lunes, 1 de abril de 2013

Uruguay. A propósito de un reciente documento del MPP (Movimiento de Participación Popular): La amputación del brazo izquierdo

Samuel Blixen (BRECHA)

En el costado patológico de nuestra política cotidiana parece adquirir carácter de ley el revés del pepino: aquello verdaderamente significativo, sustancial, en principio ineludible, queda ahí, medio perdido, asomando debajo de la alfombra; mientras que lo anecdótico, lo que en verdad no promete avanzar ni cinco centímetros, lo que consume fuegos de artificio, lo que intercambia insultos y amenazas y asegura un cuarto de hora mediático, eso sí merece el esfuerzo agotador, el festival de neuronas.

Se seguirá discutiendo si Fernando Calloia esto, si el Partido Nacional lo otro, quién debe pedir perdón a quién; en cambio, la confesión del triunfo de la derecha sobre la izquierda en el MPP, la supremacía de "lo institucional" sobre "lo social", la paradoja tan bien sintetizada ("Hemos fortalecido lo que queremos cambiar"), esa consternante autocrítica, no provocó sofocos, menos taquicardias, siquiera un suspiro, y pasó sin pena ni gloria. Los dirigentes del MPP no han sido interpelados, nadie pidió cuentas, y el Frente Amplio (FA) digirió el exabrupto con una elegante digestión.

Sin embargo, los aspectos principales y más urticantes del documento titulado "Aportes para la discusión", que la dirección del MPP ofrece a sus militantes como insumo para el congreso del sector, en mayo próximo, revelan una brutal contradicción entre el diagnóstico y el remedio.

¿Qué significa que el brazo derecho haya torcido al brazo izquierdo en la principal fuerza política de esa coalición llamada progresista que es el Frente Amplio? ¿Quién es responsable del resultado de esa pulseada? ¿Qué consecuencias tuvo la confrontación en el ejercicio de gobernar? ¿Cuánto de lo que el gobierno ha hecho -o ha dejado de hacer- corresponde al "brazo derecho" triunfante del MPP?

Ya de por sí es inquietante que en una fuerza de izquierda gane la derecha; ¿acaso no deja de ser de izquierda? Se dirá que es un movimiento. en fin, lo que importa es que admite que "nuestra debilidad hegemónica, nuestra dilución ideológica, nuestra dificultad en crear un campo de masas para una visión hacia el socialismo" es consecuencia de "la ocupación de posiciones de institucionalidad". La "dilución ideológica" proviene de una visión "reformista o socialdemócrata" que concibió "la máquina del Estado burgués como si fuese neutra, en querer hacer de una estructura construida para oprimir y alienar el poder a los trabajadores, un instrumento-llave para la transformación social". ¡Menudo error!

Al dar a conocer el conjunto de documentos de trabajo para el congreso de mayo, el senador Ernesto Agazzi opinó: "No hay ningún fundamento que explique por qué tiene que haber la de­sigualdad que hay en Uruguay". El senador, uno de los hombres más lúcidos y cultos de la dirección emepepista expresó, en esa formulación elíptica y engañosa, la confusión que aqueja a su grupo: no hay ningún fundamento porque la desigualdad no es una fatalidad; pero hay argumentos para explicar que el sistema capitalista engendra la desigualdad y si sigue así -si aumenta con un gobierno progresista- es porque la desigualdad no se combatió con determinación y empeño.

La suma de los errores, o renuncias, es devastadora: todo queda hipotecado por los cargos de poder, la "ocupación de posiciones de institucionalidad". ¿Qué quedó por el camino cuando el "brazo derecho" se alucinó con la institucionalidad? Habría que hacer la lista de las propuestas del MPP en la campaña de 2009, muchas de las cuales sólo podían viabilizarse mediante una reforma profunda de la Constitución. La propuesta de una asamblea constituyente con una amplia participación­­ ­­­­­-de las organizaciones sociales, sindicales, de género, de minorías- fue postergada, por el MPP y por el FA en su conjunto, al priorizar la "institucionalidad", y así quedaron por el camino las posibilidades de transformar el contrato social para los cambios profundos. Se decía que no podía instalarse una asamblea constituyente si no se acordaba todo aquello que se quería reformar. Y el acuerdo no llegaba porque, para el MPP, en el Frente "las organizaciones más moderadas" sienten que el fa "ya cumplió con su papel y desconfían fuertemente de la profundización del proceso".

Esa contradicción, propone la dirección del MPP, se resuelve asumiendo "la responsabilidad de la conducción de la fuerza política y, por lo tanto, en última instancia, del propio gobierno". Pero, ¿qué asegura que ese futuro control del gobierno no naufrague, otra vez, en la tentación de la "ocupación de posiciones de institucionalidad"? Porque los que proponen esa salida son precisamente quienes impulsaron la "institucionalidad" del MPP. Resulta por lo menos sorprendente que los mismos dirigentes que respaldan esta autocrítica impulsen, a la vez, la candidatura de Tabaré Vázquez a la Presidencia, cuando esa candidatura nace de las entrañas de aquellos sectores que desconfían "fuertemente de la profundización del proceso".

Todo este merengue de contradicciones puede expresar un estado agudo de confusión que, como lo califica Julio Marenales en un documento interno del MPP, exhibe una "peligrosa incertidumbre ideológica". O puede también explicarse por el temor de la actual dirección del MPP a seguir perdiendo apoyo al punto de que sea, como dice la "autocrítica", el sector más castigado por quienes no van a votar al fa.

De cualquier manera, los "aportes para la discusión" pondrán al congreso del MPP en la perspectiva de discutir las claves del agotamiento del progresismo frenteamplista con un doble desafío: que no se produzca una crucifixión de sus dirigentes y que no se genere una ruptura con el resto del FA.

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