jueves, 18 de abril de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (LXXVIII): Nace la CGT de los argentinos

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

En ese verano de 1968 comenzó a crecer la resistencia a la Dictadura Militar en todos los sectores.

El plan económico diseñado por Adalbert Krieger Vasena afectaba seriamente los ingresos de los trabajadores, al mismo tiempo que crecía el trabajo informal, aumentaba la desocupación y la miseria.

En la provincia de Tucumán, el cierre de los ingenios que se había cobrado la vida de la compañera Hilda Guerrero de Molina, generaba una creciente protesta que se expresaba en el movimiento sindical, en la Universidad, y en el conjunto de la sociedad que advertía el empobrecimiento de grandes franjas de trabajadores; condenados a la marginalidad.

El Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, que tenía como referente en esa provincia al padre Juan Ferrante, acompañaba la rebeldía popular.

Por su lado en la provincia de Córdoba un conjunto de organizaciones sindicales lideradas por Agustín Tosco y Atilio López planteaban la necesidad de de conformar un "Sindicalismo de Liberación" que se opusiera a la burocracia pactista y participacionista y, al mismo tiempo, levantara un programa que apuntara a la ruptura de la dependencia y a la construcción de una sociedad mas fraterna y humana.

En ese escenario un grupo de obispos, entre los que estaban el de la diócesis de Neuquén Jaime De Nevares, el de la Rioja Enrique Angelelli y el de la provincia de Río Negro Miguel Hessayne, adhirieron al documento de los obispos brasileros; que reivindicaba la Teología de la Liberación y denunciaba la explotación capitalista.

En el terreno internacional se profundizaba la lucha de los pueblos del Tercer Mundo por su Liberación.

Vietnam, Argelia, Corea, Congo, Libia, Angola, Guinea Bissau, Mozambique, Sudáfrica, Palestina, eran algunos de los múltiples lugares en que los pueblos confrontaban con el Imperio, con el colonialismo, el apartheid y el sionismo.

Además, en los países centrales, al movimiento de protesta que se genera en Francia, que conjuga a obreros y estudiantes, se suman procesos similares en Italia, Alemania y Bélgica.

Por su parte en Europa del Este se perfilan corrientes contestatarias en Checoslovaquia y Polonia que reclaman una mayor participación popular. Esta situación ya había sido advertida por nuestro compatriota Ernesto Guevara, en la correspondencia que le enviara a su segundo en el Ministerio de Industria, Orlando Borrego.

Todavía era profunda la tristeza que nos embargaba, a todos los que soñábamos con la Revolución, por su prematura caída en combate en Bolivia.

Como decía John William Cooke en un documento que en esos días distribuíamos: «…la segunda parte del proceso se produce con su muerte, el impacto emocional es de una intensidad que excede el impulso afectivo que despiertan siempre los héroes abatidos por la fatalidad.

«El fenómeno no es simplemente por efecto acumulativo de la aproximación previa y el descenlace trágico de su protagonista… Por una parte -sigue diciendo- su caso se integra con algunas constantes culturales de nuestro pueblo: el culto al coraje, el desprecio por la ley como algo ajeno "impuesto" a los humildes desde arriba, la identificación con los rebeldes que se baten solidariamente con las fuerzas tremendas del orden constituido. Esos héroes de la tradición plebeya persisten en la memoria de las generaciones»".

Con esa concepción enfrentábamos el debate con la izquierda reformista, sin perder de vista la necesaria unidad en la lucha contra el enemigo común; entendiendo que era preciso aceptar la diversidad para confrontar con la Dictadura Militar.

Con esos principios participábamos, en nuestra ciudad, en el Frente Único de Resistencia -FUR- y en la preparación del "Tribunal contra el Macartismo"; a llevarse a cabo en ese año, en el que denunciaríamos y condenaríamos a la ley 17401 -ley anticomunista-.

En ese marco llegamos al Congreso Normalizador de la central de los trabajadores; en aquél histórico 28 de marzo, de ese año 1968.

El mismo se realizó en el, local de la Unión Tranviarios Automotor -UTA- y fue denominado "Amado Olmos", en homenaje al combativo dirigente trágicamente desaparecido.

Para seguir las deliberaciones nos comunicamos con nuestro querido compañero Luis Cerruti Costa, que en ese momento era asesor de varias organizaciones sindicales, entre las que estaba la Federación Grafica Bonaerense.

Desde el principio se plantearon dos posiciones claramente diferenciadas. Por una parte estaban quienes sostenían que lo principal era que el Congreso fuera reconocido por el gobierno militar, por lo que en el mismo debían participar aquellos gremios en condiciones estatutarias "normales" o sea "normalizados", por la Secretaría de Trabajo de la dictadura.

En la vereda opuesta se alineaban quienes entendían que la legitimidad la daban los trabajadores, por lo que se debía sesionar al margen de la legalidad de un gobierno dictatorial, repudiado por el pueblo.

Esta última fue la posición triunfante, ya que las terminantes declaraciones de algunos delegados, obligaron a la Comisión de Poderes a aceptar la participación de los gremios intervenidos.

El Congreso sesionó con 393 delegados, tras el abandono del recinto por parte de los que habían impulsado la primera propuesta; que estaban liderados por Augusto Timoteo Vandor, Rogelio Coria y José Alonso.

Nosotros seguíamos las deliberaciones en la sede del gremio telefónico en la calle Rivadavia, y estallamos en aplausos cuando se eligió el Consejo Directivo que integraban, entre otros, el gráfico Raimundo Ongaro, como Secretario General, Benito Romano de la combativa Federación de Trabajadores de la Industria Azucarera -la FOTIA tucumana-, el telefónico Julio Guillan y el dirigente radical Antonio Scipione, de la Unión Ferroviaria.

Así nació, la que luego se denominaría, CGT de los Argentinos, que recuperaba la tradición de la central de trabajadores que en 1955 encabezara Andres Framini y que sería uno de los actores principales de las insurrecciones obreras de finales de esa década.

El régimen militar desconoció la resolución de este Confederal, como era de esperar, y le entregó el local histórico de Azopardo a los colaboracionistas encabezados por Vandor, por su parte la presencia del compañero Bernardo Alberte en las deliberaciones, y su apoyo a la nueva conducción que otorgara en su carácter de Delegado del General Perón; le daba a la misma un aval importante.

Esta central se convirtió en el centro de la oposición antidictatorial, nucleando no sólo a las organizaciones sindicales, sino sumando a los centros de estudiantes en la clandestinidad, a los intelectuales, a los sacerdotes del Tercer Mundo, a los movimientos barriales y sociales, y a todas las corrientes políticas; sin ninguna discriminación.

Nosotros, esa misma noche, conformamos la filial local de la nueva central.

Como se desarrolló esta verdadera usina de la oposición combativa y revolucionaria ¿Cuáles fueron las propuestas que se enmarcaron en el Programa del 1º de Mayo? ¿Cuál fue el itinerario del Diario de esta que dirigiera Rodolfo Walsh? Serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex director del Diario "El Mundo" y de las revistas "Nuevo Hombre" y "Diciembre 20".

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