viernes, 31 de mayo de 2013

Fui a oír a Correa y salí escuchando a la Rivadeneira

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

No sé si les pasó a muchos; pero a mí me ocurrió: por la radio estatal me preparaba para oír al Presidente de la República, Rafael Corea, que juraba este 24 de mayo/2013 y salí escuchando a la joven Presidenta del Poder Legislativo, la reina de Otavalo (un cantón semi-indígena de la Provincia de Imbabura, norte de este Ecuador) la señora Gabriela Rivadeneira. Al principio creí, como muchos, que leía un discurso de Alianza País (el sector de Gobierno) y luego me di cuenta, por los noticieros de la televisión, que no leía sino que improvisaba su discurso, lleno de la “revolución ciudadana”.

Aclaro, que no me importaba, mayormente, lo que tenía que decirles el señor Rafael Correa, a los ecuatorianos (en este caso, a los latinoamericanos) ya que le escucho, especialmente los sábados, en la sabatinas, que ya van por las 300 y pico (preguntarle el número exacto de sabatinas al señor de Fundamedios); y, en cambio, a la señora Rivadeneira, no. Igual a las dos que le acompañan: la señora Rosana Alvarado y la ex Ministra Marcela Aguiñaga; es decir, el nuevo poder está gobernado por el 40% de asambleístas mujeres que puso Alianza País en el nuevo Parlamento. Un caso inédito en este Ecuador. No en otros, en donde hasta gobiernan las mujeres, como es el caso de Argentina, del gran Brasil y de la pequeña Costa Rica.

El señor Rafael Correa, por enésima vez, no dudó en repetir que este será su último mandato hasta el 2017, mayo 24, día que en que deberá entregar sus armas políticas a quien elijamos los ecuatorianos, para los próximos cuatro años. Todo el mundo (inclusive los pocos diarios que aún subsisten) han dicho y han insistido en que Correa se merece un período más. Pero el Presidente Correa ha reiterado, que en los próximos 4 años (hasta el 2017) deben descubrir lo ecuatorianos a quien le suceda. Y ha dicho también que a la “revolución ciudadana” no la para nadie. ¿Esto es posible? Si tenemos una derecha, que aun no ha sido vencida y que se da modos para seguir en la pelea. Si no que le pregunten a Nicolás Maduro, el Presidente de Venezuela, que tiene que lidiar con Henrique Capriles Radonsky, el mismo que en el 2002, en que intentaron por menos de 72 horas quitarse de encima al líder Hugo Chávez Frías, de encima. Y no lo lograron. Peor ahora en que se da la derecha de “chavista”.

Vuelvo a lo mío. El Presidente Correa ha dicho que este será su último mandato; y que a la “revolución ciudadana” no la para nadie. Se olvida que no hay -por el momento- un sucesor o sucesora que lo reemplace. Y este es el motivo de mi lucubración, de ahora. No conozco ni sé de la señora Rivadeneira, solo lo que han dicho los medios “mediáticos”: que fue hace pocos años la reina del yamor, que es joven (29 abriles) y muy guapa. Es decir que pinta para aquello que no quieren los ecuatorianos, especialmente los de derecha: que por fin va a haber nada menos una mujer en el solio presidencial. Eso si consiguen que el señor Rafael Correa se quede los 4 años más que le restan. Con lo cual -a pesar de los pocos diarios escritos que quedan- que tomen muy en serio a la señora Rivadeneira. Y por qué no a la señora Alvarado y a la señora Aguiñaga. Que no están ahí de adorno.

De la nueva Presidenta de la Función Legislativa, que reemplaza nada menos que al “Corcho” Cordero, no sé nada más. Yo -como varón que soy y sigo siendo hasta que muera- no concibo a la señora Rivadeneira en lugar del Corcho. Hasta que le oí. Y mi impresión (mal de muchos, consuelo de bobos) cambió cuando le escuché, como a no pocos, ahora que hablamos de la señora Rivadeneira. El señor Correa y el pueblo ecuatoriano, por gusto andan buscando un reemplazo, cuando ya apareció por ahí. Candidatos los hay y de sobra; el Canciller, por ejemplo, ya que él es no solamente un Ministro de Relaciones Exteriores de la República (de nombre Patiño) sino muy amigo de Correa. Dicen las malas lenguas que se apuntan también los Hermanos Alvarado, pero que no pintan para nada. Otros apuntan al señor Alexis Mera, que es abogado de la Presidencia y que sirvió al ex dueño del país. Por allí se menciona al Prefecto de Pichincha, el economista Gustavo Baroja; y por qué no, al Galo Mora que preside la Alianza País. Pero ninguno se parece ni nada es igual a la señora Rivadeneira, que preside por dos años la función Legislativa, un puesto de envidia. Como para ser la sucesora de Rafael Correa.

Lo que más admiración ha causado, la señora Gabriela es que pronunció su discurso, el pasado 24 de mayo, sin copias a nadie, sin perder la compostura y sin perder la ilación. Ni el mismísimo Correa es capaz de semejante improvisación. No perdió el hilo nunca y dijo su discurso, que duró más de 40 minutos, sin una sola equivocación, sin una palabra de más, lo cual es difícil ayer, hoy y mañana. Y sobre todo ante presidentes de naciones amigas, un príncipe español, y delegaciones de 90 países que asistieron al acto. Y ante los asambleístas electos, no sé si estuvieron ahí los de derecha, los que quedan. Que son muy pocos.

Solo doy fe de que la señora Rivadeneira improvisó su alocución, muy a disgusto de la señora Tibán (Lourdes, creo que se llama) quien dijo días antes que la señora era un cuadro del Pachakutec y que no votaba por ella, porque se fue a Alianza País, a pesar de que Pachakutec le dio las primera letras en política. Dijo que no podía votar por ella sino por un coideario (un señor de la Amazonía, de apellido Acacho) Yo dije, para mis adentros; por ser mujer, la disculpo; ya que debía votar por la señora. Rivadeneira.

Doña Gabriela habló del olvidado Tomás Moro, el santo inglés que llegó a Canciller del Reino y que fue “ajusticiado” por oponerse a un edicto de “su majestad” Moro es el autor de las Utopías y, a pesar de que han transcurrido cinco siglos de su muerte, siguen teniendo gran acogida. Según sus distintos autores, qué fuera de la sociedad si no existieran las utopías. Hay algunos que dicen (aunque nunca nombran a Moro) que sino hubiesen utopías, sería difícil la vida. Por no decir que la vida humana se acabaría sino existieran las utopías. Y de esto nos habló la señora Rivadeneira. A los tiempos “pan de pincho” (es un decir muy ecuatoriano) para decir que a los tiempos alguien que habla del inglés Moro y de sus Utopías. Esto para referirse (y yo estoy de acuerdo con la Presidenta de la Función Legislativa) a la “revolución ciudadana” que pregona nuestro Presidente Rafael Correa.

}A propósito de las utopías, no hay en este Ecuador (estoy hablando históricamente) algo que se parezca a Revolución. Lo que hay es un gran sentido común. Don Eloy Alfaro no hubiese sido asesinado a y arrastrado por las calles de Quito, porque quiso hacer una revolución liberal, ya que a fines del siglo 19 y comienzos del 20 no había aún el “comunismo” como lo conocemos ahora. Aunque en honor a la verdad, ni siquiera Alfaro intentaba una utopía semejante. Solo Fidel en Cuba intentó y pudo llevar su revolución a 90 millas del gran imperio USA; una hazaña que nosotros quisiéramos, aunque muy jóvenes para hacerlo. Desde entonces las utopías siguen en este Ecuador y hace rato que no escucho hablar de Revolución a los “revolucionarios” ocupados como están por ganarle en las elecciones fijadas para febrero del 2014. Solo entonces sabremos la diferencia grandota que hay entre utopía y revolución.

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