un auto por 250 mil dólares, en momentos que se descubría otro cementerio clandestino, con restos óseos de víctimas de la tiranía estronista, los que suman 24, y cuya identificación cuesta apenas 130 mil dólares, la mitad del vehículo. El Estado repite que los aportará, pero jamás lo hace.

Si, tiempo atrás Hacienda habría entregado ese dinero a la Defensoría del Pueblo, un antro estronista con aposento eterno del seccionalero Páez Monge, un personaje conocido por su larga militancia contra los movimiento populares, en cuyas manos esos dólares e esfumaron, en uno de los muchos milagros que genera la mafia.

Esos dos hechos solos son parte de la inmoralidad que caracteriza con bastante fidelidad el comportamiento de los sectores que mandan en Paraguay, un enclave semicolonial que mantiene el imperio en pleno corazón del cono sur de América, con el corolario de incultura y sometimiento que han instalado en todos los nichos del Estado y de la actividad privada. Corrupción e impunidad rampantes, en medio de planes bélicosos.

Sin excepción, el universo del poder en este país refleja ese desprecio, esa burla a la memoria histórica, y a la persona de la víctima y de cada uno de sus familiares que desde hace décadas buscan las tumbas de sus seres asesinados por el triunvirato criminal y ladrón que conformó el régimen que encabezó entre 1954 y 1989 el General Alfredo Strossner en representación del Ejército, el Partido Colorado y la oligarquía empresarial local, obedientes todos a la política impuesta por Estados Unidos a los distintos gobiernos de Asunción, desde antes y hasta ahora, incluyendo al esperanzador de Fernando Lugo.

A escasas tres semanas de la elección presidencial y parlamentaria, las cúpulas de los dos grandes partidos políticos están muy lejos de presentar algún programa para enfrentar los graves problemas sociales, económicos y culturales, y permanecen de espaldas a la ciudadanía, ignorando que la cosmovisión política del pueblo ya no es la misma, después de la toma de conciencia social que se generó en los cuatro años del Gobierno de Fernando Lugo, donde los “populáricos” aprendieron que es posible contar con política de atención de los servicios sociales, como la salud y la educación.

Las patotas coloradas y liberales que inundan y apestan el espacio callejero, por todos los medios a su alcance intentar alimentar despiadadamente la descomposición moral de la sociedad, con un despliegue descomunal de compras de voluntades, y ofrecimientos de todo tipo de prebendas a quienes aceptan alquilar su cédula de identidad durante la votación, en la cual hasta algunos muertos sufragarán, basta ver los padrones, ante los ojos de decenas de observadores de la cómplice OEA y otros organismos.

En medio de una oratoria lastimosa por parte de los candidatos que encabezan los pronósticos, Horacio Cartes por el Partido Colorado y Efraín Alegre del Partido Liberal, ambos golpistas y violadores de la Constitución Nacional, disputan en la promesa de más empleos a los pobres, un millón con hambre, y otro tanto sobreviviendo con rebusques de toda índole, en una población que no llega a siete millones, habitando un territorio de 400 mil kilómetros cuadrados, inmensamente rico en tierra, agua, y diversos minerales de los más cotizados en el mundo, tales el oro, titanio, uranio, además de petróleo y gas.

Cartes, multimillonario, con nueve estancias repartidas en todo el país, propietario del Club de Fútbol Libertad y de fábricas de bebidas, muy allegado a Estados Unidos, ha tenido desde el principio de los 90 problemas con la justicia, en particular brasileña y argentina, por el contrabando de oro y cigarrillos, y en su currículo difundido tiempo atrás por organismos estadounidenses de espionaje, ocupa amplio espacio la acusación de ser cabeza de una organización regional de lavado de dinero, y de tráfico de estupefacientes y otras mercaderías. Es confeso estronista e inconfeso masón, secta que tendría función de imán para atraer oportunistas y gente con abultada fortuna, sin importar su origen.

La aparente contradicción de ser aliado de los halcones de Washington y, a la vez, denunciado como narcotraficante por algunos funcionarios del servicio exterior USA, no tiene ninguna importancia en los diseños del imperio. En Paraguay está fresco el antecedente del General Andrés Rodríguez, sin visas para entrar a Estados Unidos en 1987 por narcotraficante, pero elegido por el Pentágono para encabezar la expulsión de Strossner del poder dos años después. Con cinco años al frente del país y con su misión cumplida, Rodríguez habría muerto en una clínica del gran país del norte tiempo después, en lo que muchos paraguayos interpretan como otra quema de archivos.

Presentado por todas las encuestas, buena parte truchas, como el futuro Presidente de Paraguay, Cartes habría jugado, desde las sombras, un papel importante en el Golpe de Estado, que algunos llaman parlamentario aunque jugaron personajes de los tres poderes, del 22 de junio pasado, que en 18 horas destituyó a Lugo y cortó el proceso de cambios que, con tropiezos, y algunos graves, iba abriéndose camino por primera vez en Paraguay en los últimos 70 años.

La participación en el golpe de las corporaciones transnacionales de las siembras transgénicas (Monsanto, Cargill, ABM y otras) y de la megaminería (Río Tinto Alcan), bajo la batuta del Gobierno de Estados Unidos, que siempre contó con la fidelidad del Vicepresidente Federico Franco para aplastar los cambios que necesita el pueblo, es algo que se va comprobando día a día, por numerosos y groseros manejos desde el propio Ejecutivo, cuya membresía actúa con el mismo estilo estronista, sin preocuparse de dejar rastros de sus infamias. (La policía estronista había dejado montañas de actas en una vivienda, que una vez descubiertas por Martín Almada, fueron despolvoreadas, revisadas y examinadas a fondo por expertos, hasta convertirlas en el actual Archivo del Terror).

Cartes, candidato colorado, sin ser colorado, quien no pasaría de ser un simple inquilino temporal del partido, en base a su inmensa angurria de poder e inversión de dinero que, en los últimos tres años, le permitió ganar la Municipalidad de Asunción y de otras ciudades, es protagonista de un hecho inusual en la vida politiquera de este país, al presentarse en varios mítines sin el pañuelo y la camisa roja, símbolos sagrados de ese partido, cosa que habría empezado a causar una irritación interna que aún no sale a luz por los intereses electorales inmediatos.

A título especulativo, algunos analistas en voz baja, indican que ese simple aunque significativo hecho, podría anticipar muy bien una colisión futura de Cartes con el aparato partidario a pocos meses de asumir la presidencia, cuando podría impulsar un progresivo desprendimiento de la vieja e impresentable cúpula, paralelamente con su natural abrazo con el empresariado contrabandista y narcotraficante. Entonces, la herramienta del juicio político podría ser de nuevo convocada y hasta con razón por parte de la fuerza mayoritaria, a diferencia de la infamia cometida por la cruzada cavernaria contra Lugo.

Esa cruzada antidemocrática la encabezó desembozadamente el Partido Liberal Radical Auténtico, aspirante en las últimas siete décadas a presidir los destinos del país sin haber superado en todo ese tiempo su nivel de asistente de los colorados, triste trayectoria que podría estar en vísperas de reeditar, producto de garrafales cálculos políticos de su dirigencia que, celebrando la caída de Lugo fue incapaz de percatarse que la misma era una victoria pírrica, pues en estos meses sus operadores sólo cosechan un descrédito ciudadano en aumento, perdiendo buena parte del electorado popular.

Si su derrota electoral se confirma, es probable que el partido liberal comience a estallar en pedazos, sin que se vislumbre una fuerza interna alternativa, con clara idea de enfrentar los graves desafíos nacionales, como la escandalosa tenencia de la tierra del 85 por ciento en poder del 2.5 de la población, o la explotación inmisericorde del agua, la agroexportación sin pagar ningún impuesto, y el abandono de los servicios sociales.

Las dos fuerzas opositoras a esa inmoralidad bicéfala, son el Frente Guasu, con apoyo campesino, que lidera el exPresidente Fernando Lugo, candidato a Senador, y cuyo presidenciable es el conceptuado pediatra Aníbal Carrillo Iramain, muy respetado en su profesión pero sin carisma, y Avanza País, que postula para el Ejecutivo a Mario Ferreiro, conocido hombre de la televisión y destacado maestro de ceremonias, con simpatías urbanas, pero sin trayectoria militante.

Una diferencia notoria se observa en estas dos fuerzas, pues el Frente tiene un aparato orgánico que puede proyectarse y reafirmarse después de las elecciones, superando el contagio de viejas mañas de los partidos tradicionales, mientras que el futuro de la concertación de Ferreiro ofrece aún más incógnitas. El tiempo dirá si sus dirigentes serán capaces de corregir y sobreponerse al vicio de la división, de los cálculos politiqueros y de los sueños de comandantes.

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