viernes, 26 de abril de 2013

Tijeras en manos europeas, daños para la infancia

Martha Andrés Román (PL)

Sin conocer de recortes o medidas gubernamentales, sin haber depositado jamás votos en una urna, sin saber de monedas o mercados bursátiles, los niños siguen siendo las principales víctimas de la austeridad puesta de moda en Europa.

Para enfrentar la crisis económica que afecta a la región, los miembros de la Unión Europea (UE) han dado rienda suelta a planes de ahorro y reformas estructurales de los servicios públicos que, según advierten varias instituciones, inciden negativamente en la situación de los menores.

Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló que Grecia, Italia, España y Portugal, cuatro de los países europeos más afectados por los ajustes, se encuentran por debajo de la media de las naciones industrializadas en lo que respecta al bienestar de la infancia.

El Report Card 11 de Unicef, presentado el pasado 10 de abril, evalúa la situación de las 29 economías mundiales más avanzadas a la hora de garantizar el bienestar de los niños en la primera década de este siglo.

Mientras los Países Bajos, Noruega e Islandia ocupan los tres primeros puestos, el estudio sitúa a Portugal en la posición 15, a España en la 19, a Italia en la 22 y Grecia en la 25.

Los rescates a Grecia, la deuda española y la agitación en la eurozona significan poco para un pequeño de 10 años, pero el impacto de los recortes de gasto público implican tiempos muy duros para los niños y familias pobres, señaló el organismo en un comunicado.

Si bien la mayor parte de los datos son de 2010, el reporte señala que los tres años de recortes emprendidos desde entonces no auguran un buen presente ni futuro, al tiempo que niega una relación directa entre el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita y el bienestar general de los niños.

Al medir la situación de los pequeños de acuerdo a cinco dimensiones -bienestar material, salud y seguridad, educación, conductas y riesgos, vivienda y medio ambiente-, el estudio llega a la conclusión de que la pobreza infantil puede evitarse si hay voluntad política para ello.

Cada vez que se estudian o aprueban nuevas medidas políticas, los gobiernos deben analizar sus consecuencias concretas para los niños, las familias con hijos, las familias monoparentales y los adolescentes, recomendó el responsable de la investigación por Unicef, Chris De Neubourg.

De manera general, en la primera década del siglo XXI se registró una mejoría en diferentes ámbitos del bienestar infantil en el mundo industrializado, con reducción de la mortalidad y del porcentaje de familias con bajo poder adquisitivo, entre otros logros.

Sin embargo, los datos evidencian que cuatro países del sur de Europa donde los tijeretazos gubernamentales han sido grandes -España, Grecia, Italia y Portugal-, y otros miembros de la UE como Rumania, presentan tasas de pobreza infantil superiores a un 15 por ciento.

De igual modo, varios países han permitido que la brecha de pobreza entre los menores aumente a más de un 30 por ciento, como lo casos de Bulgaria, Eslovaquia, España, Irlanda, Italia y Rumania, mientras fuera del Viejo Continente se ubican en este aspecto negativo naciones como Estados Unidos y Japón.

En cuanto a las tasas de privación en la infancia, Hungría, Letonia, Portugal y Rumania presentan niveles superiores a un 25 por ciento, al tiempo que España, Grecia y Rumania muestran los niveles más bajos de bienestar educativo.

Pero el informe de Unicef solo refleja el resultado de las decisiones gubernamentales previas a la crisis, por lo que remarca que los tres años posteriores de penuria económica no presagian nada bueno para el presente ni para el futuro próximo.

Otras instituciones ya habían lanzado señales de advertencia sobre las consecuencias de los recortes de los últimos años, que han provocado crecientes muestras de descontento popular en numerosos países europeos.

Tal es el caso de la red comunitaria de organizaciones que trabajan por la infancia, Eurochild, la cual pidió en enero último al bloque que evaluara cómo afectarán los paquetes de medidas de austeridad a la infancia antes de que estos se apliquen en un país concreto.

La entidad presentó en ese momento los resultados del informe sobre las repercusiones de la crisis económica en la infancia de la UE, según el cual los recortes presupuestarios en materia social están afectando gravemente a los niños en Grecia, Irlanda y Portugal, así como en España e Italia.

El estudio arrojó que un 21 por ciento de los niños europeos padecen necesidad material, con diferencias notables entre naciones como Suecia, donde solo un tres por ciento de los más pequeños está en esa situación, y Rumania o Bulgaria, con el 70 por ciento de los niños afectados.

Al mismo tiempo, reveló que cerca de un 27 por ciento de los menores de edad del bloque se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, de los cuales un 9,6 por ciento sufren una privación material severa y un 9,1 vive en un hogar con baja intensidad laboral.

De acuerdo con el reporte, los problemas más comunes a los que se enfrentan las familias europeas, y que tienen repercusión sobre la calidad de vida de los niños, incluyen el aumento del desempleo y la imposibilidad de hacer frente al pago de un alquiler o una hipoteca.

La dificultad para conciliar la vida laboral y familiar debido a la necesidad de aceptar jornadas laborales excesivas, reducción de ayudas al estudio, de transporte, de material escolar y de comedor, entre otros, también inciden negativamente en el bienestar de la infancia.

El documento lanza señales de alarma sobre el aumento de la tensión familiar y la violencia doméstica debido a la difícil situación, y sobre el hecho de que las dificultades económicas han llevado incluso a algunos padres a tener que entregar a sus hijos por la imposibilidad de mantenerlos.

Lejos de estar trabajando por amortiguar los efectos de la crisis en los niños y las familias, los gobiernos introducen medidas de austeridad que restringen las ayudas sociales y recortan los fondos destinados a los servicios públicos básicos, señala el texto.

Ante una realidad como esa, Chris De Neubourg, director del centro de investigación política y social de la Unicef, planteó que aunque muchos países dicen tener que resolver la cuestión de la deuda para no dejar esta carga a las generaciones futuras, no es eso lo que están logrando.

Por el contrario, al decir experto, los recortes que afectan a la educación y a las familias más modestas, que suponen fuertes golpes para los servicios sociales y públicos, son una forma de pasar ahora a los niños la factura de sus mayores.

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